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Luego del repudio a José Palazzo, organizador del Cosquín Rock, por sus declaraciones machistas acerca de la falta de mujeres con talento en el mundo de la música, las cifras demostraron que sólo el 3,98% de lxs artistxs del festival fueron mujeres.

Por Florencia Montecchia 

Muchas fueron las artistas que repudiaron los dichos de José Palazzo, productor del Cosquín Rock, acerca de la carencia de mujeres con talento. Más allá de la subjetividad del concepto y de lo que pueda representar para unxs y para otrxs, las estadísticas del Cosquín Rock 2019 no son demasiado alentadoras en lo que a paridad de género respecta.

Del total de 127 bandas que figuran en el line up del festival, sólo 17 tienen integrantes mujeres, lo que representa el 13,38% del total. De esas 17 bandas, 10 cuentan con hombres como mayoría en su formación; 4 son solistas, 1 tiene mayoría de mujeres (es el caso de Eruca Sativa, con 2 mujeres y 1 hombre), 1 es un dúo de un hombre y una mujer, y sólo Led Ladies cuenta con una formación de exclusivamente 4 mujeres.¹

Son 577 músicxs lxs integrantes de esas 127 bandas, de lxs cuales 554 son hombres y 23 mujeres, es decir que hubo un 3,98% de presencia femenina en todo el festival, mientras que la masculina representa al otro 96,02%. La diferencia es obscena.

El cálculo, según el espacio en el que se tocara, no es más alentador. El escenario norte contó con un total de 19 bandas (10 tocaron el 9 de febrero y otras 9, al día siguiente), de las cuales sólo 3 tienen mujeres. De lxs 110 músicxs, 106 son hombres y 4 mujeres, es decir el 3,63% del total.

Por el escenario sur, pasaron 14 bandas en la primera fecha y 10 en la segunda. De las 24, ninguna cuenta con la presencia de alguna mujer. Fue un espacio copado 100% por un total de 115 hombres.

El espacio alternativo naranja dio lugar, principalmente, a lxs nuevxs fenómenxs del trap y el freestyle. 9 bandas tocaron el sábado y 12 el domingo. De un total de 20 agrupaciones (Los Auténticos Decadentes tocaron los dos días), sólo 4 están integradas por mujeres; de 60 músicxs, 56 son hombres y 4 mujeres: un 6,66%.

En el hangar del metal, la diferencia la marcaron las Led ladies, la única agrupación compuesta íntegramente por mujeres. Cada día tocaron 10 bandas, pero sólo 2 de las 20 totales cuentan con mujeres entre sus filas. De un total de 86 personas, 81 son hombres y 5 mujeres: el 5,81%.

La casita del blues fue el espacio más popular para la presencia femenina. De las 15 bandas (tocaron 8 cada día, Dj Diego Florio estuvo presente en ambas fechas), 5 cuentan con, al menos, una mujer entre sus integrantes. De un total de 57 personas, 50 son hombres y 7 mujeres: el 12,28%.

Por último, por el escenario CBA X, pasaron 31 bandas; 15 el sábado y 16 el domingo; sólo 3 de ellas cuentan con músicas. De las 149 personas que se subieron al escenario, 146 son hombres y 3 mujeres, es decir el 2,01% del total.

Cambiando la perspectiva, también se puede pensar la presencia femenina de acuerdo a las fechas. Quienes hayan acudido al Cosquín Rock el sábado 9 de febrero, habrán visto en escena a 280 artistas, de lxs cuales 275 son hombres y sólo 5 mujeres; el 1,78%. Quienes hayan ido a la presentación del domingo 10, habrán visto a 297 personas en escena; 279 hombres y 18 mujeres; el 6,06% (un porcentaje escandalosamente generoso en comparación con la fecha anterior).

Si bien las cifras son muy precisas y dejan ver claramente la desigualdad de género en la grilla del festival, los números pueden ser engañosos; que las bandas cuenten con mujeres entre sus integrantes no implica necesariamente que haya algún tipo de equidad. Casi todas las agrupaciones mixtas están compuestas por un porcentaje mayoritario de hombres, sin mencionar que, del total de 127 bandas, sólo 12 corresponden a este tipo de formaciones, mientras que 94 son bandas masculinas y sólo 1 enteramente femenina. De lxs artistas solistas, 16 son hombres y 4 mujeres.

Decir que “no hay suficientes mujeres con talento” no sólo es despectivo, sino que implica desconocer la desigualdad y la exclusión a las que somos sometidas en la mayoría de los rubros (el rock debe estar entre los primeros puestos). No sólo hay talentosas que se dedican -o, al menos, lo intentan- a la música, sino que también hay mujeres con talento para cuanto rubro exista, el problema es que no se las visibiliza. El talento nada tiene que ver con la genitalidad o con el género; si es difícil encontrar mujeres, no se debe a que seamos incapaces, sino a que nunca se ha hecho lugar para visibilizar nuestras prácticas.

Sólo a modo de reflexión, cabe destacar que el talento no es algo objetivo ni que se pueda medir en estadísticas; de hecho, puede haber bandas de renombre que no sean necesariamente talentosas. No se trata de valorizar ni desvalorizar el trabajo de nadie, pero, en todo caso, permitámonos dudar acerca del “talento” de lxs 577 músicxs que formaron parte del Cosquín Rock antes de afirmar que no hay tantas mujeres talentosas.

Palazzo también se refirió a la Ley de Cupo Femenino en los Escenarios, proyecto presentado a fines del 2018 que busca que haya una base del 30% de mujeres en eventos musicales, al decir que “la ley tiene que reforzar que la mujer tenga más posibilidades”.  Es curioso que sea él quien tenga en sus manos la posibilidad de crear esas nuevas oportunidades y, sin embargo, no haya estado dispuesto a hacerlo.  En el mundo de la música, las mujeres tienen mucha menos exposición que los hombres, pero quienes deberían posibilitar esa visibilidad a las artistas son, justamente, Palazzos; personas que tengan el poder de decidir a quiénes se les da un espacio en los principales escenarios del país.

No basta con que las mujeres reclamemos espacios si quienes deciden quiénes los ocuparán no están dispuestos a darlos. Será una cuestión de tiempo o se tratará de un proceso, pero todavía son hombres quienes ocupan la mayoría de los puestos jerárquicos y, si no cuestionan el lugar de privilegio que ocupan, pues, será muy difícil que algo cambie.

Es que el feminismo tiene un problema de feedback. Son cada vez más las mujeres que se suman a sus filas, las que se sienten convocadas por sus distintas ramas, ya sean las mainstream o las más radicalizadas, pero, sin embargo, prendemos la televisión y lo volvemos a escuchar: “Prendió fuego a su novia y la enterró en su jardín”, “Mató a su ex pareja embarazada de un tiro en la panza”. Las mujeres empezamos un proceso de concientización, sabemos que tenemos que luchar por nuestros derechos porque gratuitamente nadie nos los va a dar, pero ¿y los hombres? Podemos marchar para que no haya más femicidios, pero, si del otro lado no hay hombres que estén dispuestos a no ser femicidas (parece mentira lo que hay que pedir), la lucha se recrudece.

Las relaciones de poder han funcionado así históricamente; si hay un oprimido que quiere dejar de serlo, pero no hay un opresor dispuesto a rever sus privilegios, nunca se dará una relación de igualdad. La Ley de cupo femenino no es más que un manotazo de ahogado para asegurar la diversidad, la integración y la paridad de género dentro de la industria cultural. Es una ley que no debería existir, así como, en otro orden de cosas, tampoco debería existir el cupo laboral trans, pero si las mujeres sufrimos exclusión, el movimiento transexcluyente es aún mucho más crudo. Mujeres y disidencias tendríamos que ser consideradas, no porque haya una ley que lo disponga, sino porque somos lo suficientemente idóneas o talentosas como para ocupar espacios, pero eso no sucede.

Si lxs productorxs de este tipo de festivales no creen poder estar a la altura de las circunstancias, será entonces momento de dejarle el lugar a quienes sí tengan perspectiva de género; está en sus manos hacer de la inclusión una realidad. Por su parte, Palazzo hizo un mea culpa y explicó que todo fue un mal entendido y que nunca quiso referirse al talento de la manera en que se interpretó. De cualquier manera, tendrá la posibilidad de demostrarlo y de hacer un festival más inclusivo dentro de un año, en la vigésima edición del Cosquín Rock. Ojalá que así sea.

*Por Florencia Montecchia para La tinta.

¹Resulta difícil no caer en el binarismo a la hora de hablar de algo tan puntual como la Ley de cupo femenino. Considérense todas las minorías disidentes incluidas en el reclamo por inclusión e igualdad

 

 

Fuente: La Tinta

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