Y ahora, ¿qué?

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Por Admin enero 10, 2021 08:45

Y ahora, ¿qué?

El 30 de diciembre de 2020 queda en la memoria colectiva de la lucha feminista y de las luchas populares del pueblo. La ley que legaliza el aborto se transformó en realidad, la posibilidad de personas gestantes de decidir, de desear, el momento de tener hijes que se inscribe en una serie de luchas en busca de la igualdad y justicia para las mujeres en la sociedad que rompen con la tutela patriarcal sobre sus autonomías.

Por Mauro Perrone*
para Diario Digital Femenino

Una de las reacciones luego de su aprobación, además del abrazo y las lágrimas emotivas, fue el reclamo por nuevas luchas. La separación de la Iglesia del Estado es una de ellas pero parece que fueran un reclamo al movimiento feminista, a la campaña por la legalización del aborto, etc. como si las luchas por venir fueran responsabilidad exclusiva de ellas. Como si la lucha por la legalización ya hubiese finalizado, como si no hubiera que pelear día a día el cumplimiento de la IVE, como si no se supiera que hay provincias que aún no aplican ni reglamentan la ILE (establecida en el Código Penal desde 1921). Como no queriendo hacernos responsables de una campaña, de una lucha, de una vida o parte de ella, dedicada a una causa justa. Las luchas que queremos dar se eligen, se respaldan muchas, pero las que nos mueven hasta la fibra más íntima las elegimos. Por eso el movimiento feminista puede decir por qué quiere pelear, nadie más.

Y quienes menos autoridad moral tenemos para decir algo somos los varones. A nosotros el capitalismo patriarcal nos dio los privilegios para desenvolvernos libremente, todos los privilegios desde los legales hasta una cultura centrada en nuestra mirada hecha a nuestra imagen para nuestro placer. Las mujeres en Argentina siempre tuvieron que disputar por esos derechos (que son/eran privilegios sólo nuestros) desde siglos. La IVE está dentro de esa larga cronología de luchas en busca de que las leyes sean justas ante ellas, ante las disidencias sexo-genéricas, ante todas las personas.
Pero si bien cada ley es celebrada como un triunfo, un paso a la plenitud de derechos, también sabemos que el patriarcado es cultural. Es la educación que recibimos (por eso la ESI es fundamental), son las propagandas publicitarias, los modelos que nos muestran, las formas de vínculo que aprendemos; es la cotidianeidad del discurso que se hace carne y acción en nosotros o quienes nos rodean. Y para ello, las leyes no alcanzan. Son fundamentales porque el Estado también es patriarcal pero la cultura patriarcal no termina por decreto. Y está siempre reinventándose, parece que se amalgama al momento, deja de ser tan explícito en algunos sectores sociales para volverse más sutil. Aparece un poco más donde antes estaba totalmente ausente. El ámbito del cuidado y de la paternidad es uno de esos lugares.

La ley de divorcio que fue promulgada en 1987 y permitió la disolución del matrimonio en condiciones de igualdad para la mujer, es una de las leyes por las que el feminismo peleó, para que las mujeres no sigan atadas a maridos violentos, ni ella ni sus hijas e hijos. Esa ley, también trajo aparejada la desvinculación de ese padre ante la crianza. Desde esa fecha no cesan los reclamos por las cuotas de manutención para sus hijas e hijos hacia esos padres, lo cual ni siquiera significa paternar. Desde allí el divorcio significó que la mujer quedó al total cuidado de sus hijos, hijas además de salir a trabajar sin experiencia previa o estudios en muchos casos. Desde allí los hombres que siempre fueron libres de salir de sus responsabilidades ahora lo siguen siendo y más tal vez.

La cultura patriarcal habilitó siempre que la paternidad pudiera ser deseada. Por eso las leyes no bastan pero son fundamentales y es momento que los varones pensemos en discutir las leyes que nos dan privilegios o nos quitan responsabilidades, si es que decimos estar de acuerdo con la igualdad. Y en ese camino es difícil comprender cómo aún tenemos sindicatos (algunos dirigidos en su totalidad por mujeres, lo cual no siempre significan feministas) que no reclamen la paridad de las licencias por maternidad/paternidad. ¿Por qué los varones padres volvemos al trabajo a los 10 días y la mujer madre queda al cuidado casi exclusivo por 3/6 meses o más? ¿Acaso, además de amamantar, hay alguna tarea de cuidado para la cual los varones estemos incapacitados? ¿No es eso también una ley que dice a las mujeres que su lugar está allí, en su casa, que ya no puede seguir con su vida laboral porque ahora es solo madre?

La filósofa, militante, feminista, Diana Maffia presento en sus años en la legislatura una propuesta de paridad de licencia para mujeres y hombres ante el nacimiento de hijas e hijos, fue rechazada por los sindicatos aduciendo que ellos “ni piensen que nos vamos a quedar cuidando hijos”. Por eso esta es una disputa que debemos dar los varones, nosotros debemos querer estar al cuidado, debemos desear paternar y debemos pelear por una ley que nos permita hacerlo de forma responsable. Que obligue al Estado a garantizar ese derecho. Y que también, aun cuando no sean lo deseable, fuerce a varones a cuidar a sus hijas e hijos, a cuidar a sus compañeras, a ser responsables en los vínculos.

Cuando los varones también luchemos por la igualdad, que es luchar contra nuestros privilegios, es ponernos en contra de todo lo que el patriarcado nos dio y aún vemos como natural. Cuando reclamemos las leyes ante las cuales seamos iguales, y las cumplamos luego (dato no menor). Cuando las tareas de cuidado y crianza sean compartidas, pensadas, sentidas por nosotros. Cuando dejemos de ejercer esa cultura de la violación, del acoso, de sentirnos conquistadores de cuerpos. Cuando las mujeres dejen de reclamar mes a mes las cuotas a los hombres engendradores de sus hijos e hijas. Cuando los partidos y sindicatos dejen de ser machistas (aun cuando sean dirigidos por mujeres) relegando los problemas de género a una secretaría. Solo ahí podemos tener autoridad moral para decir por dónde hay que ir, por donde luchar, ahí sí vamos a estar luchando por lo mismo. Hasta ahora somos decorado, y el decorado se calla.

(*) Profesor de Historia. Docente en colegios secundarios de Santa Rosa.
Militante de Patria Grande.

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