
Por Lenny Caceres
Verónica Larrivey asiste a un curso sobre marketing y emprendimiento destinado a mujeres madres para relatar la experiencia como empresaria en su negocio dedicado a la venta de artículos para sistemas de extracción y distribución de agua. Sin embargo, hay un dato relevante y que refleja la situación por la que tienen que pasar todas aquellas mujeres que ingresan al campo laboral siendo madres: las guarderías en el lugar de trabajo.
Larrivey, al pasar, comenta cómo resolvieron la necesidad del cuidado de niñas y niños en etapa de lactancia de tres mujeres de la empresa. En Diario Digital Femenino decidimos indagar en ese aspecto y profundizar aún más.
La “Guardería” nació en 2014 “de manera espontánea y por la necesidad que teníamos”. Larrivey comenta que en un breve lapso dos empleadas de la empresa y ella fueron madres. “Debíamos amamantar, pasar tiempo con nuestros hijos, los costos de niñeras y traslados eran enormes y no nos resolvían el problema que se nos generaba”.
“Pasadas las licencias correspondientes pensamos cómo coordinar la tarea de madres y trabajadoras sin faltar a ningún espacio o desarmarnos para cumplir con ambos roles. Se nos ocurrió contratar una niñera para que se ocupara de niñxs pero nos dimos cuenta que no teníamos el espacio para que ella desarrolle su trabajo, lxs niñxs de distintas edades se entretengan y sobre todo poderlxs amamantar con la comodidad necesaria. Movimos cosas, evaluamos prioridades… Lo creamos y así nació la ‘guardería’ que hasta hoy se encuentra instalada, aunque lxs niñxs ya crecieron y cada una fue contratando una niñera en su hogar. Hoy si falta una niñera o por alguna razón alguna de nosotras debe traer su hijx al trabajo, sigue intacta la posibilidad y podemos llamar a nuestra niñera de entonces para que venga a trabajar por unas horas.”
Teniendo la empresa también empleados varones le consultamos sobre la posibilidad de ellos de contar con ese espacio “todavía no se ha dado, y la prioridad es para el primer año de vida, básicamente, pero si algún compañero necesitara, por la razón que sea, traer a sus hijxs al lugar de trabajo, por supuesto tiene esa posibilidad, se les ha ofecido”.
Acerca de otras experiencias, Larrivey opinó que no conoce otras empresas locales que garanticen este derecho. «No, y he notado muy poca solidaridad de las mujeres con las mujeres mismas, sobre todo en la etapa de embarazo, parto y lactancia. Se ve en todos lados, en cualquier lugar de trabajo, en la calle, en las empresas, en el transporte público. Resulta increíble pero sucede todo el tiempo».
Guardería en el colegio
Miles de mujeres se enfrentan a la problemática de empleos que no atiendan esta necesidad. Sin embargo, esto no solo sucede con el trabajo, sino que también sucede en el ámbito de la educación en donde muy pocos colegios cuentan con este tipo de espacios.
En la ciudad de Santa Rosa hay varios ejemplos, sin embargo hay una experiencia que nos interesa destacar. El colegio secundario Paulo Freire está ubicado en Alvear 443, de la ciudad de Santa Rosa, Hace 14 años que está en funcionamiento: antes era un proyecto de finalización del secundario, y desde hace 3 años es un colegio, avalado por el Ministerio de Educación. Funciona en los turnos mañana (8 a 12) y tarde (16 a 20), y abarca desde 1° a 6° año de secundario[1] y cuenta con un jardín maternal, “Amapola”, que funciona sólo en el turno tarde, y trabajan allí tres maestras jardineras: Mónica Coller, Patricia Wiggan y Ana María Giraudo. Esta guardería funciona desde el inicio del proyecto.
“En nuestra primera visita, dialogamos con Graciela Moreno, una de las directivas del colegio. Nos comentó que el proyecto surgió hace 14 años por la iniciativa de un grupo de docentes. Denominado “Proyecto de Terminalidad Educativa No Formal”, comenzaron dando clases en un espacio cedido por la Iglesia Nuestra Señora de Fátima. Fue creado por Raquel Fernández y comenzó con 30 chicos. En un principio, eran dos docentes, que se dividían todas las áreas (Ciencias Naturales y Matemáticas por un lado, y Ciencias Sociales y Lengua por otro). Luego, y por conflictos con el cura que estaba a cargo de ese espacio, tuvieron que abandonar ese lugar. Consiguieron un nuevo espacio a través de la Coordinación de Tercer Ciclo, dependencia del Ministerio de Educación, en el cual siguen estando en la actualidad.
Cuando es reconocido por el Ministerio de Educación como colegio, pasa a tener una partida presupuestaria y los docentes comienzan a ser designados por el mismo. En este colegio no hay jerarquías establecidas: hay quienes ocupan ciertos cargos, pero ello no significa que se limiten solamente a eso. Moreno afirmó que “acá, todos hacemos todo”.
El colegio cuenta con un jardín maternal, “Amapola”, que funciona sólo en el turno tarde, y trabajan allí tres maestras jardineras: Mónica Coller, Patricia Wiggan y Ana María Giraudo. Esta guardería funciona desde el inicio del proyecto.” Cuentan los alumnos de la Carrera de Comunicación Social de la Universidad de La Pampa en su trabajo “Integrándonos: los vínculos en la institución educativa”.
La creación de más espacios cómo este responde a una lucha histórica del movimiento feminista, que tiene como objetivo romper con todas aquellas barreras que impiden el acceso de las mujeres al ámbito laboral. Este es un aspecto más de la lucha por la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, en donde hombres y mujeres posean las mismas oportunidades.
[1] “Integrándonos: los vínculos en la institución educativa”, Fleckenstein, Cecilia – Moreno, Lisandro – Pérez, Rocío. Diseño, Gestión y Evaluación de Proyectos de Comunicación – Licenciatura en Comunicación Social