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Si una persona necesita abrir Google para entender el primer párrafo de tu publicación, el problema no es de quien lee. Es de quien escribió.

Por Lenny Cáceres*

El paso de la comunicación gráfica, radial y audiovisual a los entornos digitales debió modificar también nuestras formas de comunicar. Sin embargo, muchas veces ese tránsito se hizo a pura intuición, trasladando prácticas de los medios tradicionales a la web sin formación específica en comunicación digital.

Y eso tiene consecuencias. Para las audiencias, que reciben información incompleta o descontextualizada, pero también para los propios medios, instituciones y organizaciones que producen contenidos que luego resultan difíciles de encontrar, comprender o recuperar.

El contexto también es información

No estamos hablando de “optimizar para la IA” porque ahora esté de moda hablar de inteligencia artificial. El problema es anterior y bastante más básico: los nombres propios son contexto.

Para que un contenido pueda encontrarse, citarse y comprenderse correctamente necesita identificar con precisión personas, organizaciones, lugares y hechos. Los sistemas de búsqueda y recuperación de información también necesitan esas referencias para establecer de quién, de dónde y de qué estamos hablando.

Sin embargo, todavía publicamos para un mundo conectado mientras seguimos escribiendo como si todas las personas compartieran nuestro contexto local.

Internet no conoce tu pueblo
Internet no conoce tu pueblo

Y acá aparece algo que hace tiempo observo en medios, organismos e instituciones y que, a falta de una denominación más elegante, yo llamo “el síndrome de Doña Rosa”.

El síndrome de Doña Rosa

Doña Rosa vive en el pueblo. Conoce a la intendenta, sabe quién es la jueza, dónde queda el club, cuál es “la escuela de la plaza” y probablemente conoce desde hace veinte años el conflicto del que estamos hablando. Entonces escribimos para Doña Rosa. El problema es que Doña Rosa ya no es nuestra única audiencia.

Publicamos:

— “La jueza dictó un fallo histórico”.
— “La viceintendenta protagonizó un fuerte cruce”.
— “El sindicato firmó un convenio”.

¿Qué jueza? ¿De dónde? ¿Qué sindicato? ¿Qué convenio?

Internet no sabe lo que en tu pueblo “sabe todo el mundo”. Una publicación que nació en una localidad puede llegar a una persona ubicada en otra provincia o en otro país a través de un buscador, una red social, un enlace compartido, una recomendación o, cada vez más, mediante sistemas de inteligencia artificial.

Y acá está una de las diferencias fundamentales entre publicar para un soporte tradicional y hacerlo en internet: el territorio de circulación ya no coincide necesariamente con el territorio donde producimos la información.

Una radio podía hablar del “intendente” porque buena parte de su audiencia sabía perfectamente de quién hablaba. Un periódico local podía mencionar “la calle Rivadavia” sin explicar demasiado. La información circulaba dentro de unas fronteras geográficas relativamente previsibles. En internet esas fronteras se rompieron. En este momento, tu medio puede estar siendo leído en un pueblito de montaña a 500 kilómetros de un centro urbano o en un café de Tokio.

Y ninguna de esas personas tiene por qué saber quién es “la jueza”, dónde queda “la escuela de la plaza” o de qué sindicato estamos hablando.

La comunicación digital permite que los contenidos circulen, se compartan, se enlacen, se recuperen y vuelvan a aparecer fuera del momento y del lugar para los cuales fueron producidos. La audiencia también cambia: puede ampliarse geográficamente, atravesar distintas franjas etarias y consumir un mismo contenido en diferentes formatos y momentos.

Por eso digitalizar un contenido no significa solamente subirlo a internet. También exige escribir para una audiencia que puede no saber absolutamente nada de nuestro contexto.

Lo obvio también hay que escribirlo

Las viejas preguntas básicas del periodismo no perdieron vigencia con la comunicación digital. Al contrario.

Quién. Qué. Cuándo. Dónde. Por qué.

Si hablamos de una persona, necesitamos identificarla. Si contamos un hecho ocurrido en una localidad, hay que nombrarla. Si una organización participa, debemos decir cuál. Si existe un antecedente necesario para comprender lo que estamos contando, podemos enlazarlo. No porque pensemos que nuestra audiencia “no sabe”, sino porque no tenemos derecho a exigirle que sepa.

Veamos el Antes y Después de los casos citados.

Antes                                                                            Después

“La jueza dictó un fallo histórico”. “La jueza laboral de La Pampa, María Alejandra Tolosa, dictó un fallo histórico que reconoce el derecho al teletrabajo”.
Ahora sabemos jurisdicción, fuero, identidad y tema. Ya no necesitamos pertenecer a esa comunidad.
“La viceintendenta protagonizó un fuerte cruce”. “La viceintendenta de General Pico, Emilia Lassa, protagonizó un fuerte cruce con concejales de la oposición por el presupuesto vial”.
“El sindicato firmó un convenio”. “El sindicato de empleados de comercio firmó un convenio de aumento salarial del 15 % para el primer trimestre en Santa Rosa”.
No agregamos información para Google. Agregamos información para las personas. Que además los buscadores puedan comprender mejor de qué estamos hablando es una consecuencia importante, pero no debería ser nuestra primera razón para hacerlo.

Internet también construye archivo

Y hay otra dimensión que me preocupa todavía más. Lo que publicamos hoy puede convertirse mañana en archivo periodístico.

Una persona que dentro de cinco años investigue un conflicto gremial, una decisión judicial, una política pública o determinado momento histórico puede llegar a una de nuestras notas buscando antecedentes.

¿Qué encontrará si escribimos “la jueza”, “el sindicato”, “la escuela” o “el intendente”?

Una información que quizá era perfectamente comprensible para quienes vivían allí el día en que fue publicada puede resultar prácticamente inútil unos años después. El propio borrador de esta nota empezó pensando en circulación y comunicación digital y terminó llevándome hasta acá: también estamos construyendo memoria.

Las notas web son parte del archivo del futuro. Si les quitamos nombres, lugares, fechas y referencias porque suponemos que “todo el mundo sabe” de qué estamos hablando, estamos dejando un registro incompleto de nuestro presente.

Internet no conoce tu pueblo
Entorn Internet no conoce tu pueblo

Escribir para internet supone asumir algo bastante sencillo: quien nos lee no necesariamente vive en nuestro pueblo, no conoce a nuestras autoridades, no comparte nuestros códigos y no estuvo ahí.

Dar contexto no significa escribir más difícil ni llenar cada párrafo de explicaciones. Significa algo mucho más elemental: no obligar a quien llega a nuestra información a conocer previamente aquello que justamente tenemos la responsabilidad de contar.

 

(*) Periodista feminista abolicionista, directora/editora de Diario Digital Femenino. Titular de la web de Asesoramiento y Capacitación https://lennycaceres.com.ar/
Autora del libro La transversalidad del género: espacios y disputas.(Ed. Sudestada).
Autora de la Guía que recomendamos y puedes acceder a través de la imagen.

 

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