Mujeres y ciencia: la importancia de las redes sociales

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Por Admin marzo 14, 2016 15:48

El tema del Día Internacional de la Mujer en 2016 ha sidoPor un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género‘, una declaración de intenciones, en mi opinión, demasiado optimista. Ojalá me equivoque.

Mujeres y ciencia: la importancia de las redes sociales

Mujeres y ciencia: la importancia de las redes sociales


Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible entraron en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016. El quinto objetivo consiste en lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas: aunque a muchas personas les pueda parecer un asunto secundario (ante situaciones como, por ejemplo, la violencia contra las mujeres), para alcanzar un planeta 50-50 en 2030 no podemos dejar de lado la ciencia.
Las mujeres se han incorporado al mundo de la ciencia y la tecnología hace ya bastante tiempo. Me refiero a mujeres con títulos universitarios: siempre han estado allí de manera no reglada, pero debería haber en puestos de decisión o de liderazgo un porcentaje de científicas mucho mayor del que realmente existe. Como decía Phumzile Mlambo-Ngcuka (Directora ejecutiva de ONU Mujeres), en marzo de 2015: «Al final las mujeres obtendrán la igualdad. La única pregunta es ¿por qué debemos esperar?«. ¿Por qué?
El pasado 11 de febrero se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia «con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia de las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas». Celebrar este día es algo positivo: reconoce la ausencia de mujeres en la ciencia y en la tecnología como un problema grave, y propone una serie de acciones para animar a niñas y mujeres a que emprendan carreras en estas áreas. Pero también es una mala noticia: muestra, para aquellas personas que aún se niegan a verlo, lo lejos que estamos aún de conseguir la igualdad.
Internet es, sin ninguna duda, un lugar de intercambio de información y de conocimiento, cuya repercusión no puede igualar ningún otro sistema. Las redes sociales son una herramienta muy poderosa para denunciar y reivindicar. Aunque la brecha digital persiste, no cabe duda de que la difusión de la información a través de estos medios llega de manera rápida y global.
Wikipedia, que se autodefine como un esfuerzo colaborativo por crear una enciclopedia gratis, libre y accesible, es hoy en día la fuente más utilizada para buscar información. Lo que no se encuentra allí sencillamente «no existe». Son muy pocas las biografías dedicadas a mujeres científicas en Wikipedia, en cualquier idioma, o al menos pocas en comparación con las correspondientes a las de los hombres. ¿Será porque ha habido pocas mujeres dedicadas a la ciencia que merezcan aparecer? Quizás, o sencillamente han sido silenciadas por diferentes motivos. Laura Ferucci, coorganizadora del I Editatón por la visibilidad de las científicas en Wikipedia (2015)–, apuntaba a la escasez de editoras en este medio como uno de los problemas clave, siendo además menos prolíficas que los editores varones; y ellos no estarían demasiado interesados en escribir biografías de científicas. Cada vez se realizan más «maratones» de este tipo para completar y generar nuevas entradas sobre mujeres, en particular científicas, en  Wikipedia. Es una de las maneras de hacer visible el trabajo de las pioneras y de las que hoy realizan investigaciones destacadas en todas las ramas de la ciencia.
Las redes sociales se han convertido en una poderosa herramienta de denuncia ante comportamientos sexistas, también en ciencia. Recordemos, por ejemplo, una entrevista al astrofísico Shrinivas Kulkarni, que definía a los «científicos» como boys with toys (chicos con juguetes). La respuesta no se hizo esperar: consistió en una campaña viral en twitter, con la etiqueta #girlswithtoys, en la que algunas investigadoras se retrataron en sus puestos de trabajo manipulando equipamientos de todo tipo: sus «juguetes». Otra campaña que utilizó el sentido del humor para denunciar fue la etiquetada como #DistractinglySexy, que contestaba ladesafortunadas declaraciones del bioquímico y Premio Nobel Tim Hunt, pronunciadas en la Conferencia Mundial de Periodismo Científico (Seúl, 2015): «Permítanme que les cuente mi problema con las mujeres… ocurren tres cosas cuando están en el laboratorio… Te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti y, cuando las criticas, lloran». En este caso, las fotografías que invadieron la red mostraban a mujeres trabajando en laboratorios vestidas con equipamiento de seguridad, que apenas dejaba intuir quién estaba «debajo».
¿Llegan a muchas personas estas campañas? Seguramente se mueven en un ámbito reducido de personas interesadas por la ciencia, y que no siempre las reciben de manera positiva, disculpando estos comportamientos como simples «torpezas» o «bromas».
Cada vez más instituciones académicas y científicas se preocupan por incluir en sus páginas, blogs y redes sociales biografías de científicas pioneras o de investigadoras trabajando en sus centros. Aunque en muchos casos sólo se trate de «corrección política», estas iniciativas son fundamentales y quizás consigan que, al menos en el ámbito de la ciencia, en 2030 realmente estemos en el 50-50.
 
Fotos: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.
Fuente: Campusa

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