Un estudio sobre las expectativas de los jóvenes de barrios populares
Por Daniel Hernández y Rodrigo Zarazaga[1]
Ilustración de portada: Micaela Nanni
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La narrativa de la movilidad social, por la cual los padres creen que sus hijos (e hijas) alcanzarán, gracias al estudio y el trabajo, niveles socioeconómicos superiores a los propios, ha organizado la vida social y política de la Argentina. Las aspiraciones, aparentemente sin techo, se correspondían con una sociedad que se mostraba capaz de satisfacerlas. En el estudio que aquí presentamos, a este relato lo llamamos “narrativa tradicional”. Es necesario preguntarse si, al menos para un amplio sector, las cadenas de transmisión de esa narrativa se han roto en la sociedad argentina. Con este propósito, el presente estudio analiza las narrativas mediante las cuales los jóvenes de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) expresan sus aspiraciones futuras a partir de sus experiencias personales.
¿Qué es una narrativa?
Definimos “narrativa” como el relato que los jóvenes construyen para dar sentido a sus experiencias previas y proyectar lo que esperan o consideran posible para su futuro. Estas narrativas son más que una ficción, ya que influyen en sus decisiones concretas y moldean sus posibilidades. En definitiva, se trata de cómo planean integrarse a la sociedad.
¿Cómo se hizo este estudio?
Como el presente trabajo busca formular las diversas trayectorias de vida que expresan los jóvenes de barrios populares del AMBA, adoptamos una metodología mixta. Realizamos una encuesta de 600 casos y 47 entrevistas en profundidad a jóvenes entre 16 y 24 años en barrios populares del AMBA, con el objetivo de captar sus experiencias y las narrativas que elaboran sobre sus vidas.
Lejos de ser un grupo marginal, el universo de estudio abarca un amplio grupo social; el 34% de los jóvenes del país viven en el AMBA y se estima que el 40% de los jóvenes del Conurbano Bonaerense vive en barrios populares o zonas vulnerables.
La metodología cualitativa cobra un lugar central en este informe, ya que permite recopilar las experiencias pasadas y comprender cómo forman parte de las narrativas de estos jóvenes. Dadas las dificultades para encuestar y entrevistar en barrios populares, se seleccionaron puntos nodales de cinco barrios populares ubicados en CABA y las zonas sur, oeste y norte del Conurbano Bonaerense.
Hallazgos
La evidencia reunida nos muestra un fuerte debilitamiento de la narrativa tradicional de la movilidad social entre los jóvenes de barrios populares: el 40% de ellos sigue relatando su vida a partir de ella, sin embargo, expresan serias dudas sobre sus posibilidades de realizarla; en el medio, el 20% reduce sus aspiraciones al mínimo; y otro 40% las abandona (”yo ya no tengo futuro”) y vive instalado en el presente. La narrativa de la movilidad social ascendente mediante el esfuerzo en el estudio y en el trabajo sigue vigente, pero sólo para un grupo de jóvenes, e incluso a estos les resulta difícil sostenerla dadas las oportunidades y recursos efectivamente disponibles… seguir leyendo.
En un artículo de Iván Schargrodsky «Milei, ante definiciones clave para el rumbo de su gobierno»[2], expresa:
«El deterioro lento pero sostenido de las condiciones económicas y sociales — y la falta de respuestas de la dirigencia política– tienen consecuencias concretas y cada vez más difíciles de revertir sobre la sociedad en su conjunto. Un reciente documento publicado por Fundar y elaborado por Rodrigo Zarazaga y Daniel Hernández del CIAS, se sumergió en las percepciones vinculadas al ascenso social de los jóvenes de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los resultados arrojan datos alarmantes. La narrativa rota del ascenso social (así se llama el informe) atraviesa el descreimiento en la posibilidad de que el esfuerzo, la educación y el trabajo puedan ser vectores virtuosos para los jóvenes.
La investigación, realizada en cinco barrios populares del AMBA –que combina encuestas y entrevistas en profundidad —, analiza las experiencias familiares, escolares y de socialización que influyen en la construcción de expectativas de futuro. De acuerdo al estudio, el 60% de los jóvenes descree de la posibilidad de construir algo mejor en los próximos años: un 20% mantiene una postura resignada, con aspiraciones reducidas; un 40% vive en el presente sin una proyección clara hacia el futuro. En el 40% restante, que todavía mantiene esperanza en los postulados tradicionales, priman de todos modos las dudas. Entre los factores que explican la crisis de la narrativa del ascenso social aparecen la falta de oportunidades, la pérdida de referencias de éxito en el entorno cercano y el deterioro de los espacios que deberían generar las condiciones para apuntalar las expectativas de progreso: la familia, la escuela y el barrio.
En línea con la experiencia internacional, la familia se mantiene como el factor más determinante para el apoyo y contención de los jóvenes, y su debilitamiento es uno de los grandes problemas identificados en el informe. Muchas familias en barrios populares enfrentan condiciones extremadamente difíciles. La centralidad de los hogares monoparentales –donde las madres deben sostener los hogares sin apoyo paterno — tiene consecuencias severas para ellas y sus hijos. La proliferación de ambientes de violencia y abandono a nivel hogareño–y la cárcel como un factor en la ausencia de los padres– también aparecen como elementos de una parte importante de los entrevistados. Estos problemas suelen generar, además, lógicas circulares que reproducen los ciclos de exclusión, creando verdaderas trampas: sin figuras de contención y sin acceso a recursos, los jóvenes tienden a reproducir la experiencia de sus padres.
A la crisis de la familia se suma la de la escuela, que en los barrios dejó de cumplir el rol igualador que históricamente correspondió a la institución en nuestro país. El abandono escolar apareció extendido en el estudio. Más de la mitad de los jóvenes de entre 19 y 24 años no terminó la secundaria. Entre las principales razones aparecen la necesidad de trabajar, la maternidad o paternidad temprana y el consumo de drogas. Junto con el abandono, se revelan también las fallas de la propia escuela, donde la falta de docentes, los paros y las infraestructuras inadecuadas afectan la experiencia escolar. La violencia, en particular, aparece como un problema grave. La mayoría de los jóvenes reportan haber presenciado peleas graves, incluso con armas blancas y agresiones a docentes. Son muchos los casos en que los encuestados reportan que las escuelas públicas de sus barrios no son verdaderos lugares de aprendizaje.
Por último, el barrio aparece como un factor limitante de las expectativas de futuro. Los barrios populares aparecen territorialmente segregados, sin infraestructura de transporte que permita una adecuada conexión con el afuera. Entre los espacios de socialización, aquellos estructurados, como centros comunitarios –clubes e iglesias– aparecen como espacios de contención; las calles, en cambio, están relacionadas al consumo de drogas y las actividades ilegales, un proceso que a veces lleva a algunas madres a intentar proteger a sus hijos aislándolos dentro de sus casas, una estrategia que logra prevenir riesgos, pero también limita la socialización, con consecuencias complejas en materia de salud mental. Entre los datos más complejos, 51% de los jóvenes reporta que la mayoría de sus amigos consume drogas y el 43% tiene conocidos que las venden. Son persistentes los testimonios de chicos que comienzan a comercializar a los 13 o 14 años como forma de obtener ingresos. Un joven de 20 años de Barrio Mitre lo ilustra con crudeza: ‘Corre mucho la droga. Hoy en día hasta te quieren pagar todo con droga; no existe la plata, te pagan con droga. Cuando en la calle sale una changa es, ‘¿te pago con droga o te pago con plata?’’”.
[1] Hernández, D. y Zarazaga, R. (2024). La narrativa rota del ascenso social. Un estudio sobre las expectativas de los jóvenes de barrios populares. CIAS – Fundar
[2] https://cenital.com/milei-ante-definiciones-claves-para-el-rumbo-de-su-gobierno/
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