Prostitución ¿Un trabajo igual a cualquier otro?

Admin
Por Admin abril 25, 2019 22:54

Prostitución ¿Un trabajo igual a cualquier otro?

Prostitución ¿Un trabajo igual a cualquier otro?La especificidad de la violencia sexual hace de la prostitución una acción muy diferente a otras.  La explotación laboral, los abusos físicos y psicológicos que sufrimos especialmente las mujeres en el mundo del trabajo son problemas importantes: el feminismo procura defender los derechos de las trabajadoras como uno de sus postulados centrales hace ya más de 30 años. Por ese motivo se me ríen las tetas cuando, debatiendo, algunas regulacionistas preguntan inquisidoras  «¿Por qué nos preocupamos por las prostitutas y no por las miles de mujeres que laburan explotadas en una fábrica o en un callcenter!?» A VOS NO TE PREOCUPARÁN LAS MILES DE MUJERES EXPLOTADAS EN LA FÁBRICA O CALLCENTER. Al feminismo verdaderamente anticapitalista le ocupa ampliamente, todos los días, desde hace mucho tiempo.
Por Mar Anunziato*
Diario Digital Femenino

Ahora, lo particular respecto a la prostitución está en su incidencia plena en la esfera sexual. La sexualidad NO es un área más de nuestras vidas y eso las mujeres lo sabemos. Si existe una cuarta ola del feminismo me permito afirmar que tiene como uno de sus principales motores la denuncia de la violencia específicamente sexual. Es a partir de cuestionar la heteronorma, el amor romántico y la maternidad como destino que pudimos dar cuenta de la sistemática violencia en torno a nuestro deseo y vida sexual. Si a eso le sumamos las cifras altísimas de abusos en la infancia, el acoso callejero y analizamos los medios de comunicación que nos hipersexualizan todo el tiempo, creo que cualquier feminista puede acordar conmigo que la sexualidad es un terreno de disputa de poder muy fuerte, y una de las claves para entender y desarticular el sistema patriarcal.

Sabiendo esto quiero enfocarme en otro punto: la fragmentación del cuerpo, por un lado, y la cartesiana idea de separar lo corpóreo de los procesos mentales. Entonces escucho decir que así como una artesana labura con sus manos, las trabajadoras sexuales laburarían con su concha. «Desacralicemos la concha», dijo la dirigente de ammar y salió un sector del feminismo a aplaudirla y secarse las lágrimas de semejante idea revolucionaria. Como si el problema mayor fuese la sacralización de los genitales, y no el para mí EVIDENTE RECORTE DE LA PROSTITUCIÓN A UNA MERA CUESTIÓN DE PIJAS Y CONCHAS. La artesana, como la puta, usa todo su cuerpo para su trabajo. Ambas usan sus manos, sus caderas y su boca porque el cuerpo es más que un conjunto de miembros con funciones. El cuerpo es una entidad total cuya coherencia interna depende de ser mucho más que una extensión de materia. El cuerpo puede estar en un solo lugar a la vez y siempre está «por completo» allí.

Pero la artesana que tiene puesta su entera corporeidad al servicio de hacer una artesanía no tiene como condición sine qua non de su trabajo exponer/compartir/permitir tocar la totalidad de su cuerpo. El problema no es, entonces, qué parte nosotras «usamos» del cuerpo (que es todo) sino cuánto podemos elegir no exponer a otras personas. Y en la prostitución ese margen es mínimo, cuando no cero. El problema no es que la concha sea sagrada, el problema es que la inmensa parte de nuestros cuerpos deben ser pausibles de acceso para el disfrute de otras personas.

Y si a ello le sumamos la tonta idea de querer compartimentar las experiencias corpóreas como distinguibles y separadas de nuestra construcción del deseo, tenemos el cóctel neoliberal perfecto. Callar la voz que nos dice que el putero de enfrente es un tipo que nos chupa un huevo, que es un denso, nos parece horrible, desagradable o que no nos garcha como nos gusta, es alienarse de la propia conciencia y el propio placer erótico, placer que a la larga será construido TAMBIÉN a partir de esas experiencias no-tan-disfrutadas.

¿Qué enseñanza nos deja eso en nuestro cuerpo-que es también mente-que es también deseo-que es también emociones? La misma que la sociedad patriarcal nos viene repitiendo desde siempre: «podrás disponer de tu cuerpo (a veces) pero deberás poner tu deseo o erotismo en segundo plano en pos de deseos ajenos». Y créanme que transitar todo ese aprendizaje de mierda mientras un infeliz al que le importas poco y nada te mete la pija repetidamente y te dice «que puta que sos» le da chances de convertirlo en una situación *particular* diferente a limpiar un baño o bancarse puteadas por teléfono.

La especificidad de la prostitución como arma de control hacia las mujeres y disidencias excede la explotación «física», » laboral», «emocional» típica del trabajo asalariado capitalista (incluso teniendo en cuenta la división sexual del trabajo). La prostitución es, primerísimamente, un dispositivo de control y subyugamiento sexual sistemático que trasciende la materialidad para instalarse como sistema de valores en los que el deseo erótico puede *debe* ser alienado. Y esta vez no en favor de los, en proporción, poquitos burgueses dueños de los medios de producción o poquitos millonarios dueños del mundo. Esta vez los beneficiario protagonistas de nuestra alienación son la masa de hombres en su totalidad, los puteros y los que no. Cualquier tipo es un potencial putero o violentador sexual, porque cualquier piba es una potencial puta o víctima sexual.

La prostitución no es un trabajo como cualquier otro porque la prostitución es adoctrinamiento de nuestra sexualidad, tal cual lo es la heterosexualidad obligatoria, la penalización del aborto o la violación. Ninguna mujer nace para escindir su corporeidad de su deseo. Ninguna mujer nace para puta.

*Estudiante de Antropología de la Universidad Nacional de San Martín. Feminista abolicionista, militante del placer y la libertad sexual.
Admin
Por Admin abril 25, 2019 22:54
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1 comentario

  1. Leila abril 26, 13:07

    Buenísimo todo lo que decis pero, como separar el trabajo sexual del contexto que lo hace posible? Porque claro, estamos todas de acuerdo que nuestra sexualidad está construida a partir del deseo masculino y esto se cristaliza en varias esferas de la experiencia cotidiana. Pero creo que existen fenómenos sociales que atraviesan la prostitucion y que el más urgente es la feminización de la pobreza. Creo que ninguna de las consideradas reglamentaristas festeja el hecho de que una mujer no encuentre otra alternativa que dedicarse a vender su sexualidad. Es muy fácil darle un marco teórico sin reparar en el contexto en el cual se produce. Que hacemos con lo indefectible del hecho? Se genera una organización de las compañeras que, por sus condiciones de vulnerabilidad, producto de un estado ausente, no estén expuestas al peligro que produce su situación. No brindamos unicamente el argumento de qué hay mujeres que eligen esa profesion, ya que las únicas que pueden alegar eso, tienen el privilegio de ser de clase media y posiblemente hegemónicas. Simplemente nos insertamos en las relaciones sociales y económicas que hacen posible esta situación, despues el marco cultural, la producción de valores y significados que constituyen nuestro cuerpo genérico es otra cosa. Necesitamos hacer política tambien.

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