Un asesinato con perspectiva de género o la legítima defensa

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Por Admin marzo 15, 2020 17:17

Un asesinato con perspectiva de género o la legítima defensa

Un asesinato con perspectiva de género

En abril de 2013, en horas de la madrugada, se produjo un confuso y lamentable hecho, que terminó con la vida de un hombre en General Pico. La víctima habría muerto por una puñalada en el pecho con un cuchillo, que le provocó un taponamiento cardíaco. La responsable sería su pareja, quien fue acusada de Homicidio Calificado. Su abogado dijo que actuó en Legítima Defensa.

Por Andrés Borrello*
Ilustración de Portada: Paula Sifora

Antonella, autora material del hecho, fue absuelta del proceso un año después. Un caso fundamental ocurrido en La Pampa para empezar a comprender la violencia de género y la legítima defensa, factor clave en un proceso judicial en una de las provincias de Argentina con una de las tasas de femicidio más altas del país. Según el Observatorio Ahora que sí nos ven, en la primera mitad de 2019 nuestra provincia se encontró en el quinto lugar a nivel nacional, solo por debajo de Chaco, Catamarca y Formosa. Encabeza la lista Chubut, con una tasa de 1,97 femicidios cada 100 mil mujeres (La Arena, 03/08/2019).

¿Quién es Antonella?

Antonella (a quien llamaremos así para preservar su identidad) era una mujer que por entonces tenía 25 años aproximadamente, con un hijo de poco menos de 2, y que vivía en el Barrio El Molino de la localidad de General Pico, provincia de La Pampa. Estaba en pareja con Maximiliano desde hacía un tiempo, y convivían en la casa de los padres de él.

Ella lo conoce a él cuando tiene aproximadamente 13 años y Maximiliano era la pareja de su madre, con quien se junta a vivir dos años después, en una relación profundamente violenta. Según relató Antonella en el juicio, él era muy agresivo con su mamá, siempre estaba golpeada, tomaba mucho, se drogaba, y a sus dos hermanas menores las golpeaba también. Su madre se separa cuando, fruto de esta violencia, Maximiliano le fractura una costilla, aunque la relación no termina de interrumpirse del todo.

Antonella consumía drogas desde los 15 años, y por ese problema es que volvió a vivir con su madre, y por consiguiente con Maxi, a quien empieza a tratar con mayor continuidad. Él se ocupará, con el correr del tiempo, de darle drogas continuamente.

Ya a los 20 consumía cosas de todo tipo: mucho alcohol, cocaína, marihuana, pasta base. Maximiliano era peor. Y Antonella sentía, también, que la mirada que este le devolvía era distinta. “Empezó a mirarme diferente” declaró (a fines de preservar el anonimato de Antonella, no citaremos el Legajo donde está esta y otras declaraciones)

En una recaída contó que mantuvo relaciones con él cuando se separó de su madre. Se arrepintió y le contó a ella, mientras le juraba que no iba a volver a hacerlo.

Mintió. Antonella volvió a tener relaciones con él. Cuando se enteró que estaba embarazada, su mamá la echó de la casa, y ahí se quedó con Maxi.

No tenía otro lugar donde ir.

Saltaron de casa en casa con el correr del tiempo y el avanzar del embarazo. Mientras tanto, la violencia que sufría su madre por parte de Maximiliano, se trasladó ahora al cuerpo y la mente de Antonella. Él nunca dejó de consumir drogas, volvía a la casa borracho varias veces por semana. En repetidas oportunidades, cuando se iba a trabajar de albañil, la dejaba encerrada con candado porque creía que había estado con alguien. Según contó ella en el juicio, una vez volvió muy borracho y empezó a amenazarla, la revolcó por todo el piso y le pegó en la panza, aun embarazada. Esto se repitió a los siete meses de embarazo, motivo que lo llevó a estar detenido. Ahí ella volvió a vivir con su madre hasta el nacimiento de su hijo. Cuando Maximiliano salió en libertad, se la llevó a vivir a otra ciudad. En palabras de Antonella, fue el inicio de la pesadilla.

La violencia se acrecentó. Las golpizas fueron cada vez más recurrentes y crudas. Cuenta Antonella que, en una ocasión, la intentó ahogar en una pileta que había en el patio de una casa que compartían. La amenazó también con quitarse la vida, en varias oportunidades. Una vez se ató un cable al cuello y se dejó caer. El cable se cortó delante suyo. En otra ocasión, se paró en la calle cerca de los autos para que lo chocaran. Además, la amenazaba también con escaparse con su hijo.

La única vez que ella tomó la decisión de irse, al poco tiempo un amigo de él la llamó para decirle que Maxi se había ahorcado. Ella se preocupó mucho porque no quería que su hijo se quedara sin padre. Cuando fue al lugar, él estaba ahí lo más bien, y le dijo que si no volvía se iba a matar de verdad, y su hijo se iba a quedar sin padre por su culpa.

Él se comprometió a no pegarle más.

Mintió.

Volvieron a vivir en General Pico, puesto que él sufría amenazas con otras personas por unas peleas que tenía.

En Pico vivieron en la casa de la mamá de él, y discutían siempre porque él tomaba y no tenía trabajo. Maxi la acusaba de que no lo satisfacía y que no servía como mujer.

En poco tiempo, todo empeoró.

 

¡Vos lo mataste!

El primer recuerdo que Antonella tiene de la noche del crimen corresponde al 26 de abril. Sin poder hacer una reconstrucción completa y detallada de lo ocurrido, en su declaración comenta que estaban cenando, había bebido vino, varias cajas, y en la sobremesa se pusieron a charlar. Ahí, según el relato de ella, él le habría confesado que de chico había sido abusado sexualmente por un primo. Lo siguiente que relata es que él se desplomó en el suelo de la cocina, y ella, sin saber bien qué ocurría, le puso un trapo en la garganta y llamó a su suegra a los gritos. La pareja de su suegra y ella estaban durmiendo en otra habitación. Al verla, su suegra la acusó al grito de ¡vos lo mataste!

Un asesinato con perspectiva de género o la legítima defensa. Ilustración: Cien mil cuartos

Durante la pericia en la Comisaría, Antonella presentaba inflamación en el ojo, una lesión punzo cortante desde la clavícula hasta el pecho. Además, se manifestaban marcas de sujeción en el cuello, en el hombro, el brazo izquierdo y la pierna. Ella desconocía el origen de esas marcas.

Terminó su declaración afirmando que nunca quiso lastimarlo, que no entendía cómo podría hacerlo, si lo quería tanto a Maxi que si le pasaba algo ella se moría.

 

“pensé que la que iba a terminar muerta era yo…”

El resto de las versiones sobre lo que sucedió provienen de varias personas, y de quienes no logra conformarse con claridad un estado de la situación. Su suegra dice que no habían tomado mucho, y que ella jamás los había escuchado pelear durante todo el mes que llevaban viviendo con ellos; la pareja de su suegra, con quien Maximiliano compartía las cajas de vino, dijo que apenas tomaron unas copitas; uno de los oficiales de policía se encontró con una mujer joven sumamente alterada, un cuchillo en el piso, un vaso roto y muchas manchas de sangre por la casa, como salpicaduras, mientras que un joven estaba tirado en el piso en ropa interior, cubierto de sangre; otro oficial de policía descubrió lo mismo, pero lo que más le llamó la atención es la profunda diferencia física entre Antonella y Maxi, siendo ella de apenas unos 45kg y quien estaba en el piso un hombre de un físico prominente. Ambos también reconocieron que la habitación apestaba a alcohol.

Aparecen también otras declaraciones, sobre todos de los vecinos, quienes señalaban que, en el mes que llevaban viviendo allí, era a él a quien siempre veían en la calle, mientras que a Antonella jamás se la cruzaban.

Pero había una cuestión que estaba clara. Antonella era quien había apuñalado a su pareja. Todos los testigos que arribaron a la escena lo confirmaron, sea porque ella misma se los dijo (“llamá a la ambulancia, fui yo, lo maté” le dijo a su vecina) o bien porque su suegra lo declaró (“me lo mató, me lo mató” le gritó al vecino por la ventana, poco antes de las 3am). Las demás declaraciones iban en sintonía con la idea de reconocer que ella era quien había abatido a Maxi.

“para mí lo mató…”

Junto con las declaraciones, debemos darle importancia al informe toxicológico, a las pericias tanto sobre él como sobre ella, y además a las pericias psicológicas que le realizaron a Antonella, fundamentales para comprender este caso.

El informe del bioquímico policial de la URII demostró que no había presencia de estupefacientes en ninguno, mientras que los dosajes de alcoholemia dieron como resultado 1,88grs./1000 para ella, y 1,97grs./1000 para él. Advierte el bioquímico que es fundamental tener en cuenta la contextura física, el peso y qué bebidas había ingerido, por lo que sugiere que él había bebido mucho más que ella.

Por su parte, el médico forense examinó a Antonella. Reconoció, como señalamos antes, múltiples lesiones, con distinto grado. Las más importantes para el caso refieren a las que fueron realizadas por un elemento punzo cortante en el cuello y la clavícula.

En el informe de la autopsia a Maximiliano, el médico identificó varias heridas punzo cortantes, tanto en la mano izquierda, en el antebrazo izquierdo y, la que comprometió la vida de él, la herida del tórax, que perforó el corazón.

El psiquiatra forense sostuvo, tras dos exámenes, que ella comprendía la criminalidad de sus actos, aunque manifestaba una especie de amnesia que le impedía reconstruir lo ocurrido. Así mismo, demostraba una ansiedad propia de quien había sufrido malos tratos durante años. Entre ellos, la violencia física, psicológica y sexual. El especialista entiende que Antonella, ante una sensación inminente de peligro que ella pudo volver a sufrir, donde podría llegar a ser víctima de un nuevo episodio de violencia, desencadeno ese estado emocional de alteración de la memoria.

Agregó que las heridas que presentaba Antonella podían ser referidas a una persona que estaba sufriendo maltrato con cierto grado de agresividad. Además, informó otras consideraciones que tienen que ver con el tipo de relaciones sexuales, y que, aunque parezcan fuera de contexto, señala, tienen que ver con el consentimiento de las relaciones sexuales. Todo esto, aunado al hecho de que la víctima estaba semidesnuda, hacía presumir la posibilidad de un intento de aproximación sexual de Maxi hacia ella. Hipótesis que se refuerza cuando el especialista observa en ella manifestaciones de vergüenza, pudor, la sensación de vivir en un estado de amenaza permanente y un fuerte trastorno de ansiedad.

Para finalizar, la pericia de la Licenciada en Psicología aportó unas claves interesantes para interpretar qué fue lo que ocurrió. Ella informó que Antonella sufrió toda su vida carencias económicas, la falta de figuras parentales, desprotección y desamparo que se tradujeron en una infancia interrumpida y una temprana adolescencia con consumo de drogas y adicción al alcohol, consumo de marihuana y cocaína.

La psicóloga sostiene que hay algo en Antonella que se repite: el no saber cómo llegó a eso. No sabe cómo fue madre de la expareja de su madre y papá de sus hermanas; no sabe cómo se inició en las drogas; no sabe cuándo Maximiliano empezó a maltratarla y golpearla, hasta vivir las situaciones que ya retratamos. No se reconoce como parte de lo ocurrido, no sabe cómo llegó hasta ahí.

Reflexiones finales

El 20 de marzo de 2014 se hizo lectura de la sentencia. Allí, y como intentamos reconstruir a lo largo del texto, el tribunal dio cuenta de la particular situación en la que vivía Antonella. Enmarcados dentro de la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres, los jueces optaron por absolverla del homicidio calificado.

Entre los múltiples argumentos (muchos de ellos pueden interpretarse durante el desarrollo de esta crónica si es leída en clave de género), el tribunal compuesto por los Dres. Alfredo Alonso, Fabricio Losi y Carlos Pellegrino sostuvieron como principio fundamental para la toma de postura la situación extrema de vulnerabilidad en la que se encontraba Antonella.

Los trastornos de ansiedad, la falta de reconocimiento en torno al no saber cómo desencadenaban los acontecimientos, el estrés crónico por malos tratos (violencia física, sexual y psicológica) e incluso la misma perdida de la memoria sobre lo ocurrido en la madrugada del día 27 de abril, fueron atenuantes para sostener la idea de que ella actuó en legítima defensa.

Resultaba evidente que Antonella se encontraba sufriendo de violencia de género por parte de Maximiliano desde hacía mucho tiempo, como relataron los testigos, e incluso ella misma. Y, de acuerdo a las heridas que presentaba, era claro que había existido una situación de violencia momentos antes de cometido el homicidio.

La respuesta a esa violencia es justificada, a creer de los magistrados. Sostiene Eugenio Zaffaroni en su “Manual de Derecho Penal” que no es irracional la defensa de quien emplea un arma blanca, frente a quien le agrede a golpes de puños, si la superioridad física del agresor le impide tenerle por igual medio. Antonella pesaba 40kg menos que su pareja, y medía bastante menos que él.

Si a esto le sumamos que el exceso en el consumo de alcohol actuó como un inhibitorio en los mecanismos de defensa, el resultado, a entender del Tribunal, es el de una mujer que, en el marco de la violencia de género, actuó en legítima defensa con el fin de preservar su vida ante un ataque físico y sexual de quien era su pareja, Maximiliano.

Fue crucial saber qué había en el pasado de ambos, para entender de forma completa quién era la víctima y quién el victimario, teniendo en cuenta que después de ocurridos los hechos él estaba muerto y ella no recordaba nada.

El caso que seleccionamos ocurrió en el mundo doméstico y privado, donde pareciera que reina el amor y la elección de parejas. Día a día comprendemos que esto también puede legislarse y enmarcarse en determinadas normas y leyes.

Las mujeres maltratadas dentro del círculo doméstico nos permiten visibilizar la dependencia económica, afectiva y psicológica, que es la que les impide a esas mismas mujeres el encontrar salidas a una relación violenta. Tiene que quedar esto bien claro: una mujer sometida, en tanto no asuma el rol de víctima, y el Estado no tenga una participación activa en prevención y erradicación de la violencia, continuará permanentemente en relación con su agresor.

Antonella podría cumplir con lo que se denomina “indefensión aprendida”, que es cuando la víctima de violencia de género, producto del espiral de violencia en el que se haya subsumida, “aprende” mediante los distintos tipos de violencia que sufre, que no controla la situación y que está a disposición del agresor (Asociación del Pensamiento Penal, “Perfíl psicológico de la mujer maltratada”, Silvana Etchepare).

La relación que ni siquiera Antonella sabía cómo había iniciado, terminó abruptamente cuando ella le hundió el cuchillo tramontina hasta alcanzar el corazón de él.

 

Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis las 24 horas al 144.

 

 

Diario Digital Femenino

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