Por Noor Jiménez Abraham

¿Cuántas violencias se pueden encontrar si se desanda el camino que conduce a los femicidios? ¿Qué grado de invisiviblización de las agresiones subyase tras las puertas cerradas que por siglos han ocultado golpes, lágrimas, gritos, sangre y mucho dolor, del cuerpo y de la psiquis?
Según las estadísticas que proporciona el Observatorio Adriana Marisel Zambrano, a través del análisis de más de 120 medios de comunicación y agencias de noticias, en cuatro años y medio, mas de 1100 mujeres y niñas fueron víctimas de femicidios; y hablar de números ya presenta una de las aristas que responde a por qué las agresiones no disminuyen y hasta parecerían haber entrado en una espiral de contagio.
El hecho de que las estadísticas sean elaboradas por una ONG muestra la debilidad de políticas públicas disuasivas y reparatorias con respecto a un problema que afecta a las mujeres, a los hijos e hijas que pierden a su mamá y presencian las situaciones violentas, y a las víctimas de los femicidios vinculados, es decir, las personas que murieron a manos del agresor ya sea porque se interpusieron para proteger a la mujer o porque son consideradas clave para perpetuar un castigo hacia ella.
Si bien el femicidio es la materialización extrema del abuso de poder que algunos varones pretenden ejercer sobre sus parejas, actuales o anteriores, en un concepto por el que las consideran de su propiedad; la ley 26485, de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, sancionada en 2009, contempla otras muchas formas que las victimizan -psicológica, sexual, patrimonial y económica, simbólica- en diferentes modalidades – además de la doméstica- como la institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.
El martes 22 de agosto la Brigada contra la Violencia Machista -un grupo de la red social Facebook, creado por Perla Prigoshin, titular de la Comisión Nacional de Coordinación de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género, CONSAVIG- que reúne a personas activistas en acciones para contrarrestar la victimización de mujeres, convocó a una vigilia en todo el país con el objetivo de reclamar a la justicia una mirada a través de la cual “los derechos de las mujeres valgan igual que los de los varones” al considerar a la justicia como una de las instituciones que perpetúa los mandatos sexistas.
Tres días después, el viernes 25, se celebró una Jornada, esta vez organizada por la ONG La Casa del Encuentro, y con la participación de familiares de víctimas, organizaciones sociales, gremiales y de estudiantes, para pedir por lainmediata declaración de la Emergencia Nacional en Violencia contra las Mujeres
En esta tarea, es de valorar la lucha de las organizaciones sociales, integradas en su mayoría por mujeres pero con la participación cada vez más activa de varones involucrados en el cese de la problemática, personas todas que no solo le ponen el cuerpo a las marchas sino que han combatido ideas justificadoras como “qué le hiciste para que te pegara así”, “si se quedan es porque les gusta”, en la ignorancia de que esas mujeres no perciben su rol de víctimas, porque aun en el sufrimiento creen que lo merecen, o el uso de terminología atenuante de la situación como “crimen pasional”.
En 2008, la Red Par –Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación no Sexista- elaboró un decálogo que aun hoy se sigue repartiendo entre los profesionales de la comunicación para que tengan un sostén que colabore en la salida del paradigma de la inequidad al elaborar sus informes. Esta misma organización realizó un evento con motivo del día de los y las periodistas al que denominó “El periodismo le dice basta a la violencia de género” que se llevó a cabo en la Plazoleta del Obelisco.
En la actualidad, también se lleva a cabo la campaña “Sacále Tarjeta Roja al Maltratador” que busca colaborar en “el cumplimiento de las leyes que garantizan una vida sin violencia”.
Sin embargo, más allá de normativas y protestas, el androcentrismo –teoría por la que se impone al hombre como centro de todas las cosas-, todavía sigue imponiendo la mirada inequitativa en las relaciones sociales de los seres humanos, dado que se ejerce desde la fuerza incontrastable de la cultura, por lo que los daños previos al hecho que desemboca en la muerte de una mujer a manos de un varón que pretende adueñarse de su vida, resulta totalmente naturalizado, es decir, se justifica como un “deber ser”.
Resulta entonces una medida clave y de urgente diligenciamiento el incluir la perspectiva de género en las currículas escolares con el claro precepto de que se aprende un modo de ser mujer y de ser varón, para que tanto niños y niñas como docentes se vinculen con formas equitativas, dignas y justas de ejercer masculinidades y femineidades.