Este 8 de marzo por razones profundamente infelices nos convocamos mujeres de unos 40 países entre los que se suman algunos tan inesperados para el pensamiento medio occidental como Turquía.

Por María Laura Razzari*
Sí así parece, que las mujeres turcas en semejante mundo cultural que a priori a muchxs se les hace peor que el nuestro, se van a adherir a este Paro Internacional, mientras muchas argentinas que se creen más libres tal vez no osen traicionar los mandatos culturales para hacerse un rato y salir a pedir por la equidad y la justicia ni para sus propias hijas.
Pero bien nos podría explicar estas dificultades la Lisístrata de Aristófanes, comediante político griego que estrenó su obra en el 411 a.C para dar cuenta de que el poder político de toda la humanidad asienta y se nutre del cuerpo de las mujeres.
Aristófanes, harto de las guerras que sacudían a Grecia, encontraba en sus obras y en especial en Lisístrata el modo de pedir por la paz en un lugar y un tiempo dónde el ruido de los escudos y las lanzas tapaban cualquier sonido que desentonara con la guerra.
Así fue que Lisístrata fue la primera, al menos en la imaginación de Aristófanes, que se tomó el trabajo de convocar a mujeres de todas las ciudades aledañas y aún en pugna para proponerles una huelga sexual y de trabajo doméstico que obligara a sus hombres a deponer las armas.
Como es natural tuvo que lidiar con el fastidio de que las mujeres a las que pretendía convertir en liderezas políticas de paz, no pudieran salir de sus “micro mundos domésticos” para comprender la dimensión histórica de la travesura.
La comedia muestra como ante la idea de renunciar a tener sexo, tanto con sus esposos como con los amantes que anestesiaban la angustia de la soledad, las mujeres se mostraron reticentes hasta que fueron comprendiendo como, entre sus piernas, existía un centro neurálgico de poder que les permitía dar placer, dar hombres para la guerra, fuerza de trabajo para sus naciones como también traer al mundo a los elegidos que tomaban las decisiones.
Las mujeres atenienses y espartanas se unieron a través de Lisístrata de Atenas y Lámpito de Esparta y lograron mediar entre varios bandos de varones deseosos de compensación sexual por sus entregas bélicas, para hacerles saber que sin ellas, sin sus tareas de cuidado y sin sus cuerpos no habría hogar que defender en la guerra.
Porque de los cuerpos de las mujeres nacen las naciones y porque de su trabajo dependía la esperanza en la desolación de la guerra de tener dónde regresar.
Este 8 de marzo, reeditamos el espíritu de la huelga de Lisístratas, que como verán se llevó a cabo sin la presencia de los hombres, simplemente por dos cosas: porque no estaban y porque no formaban parte de la cuestión.
Al igual que las mujeres que imaginó Aristófanes en el 411 a.C, crearemos un espacio de denuncia, de soberanía política, de reclamos pacíficos como los que ya hemos demostrado ser capaces de sostener durante los últimos más de 40 años de feminismo y avanzadas jurídicas por la equidad y como lo hemos ilustrado en cada #NiUnaMenos.
Al igual que las cumpas de Lisístrata nos haremos dueñas de la historia que la violencia escribe con sus armas, para escribirla en las calles llenas de arte y creatividad desde dónde responderemos a los 57 femicidios ocurridos en los primeros 43 días del año, a los tres femicidios múltiples que se llevaron 15 personas en menos de dos meses y al recorte presupuestario de 67 millones de pesos que le quitaron al Consejo Nacional de las Mujeres.
Y lo haremos solas, porque ya sabemos que la soledad no niega a los hombres, es sólo un espacio de consolidación de nuestra autonomía política que todo varón respetuoso de la equidad sabrá comprender y respetar.
*Profesora de Historia y Filosofía
Concejala Bloque Feminista HCD Chivilcoy
Presidenta de Asociación Civil Maltratocero
www.maltratocero.org