La lucha contra la trata de personas es relativamente reciente, los medios de comunicación y el poder político comenzó a dar cuenta del horror de la trata cuando conocimos el caso “Marita Verón”. La sociedad entera descubrió que existían redes de crimen organizado que esclavizaban mujeres, niñas y niños para la explotación sexual.
A medida que se conocían los casos y el modus operandi de las redes, la sociedad civil se organizaba para colaborar en la lucha contra la trata. Susana Trimarco y un conjunto de organizaciones se pusieron al hombro la tarea que aún no hacía el Estado, prevenir y proteger a las víctimas.
En los últimos días circuló por las redes sociales un comunicado denunciando que uno de los líderes de estas organizaciones, una persona que se autodenomina “salvador de las víctimas de trata” en Argentina y varios países de América en realidad es una persona violenta hacia las mujeres, manipuladora, que usa a las víctimas que dice salvar o proteger en beneficio propio. El comunicado estaba firmado por organizaciones que luchan contra la trata y la violencia de género en nuestro país y que viene sumando firmas de mujeres de otros países.
Dos testimonios dan cuenta de ello. Viviana C. relata, “durante todo el tiempo que estuvimos juntos en la organización y como su pareja, me maltrató psicológicamente, gritos, acusaciones falsas, humillación frente a otras/os. Su estrategia fue aislarme, cada vez que contaba lo que me pasaba me trataba de mentirosa, me insultaba y ponía a las personas contra mí, me acusaba de hechos que nunca ocurrieron. Cuando yo trataba de alejarme, me pedía disculpas, me decía que era imprescindible en su vida. Todos los seres humanos pasamos por momentos de vulnerabilidad, yo estaba pasando por unos de esos momentos y se aprovechó. Me llegó a decir que el demonio se había metido en su cuerpo, que no era responsable por lo que hacía, me pedía que tolerar muchos episodios rayanos al delito. Estaba confundida y no sabía con quien hablar, nadie me creía, estaba sola. Finalmente, ocurrió lo esperado, le dije que se le había quemado una cebolla y encendí su furia, terminé con un tremendo golpe en mi cabeza que me dejó inconsciente por horas, cuando desperté tenía un hematoma sobre el ojo derecho que me obligó a hacerme una tomografía. Él se puso a llorar y nuevamente me pidió perdón. Ese fue el fin para mí, pero el comienzo de la violencia hacia otras mujeres y también el comienzo de su tarea de hostigamiento permanente. Una vez me gritó, a mí nadie me deja, nadie termina bien”.
Miriam F. fue la siguiente. “Yo administraba un hostel, él empezó a venir cada vez más seguido hasta que iniciamos una relación. El primer episodio de violencia fue antes de viajar a Córdoba, faltaba poco para tomar el ómnibus y no aparecía. Cuando por fin llegó le pregunté qué había pasado, íbamos en mi auto camino a la terminal y sin ningún motivo comenzó a insultarme y revoleó mi celular. Tuvimos que parar para levantarlo, ahí aprovechó para tomarme del cuello y golpearme la cabeza contra el auto, después se puso a llorar y me rogaba que lo perdonara. Yo estaba confundida y le creí.
Nos fuimos a vivir a una quinta de Castelar, fue un infierno, empecé a darme cuenta que pasaban cosas raras, hacía comentarios misóginos, se reía de situaciones de violencia con otras mujeres, hasta que le pedí que se fuera de mi casa porque volvió a golpearme. Me amenazó, me dijo que él estaba relacionado con la magia negra y podía hacerme daño, quería enloquecerme.
Se llevó las llaves de la casa y entré en pánico porque empezó a amenazarme vía facebook. Tuve que pedirles a mis amigas que me acompañaran durante la noche, cambié la cerradura. El día que finalmente volvió y se dio cuenta que las llaves eran otras se enfureció, rompió la puerta, y abolló el auto a patadas, me gritaba que iba a matarme. Llamé a la policía, para cuando llegaron ya se había ido. Lo denuncié. Apenas se enteró que lo había denunciado inventó que lo perseguía una red de tratantes y se exiló en Uruguay. Siguió mandando amenazas durante un tiempo. Escribí a mucha gente, pero poca me respondió, así que siguió haciendo daño con total impunidad”.
Este 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer. La violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas. Esa violencia se sostiene muchas veces por la complicidad de quienes descreen de las víctimas y simpatizan con los violentos, que parecen más creíbles que una víctima desvastada.
Hay personas que dicen cuidarnos, padres, familiares, amigas y amigos pero que terminan siendo los femicidas, abusadores, violadores. Lo terrible es cuando líderes que se suponen nos defienden de la violencia de género, en realidad son lobos con piel de cordero. ¿Cómo descubrirlos y sobre todo cómo impedir que sigan actuando con total impunidad? La respuesta está en cada una/o de nosotras/os.