Rut Mamani, la curiosa: de chica rompía juguetes para ver qué tenían adentro y ahora ganó dos premios de ciencias en una semana

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Por Admin enero 13, 2020 18:15

Rut Mamani, la curiosa: de chica rompía juguetes para ver qué tenían adentro y ahora ganó dos premios de ciencias en una semana

Rut Mamani

Terminó quinto año en una escuela técnica y sueña con ser ingeniera. En unos meses, participará de otra competencia en Israel.

Rut Mamani, la curiosa: de chica rompía juguetes para ver qué tenían adentro y ahora ganó dos premios de ciencias en una semana

Rut Mamani, la curiosa: de chica rompía juguetes para ver qué tenían adentro y ahora ganó dos premios de ciencias en una semana

Por Mariana Liceaga
Fotos:  Andres D’Elía

Traviesa. Inquieta. Con energía inagotable. Persistente. Colaboradora. Generosa.  Curiosa. Así describen a Rut Mamani sus personas cercanas. En 2019 terminó quinto año en la Escuela Media Técnica que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y con grupos de alumnos secundarios ganó dos premios de ciencia en menos de una semana, uno convocado por Siemens, otro por Amigos Argentinos del Instituto Weizmann.

“Rut destrozaba los juguetes con control remoto, quería ver qué tenían adentro, desde chiquita le gustaban esas cosas y siempre lo ayudaba a su papá con las conexiones eléctricas”, recuerda Magdalena Villca, la mujer del padre de Rut, quien se ocupa de su crianza desde hace ocho años.

“Cuando tengo que arreglar algo y no entiendo, la molesto, la despierto, viene medio dormida y me dice ‘Esto es así’”, cuenta Gary Mamani, el papá, quien se dedica a la serigrafía manual.

Rut los escucha atenta en la sala de reuniones de su escuela y con una sonrisa recuerda la andanza que más le divierte: el día que se cortó la luz en casa de su abuela, se dio cuenta de que era la única en la cuadra sin electricidad, metió mano en la caja, enroscó y desenroscó, y volvió la luz. Tenía ocho años.

Rut, en el frente de su escuela. Cuando se enteró que la UBA abría una secundaria técnica, se quiso anotar. Foto: Andrés D'Elía

Rut, en el frente de su escuela. Cuando se enteró que la UBA abría una secundaria técnica, se quiso anotar. Foto: Andrés D’Elía

El papá de Rut dice que a él le costó aceptar que una hija mujer lo ayudara en las cuestiones que él consideraba que no eran de “señoritas”. “Me sorprendí yo mismo, en casa no hay otro varón, el único soy yo y creía que no podía contar con su ayuda”, reconoce Gary, que tiene cuatro hijas.

Rut recuerda que ella intentaba acercarse cuando veía a su papá instalado en la mesa familiar tratando de arreglar algo, pero él la echaba y ella se quedaba mirando de lejos cómo lo resolvía (o no). “Por su curiosidad se acercaba, siempre quería participar y de a poco le di lugar”, recuerda Gary.

En la vida de Rut, la escuela jugó -y juega- un lugar central. Cuando estaba terminando la primaria, el rector de la Universidad de Buenos Aires fue a promover la escuela que abría justo cuando ella empezaba la secundaria. La orientación le dio curiosidad y sola investigó de qué se trataba la “mecanotrónica”.

“Cuando vi que era una mezcla de electrónica, robótica e informática, me quise anotar”, recuerda. Lo hizo, y salió sorteada. Esa escuela no es como otras que dependen de la UBA: se ingresa por sorteo, no por examen.

Las profesoras y profesoras pueden pasar por la vida de las y los estudiantes sin dejar rastros o, por el contrario, pueden prender faros que iluminen su recorrido. Rut destaca un día que fue al planetario, un plan organizado por David Tropa, el profesor de Taller de Proyectos, el mismo que ofició de tutor del grupo de Rut para el concurso de Siemens.

“Era un sábado y llovía un montón, éramos solo tres estudiantes –recuerda Rut–. Me gustó conocer el proyecto donde trabajó un argentino cuando se lanzó un robot a Marte, ahí aprendí que se podían enviar cosas al espacio”. Cuando preguntó por la profesión de ese hombre, Miguel San Martín, y supo que era ingeniero electrónico, pensó que quería estudiar eso. Es su sueño: ser ingeniera, y tender desde su trabajo un puente hacia la ayuda social.

El profesor Tropa acompañó a Rut, Camila, Iara y Daiana al concurso convocado por Siemens ​donde tenían que presentar un problema y una posible solución. Las cuatro alumnas ganaron con un proyecto para remediar el agua de la Reserva Ecológica de Lugano.

Tropa recuerda el momento en que defendían el proyecto frente a directivos de Siemens y un jurado especializado y cuenta: «A pesar de que habíamos preparado hasta con una profesora de teatro, las chicas estaban nerviosas. En un momento Daiana se traba, Rut se acerca, le hace un apapacho para que se relaje y la ayuda a seguir hablando. Se puso al frente del equipo para contarlo. Es una leona”.

Rut con Nicolás Cardone, vicerrector de la escuela a cargo de las estrategias pedagógicas. Foto: Andrés D'Elía

Rut con Nicolás Cardone, vicerrector de la escuela a cargo de las estrategias pedagógicas. Foto: Andrés D’Elía

Entre sus docentes, Rut destaca a Verónica Pena, profesora de Lengua, cuando en tercer año, le propuso participar en Chicas en Tecnología, un programa de cuatro días donde tenían que buscar un problema, y desarrollar una aplicación para resolverlo.

“Eso fue algo nuevo para mí, fue un shock, empezó otra vida, asistí a charlas muy motivadoras, se me abrieron puertas y quise traer el club de chicas al colegio para transmitirlo a otras estudiantes”, dice Rut.

En el laboratorio. De chiquita, siempre quiso comprender cómo funcionan las cosas, y reparar las que no funcionan. Foto: Andrés D'Elía

En el laboratorio. De chiquita, siempre quiso comprender cómo funcionan las cosas, y reparar las que no funcionan. Foto: Andrés D’Elía

Problemas y soluciones. Proyectos. Perseguir lo que una quiere. Ir hacia adelante. La mamá y el papá de Rut emigraron de Bolivia cuando ambos eran muy jóvenes. Se conocieron acá, vivieron en el Bajo Flores, tuvieron tres hijas, se separaron. La mamá de Rut volvió a Bolivia con sus tres hijas, el papá las visitaba pero en algún viaje las hijas pidieron volver con él. Lo extrañaban mucho y su mamá estaba en Chile por trabajo. Cuando volvieron, Rut conoció a Magdalena, la mujer del papá. “Al principio tenía mucha rebeldía, no quería acercarme, pero con el tiempo se creó una linda relación, fui ganando su confianza y ahora me acompaña, me aconseja y eso lo valoro mucho”, cuenta la chica.

Magda (como la llama) estaba al tanto de que estaba participando del otro concurso. Su padre recién tuvo en cuenta la dimensión de donde había participado cuando leyó en el diario que su hija había ganado un premio que a llevaría al Instituto Weizmann en Israel.

Batía Nemirovsky, coordinadora pedagógica del Desafío Nacional de Física y miembro de los Amigos Argentinos del Weizmann, explica que “tal como ocurre con las diferentes partes de un reloj de péndulo, en un equipo de jóvenes que asume la responsabilidad de cumplir con un desafío, cada uno de ellos constituye un engranaje fundamental y agrega valor, sinergia y mucho compromiso. Sabemos que la capacidad de trabajar en equipo es un valor muy apreciado en el día a día de nuestra sociedad. Sin lugar, a dudas Ruth Mamani, al igual que todos sus compañeros que han participado del DNF tienen y continúan desarrollando esa capacidad».

Rut con sus compañeros, cuando participó del Desafío Nacional de Física en el Instituto Weizmann. Foto: Lucía Merle

Rut con sus compañeros, cuando participó del Desafío Nacional de Física en el Instituto Weizmann. Foto: Lucía Merle

Rut se siente un engranaje de una comunidad en general y de la escolar en particular. Uno de los proyectos que tiene la Escuela Técnica es ofrecer apoyo escolar a alumnos de la primaria en una parroquia en Villa 20.

“Rut es una alumna muy particular, siempre dice que sí a todos los proyectos, piensa en cómo pueden mejorar las cosas, es muy comprometida y le dedica su tiempo a otros, como con el apoyo escolar”, asegura Nicolás Cardone, vicerrector de la escuela a cargo de las estrategias pedagógicas.

Y amplía: “Nos interpela pidiéndonos más, nos permite confirmar que si logramos fomentar su curiosidad e interés, los resultados que obtenemos en términos de aprendizaje y desarrollo personal son muy buenos.»

Rut acompañada de su hermana, su papá y la esposa de él. Foto: Andrés D'Elía

Rut acompañada de su hermana, su papá y la esposa de él. Foto: Andrés D’Elía

Paula Lelaes, la profesora de Física que acompañó al grupo de Rut a planear la caja fuerte que ningún equipo pudo abrir en el torneo organizado por Amigos Argentinos del Instituto Weizmann, cuenta que como Rut tuvo que poner este proyecto a un costado (el de Siemens se presentaba primero) cuando se volvió a unir, la llenaba de mensajes de WhatsApp con preguntas que le permitieran avanzar con la investigación para armar una caja que no pudiera ser vulnerada.

“Es una persona que si te encuentra en el pasillo de la escuela, te para para preguntarte lo que necesita para seguir avanzando, así exige que se le enseñe más”.

Para Rut las vacaciones también implican actividad. Dice que es inquieta, que no le gusta estar sin hacer nada, que le gustan los proyectos. Casi no sale mucho de noche, los fines de semana llega muy cansada y se queda en la casa anotando ideas para sus proyectos, ordenando el cuarto y los sábado a veces se encierra con sus hermanas y Magda a ver películas y comer pochoclos.

Este verano, también, va a estudiar inglés: los profesores del colegio los van a preparar para exponer la presentación en el Instituto Weizmann en marzo. Y va a participar de las actividades de la escuela de verano, donde además de jugar al voley, baila K-Pop. (Clarín)

 

Diario Digital Femenino

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