¿Por qué la lucha de las madres protectoras no se ha convertido en la lucha de todas?

Agustina
Por Agustina enero 19, 2021 09:00

¿Por qué la lucha de las madres protectoras no se ha convertido en la lucha de todas?

¿Por qué la lucha de las madres protectoras no se ha convertido en la lucha de todas?

Es de vital importancia que el movimiento feminista se organice para poner freno a la impunidad con que los maltratadores abusan y maltratan a las criaturas para seguir manteniendo el poder sobre la mujer y sus hijos e hijas.

Hace diez años realicé, con mi compañera y amiga Fátima Urzanqui, una investigación sobre los efectos del falso Síndrome de Alienación Parental sobre las madres y las criaturas a las que se les diagnosticaba. Nunca podré olvidar, porque me cambió la vida, la reunión que tuvimos con varias de esas madres que estaban intentando unirse para visibilizar su situación y tratar de buscar salidas.

Me impactaron sus historias de violencia  hacia ellas y sus criaturas por parte de la pareja/padre. Me impactó la desidia del sistema de protección, que lejos de proteger las exponía de forma brutal a la violencia y los abusos sexuales hacia sus criaturas. Pero quizás lo que más me impactó fue la falta de respuesta de los movimientos sociales: era una causa silenciada, ocultada, parecía vergonzante y no alcanzaba a entender por qué.

Diez años después sigo vinculada a esta causa e intentando explicarme por qué sigue sin ser un tema absolutamente prioritario para los movimientos sociales de defensa de los derechos humanos. Este artículo tiene por objeto compartir algunas de mis reflexiones al respecto con el fin de estimular el debate en torno a la dificultad de defender esta causa con la misma intensidad que se defiende otras igualmente legítimas.

Dice Laura Freixas que “la maternidad se idealiza pero no se respeta”. En la cultura occidental patriarcal, se considera muy negativo que la criatura se apegue demasiado a la madre. Y ciertamente es negativo y peligroso para un sistema basado en la dominación porque una criatura que ha establecido un vínculo fuerte y sano con su madre, se encontrará muy segura de sí misma, podrá identificar cuando tratan de abusar de ella y no necesitará dominar para sentirse fuerte ni ser dominada para sentirse querida.

¿Por qué la lucha de las madres protectoras no se ha convertido en la lucha de todas?

¿Por qué la lucha de las madres protectoras no se ha convertido en la lucha de todas?

La interferencia en el desarrollo de un vínculo sano con la madre está en la base de todo maltrato hacia las criaturas. Y esa interferencia se encuentra también en la devaluación de la figura materna, de la maternidad en sí misma, que lleva a las mujeres a desconfiar de su capacidad para parir, para amantar, para criar y  a desconfiar, en definitiva  de su voz interior.

Y, ¿qué pasa cuando las mujeres sufren malos tratos? ¿Cómo pueden vivir su maternidad? ¿Quién protege ese vínculo? ¿Cómo establecerlo? Los hombres maltratadores viven la futura maternidad como una amenaza y el control y la violencia se suele incrementar durante el embarazo. Impedir que el vínculo se establezca de manera adecuada es una forma de maltrato que muchas mujeres viven con gran angustia porque sienten que ni van a ser capaces de enfrentarse adecuadamente a la crianza, ni van a poder proteger a su hijx. El hombre siente que su poder  merma ante la presencia de una criatura que se convierte en la prioridad para la mujer.

La forma de restaurar el equilibrio y recuperar el poder es anular la figura de la madre. Así la mujer se siente permanente cuestionada como madre. Se cuestionan sus habilidades, sus decisiones, vive acosada y sometida a tal presión que llega a dudar de su capacidad y acaba cediendo parcelas al padre o a otras mujeres con lo que su autoestima se desploma y la imagen que proyecta hacia fuera es de incapacidad para el cuidado.

Cuando una madre descubre que su criatura ha sido abusada sexualmente por su padre, se siente responsable porque no se ha dado cuenta, porque  no ha podido evitarlo y, ante todo, porque no ha sido capaz de protegerla

En estas condiciones la mujer se siente una vasija, un recipiente que, una vez cumplida su misión, vacío y usado, ya no resulta útil. Pero este panorama puede resultar aún más devastador para ella cuando descubre que su criatura ha sido abusada sexualmente por su padre. Ella se siente responsable porque no se ha dado cuenta, porque  no ha podido evitarlo y ante todo porque no ha sido capaz de protegerla… Si cree a su hijo o hija y decide denunciar y buscar protección, lo que ocurre es que el entorno cercano y la justicia sospecha de la actitud de la madre y exacerba todas esas cuestiones que ella previamente se ha planteado: ¿cómo es posible que no se haya dado cuenta? ¿es una buena madre? ¿no habrá consentido?

De esta forma no solo no consigue protección sino que se encuentra con que es a ella quien se juzga en su papel de madre, llegando incluso a perder la custodia a favor del padre porque se acaba considerando que esta denuncia no ha sido otra cosa que un intento de manipulación para evitar que el vilipendiado padre ejerza como tal.

Consideramos que en estos momentos es de vital importancia que el movimiento feminista se organice para poner freno a la impunidad con que los maltratadores abusan y maltratan a las criaturas para seguir manteniendo el poder sobre la mujer y sus hijos o hijas.

Y lo consideramos así porque esta impunidad se produce gracias a la complicidad de un sistema de protección que renuncia a cumplir su función, revictimizando y maltratando  de una  forma aún más insidiosa y brutal. Estamos asistiendo con honda preocupación, gran dolor y profunda indignación a la criminalización de miles de madres como María Salmerón, Susana Guerrero, Juana Rivas y especialmente en estos momentos María Sevilla y Patricia González, las madres de la asociación Infancia Libre que han decidido proteger a sus criaturas por encima de la ley y de sentencias que anteponen la obediencia institucional a la seguridad de las criaturas.

Cuando la justicia no cumple su función, cuando las criaturas no son escuchadas, mucho menos creídas, y son expuestas a la violencia y los abusos sexuales, a las madres no se les deja otra salida que la desobediencia

Cuando la justicia no cumple su función, cuando las criaturas no son escuchadas, mucho menos creídas, y son expuestas a la violencia y los abusos sexuales, a las madres no se les deja otra salida que la desobediencia. Han intentado acallar y neutralizar a estas madres haciéndolas aparecer como una organización criminal porque con su desobediencia han desafiado al patriarcado como ninguna teoría o práctica feminista ha logrado. Han tenido la osadía de mostrar en toda su crudeza el tabú del incesto, no sólo como la violencia patriarcal más impune y silenciada, sino como su misma esencia. Ellas nos están marcando el camino, nos han desvelado que la lucha feminista ha de ir indefectiblemente unida a la protección de los derechos de la infancia.

La infancia, como colectivo, especialmente degradado y dependiente,  no puede cuestionar el poder arbitrario que se ejerce sobre ella. Mujeres y criaturas compartimos la condición degradada de nuestra humanidad porque la sociedad en la que vivimos necesita la naturalización de esta discriminación compartida para mantener y legitimar privilegios.

Mujeres y criaturas estamos vinculadas de forma simbiótica y no podremos alcanzar la liberación de unas sin las otras. Decía Firestone allá por los años 70 que “el núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza. A su vez, los niños se definen en relación a dicha función y son formados psicológicamente por ella: aquello en que se conviertan cuando lleguen a adultos y determinen la clase de sociedad que van a constituir”.

Necesitamos dar voz y elevar a categoría de violencia estructural esta  agresión que se sirve de la inocencia de las criaturas y del amor que sienten por su padre para  devastarlas tanto a ellas como a sus madres. Esta es una cuestión que nos afecta a todas, no es el problema de unas pocas. Y aunque lo fuera, deberíamos hacerla una cuestión colectiva, ahí radica nuestra fuerza. Sólo cuando consigamos proteger y garantizar los derechos de las criaturas eliminando de su vida la violencia y los abusos sexuales, lograremos una sociedad libre de violencia para todas ¿puede haber una lucha más necesaria?

El Salto Diario

Diario Digital Femenino

Agustina
Por Agustina enero 19, 2021 09:00
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1 comentario

  1. MARISA enero 20, 01:04

    Super interesante!!! Pusiste en palabras lo que pienso. Soy militante feminista y trabajo por los derechos de las infancias. Y esta causa es la bandera que tenemos que levantar desde el feminismo mas alto que nunca !!!

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