Diseño sin título (10)

Cada 8 de marzo vemos el mismo movimiento: empresas, asociaciones, sindicatos, cooperativas, Estado. Hay que estar porque queda bien, porque corresponde. Porque toca. Un flyer, una actividad, una foto, un “marzo de…”. Y listo.

Por Lenny Cáceres*

Pero mientras tanto, puertas adentro, muchas mujeres siguen recorriendo oficinas para ser escuchadas: violencia laboral, hostigamiento, maltrato. Denuncias que pasan de escritorio en escritorio. Reuniones, promesas, y nada. O peor: consecuencias para ellas.

Porque cuando una mujer insiste, molesta. Cuando habla, incomoda. Cuando nombra lo que pasa, exagera. Cuando reclama intervención, complica. Y entonces empieza lo de siempre: se la señala, se la aísla, se la desacredita. “Es conflictiva”. “Es problemática”. “Odia a los hombres”. “Está loca”.

 El 8 de marzo y los políticamente correctos
El 8 de marzo y los políticamente correctos

El 8 de marzo no es un día para cumplir con una presencia institucional. Es una conmemoración histórica que nació reclamando derechos laborales. Día de la Mujer Trabajadora. No de la mujer decorativa, no de la mujer homenajeada mientras, en la práctica, se la silencia.

Duele ver discursos correctos el 8M y silencio el resto del año. Duele, sobre todo, cuando ese silencio es institucional. Porque en violencia laboral el mecanismo es el mismo que en violencia de género: miedo a hablar, miedo a perder el trabajo, miedo a quedar marcada. Y cuando no pueden negar lo evidente, buscan cómo mezclar todo. Desempeño, errores, tareas pendientes. Como si eso justificara el maltrato. Como si una supuesta falla habilitara la violencia.

Culpar a la víctima sigue siendo el recurso más viejo. El más cómodo y efectivo.

Entonces una verdad incómoda: si el 8 de marzo se convierte en celebración, se vacía de sentido. Cuando lo reducimos a un gesto, es maquillaje. Y el maquillaje no protege a nadie.

A quienes solo aparecen para la foto: el 8M no necesita presencia simbólica. Necesita decisiones. Necesita políticas. Necesita respuestas reales. Y necesita que las mujeres que denuncian no terminen castigadas por hablar.

Si no hay voluntad de actuar cuando duele, no se pongan la fecha en la solapa.

 

(*) Periodista feminista abolicionista, directora/editora de Diario Digital Femenino. Titular de la web de Asesoramiento y Capacitación https://lennycaceres.com.ar/
Autora del libro La transversalidad del género: espacios y disputas.(Ed. Sudestada)

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