SER MUJER NOS CUESTA LA VIDA

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Por Admin agosto 8, 2017 21:36

SER MUJER NOS CUESTA LA VIDA

El sábado 29 de julio Anahí Benítez fue vista por última vez. La cronología de una desaparición que hemos escuchado -lamentablemente- muchas veces en los últimos años, guardaba un aire esperanzador, una cuota de esperanza para poder cambiar la historia de una vez por todas, de poder encontrarla con vida y que sólo sea un mal recuerdo
Por  Lic. Fiorella Costantini y Guillermina Payero
Los dibujos que ilustran la publicación fueron realizados por Anahí Benítez
Anahí era una chica de 16 años, estudiante de la Escuela Normal Antonio Mentruyt, perteneciente a la localidad de Banfield. Sus familiares la describen como “una buena chica, unida a su familia, dulce, amante del arte y talentosa”. Una chica con sueños. Con proyectos de vida, como cualquier otra. Con un talento y ganas de vivir latentes, que se reflejan en cada uno de sus dibujos.
IMG_4383Anahí fue encontrada en la Reserva Santa Catalina, a tan sólo unas pocas cuadras de su casa ubicada en Melendez Valdez al 600. Para el 4 de agosto la familia Benítez vivía un estado constante de incertidumbre, tristeza pero con la esperanza de encontrarla con vida. Fue el primo de Anahí, Juan Zitterckoff, quien esa tarde confirmo que no había novedades y que el cuerpo encontrado se hallaba en la morgue de Lomas de Zamora. El mismo Juan, que pasadas las 22 hs dio a conocer la peor noticia: el cuerpo encontrado en la reserva era el de Anahí Benítez. La mataron, le cortaron las alas, esas alas infinitas con las que supo soñar. La arrebataron de esta vida y su talento hoy quedó plasmado en cada papel que tocó, en cada trazo que dibujo y cada pensamiento que plasmó con su arte. Ya no está con nosotros, ya no está porque le quitaron la vida, ya no está porque nadie se ocupó de que esto no suceda más, ya no está porque no hubo un Estado que proteja a las miles de Anahí antes de llegar al peor final. Ya no está. Y en la tierra sólo queda una familia que perdió parte de su alma, que ya no volverá a ser igual, que su instinto de supervivencia se verá sustentado por el deseo de justicia. La impunidad no es una opción para la familia Benítez.
Es el momento en donde nos preguntamos: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo hay que seguir viendo diariamente que mueren jóvenes? Vivimos en un país donde la mujer ha sido estereotipada, donde cada víctima ha sido desvalorizada, mediatizada y se le ha sacado su identidad. Abramos los ojos: estamos inmersos en una sociedad culturalmente machista y patriarcal, donde el lugar de la mujer es criticado, juzgado y menospreciado. Estamos sumergidos en una sociedad donde ser mujer conlleva un peso sobre los hombros, donde ser mujer implica respetar un sinfín de normas y reglas que rigen este mundo para no ser señaladas, donde ser mujer nos cuesta la vida. Y así estamos, transitando el S. XXI, ante un Estado completamente ausente, porque a pesar de la sanción de la ley 26.485 “Ley de Protección Integral de las Mujeres” en el año 2009, que provocó un gran avance en la lucha con la violencia machista, aún no han disminuido las cifras de femicidios, porque no deja de ser una buena ley que por una carencia absoluta de presupuesto se transformó en una ley incompetente.
¿Hasta dónde hemos llegado? Los medios masivos de comunicación, han traspasado el límite con tal de vender una noticia. Para estos tiempos, los medios interpretan el rol de la mujer como objeto de deseo masculino a través de una lógica que mercantiliza su cuerpo, relacionándola a un rol reproductivo y doméstico. Estas imágenes, se presentan como paradigmas de nuestra identidad como la pauta básica para la construcción de subjetividades. Pero no hablemos solamente de los medios de comunicación, porque el amarillismo no mató a Anahí, no mató a cientos de jóvenes (aunque no cabe ninguna duda de que establecieron un estereotipo sobre la víctima y lo impusieron quizá inconscientemente o no sobre el público). Desde el año 2015, el grito colectivo de Ni Una Menos se escucho fuerte y claro en la Plaza del Congreso de Buenos Aires y consecutivamente miles de movilizaciones se han llevado adelante. Es inevitable preguntarnos ¿Qué está haciendo el Estado? Son miles las víctimas de femicidio que se conocieron en la última década y el Estado no está actuando. El barrio donde vivía Anahí es un barrio tranquilo, de casas bajas, donde los vecinos salen a caminar y a pasear sus mascotas, pero de noche a tan sólo unas pocas cuadras hay una boca de lobo: la reserva donde fue encontrada no cuenta con ningún tipo de control policial. En la oscuridad de la noche, se convierte en un escenario perfecto para homicidas, femicidas, violadores. Y sí, probablemente en las próximas semanas podamos ver algún móvil policial circulando por la zona a raíz de lo sucedido. Lo que ocurre en Argentina es insólito. Existe una complicidad explícita por parte del Estado con los proxenetas y con el aparato policial donde hay zonas liberadas y se mira para otro lado, donde malvivientes tienen luz verde. Es necesario esperar a que nos violen, nos entierren, nos torturen, nos denigren, nos maten para así llamar –un poco- la atención del Estado. En tanto siga existiendo una ausencia estatal, nos van a seguir matando. El Estado es responsable.
Hoy hablamos de Anahí, pero recordemos que tiempo atrás hablamos de Wanda Taddei, Natalia Colombini, Alicia Fiuri, Ángeles Rawson, Susana Leiva, Carla Figueroa, Andrea Pajón, Melina Romero, Jésica Tolosa, Lola Chomnalez, Daiana García, Chiara Páez, Estela López, Cintia Laudonio, Nora Dalmasso, Erica Soriano, Karina Abregú entre tantos otros casos. Somos todas las que estamos expuestas día a día, somos todas las que hoy salimos a encontrarnos con una amiga, a trabajar o estudiar y podemos no regresar a casa. Algo hay que hacer. Salimos a pedir justicia, nos movilizamos, marchamos, gritamos, hicimos que pusieran el foco de atención en nosotras ¿Para qué? Si nos dejaron solas en este camino de lucha interminable, si cuando una piba desparece y la encuentran dentro de una bolsa o bajo tierra, el asesino tiene denuncias en su contra, causas penales, violaciones y sigue caminando libre por este mundo. Juan Zitterckoff – primo de Anahí- declaró “cuiden a los chicos, que esto no pase más. Basta del ‘no te metas’, entre todos vamos a cuidarnos de una vez por todas, todos somos padres, yo soy hasta abuelo ahora. Cuidémonos entre todos”. Además aseguró respecto a la investigación que “esto no queda acá, esto recién empieza. Desgraciadamente, tantos días en vela, esto recién comienza porque esto se va a esclarecer y va a salir hasta lo último y va a caer hasta lo último porque yo me voy a encargar de buscarlo”.
Una historia más que llena las páginas de los periódicos y los programas radiales y televisivos. Una historia más que desgarra el alma, al punto de no sentir más dolor, pero tampoco alegrías. Te fallamos Anahí. Te falló un Estado que se quedó de brazos cruzados y no salió en tu búsqueda, te fallamos desde que Micaela García apareció muerta en las afueras de Gualeguay, desde que Karina Abregú se cansó de denunciar a su ex y termino con la mitad de su cuerpo quemado y desde que Melina Romero fue estereotipada por los medios de comunicación por su clase social o por cómo estaba vestida. Te fallamos en el momento en que un medio decidió darle mayor importancia a la vestimenta de la víctima o la hora en la que circulaba sola por la calle en lugar de juzgar al asesino. Te fallamos. Ayer perdimos a Anahí, el reloj sigue corriendo pero ya no queremos seguir contando.

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Por Admin agosto 8, 2017 21:36

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