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En el marco de las políticas de Promoción de la Igualdad y el Acceso Universal al transporte ferroviario llevadas adelante durante la gestión de Florencio Randazzo,  Nuevos Ferrocarriles Argentinos convocó a la periodista Luciana Peker a escribir las experiencias de nueve mujeres que se desempeñan en diversos puestos en el ferrocarril, un ámbito laboral  que hasta no hace tanto tiempo atrás les estaba vedado.
A lo largo de la historia las mujeres hemos ido ganando espacios a fuerza de trabajo y perseverancia. En Mujeres ferroviarias. Experiencias de vidas sobre rieles, la periodista Luciana Peker escribe las historias de 9 empleadas de los ferrocarriles, un lugar hasta hace poco vedado a las mujeres. “No es un trabajo prohibido para las mujeres. Pero eran pocas las jóvenes que lograban ingresar al ferrocarril y a puestos reducidos a limpieza, control o boletería”, explica en la introducción del libro Paula Ferro, quien fuera Subgerenta de Relaciones con la Comunidad de Nuevos Ferrocarriles Argentinos (NFA) durante la gestión de Florencio Randazzo. La publicación se presentó en julio en el Centro Cultural Kirchner.
Entrevistamos a Luciana Peker sobre la publicación y la experiencia de contar las historias de estas mujeres de diferentes edades, estrato socioeconómico, historias personales y oficios pero unidas por el amor a los ferrocarriles.  
¿Qué fue lo que te atrajo de la propuesta de escribir sobre las mujeres ferroviarias?
En principio me parece que los derechos laborales son un tema que ocupa poco lugar en la agenda feminista en Argentina y que es un tema central. Y las mujeres ferroviarias tienen que ver mucho con un trabajo mítico, nacional, que se relaciona con el desarrollo de la industria, el interior del país, la autonomía de Inglaterra, el puerto de Buenos Aires. Y con un trabajo que es tradicionalmente masculino, entonces desde ya que conocer a las mujeres ferroviarias me impresionó tantísimo.
¿Cómo llegaste a estas nueve mujeres que dieron su testimonio?
La idea fue de Paula Ferro. Estaba la traba para que las mujeres pudieran ser conductoras que se destraba después del libro por una lucha gremial de ellas pero que también empuja la publicación. La idea fue visibilizar a esas mujeres, poner una lupa en las trabajadoras de Nuevos Ferrocarriles Argentinos (NFA). La empresa me fue haciendo el enlace con las entrevistadas, de diversos sectores y oficios.
¿Cómo cambió tu rutina al sumar el trabajo de este libro en particular?
Cambió mucho porque me tocó escribir los fines de semana, cuando por lo general trabajo en la semana y sábados y domingos los paso con mis hijos. También porque el trabajo con las ferroviarias, aun estando en puntos que pueden no ser tan lejos de la ciudad como Retiro, implicó ir a la estación, hablar con ellas, pasar por otros mundos que tienen que ver justamente con la gente que viaja. Y después en algunos lugares directamente sí tiene que ver no solo con estar en las estaciones de tren sino por ejemplo en Liniers o en Castelar, en los bares a los que van los ferroviarios. O hacer un viaje de ida y vuelta junto a la guarda del tren. Son todos lugares que tienen que ver con lugares en tránsito, de paso, pero que por el otro lado representan así un submundo que también son míticos para los trabajadores del ferrocarril.
¿Qué puntos en común encontraste entre las entrevistadas más allá de su condición de mujeres ferroviarias?
Lo que más me impresionó fue la pasión. El nivel de apasionamiento por el trabajo que hacían y no solo por la tarea y el oficio. La mayoría son totalmente enamoradas de los trenes, de la mítica, de la tecnología, de la historia, del traslado, de la cultura ferroviaria. Y eso realmente me contagió muchísimo. Me parece que hay otras áreas donde el género es más teórico pero se vibra menos y que éstas son mujeres apasionadas y empoderadas absolutamente.
¿Qué fue lo que más te conmovió de esas historias?
El trabajo ferroviario tiene la característica que se hereda de padres a hijos, los hijos pueden continuar con la tarea de los padres. Y la mayoría de las mujeres que entraron en el ferrocarril -básicamente a partir de la incorporación de los ferrocarriles al Estado- de niñas siempre soñaron con hacer el mismo trabajo que su padre. Tanto ellas como sus padres creían que no iban a poder acceder, que ese lugar estaba destinado exclusivamente a sus hermanos varones o incluso a un hijo varón inexistente. Y ahora ellas sentían una empatía con el padre y un orgullo de poder estar haciendo lo mismo ellos. Era conmovedor pero lo que me emocionaba era retrotraerme a su infancia en donde sus sueños y sus horizontes estaban totalmente sesgados por su condición, ni siquiera de mujeres, sino de niñas y que ahora ese sueño infantil se les había podido hacer realidad.
¿Cómo crees que incide en las mujeres ferroviarias la conciencia de la discriminación por razón de género?
En general creo que son mujeres empoderadas que no les gusta el rol de la victimización, ni de declararse discriminadas. A veces incluso en cosas chiquitas como la estrategia para defenderse de los chistes, o de ser de igual a igual. Tiran muchos “tips” para defenderse de la discriminación. No son tan de asumirla en lo teórico como de encontrar estrategias para poder disuadirla. Por ejemplo, buscar la empatía con los ferroviarios que tienen hijas mujeres para que puedan ocupar esa tarea o no bancarse ningún chiste
¿Cuáles crees que son los cambios prioritarios aún pendientes para lograr una total inclusión de las mujeres en el gremio?
La gran deuda pendiente  era que haya mujeres conductoras. Después del libro, las reivindicaciones de las mujeres conductoras toman mucho más lugar y ahí empieza una disputa sindical. Hay un sector gremial que estaba enfrentado en ese momento a las nuevas autoridades de NFA y empieza una disputa en donde  también pone a NFA y por el otro lado al gremio que es La Fraternidad que le impedía que las mujeres hicieran el curso de conductoras. Finalmente hace unos meses hicieron este curso de conductoras y más allá de diferencias sectoriales, políticas o gremiales el libro fue parte del cambio para que las mujeres no tengan barreras en lo laboral. Y por lo menos esa fue la intención mía al escribirlo.

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