Ofelia: una rebelde con causa

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Por Admin diciembre 10, 2018 21:52

Ofelia: una rebelde con causa

Ofelia Fernández llegó a la política a los 11 años con el kirchnerismo. Su primera acción fue cambiar en 2012, la fecha de regreso del viaje de egresados para estar el 7 de diciembre en la movilización por la Ley de Medios. En el colegio Carlos Pellegrini empezó a militar en una agrupación de izquierda independiente. Con 15 años fue la presidenta más joven del Centro de Estudiantes en la historia de la escuela y promovió la lucha de género. Se le plantó a periodistas y panelistas de la TV y conmovió con su intervención en el debate sobre el aborto. Hace unos meses conoció a Juan Grabois y ahora forma parte del Frente Patria Grande. Biografía de LA hija de “la revolución de las hijas”.

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Fotos: Joaquín Salguero

Era el año 2011 y la pequeña Ofelia Fernández tenía 11 años, cursaba cuarto grado de la escuela primaria. Una tarde cualquiera cuando volvió del colegio prendió la televisión para ver su programa favorito de las seis de la tarde: Casi Ángeles, otro de los éxitos de Cris Morena. Pero súbitamente el episodio se cortó: “Conforme a lo establecido por el artículo 75 de la ley 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (…) habla la presidenta de los 40 millones de Argentinos, Cristina Fernández de Kirchner”.

La pequeña Ofelia rezongó pero se quedó mirando. La Presidenta la atrapó en su oratoria. Ofelia se obnubiló. No quería que volviera Casi Ángeles, quería seguir mirando a Cristina. Si bien su madre era kirchnerista y de nombre Eva –así le pusieron sus padres a su primogénita que nació en 1973, porque militaban en Guardia de Hierro­–, ella con 11 años se volvió la ultra-kirchnerista de su familia. Mirar cadenas nacionales se convirtió en su obsesión. En su grado era de lo único que hablaba. En su estado de MSN –la red social de ese momento– su Nick name no tenía sutilezas: “Ofelia Fernández de Kirchner”. Su primera rosca política la consiguió en séptimo grado. Logró cambiar la fecha de regreso del viaje de egresados de Córdoba, que originalmente estaba pautada para el 8 de diciembre. Ella quería ir a la Plaza de Mayo el 7 de diciembre de 2012 –el famoso 7D–, día en el que vencía la cautelar que impide el pleno cumplimiento de la Ley de Medios. Lo había logrado. Todo el viaje de egresados se corrió un día. Llegaron ese 7 de diciembre a la mañana. Ofelia llegó a la plaza con su mamá.

Un mes antes de eso, la oposición había organizado una marcha fogoneada por los medios monopólicos. Ofelia estaba haciendo el curso de ingreso para la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini en un instituto particular de Caballito. Apenas salió, se metió en la manifestación en pleno corazón de la clase media. Con 12 años empezó a gritarle a los caceroleros. Todavía ni siquiera se imaginaba que siete años después se verían cara a cara. Para eso falta.

Apenas entró al “Pelle” empezó a militar. Pero el mundo, que para ella se dividía en dos, kirchernismo versus macrismo –porque como ciudadana porteña, para ella Macri era el enemigo–, se abrió en una tercera arista: la izquierda. Y la conquistó. Ofelia empezó a militar en la agrupación de izquierda independiente que conducía el centro de estudiantes. No se correspondía con ninguna organización de izquierda tradicional, solo funcionaban adentro del Pellegrini pero tenían un tenso vínculo con los clásicos Partido Obrero y Partido de los Socialistas Trabajadores (PTS). De a poco, Ofelia se fue “deskirchnerizando”. Las críticas por izquierda que se le hacían al kirchnerismo en ese momento estaban vinculadas a personajes como César Milani y Sergio Berni, y a la desaparición de Luciano Arruga.

El gran debate de ese marzo, apenas empezaron las clases, era a qué marcha del 24 iban: si a la de las Abuelas de Plaza de Mayo y organismos de Derechos Humanos o a la del Encuentro de Memoria, Verdad y Justicia ligada a los partidos de izquierda. Ganó la segunda. Ofelia se volvió una auténtica “troska”, muy “purista” sin ningún margen para conciliar con nada ni con nadie. Leía el Manifiesto Comunista y el Qué Hacer. Su principal enemigo se volvió el kirchnerismo dentro del Pelle.

En segundo año Ofelia vivía para militar. Una vez le preguntó a un compañero cómo se elegían a los candidatos para conducir el Centro. Él le dijo: “La clave para ser candidato dentro del colegio es que la gente te conozca. Tenés que estar todo el día en el colegio”. Ofelia se lo tomó a pie de la letra. Llegaba a las 7:40 de la mañana y se iba a las 21:40. Estaba literalmente durante la jornada de los tres turnos y eso le valió, sin siquiera buscarlo, su primer cargo: una vocalía.

Conocía absolutamente a todos los alumnos de todas las divisiones. Sabía acerca de todas las parejas, de los grupos de amigos y amigas, sabía quiénes eran los líderes, quiénes los menos populares; quién estaba triste por algún desamor o quién venía con muchas bajas en las materias. Con 14 años, Ofelia tenía en su cabeza una noción perfecta de los casi 2 mil alumnos de una de las escuelas más politizadas del país. La concepción de liderazgo no tuvo que leerla en ningún manual: Ofelia estaba físicamente, poniéndole el cuerpo y ganándose la confianza de todos.

Al año siguiente fue obvio. Ofelia era la candidata natural de su agrupación para presidir el Centro de Estudiantes, aunque estuviera en tercer año. Tan estudiado tenía al electorado de su escuela, que en un cuaderno, que aún conserva, había hecho un mapa, división por división, de quiénes la iban a votar. En su cálculo ganaría por 723 votos. Acertó.

El 10 de diciembre de 2015, mientras Macri se ponía la banda presidencial, también lo hacía Ofelia Fernández en el Pellegrini. Con 724 votos —uno más de los que ella había calculado— se convertía en la Presidenta del Centro de Estudiantes más joven de la historia. Parodiando a Macri, también bailaron en las aulas el tema “No me arrepiento de este amor”. Además, era la primera vez en la historia que la fórmula estaba comandada por dos mujeres. Y ahí empieza la otra historia.

El primer Ni Una Menos había penetrado fuertemente en las adolescentes del Pellegrini. Pero incluso, en ese reducto y entre sus propios compañeros, Ofelia empezó a sentir la violencia de los varones más grandes por el hecho de ser mujer. El impacto inicial fue en su primera asamblea como presidenta. Un segundo antes de hablar, un estudiante que militaba en La Cámpora se acercó y le dijo al oído: “No vaya a ser que fantasmees ahora, eh”. Traducido, significa: “no vaya a ser que no puedas con esta situación, pendeja”. Ofelia se quedó angustiada toda la asamblea. Y entendió que lo que se le venía era peor de lo que se imaginaba. En cada reunión, en cada espacio, un grupo de “machirulitos” la interrogaba, la ninguneaba, la interpelaba, la mayoría de las veces para molestarla. Pero faltaría mucho tiempo para que se diera cuenta de que eso también era violencia de género. Mientras tanto, tenía que mostrarse fuerte. A los quince días de haber asumido, Ofelia comandó una toma de quince días para echar a un regente golpeador y un preceptor abusador. Claramente, la perspectiva de género y el feminismo serían fundamentales durante sus mandatos. El Pelle fue el primer colegio que se organizó para ir al Encuentro Nacional de Mujeres; impulsaron protocolos contra la violencia de género y en los pliegos reivindicativos de las diversas tomas siempre exigían la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI). Ofelia batió todos los records y se convirtió en la primera presidenta reelecta en la historia del colegio.

El segundo mandato empezó mal. En una de las primeras tomas, otra vez los varones empezaron a cuestionarle todo, a operarla, a psicopatearla. Uno de ellos le empezó a gritar. Ofelia no aguantó más y le pegó una cachetada. Al día siguiente el colegio amaneció empapelado con una foto de un cachete rojo con la frase: “Repudio a la presidenta golpeadora”. Ofelia pensó que sería su fin. Porque pese a la legitimidad que tenía entre estudiantes, padres y docentes, pedían explicaciones.

Se hizo una asamblea. Primero pasó el militante y la denunció públicamente. Estaba con ventaja. La destruyó. El aire estaba muy caldeado. Le tocó el turno a Ofelia: pasó al frente y sintió las miradas inquisidoras. Oyó algunos abucheos también. Pero una vez más, dio cátedra. Llorando, repasó todas y cada una de las veces en las que sufrió maltrato. Y para el final, dejó una frase que sería recordada: “A la violencia psicológica no se le pueden sacar fotos”. La asamblea, unánime, la ovacionó. Y fueron los “machirulitos” los repudiados.

Unos meses después, durante un móvil del programa de Pamela David, el panelista Carlos Monti la increpó diciéndole: “chiquita”; y Ofelia, con unos labios rojo carmesí, sin dudar, le contestó: “Chiquita no me digas”. Eso se volvió viral. Algunos medios de comunicación como el suplemento Las 12 del diario Página 12 y la radio de la cual después sería parte, Furutock, comenzaron a entrevistarla. Esa chiquita tenía algo especial.

Durante sus dos años como Presidenta, sus fuertes ideas de izquierda y su antikirchnerismo volvieron a ponerse en una suerte de pausa; o en realidad, la coincidencia con los primeros dos años de gestión de Macri cambiaron los propios paradigmas y debates a los que Ofelia estaba acostumbrada. Un tiempo después dirá que con un plato de comida cualquier discusión es válida. “Pero sin un plato de comida, hay discusiones que tenemos que dejar de lado”.

En 2018, Ofelia ya con 18 años no quiso volver a jugar la elección en su colegio, quería un año más tranquilo. Su idea era esta: cursar sexto año, hacer algunas materias para el CBC de Sociología y tomar clases de teatro. Pero desde el mes de mayo su vida daría otro giro, y ese año de tranquilidad se convertiría en el más movilizante de su vida.

La práctica de sus discursos ante las asambleas, hablar por las aulas, la gimnasia de los móviles de televisión enfrentándose a muchos dinosaurios detrás de un micrófono la entusiasmaron cuando, a través de la diputada peronista Cristina Álvarez Rodríguez, la convocaron para hablar en el debate por la Legalización del Aborto. Se preparó durante tres meses. Elaboró ideas, las repasó, las estudió, memorizó frases y palabras. El día que tenía que hablar a los diputados no estaba nerviosa. Se sentía segura de sí misma.

Era el anteúltimo día de los dos meses que duraron las sesiones. En la sala había muy pocos diputados. Ni siquiera estaba el diputado del Pro que actuaba de anfitrión, Daniel Lipovetsky. “Bueno, vamos a llamar ahora a Ofelia Fernández, una referente estudiantil”, dijo una diputada. Según cuenta la periodista María Florencia Alcaraz en su libro de reciente aparición Que Sea Ley: “Sin leer, empezó cuestionando a Mariana Rodríguez Varela, la eufórica militante contra el aborto, quien esa misma mañana había dicho que una nena de once años víctima de violación podía encontrar un camino de felicidad”.

Su oratoria, su dicción, sus contundencia en el contenido hicieron que fuera una de las alocuciones más impactantes de los dos meses de debate. Las reproducciones en youtube fueron miles y miles. A las dos semanas la invitaron a Rosario a dar una charla. Era la primera vez que tanta gente iba a escucharla hablar durante más de diez minutos. Su figura empezaba a ser convocante. Fueron 500 personas y la ovacionaron. Después de Rosario vinieron decenas de charlas, viajes por las provincias. Ofelia, sin premeditarlo, se había convertido en una referente que sobrepasaba el Centro de Estudiantes.

En ese momento, el periodista Alfredo Zaiat la convocó para que se incorporara al equipo de su mítico programa radial Cheque en Blanco, que comenzaría su temporada en Futurock.

Mientras tanto, Ofelia trataba de mantener una vida “normal”, aunque ya era difícil. Una tarde se enteró que los diputados Myriam Bregman y Axel Kicillof estarían juntos en un panel organizado por la revista Crisis. Fue a verlos. Pero lo que le llamó la atención no fue ninguno de ellos dos, sino un tercero que componía ese debate y del que nunca había escuchado: Juan Grabois. Su discurso la impactó. Excepto cuando al final el dirigente social evidenció su vínculo con el Papa Francisco. Pero no se enojó con él. No lo juzgó. Al contrario: empezó a mirarlo con mucha atención. Le gustaba su discurso, su militancia y, sobre todo, su ferviente oposición al macrismo.

Hace un mes Ofelia se enteró de que Grabois estaba gestando un espacio que se llamaba Patria Grande junto a otras referentes que ella seguía, como la abogada Elizabeth Gómez Alcorta. Entonces quiso entrevistarlo en un programa que tiene con algunos amigos en una radio online. Consiguió su celular y le mandó un Whatsapp: “Hola, mi nombre es Ofelia Fernández te quería hacer una entrevista”. No tardó ni diez segundos. “El otro día pregunté quién era LA hija de “la revolución de las hijas” y me dijeron Ofelia. ¿Sos vos?”. El domingo siguiente, Juan Grabois estaba sentado con auriculares puestos para escuchar qué tenía para preguntarle esa piba de 18 años. Cuando terminó se sentaron a tomar algo. Grabois fue al hueso:

–Solo una pendeja atrevida como vos me puede enseñar tantas cosas. Quiero que seas referente del nuevo frente electoral.  

Ofelia lo habló con sus compañeros, lo habló en terapia. Sabía que se venía un momento álgido. Era entrar en las grandes ligas y jugársela en muchos sentidos, sobre todo, con un referente que está abiertamente en contra del aborto.

Ofelia es intuitiva, es sagaz. A las pocas semanas estaba en un estrado, en Mar del Plata, con su pañuelo verde, frente a las cámaras y frente a todos. Otra vez sin leer: “Las Madres y Abuelas, el feminismo, los centros de estudiantes, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, las luchas del 2001 son nuestro proyecto político. Son pedagogías de la sensibilidad contra la pedagogía de la crueldad asesina y estatal, patriarcal y capitalista. Y son indispensables para construir el camino por la libertad, por la dignidad de la hermandad entre pueblos de la rebeldía, de la fuerza y de la sororidad. Y es, sobre todo, porque hay una generación dispuesta a cambiar todo lo que deba ser cambiado. Somos la generación que tiene en sus manos derribar de una vez y para siempre al neoliberalismo en nuestra América. Porque la tibieza de la burguesía: a mí me seca la concha”.

Otra vez noticia. Y otra vez la ola de aplausos y de críticas por parte de sectores de izquierda y de ciertos espacios del feminismo. Pero lejos de achicarla, la fortalecieron. Tal es así, que para redoblar la apuesta, Ofelia publicó en el portal feminista LATFEM un artículo titulado: “Tibias jamás”. Nada de sutilezas. “Esta es la apuesta que asumo, dejo el purismo de lado y me meto a hacer política acá, en este frente. Que tiene contradicciones seguro, que será imperfecto también. Pero hay una prioridad: tengo que pensar en términos estratégicos porque hay objetivos que yo quiero cumplir. Porque yo no hago política para salvar mi alma, hago política para cambiar vidas”.

Y en el medio de esa batalla, un encuentro con Cristina Fernández de Kirchner, su ídola de la primera adolescencia. También compartirían escenario durante la contra-cumbre de Clacso.

–Yo creo que flasheó con algunas cosas que le dije— cuenta Ofelia mientras se come una tarta de calabaza a las 5 de la tarde de un viernes, porque no tuvo tiempo para almorzar.

–¿Te diste cuenta de dónde te estas metiendo? En pocos meses, pasaste de rosquear con pibes de 15 años a juntarte con CFK, y eventualmente pelear una candidatura en la realpolitik

–No pude pensarlo demasiado, pero todo está pasando. Soy muy instintiva. Pero, ¿qué esperaban de una nena de 11 años cuyo su fetiche era ver cadenas nacionales? No imagino otra cosa para mí. Acá es donde quiero estar.

 

 

 

Fuente: Nuestras Voces

 

 

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