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En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la escritora piquense, Patricia Ramírez, compartió su cuento “Mi Llanto”. Se trata de un relato en primera persona donde aborda las distintas situaciones de violencia que tuvo que atravesar. “Este cuento que te cuento, no es un cuento. Pero lo cuento para concientizar, porque si no cuento a lo que he sobrevivido no podré sanar, y uno sana para no repetir historias y cuenta para visibilizar”, escribe en uno de sus párrafos.

A continuación, reproducimos el texto completo:

Mi llanto
Mi llanto

Martes 19 de abril de 1966. Un día soleado de otoño, estoy en un lugar de cálida tibieza que me proporciona seguridad, pero hace unas horas que mi corazón se aceleró y algo me invita a empujar, empujo unas cuantas veces siento que alguien ayuda desde afuera, de repente ¡paff! ¡Salí! ¡Estoy afuera! Paso de mano en mano, manos frías apuradas me pesan, me examinan y me envuelven para colocarme en el pecho de quien me guardó en su vientre.
Por fin la conozco morocha ojos negros achinados, conozco su voz, la sentí hablar, la sentí llorar, ahora estamos de frente mirándonos a los ojos. La ternura y el amor hicieron una ronda dejándonos en el medio embelesadas! Creo que hubo una melodía, si, estoy casi segura! Algo me hizo bailar dulcemente entre sus brazos. Sin dejar de mirarme, preguntó “¿Qué es doctor?”

– Una nena Lucia, está bien muy sanita, acotó el médico pediatra.

¡Uy otra nena! Susurró bajito, ya su rostro cambió y se rompió la magia, la ternura y el amor se detuvieron y la música se apagó. Su corazón comenzó a acelerarse, su rostro se tenso. En ese momento, hace su entrada a mi vida a quien debería llamar mi padre por el resto de mi vida, También reconozco su voz y me da miedo, otro sentimientos que experimenté en el vientre. Mi madre me aprieta contra su pecho y dice con voz nerviosa: Mira José es una nena…

– ¡Otra chinita más! ¡Te dije que quería un varón, no ves que no servís ni para hacer mierdaa!
Con el tiempo descubriría que ese hombre no solo era malo, también era bruto. Yo reaccione de la única forma que sabía y podía… llorando, eso lo enfureció
– ¡Hacela callar o la estampo contra el suelo!
Mi madre tiembla y me da palmaditas para calmarme, sabía ella que ese hombre era capaz de hacer lo que decía. En ese momento entra la enfermera, que le pide que se retire. Quizás percibió el peligro o por reglas del hospital la recién parida debía descansar. Ponela en la teta y se va a calmar, le aconseja a mi madre, cosa que ella hace y por primera vez me alimento de sus pechos pequeños pero cargados de leche. Me prendo desesperada y tomo casi sin respirar, primero uno luego del otro. Lo hacía con los ojos cerrados, saboreando ese momento, quizás percibía que esos momentos estaban siendo clasificados y que tenían los días contados. Tres días serían los que disfrutaríamos de ese romance. Mi padre no volvería hasta el viernes, día en que nos dieron el alta.

Vino en una moto Gilera que manejaría a alta velocidad. Al llegar a casa nos espera una vecina junto a mis dos hermanas una de casi seis años y la otra de tres, eran tímidas y temerosas ¿Cómo podría ser de otra manera? Si ya conocían la violencia y el abuso; ¿Violencia y abuso? Dos palabras que serían los cimientos donde estaba fundada la vida de mi padre y no había forma ni herramientas que él quisiera tomar para cambiar la historia. Los días pasan y todo sigue igual, son muchos gritos y golpes. El miedo se instaló en mi alma y creo que será imposible desalojarlo, quedara agazapado allí y se presentará ante cada grito, cada golpe que son activado por cualquier motivo, un gesto un pedido, un derramar agua de una de mis hermanas, cualquier cosa hace que mi madre y mis hermanas reciban palizas indescriptibles de las formas más horribles.

Es obvió que yo lo manifiesto con llanto, ese llanto que asusta a mi mamá, inquieta a mis hermanas y las pone en sobre aviso. Si no me callo, recibirán una paliza al menor movimiento, cualquier cosa será una excusa para recibir un golpe. Mi padre no me ha mirado más y creo que me odia, no soportó ver que mi madre me amamante, asi que el primer día que llegamos a la casa le exigió que lo dejara de hacer, y mi madre obedeció. Mi hermana mayor se encargaría de darme la mamadera, que rechacé con fuerzas hasta que el hambre me ganó. Fui vencida por muchas cosas en mi corta vida, el afecto de mi madre si estaba no podía ser expresado por que mi padre no dejaba que se arrimara mientras él estaba. El llanto es mi única forma de expresión, expresión que no se entiende, y que se puede atender muy poco con el tiempo me apodaron el Sauce llorón, nombre de un árbol. Por años escuché el relato de mi padre: “A esta le digo el Sauce llorón, porque desde chiquita no para de llorar. Al mes la agarraba de una pata y la tiraba de una cama a la otra para que se calle y era peor”. ¿Ya mencione que era bruto no?

Mi llanto contiene preguntas ¿Por qué fue tan breve el contacto con mi mamá? ¿Por qué es tan malo ser una niña? Mi llanto es porque tengo mucho miedo, el miedo que se metió en mi alma y sigue creciendo.
Mi llanto pide cariño, quiero más de esa sensación de amor y ternura que jugaron a la ronda y me envolvieron al nacer. Cada tanto viene alguien de visita y me carga en sus brazos por segundos y se van, no bastan esos mimos para apagar mis miedos y lloro, lloro mucho y comienzo a crecer con la fama de la niña llorona “El Sauce llorón”.
Ya tengo tres años y busco amor. Mi madre volvió a quedar embarazada dos veces. Una paliza le hizo abortar a un bebe y ahora se encuentra internada para retener a otro, su gestación de casi 7 meses corre peligro. Mis hermanas y yo quedamos al cuidado de mi padre y unos vecinos.

Otra vez el miedo se desparrama por todo mi ser, estoy tratado de refugiarme en las personas equivocadas y por primera vez voy a experimentar otro tipo de dolor, no son los azotes, cachetadas, tirones de orejas o sacudones de mis pelos. Hoy me dolerá mi colita mis partes íntimas, hoy es un día que no olvidaré jamás, hoy sentiré sensaciones que me acompañarán el resto de mi vida y condicionarán mi sexualidad y mi relación con quien sea mi pareja. Hoy se cometerá el acto más vil de un mayor a una frágil niña de tres años, ¿Sabrá o imaginara mamá que su pequeña será ultrajada? o el miedo a lo que tendrá que enfrentar porque acaba de parir con siete meses de gestación a su cuarta niña y esta tendrá que recibir cuidados especiales enfurecerá a mi papá y también impide estar atenta o huir del infierno en que vive.

Hoy nadie escucha mi llanto ¿Cuánto duró todo esto? No lo se, pero me acompañará la experiencia y el dolor toda la vida. Mi hermana mayor pregunta al otro día ¿Por qué lloraba la Patri anoche? La respuesta fue rápida “¡Por mañosa!”, porque le tenía miedo al “Cuco”. Mi hermana calló, ella conocía muy bien a ese “Cuco”. A partir de ese día parece que se imprimió un cartel en mi frente que dice “Apta para golpear, abusar y violar, ¡pase con libertad y tome de ella lo que Ud. quiera!, pues nadie la defenderá”.

Estoy creciendo rápido, mi cuerpo de nueve años parece de trece. Llamo la atención de los hombres y el que ve la oportunidad me avasalla, me volví propiedad de todos los degenerados que se cruzaron en mi vida. Padre , tíos, vecinos, amigos ocasionales de la familia, cualquiera que quisiera podía tocarme y dañarme. Al parecer nadie de “los buenos” se da cuenta y yo aprendí a callar, ahora lloro en silencio.

Mi alma que almacenaba el miedo ahora hace lugar para que entre el odio y este empuja al miedo y ocupa más lugar porque no viene solo. Trajo al rencor y el deseo de venganza con él, el miedo casi no tiene espacio. Ya son muchos los sentimientos malos que ocupan mi pequeña alma, descubrí que lo que pasa en mi casa no es normal, vi hogares distintos, donde las niñas son recibidas con alegría son respetadas y cuidadas.

Envidie a esas niñas pero me hizo comprender que había un mundo mejor, mundo que yo no entraba. Por alguna razón caí en la parte obscura de la vida, sumaba y no me había tocado nada bueno. Mi suerte era negra, asi que otros sentimientos pesados y terribles se hicieron presente en mí y como todo lo que me ha pasado vino sin pedir permiso me arrasó y atropelló todos mis derechos.

¿Por qué estos dos sentimientos iban actuar distinto? Fue así que la tristeza y la muerte no solo se metió en mi alma, si no que ocupó todas las horas de mis días, invadiendo mi mente, instalando el deseo de morir de todas las maneras posibles. Comencé a sentir todos los dolores en mi cuerpo ¡Todos! Y recordaba porque me dolía y la ronda que experimente el día en que nací.

Ahora es más grande, pero ya no existe el amor y la ternura. Ahora son el dolor, la tristeza, el odio, el rencor y algo del miedo, en el centro me arrulla la muerte invitándome persuasiva a que me vaya con ella, me da ideas filtrando pensamientos negativos en mi mente, pensamientos que crecen cada día y me han quitado todo interés por cualquier cosa.

En la escuela soy la burra anulada, la tonta que no aprende, repetí el primer grado, y paso a duras penas mis otros grados. Ya no me importa todo lo que pasa en mi casa, los golpes y los abusos pasaron a ser parte de mi rutina, y no me importa porque sé que pronto vendrá la muerte y me llevara para siempre esa es mi máxima fantasía.
Así transcurren dos años más de mi miserable vida. He cumplido once años y hoy me dan una noticia que va a marcar mi existencia. Mi maestra de quinto grado le ha ofrecido a mi mamá trabajo para mi, ya que “ven“ que me cuesta mucho concentrarme y aprender, y es una pérdida de tiempo esta nena en la escuela.

Mi maestra tiene un niño de dos años con síndrome de down y necesitan una niñera. “Total después que sea más grande puede terminar en la escuela de noche, ¡eso si se despabila un poco!”.

Acuerdan el salario que nunca sabré si fue mucho o poco y mi madre regala mi guardapolvo a otra niña que tenía uno viejito, según me dice. Yo ya tenía viviendo dentro de mi otro sentimiento, la apatía, todo me da igual. El lunes comienzo a trabajar, era una familia grande en una casa gigante donde vivían los padres de la maestra, su esposo y sus tres hijos. Cuando llegué, me di cuenta de dos cosas muy importantes. Primero, me mintieron, no fui solo a cuidar a ese niño, me tocaría limpiar aquella tremenda casa; segundo, el abuelo del niño leyó el cartel en mi frente aquel que se imprimió después de mi primer abuso.

Cuando conocí al niño algo fresco entró en mi ser, y supe que algunos sentimientos oscuros que habitaban en mi alma irremediablemente iban a ser desalojados. No sabían mis padres ni mi maestra el bien que acaban de hacer al ponerme en contacto con ese maravilloso niño, que al conocerme el primer día me extendería los brazos y rodearía mi cuello manteniendo apretado su pecho contra mi pecho. Y allí, ese lunes en presencia de la abuela de la casa ese niño, ¡logró el milagro! La ternura y el amor volvieron e hicieron una ronda y escuche la música, ¡si, si! ¡la escuche! No se si fue la música que brotaba del corazón de aquel niño mágicamente, todos los oscuros sentimientos que habían vivido en mí fueron aspirados, absorbidos y lanzados lejos de mi vida. Había tanta dulzura en el niño que era imposible que no me contagiara.

Aprendí a limpiar rápido y bien para ir a cuidar al niño. Aprendí a esquivar al abuelo que me llamaba a su escritorio y me esperaba con su pene afuera, pero ya había un sentimiento nuevo dentro de mi que se había instalado: ¡Coraje! Ah si, y coraje no venía solo. Estaba muy bien acompañado por Valentía y Carácter. Así es que ese viejo verde lo intento pero no pudo jamás tocar mi cuerpo.

Aquel niño solo estuvo dos años en mi vida ¡Pero que dos años! Algunos padres de niños con discapacidad tienen problemas en que se le diga a sus hijos “especiales”, no se porqué ¿Acaso no es especial un niño sin maldad, sin malicia, con un corazón tan limpio que solo alberga amor, dulzura Sin capacidad de generar odio o amargura?
Toda la familia tenía vergüenza y no lo sacaban a pasear en familia, su hermano de seis años y su hermana de siete se burlaban de él y le decían mono, hacían los movimientos de un mono y era la risa de la familia. Aun así, él se reía con ellos con inocencia y mucha alegría, eso sí que es especial.

Mi tarea era llevarlo al parque detrás de la casa, y allí disfrutábamos y aprendí a reír. Por primera vez escuché el sonido de mi risa, definitivamente ese niño fue una bisagra en mi corta vida, creo que Dios planeó el encuentro. Nunca más volví hacer la misma niña. Muchos de los sentimientos malos que me habían acompañado ya no están, la sed de venganza aun sigue pero no es dañina.

Un día volví al colegio nocturno y me prometí que la vida me iba pagar todo lo que me quitó. Hice una lista de lo robado. No disfruté a mi madre, pero a lo largo de mi vida me encontré con muchas mujeres que adopté y disfruté como madre. Me quitaste una, tome un montón. Puedo poner en el marcador un punto a mi favor.
No tuve un padre que me esperó y se alegró con mi llegada, menos que me cuidara y respetara, pero encontré verdaderos hombres que me adoptaron y adopte como papá, otro punto a mi favor, me case con un hombre bueno y juntos trajimos al mundo cinco bellas mujeres a las cuales disfrutamos respetamos y honramos sus vidas. Les enseñamos cómo cuidarse y cómo defenderse, y han traído a esta vida un perfume especial que lo dejan donde pasan. Punto en mi marcador.

He aprendido a jugar con mis hijas, pero mis nietos me han dado una maestría en los juegos. Anótame otro punto.
Lo que no me abandona desde el primer instante de mi vida es mi llanto. Lloro porque puedo percibir el abuso desde lejos, en Argentina 1 de cada 5 niños son abusados y un alto porcentaje es en el núcleo familiar. Pasarán muchos años hasta que las víctimas puedan denunciar, el silencio y la complicidad son tremendo aliados, la justicia es muy lenta y a veces no llega nunca.

Mi llanto es de impotencia por no poder ayudar a más niños, hago y haré todo lo que pueda desde mi pequeña porción en este mundo. Este cuento que te cuento, no es un cuento. Pero lo cuento para concientizar, porque si no cuento a lo que he sobrevivido no podré sanar, y uno sana para no repetir historias y cuenta para visibilizar.
Te cuento mi historia humildemente para que podamos ayudar. No dejes de mirar a tu alrededor y si percibís abuso anímate a contar. Quién sabe, si nos unimos lo podremos lograr.
”Solo somos una gota de agua en este mar, pero que seria este mar sin esa gota de Agua” – Teresa de Calcuta.

 

De ESI Sí Se Habla
Diario Digital Femenino

8 Comentarios

    • Liana Cestino -

    • noviembre 25, 2020 a las 14:56 pm

    Excelente…crudo y esperanzador….nada ni nadie puede destruirnos si no lo permitimos….un canto a la vida ….un llamado a involucrarnos con quién nos necesite para salir adelante…abrazo a su autora…

      • Patricia Ramirez Paz -

      • noviembre 25, 2020 a las 18:22 pm

      Gracias Liana, un abrazo

    • Gabriela Diaz -

    • noviembre 25, 2020 a las 15:33 pm

    Tan triste como esperansador….te conozco sin conocerte, te respeto y admiro con tan solo leerte….Gracias por visibilizar a pesar del dolor.

      • Patricia Ramirez Paz -

      • noviembre 25, 2020 a las 18:23 pm

      Muchas gracias Gabriela

    • Patricia Ramirez Paz -

    • noviembre 25, 2020 a las 18:20 pm

    Muchas gracias, agradezco de lo profundo de mi corazón la difunción de mi escrito,se que hay muchísimas niñas y mujeres en silencio, sufriendo de muchas maneras sin poder hablar, reconozco haber ayudado a muchas mujeres a lo largo de mi vida cuando cuento mi historia y gracias a Dios se animan a denunciar, callar es seguir supurando por una herida,un dolor ,una vergüenza que no provocamos nosotras, denunciar y visibilizar no solo será el comienzo de nuestra restauración como mujer si no que animaremos a otras a liberarse. Gracias !

    • Patricia Ramirez Paz -

    • noviembre 25, 2020 a las 18:24 pm

    Gracias Liana, un abrazo

    • Alicia Sosa -

    • noviembre 25, 2020 a las 19:28 pm

    Todo mi amor y admiracion por tu vida! Enorme guerrera! Dios es con vos!

    • Elizabeth Capdevila -

    • diciembre 11, 2020 a las 06:43 am

    Me emociona leerte BELLA! Siempre admiré cada escrito tuyo y cada charla al ir a tu hogar. No hay palabras para describir todo eso que viviste. Solo doy gracias a Dios por devolverte tanta felicidad y ser una voz para quiénes silencian. Te quiero!!

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