Virginie Despentes: “La performance de Lastesis es un grito de guerra”

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Por Admin diciembre 29, 2019 19:52

Virginie Despentes: “La performance de Lastesis es un grito de guerra”

Virginie Despentes: “La performance de Lastesis es un grito de guerra”

La escritora francesa, rockstar del feminismo contemporáneo, habla con La Tercera sobre Lastesis, la violencia de género y los hombres en la década feminista.

POR: ANDRÉS GÓMEZ BRAVO

Virginie Despentes: “La performance de Lastesis es un grito de guerra”

Virginie Despentes: “La performance de Lastesis es un grito de guerra”

Virginie Despentes responde con una pregunta: “¿Quién no se ha enterado?”. La escritora francesa, autora del manifiesto feminista Teoría King Kong, se refiere a la performance del colectivo chileno Lastesis. “Se ha convertido instantáneamente en un himno internacional”, dice. “¿Desde qué país, desde qué cultura contemporánea las mujeres no entenderían de qué trata esta performance?”.

Armada de actitud punk, franqueza guerrillera y elocuente fuerza narrativa, Virginie Despentes es una de las autoras más leídas y apreciadas de Francia. Nacida en Nancy en 1969, en una familia de clase trabajadora, a los 17 años sufrió una violación. Ocasionalmente se dedicó a la prostitución y en 1993 debutó en la literatura con la novela autobiográfica Fóllame. Adquirió notoriedad internacional en 2006 con Teoría King Kong, un manifiesto autobiográfico cargado de rabia y rebeldía donde narró su violación.

“La Teoría King Kong me viene directamente de la lectura de Bukowski, del metal de Lemmy Motorhead o de la potencia subversiva de un Jean Genet”, afirma. Su ensayo es un golpe en las narices del patriarcado: un rechazo de sus modelos y su violencia. Y en ese sentido, encuentra ecos en Un violador en tu camino.

“Lo impactante viene de la multitud y de la potencia de la ira gritada”, afirma sobre la performance del colectivo porteño. “No es un grito de dolor, es un grito de guerra. Hasta ahora la violación era casi siempre una historia personal, la triste historia de una mujer puesta en una situación extraordinaria. Pero con la multitud salimos del cuento de la excepción y la violación toma su forma verídica: no tiene como marco de narración el caso particular. No somos historias separadas, no se trata de un encuentro desafortunado. Se trata de un sistema político que nos afecta a todas, que afecta a cualquier cuerpo femenino. Y esta multitud a la vez que da fuerza y potencia, te abre el pecho en dos: eso es nuestra feminidad, de verdad. Cuerpos violables. Que por primera vez se juntan para imaginar lo impensable: una posible vida sin estas amenazas cotidianas”.

Dice que a nivel personal Lastesis la han conmovido. Que siente que algo nuevo comienza. Pero esa ilusión tiene también contornos dolorosos: “Estas vidas que hemos tenido sin elección, por el simple hecho de haber nacido mujeres, el hecho de que todas sabemos (de Africa hasta China pasando por Chile) de qué se trata, tiene algo de insoportable.

Porque no, no es que así son los hombres y tienen algo en el ADN que les permite violar mujeres, es que hubo una guerra, y la hemos perdido en todos los países donde el poder del mejor armado, del más capaz de matar y de torturar ha ganado. El sueño de salir de este modo de gobernar el mundo viene con esta performance, y es un sueño a la vez extraordinario por su ambición utópica, y a la vez inquietante por la brutalidad de los que hasta ahora tienen el poder”, recalca a través del email.

Ha ocurrido un efecto de algún modo terapéutico y acaso insospechado: numerosas mujeres se han revelado víctimas de abusos. ¿Expresar esta violencia era una necesidad colectiva? 

No son las víctimas de violación que “confiesan”. Siempre es la sociedad que confiesa sobre sus políticas reales, a través de las narraciones de violación. Las sociedades confiesan que se han aprovechado de la doctrina de las religiones monoteístas para esconder sus prácticas sexuales reales. La violación es un sistema de castigo, de control y de humillación ciega que cae sobre todas las mujeres. La violación es la raíz de la colonización, la raíz de cualquier guerra, y la raíz de la sumisión de las mujeres al patriarcado. Sirve para destrozar a las mujeres, todas las mujeres, las violadas como las potencialmente violadas si no obedecen. Y lo sabemos todas. Y las religiones, con sus éticas de “los hombres nunca hablan de lo que hacen realmente con el sexo porque lo hacen en secreto” han sido el pedestal para que la violación haya quedado en la oscuridad tantos siglos. Pasaba. Pasaba todo el rato, pero no se hablaba de que pasaba. El silencio de las violadas formaba parte del sistema, como el silencio de la prostituta, o el silencio del niño abusado. Las prácticas heterosexuales no son lo que dicen que son: siempre vienen con violencia, y el silencio de los cuerpos maltratados es vital para que continúe esta forma de establecer el poder. Entonces cuando las violadas salen del armario, no confiesan nada; la sociedad confiesa que la sexualidad masculina no tiene dignidad y no tiene salud: está enferma y tiene que hacer su auto retrato sincero para salir de la enfermedad.

Si bien la denuncia se refiere al patriarcado, hay quienes consideran acaso injusto referirse a todos los hombres como violadores. 

Todas las mujeres son cuerpos violables, es el hecho que me interesa. Independientemente de tu edad, de tu clase social, de tu ropa, de tu actitud, de tu fuerza, de tu carácter, de donde vives. Si eres mujer, el violador puede estar en tu camino. Me parece extremamente brutal que la repuesta de los hombres fuera intentar saber si se sienten culpables individualmente. Hace tres años que mujeres cuentan a nivel internacional que son víctimas de violencia sexual y la respuesta de los señores es: pero yo no he hecho nada. ¿Qué significa? ¿Molestamos? Perdón, señor, pero ¿quién es el más molestado? Yo como mujer nunca he pedido sufrir vuestra sexualidad grotesca y asesina. Tampoco he hecho nunca nada para sufrirla. Y las demás mujeres, tampoco. Pero hemos sido construidas como responsables del acceso a nuestro cuerpo, nuestra sexualidad nunca fue nuestra, siempre está sometida a las morales religiosas. Nuestra sexualidad pertenece al juicio de los hombres. Y al mismo tiempo somos violables, lo que significa que lo más importante de nosotras no lo podemos defender. Cuando abrimos la boca para decir basta, lo único que interesa a los hombres es decir que no son culpables de nada: ¿Qué significa eso?

Cada hombre no es un violador, dice Despentes, pero cada vez que un hombre abusa de poder o valida la desigualdad contra las mujeres, se hace cómplice. Es más: “Si un hombre se identifica con la masculinidad heterosexual, se está identificando con una identidad defendida por sus compañeros violadores”, afirma.  “Y lo siento mucho, pero me parecería mejor que los hombres, en vez de quejarse de lo difícil que es ser machos cuando las mujeres hablan de violación y de abuso sexual, se pusieran en marcha en contra de este orden patriarcal. Al dar una respuesta como ‘yo no soy violador’ los hombres están dando un ejemplo importante a los niños varones: si se quejan, hazlas callar. Son los hombres quienes deberían salir a la calle para gritar ‘esta masculinidad no la quiero’. Deberían salir a la calle en mini faldas y tacones altos para decir a sus hijos varones que deben cambiar la masculinidad ya, sin perder ni un segundo”.

En Teoría King Kong usted se rebela contra el modelo de mujer burguesa y convencional…   

No tengo nada en contra de ese modelo, digo que no existe. Pero si por excepción encuentro una mujer cómoda con el modelo actual, pues bien, hermana. Lo que le pido es no pedirme que me calme porque a mí no me apetezca tener su vida de mujer ejemplar. Digo que la mujer burguesa blanca ha sido establecida como un modelo internacional a través del cine y de la industria de la publicidad; delgada, suave, bien educada, siempre sonriente, hetera, buena madre, sexualmente disponible etc… ahora que estoy rodeada de mujeres blancas ricas, no las veo en buen estado tampoco. Entonces digo que la mujer inventada por Hollywood y el capitalismo Chicago es una mujer que no existe. Y que no deberíamos culparnos a nosotras mismas de no conseguir ser como este “modelo”. Tengo un cuerpo de paisana, tengo la fuerza física de la gente que ha trabajado en campos durante siglos, y tengo un carácter de hombre ambicioso y rabioso: reclamo todo esto como mi fuerza y no quiero perder nada de esto para parecer una burguesa parisina.

Históricamente, dice, a los hombres no les interesó el feminismo. “Les interesaba la revolución sexual para follar más cuerpos independientemente de si eran complacientes o no, de si sentían placer o no, de si tenían deseos o no”, asegura. Por eso hoy “si quieren unirse, guay. Pero eso es asunto suyo, no tengo que preocuparme como feminista de cómo los machos se sienten. Es la hora de hablar entre nosotras, de hablar de asuntos hasta ahora callados. Y hablamos entre nosotras porque los hombres no se han preocupado de saber nada de lo difícil que son nuestras experiencias con ellos como jefes absolutos, en la casa y en las calles”.

¿Qué rol ha jugado el MeToo? 

Fue una revolución. Creo que fue preparada para las redes e Internet, que habían cambiado totalmente el juego. Hasta el momento los periódicos y las editoriales estaban dirigidas en su mayoría por hombres que habían decidido, estas últimas tres décadas, que el feminismo se había acabado. Que la igualdad era suficiente. Que más radicalismo sería demasiado. Y había muchos temas que no les parecían relevantes, como el acoso en las calles, el acoso en el trabajo, la vergüenza de tener un cuerpo que no te pertenece realmente, o el miedo cotidiano de ser vista como mujer.

Y de repente, con Internet un montón de textos feministas han empezado a ser compartidos sin la vigilancia de los hombres, independientemente de si les parecía pertinente o no. Y las jóvenes los han leído, han hablado de temas nuevos. Cuando una chica se ha quejado de acoso sexual en el ámbito laboral, millones de mujeres la han seguido sin el permiso de los hombres. Fue la primera vez que fui testigo de una revolución de las mentes internacional, en tiempo real. Fue por un lado un alivio increíble no pensarse sola y por otro lado, un sufrimiento: los comentarios hostiles de los hombres fueron mucho más fuertes de lo que esperaba. No quieren escuchar, no quieren entender. Solo quieren nuestro silencio.

¿Hemos avanzado en igualdad de género en los últimos 10 años?

La pobreza ha avanzado estos últimos 10 años, y si la pobreza avanza significa siempre que las condiciones de las mujeres en general han empeorado. Cuando en Europa se destruye el sistema de repartición de las riquezas, las primeras que sufren en sus vidas son las mujeres. En América del Norte la miseria ha explotado y obviamente las mujeres son las que sufren el doble. En América del Sur cuando los regímenes se destrozan, sin duda son las mujeres pobres que sufren más. No hemos avanzado mucho en 10 años, al contrario, la regresión es tal que ya no es soportable y eso explica, supongo, que el feminismo ha llevado a cabo una revolución bien real. Ni la violencia ni las muertes han disminuido en 10 años, ni la representación política ni la igualdad de pago ni las oportunidades de poder ni la educación de los niños han avanzado en estos 10 años.

Lo que sí lo ha hecho es nuestra capacidad para reconocernos las unas a las otras como colegas dignas de diálogo, sin que tengamos que tener un hombre al lado para escucharnos. Por primera vez, hasta las heteras son capaces de verse como sujetos dignos de atención. Esto es nuevo, no necesitamos hombres para sentir que somos fuerzas políticas legítimas.

 

Especial La tercera

Diario Digital Femenino

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