Introducción
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EL LUGAR DEL GÉNERO

¿Cómo se relacionan el género y la geografía? ¿Dependen las diferencias entre los hombres y las mujeres de la zona del mundo en que habitan? Si los atributos de género son una creación social, ¿cómo varían la feminidad y la masculinidad en el tiempo y el espacio? ¿Cuántas variantes conocen las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres? ¿Todas las sociedades conceden al hombre un papel central y sitúan a la mujer en los márgenes? ¿Tiene algo que decir la geografía a este propósito?
Tales son los interrogantes que pretendo examinar en este libro, dada su importancia para numerosas disciplinas relacionadas con las humanidades y las ciencias sociales, en las que han abundado durante los últimos años análisis y debates predominantemente orientados en sentido geográfico.» Los estudiosos de estos campos escriben sobre viajes y emigraciones, sobre límites y fronteras y sobre el lugar y el no lugar, tanto en términos literales como metafóricos, y recogen en sus debates los conflictos y los cambios que durante las últimas décadas han transformado la naturaleza de la relación que une a los pueblos con un lugar concreto. Las grandes emigraciones de dinero y de personas —capital y mano de obra en el lenguaje más abstracto de las ciencias socíales—, consecuencia de la mundialización de las relaciones sociales y de las conexiones internacionales de nuestra época, han cambiado la vida de millones de personas. Los movimientos nacionalistas, las guerras y las hambrunas, por un lado, y el desarrollo del capital transnacional y de las corporaciones mundiales, por otro, han producido el desplazamiento forzoso de cientos de miles de personas, al tiempo que otros muchos cientos de miles se trasladaban voluntaria y, por lo general, temporalmente a grandes distancias, por el placer de viajar o por ampliar los horizontes de su vida.
Ambos movimientos han cambiado de un modo radical ¡ la relación del individuo con la identidad de grupo, la vida cotidiana y el territorio o el espacio. Abandonar su patria se ha convertido en un hecho común para muchas personas, en algunos casos para establecerse y conquistar una vida nueva lejos de su lugar de origen; en otros, los más, para convertirse en los «parias» y los «desplazados» del mundo, condenados al limbo de aquellos que se caracterizan por no pertenecer a nada, ni a una nación con territorio ni a una región ni a una clase. Para la mayor parte de las mujeres, la participación en esos desplazamientos ha supuesto, además, entrar en un proceso de proletarización, a medida que el capital, local o multinacional, las ha ido convirtiendo en mano de obra asalariada de la]hueva división internacional del trabajo^ Con el nuevo alcancé mundial del capital, una mujer de Corea, Camboya o Katmandú puede acabar trabajando para las mismas empresas que cualquier otra mujer de la Europa occidental…