Identidad de Género. Entrevista con Claudia Magri, primera trans leonense que cambiará su nombre.

Claudia tiene la misma mirada de hace 23 años atrás, cuando vivía en Leones, pero su rostro ya no luce como entonces. Sus pómulos marcados combinan estéticamente con el cabello largo y lacio. Ella sigue sintiendo lo mismo que sentía cuando jugaba en el callejón Mariano Moreno, donde vivía su familia, pero ahora se anima a mostrarse ante los demás tal como se vio siempre en su espejo interno.
A lo largo de estos 45 años, poco a poco, Claudia fue logrando exteriorizar en su cuerpo y en su cotidianeidad aquello que la identificaba desde chica. Tan solo le falta un paso más en ese largo camino que emprendió: lograr que en el DNI una “o” se convierta en una “a” dentro de su nombre y que donde dice sexo aparezca “Mujer”. Por eso, esta semana estuvo en Leones para iniciar el trámite que le permitirá llamarse Claudia Isabel Magri, en vez de Claudio René, gracias a la reciente Ley de Identidad de Género, que permite modificar la identidad sexual y el nombre de pila en el Documento Nacional de Identidad.
El trámite es gratuito y se puede hacer en la delegación del Registro Civil más cercana al domicilio o donde esté asentado el nacimiento de la persona. En el caso de Claudia, su partida de nacimiento se encuentra en Leones. Para la ley nacional 26.743, la identidad de género se refiere a “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”
Claudia nació en Leones el 1 de diciembre de 1966. Hija de Lalo y de Laura, fue “socialmente” el hermano del medio de tres varones (los otros se llaman Gaudencio “Tupaca” y Juan Ángel “Manzana”) hasta que al fin pudo mostrar su verdadera identidad. Gran parte de su historia estuvo ligada con Leones hasta que en 1989 decidió hacer su camino en Rosario.
De visita por su ciudad natal, intentó comenzar aquí el trámite para cambiar su identidad sexual y su nombre de pila. “Tener una apariencia femenina y llamarte Pedro o Juan es muy feo. Hoy me pasó en el Registro Civil de acá. Fue una señora con su hijo a quien conozco, hasta he ido a almorzar a su casa, los choqué y nunca me conoció, tampoco les dije nada.
Pasaron al lado mío y no me reconocieron. Yo conozco a toda la gente de Leones, quizás ellos no me recuerdan a mí. Porque me fui con una identidad y regresé con otra, pero me acuerdo de todos. Tengo una memoria de elefante”, asegura Claudia Magri mientras, poco a poco, las palabras van trayendo recuerdos durante esta entrevista exclusiva con NUEVO DÍA.
Cambio de hábitos
Algunos se animan a decir que, cuando quieren, los chicos son muy crueles, y Claudia lo confirmó en carne propia durante su infancia en Leones. “No tengo muchos recuerdos de mi niñez. A los cinco años advertí que quería ser mujer. Fui a la Escuela primaria Luis Piedrabuena y a la secundaria, sólo unos meses. Nunca me voy a olvidar cómo se burlaban los chicos, lo recuerdo como si fuese hoy, y de ahí no fui más. Te lo cuento, pero ya no guardo rencor”, asegura con sinceridad.
Más allá de los informes periodísticos que se suelen ver en la televisión y de la hostilidad que muestra generalmente la sociedad ante lo diferente, Claudia asegura que nunca se sintió discriminada. Tal vez, su seguridad y el apoyo de su familia, que siempre la recibió con cariño cuando visitaba Leones, le permitió atravesar su proceso a paso firme. “Soy una persona que nunca me sentí discriminada, por mi forma de ser. No me siento perseguida, no soy una travesti que estoy a la defensiva porque alguien me mira, yo soy yo. Tampoco voy a andar con un cartel que diga “Soy travesti”, ¿me entendés?, pero no me siento discriminada.
En Rosario, también me llamaron para una entrevista donde el eje era la discriminación y yo le explicaba que nunca me había sentido discriminada. Nunca me echaron de ningún lado, ni me trataron mal. Sin duda, creo que mucho tiene que ver, te vuelvo a repetir, con mi forma de ser con respecto a los demás. La educación, el respeto entre las personas es necesaria. Y esas enseñanzas se las debo a mi abuela Isabel que me crió, la mamá de mi mamá. Es una impronta fuerte en mí. Fijate que tuve una infancia de mierda, sin embargo no soy ladrona, ni drogadicta, simplemente elegí ser mujer. Una elección de vida”, afirma mientras comparte esta charla en la casa de su amigo Fabián, en Leones.
Sin embargo, su paso de Claudio a Claudia no fue simple ni fácil. Por entonces, el contexto social en Argentina era diferente. Las leyes eran otras y como sociedad, por lo tanto, las visiones sobre este tema también eran otras. Por eso, ese proceso interno de Claudia nació en Leones pero siguió creciendo en Rosario.
Así fue que a los 22 años decidió partir a la ciudad santafesina. Si bien Claudia se sentía mujer en un cuerpo de varón desde chica, algunas dudas aún estaban dando vueltas.
“Nací y viví en Leones hasta 1989. Y viste… pueblo chico, infierno grande. Es así, cuando uno es homosexual siempre llevás la cruz y un día decidí irme a Rosario –recuerda-
Allá me liberé y hoy, después de tantos años, soy Claudia Magri. Cuando sos homosexual, lo primero que te dicen es que es una enfermedad. Imaginate, tengo 45 años, en aquella época, hace 20 años atrás era mala palabra. Me fui a vivir a Rosario con el objetivo de cambiar, de curarme si es que “padecía” esa enfermedad. Pero había algo muy claro en mí, me gustaban los hombres y me sentía mujer”.
Para acentuar externamente lo que latía en su interior, Claudia se operó por primera vez en 2001. Todo comenzó con la cara, pero siguió con otras partes de su cuerpo: “Fue entonces que entendí que no era una patología sino que había nacido así –analiza- Hoy me pregunto: ¿Cuánta gente reprimida hay? ¿Cuántos homosexuales se casan, tienen hijos y salen a la calle?”
Ponerle el cuerpo a los prejuicios
Si bien en Rosario su fisonomía comenzó a acercarse cada vez más a la imagen que ella sentía de sí misma, la vida tampoco se le presentó fácil. Más allá de los cambios de paradigmas que están ocurriendo desde hace un tiempo en Argentina, incluso hoy la inserción de una trans en el mercado laboral no suele ser sencilla, y la mayoría de ellas terminan prostituyéndose para poder subsistir.
“Al principio, en Rosario, fue travestismo-prostitución. Al comienzo costó, porque no es plata fácil, es plata rápida. Fácil no es porque te tenés que aguantar un montón de situaciones feas. Lo que hacés, lo hacés por plata, porque es un trabajo. Una mujer tiene más posibilidades de lavar un piso, de trabajar en lo que sea, en cambio, los travestis somos rechazados por la sociedad. Hoy menos que antes, pero en esa época que yo me fui teníamos que vivir en el under”, recuerda. “Hace cuatro años que trabajo de camarera en un bar y por suerte estoy mucho mejor. Todo cambió y para bien”, cuenta Claudia y analiza: “De la prostitución a poder estar trabajando en un bar, atender a la gente, fue un cambio importante en mi vida que me hizo sentir mejor. Ya hace cuatro años que trabajo de moza, soy conocida y me siento muy querida. Soy una mina que respeta mucho a los demás, a mí me lo enseñaron siempre en mi casa. La gente de pueblo somos así, respetamos y querés que te respeten. Sobre todo eso. Mi familia me inculcó siempre el respeto. No sé si todos seremos iguales, pero yo soy así: primero permiso, gracias, disculpe…
Hoy por hoy, el respeto hacia el otro no existe, te chocan, te pasan por arriba y a nadie le importa nada”.
“Mi cuerpo iba cambiando, yo iba cambiando”
Si bien sus primeros años en Rosario fueron duros, también le sirvieron para afianzarse como mujer, en todos los aspectos.
¿Cómo fue el tema con las cirugías?
Primero me hice cirugía en la nariz, en el 2001. Después en la cola y las caderas, y después me hice las lolas. A estos cambios los viví con muchas ganas, muy contenta. Mi cuerpo iba cambiando, yo iba cambiando. Me iba pareciendo más a la mujer que yo quería ver y eso fue muy gratificante. Más adelante me fui haciendo pequeños retoques, los labios, no cosas bruscas, sino puliendo lo que me parecía que necesitaba. Lo único que tengo natural son mis ojos verdes (risas) y debo decir que tuve una buena base.
¿Y qué look preferís?
Soy muy personal, me gusta innovar. No es que la sociedad de consumo me impone una moda, sino que la moda me la impongo yo. Fui rubia, platinada y hace dos años o tres que tengo el cabello mucho más oscuro.
Más allá de lo físico, ¿cómo te definís desde lo femenino?
Me defino como una mujer luchadora, siempre quiero seguir adelante. Sueño con tener un bar propio y poder darles trabajo a todas mis amigas, que son un poco mi familia. Me gustaría ayudarlas, sacarlas de la calle. Ya que nadie lo hace, me gustaría poder contribuir en eso. Recién ahora se está viendo, está aflorando la lucha de las travestis en un lugar en esta sociedad. En Rosario, las integrantes de la Comunidad Trans trabajan y han luchado mucho para el cambio de identidad. Yo no participo, pero valoro el esfuerzo. No me gusta meterme mucho en eso, no sé por qué, pero prefiero contribuir desde mi lugar y en lo que puedo.
Además de trabajar en el bar, ¿cómo son tus días en Rosario?
Hago una vida normal, me levanto a las 9, desayuno y me voy al gimnasio hasta las 11 todos los días. Después del medio día comienzo mi jornada de trabajo. También hago shows de transformismo, de hecho he estado hace algunos años aquí en Leones, en un cumpleaños de 40.
¿Te ves viviendo en Leones?
A veces pienso que sí, pero no sé… Yo disfruto la vida. Hoy por hoy, como está el país, salís de tu casa y no sabés si vas a volver, entonces disfruto… Si me quiero comprar ropa, la compro; si veo algo que me agrada, lo compro; quiero viajar, viajo. No quiero pensar en el futuro, por ahí, el día de mañana cuando sea más grande lo veré, pero por ahora sólo quiero disfrutar el presente. Sí me gustaría de acá a dos años tener mi negocio propio como para vivir de eso, pero no pienso demasiado en el futuro. Tengo muchos amigos tanto en Rosario como en Leones. Cada vez que vengo a visitar a Fabián Castillejos, él se encarga de avisarles y hacemos algunas juntadas para encontrarnos.
Desde la Federación Argentina LGBT estimaron unos 2000 trámites en el país a partir de la Ley de Identidad de Género, que fue promulgada en mayo de 2012 y puesta en vigencia desde junio pasado. Si bien Claudia, finalmente, no pudo cerrar su trámite totalmente en Leones porque su domicilio está en Rosario, sabe que la decisión ya está tomada y es cuestión de esperar a que la partida de nacimiento, radicada en Leones, vuelva desde Córdoba con el nuevo nombre de mujer y, a partir de ahí, su nuevo DNI le llegue a Rosario.
Es sólo una cuestión de semanas, pero la primera trans leonense en animarse a dar ese paso sabe que el tiempo nunca fue un rival demasiado fuerte para impedirle cumplir con sus objetivos de vida.
Fuente: Nuevo Día