‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

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Por Admin enero 7, 2020 22:24

‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

La realizadora Greta Gerwig le ha dado una vuelta «combativa y feminista» a ‘Mujercitas’, el clásico de Louisa May Alcott que, en 1867, ya reventó el canon de la señorita victoriana. Con ocasión del estreno de la película –el 25 de diciembre–, 23 escritoras recuerdan su primigenia sintonía con Jo March, la más silvestre de las hermanas protagonistas, obstinada en ser novelista.

'Mujercitas': 23 escritoras hablan de cómo les influyó

‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

Maruja Torres. / JOAN CORTADELLAS

Maruja Torres

‘Mujercitas’ no me marcó literariamente tanto como en su puesta en escena cinematográfica (qué antigua suena esta definición), sobre todo porque yo empecé de muy niña leyendo a Dickens, y la novela de Louisa May Alcott me dejó mucha menos huella. Sin embargo, veía una y otra vez la versión que Mervin LeRoy hizo en 1949; pero aunque me identificaba con Jo, la escritora prefeminista, no me gustaba la actriz June Allyson. Hasta que llegaron, en 1994, Wynona Ryder, mi mejor Jo, y Susan Sarandon, la mejor madre. Procuro verla por Navidad y lloro como una perra de aguas. Pero lloro de gusto. Tanto por la historia como por las cretonas de los sillones.

'Mujercitas': 23 escritoras hablan de cómo les influyó

‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

Carme Riera. / MANU MITRO

Carme Riera

Mi padre me regaló el libro cuando tenía 10 o 12 años, y me encantó. No sé si ahora me gustaría tanto, pero en aquel momento lo encontré divertido, fresco, gracioso, me hizo sentir que estaba con las protagonistas, viviendo sus vidas. Lo leí con ojos de la niña mallorquina que era, no con los de la escritora que sería después, algo que en ese momento no estaba en mis planes. Los tiempos han cambiado mucho. Mis nietas son ahora muy pequeñas, pero no me las imagino interesadas por este título cuando tengan la edad que yo tenía cuando lo leí. Las niñas de hoy viven en otro mundo.

'Mujercitas': 23 escritoras hablan de cómo les influyó

‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

Lucía Lijtmaer. / ÁLVARO MONGE

Lucía Lijtmaer

Leer ‘Mujercitas’ –y todas sus continuaciones– me sirvió para tener que aguantar las risas de los compañeros de clase, que no entendían qué le veía yo a una saga aparentemente cursilona y «para chicas». De entre todas las enseñanzas, la que nunca olvidaré es que decidirte por el arte y la escritura –como Jo– te condena a la pobreza.

'Mujercitas': 23 escritoras hablan de cómo les influyó

‘Mujercitas’: 23 escritoras hablan de cómo les influyó

Marta Sanz. / JULIO CARBÓ

Marta Sanz

Sospecho que los recuerdos de ‘Mujercitas’ son más importantes para la generación de mi madre que para la mía. Ambos nacen de la versión de la novela en la que June Allyson encarna a Josephine March. En mi infancia, la novela se colocaba al lado de lo cursi, almibarado, sentimental, blando, doméstico y de todas esas connotaciones de lo esencialmente femenino de las que mis progenitores procuraron apartarme, y que a mí me hacían odiar a la fuerza el color rosa; luego entendí que había que sacar la palabra «femenino», con todas sus implicaciones, del ámbito de lo peyorativo y que yo podía amar el color rosa.

Aun así, en muchos hogares de los 70 sabían que lo femenino era lo marcado y, consecuentemente, a muchas niñas nos educaron como a verdaderos hombres –arreglábamos grifos, jamás bordábamos– para no perpetuar diferencias que siempre nos colocaron en desventaja. Pese a la independencia de Jo, creativa y colérica –masculina–, tampoco he conseguido entender el carácter rompedor de un texto que, leído de adulta, me parece un panfleto de propaganda religiosa trascendentalista. Lo que tiene de bueno la novela es que saca a la luz muchas contradicciones. Y eso no está nada mal.

Lucía Etxebarria. / EL PERIÓDICO

Lucía Etxebarria

Lo leí cuando debía tener 10 años. Creo que todas las niñas que hemos leído ese libro nos enamorábamos del personaje de Jo. Cosas que recuerdo: tener que buscar en el diccionario el significado de la palabra ‘escarlatina’. Enfermedad erradicada, por cierto, en Europa pero no en EEUU; porque allí no tienen sanidad universal. Aprender que se podía vender el cabello (Jo lo vende, para ayudar a su padre enfermo). Aprender que también podías ganar dinero como dama de compañía (yo quiero que una tía millonaria me pague por acompañarla en sus viajes a lo largo del mundo). Recuerdo que Jo, al menos, no estaba obsesionada con casarse. Que tenía otros intereses: el arte, o el aprendizaje, o la supervivencia. Que la autora creía en la amistad entre hombre y mujer y escribió una muy bonita: la de Laurie y Jo. La recuerdo como una novela muy bonita, y de hecho, al escribir esto me han dado ganas de releerla.

Espido Freire. / JORDI COTRINA

Espido Freire

‘Mujercitas’ fue el inicio de otras lecturas inolvidables de Alcott: ‘Aquellas mujercitas’, ‘Hombrecitos’, ‘Los muchachos de Jo’… Posiblemente, se trata de la mejor saga sobre los sueños de los creadores y sobre cómo sobrevivir a ellos. Jo March era, por supuesto, mi predilecta. Yo ya quería ser escritora cuando lo leí. Pero cuando se transforma en Jo Baher, es cuando de verdad me enseñó algo inolvidable.

Empar Moliner. / FERRAN NADEU

Empar Moliner

Cuando leí ‘Mujercitas’ y después, cuando vi la ‘peli’, yo ya soñaba con ser escritora. Escribía novelas inspiradas en Folch i Torres, que «encuadernaba» gracias a la abuela (obligada a coserme las páginas con aguja para lana). Yo quería –supongo que como todas mis colegas– ser Jo. Me parecía envidiable tener hermanas (yo tengo cinco hermanos) que bordaran zapatillas y quisieran representar las obras de teatro que ella escribía. Recuerdo mucho el «¡Rodrigo, Rodrigo… Sálvame!».

Que se cortara el pelo para ayudar a la familia todavía me hizo admirarla más, porque, claro, yo quería tener el pelo corto y en casa me obligaban a llevar una cola de caballo tan tirante ¡que no me permitió cerrar los ojos del todo durante toda la infancia! En ‘Aquellas Mujercitas’ se hacía escritora, pero entonces, por lo que recuerdo, sufría mucho por si lo que escribía «era bueno». ¿Puedo acordarme de los nombres? Diría que sí. Jo, Meg, Amy y Beth.

Clara Sánchez. / JOSÉ LUIS ROCA

Clara Sánchez

Llegué tarde a ‘Mujercitas’ porque el título me tiraba para atrás. Me parecía ñoño. En mi adolescencia pedía guerra, no hermanitas repeinadas que me parecía que no tuvieran nada que ver conmigo. Descubrí la novela de adulta, cuando ya mis sueños de escritora estaban en marcha, y me dio rabia haberme perdido durante tanto tiempo a mi mejor amiga: Jo.

Gemma Lienas. / DANNY CAMINAL

Gemma Lienas

‘Mujercitas’ no fue tan decisivo para mi ‘yo-lectora’ como lo fue ‘Celia, lo que dice’, de Elena Fortún. A los 10 años, me impactó más el espíritu rebelde de Celia que la obediencia y domesticidad de las ‘mujercitas’, exceptuando a Jo, no tan indómita, sin embargo, como pretendía Louisa May Alcott.

Elia Barceló. /PACO CAMPOS (EFE)

 

Elia Barceló

Gracias a ‘Mujercitas’ y a Jo March, mi modelo, descubrí que no había que elegir entre ser escritora y encontrar el amor, que se podían tener las dos cosas; y vivir lejos sin perder a tu familia. Yo también me fui, me corté el pelo, me casé con un extranjero de lengua alemana y soy escritora. Profético.

Alicia Giménez-Barlett. /JORDI COTRINA

Alicia Giménez-Barlett

A mí, de pequeña, todas aquellas chicas me parecían un poco cursis, pero envidiaba su suerte. ¡Tantas hermanas, tan unidas, tan llenas de alegría y a veces de dolor auténtico! Sin embargo, hubiera preferido que fuera la madre la que estuviera en la guerra, me tiraba más la figura paterna por aquel entonces.

Emma Riverola. /JOAN CORTADELLAS

Emma Riverola

Sentir indiferencia hacia una vivencia que, dada la unanimidad general, debería provocar entusiasmo, suele sobrellevarse en silencio. Leí ‘Mujercitas’ de niña. Me fascinó Jo, el resto me pareció un melodrama tedioso. En esos días llegó Pippi Langstrum a la televisión. A ‘Mujercitas’ no volví. Pippi aún me hace sonreír. No se lo cuenten a nadie.

Olga Merino. /ALBERT BERTRAN

Olga Merino

Josephine March trepa a los árboles para leer, le horroriza la costura, pelea por su libertad y se atreve a usar la ironía. ¿Quién no quiso ser Jo a los 11 o 12 años? Esa lectura mágica también me causó espanto: cuando Amy, la hermana pequeña, le quema el manuscrito en la chimenea. No me habría importado que se ahogara patinando sobre el hielo del estanque.

Ángela Becerra. /J P GAND (EFE)

Ángela Becerra

Cuando a mis 13 años leí  ‘Mujercitas’, jamás imaginé lo que sembraría en mí. Es posible que fuese lo que me impulsara a escribir mi primer diario y los que han ido detrás a lo largo de mi vida. Acompañó mi primera rebeldía, que sería el germen de la feminidad que hoy abandero. ‘Mujercitas’ es, a pesar de parecer en primera instancia un tratado de buen comportamiento y sometimiento masculino, un manifiesto contundente feminista. Jo encarna la rebeldía que combate el sometimiento. Su autora fue una adelantada en el tiempo. Buscaba la igualdad intelectual y física entre hombres y mujeres. La lucha continúa…

Pilar Eyre. /ROBERT RAMOS

Pilar Eyre

¿Cuántas veces lo he leído? ¿100, 200? El libro estaba manchado de chocolate, las cubiertas sueltas, algunas páginas chamuscadas porque a veces leía a la luz de una vela para que mis padres no me descubrieran… Yo era Jo, por supuesto, pero también la doméstica Meg, la bulliciosa Amy, la lánguida Beth… El secreto de su éxito es que ‘Mujercitas’ son todas las mujeres que hay en nosotras. Y también algún hombre.

Rosa Ribas. /MAITE CRUZ

Rosa Ribas

Llegué a ‘Mujercitas’ a rastras y trompicones. Venía de las aventuras de los Cinco, donde era Jorge, la chica de pelo corto, que, como yo, hubiera preferido ser un chico, porque las niñas eran todas unas pánfilas. Con ese bagaje, ¿cómo me iba a gustar un libro que se llamase ‘Mujercitas’? Pues porque allí me esperaba Jo, la lectora, la que quiere ser escritora, la que se corta el pelo por generosidad, la que le tiene manía a Amy, esa pánfila, como yo se la tendría. Y la que, proféticamente, se casa con un alemán. Pero eso no lo sabía entonces.

Marta Buchaca. / ARCHIVO

Marta Buchaca

Leí ‘Mujercitas’ en la edición de la Editorial Cadete, de tapa dura y verde. Pero la imagen que tengo grabada es de la película, que vimos muchísimas veces con mi hermana y mi madre: Winona Ryder cortándose un mechón de pelo para venderlo y conseguir que su madre viajara a ver a su padre herido en la guerra. Uno de los actos de amor más bellos de la ficción universal.

Mercedes Abad. /ISABEL MESTRE

Mercedes Abad

No es solo que, como dijo Cristina Fernández Cubas en su espléndido prólogo a la edición de Lumen, «todas queríamos ser Jo». Es que yo fui Jo. Cuando iba a cortarme la melena, mi madre, plagiando consciente o inconscientemente, me dijo las mismas palabras que le dijeron a Jo cuando se cortó la trenza: «El pelo es tu única belleza». Pensando en Jo, me lo corté. Pensando en Jo, tampoco me dolió tanto cuando me llamaron «marimacho». Siempre me han hecho mucha compañía los libros. Además, como escritora, la muerte de Beth me enseña que a veces hay que matar a un personaje aunque te tiemble la mano.

Care Santos. / JOAN CORTADELLAS

Care Santos

Me temo que no seré nada original: Jo March marcó mi infancia. Me sentía totalmente identificada con ella: la chica que no se siente atraída por las mismas diversiones que gustan a sus hermanas y que prefiere vivir entre libros, o en un mundo inventado a la medida de sus sueños. La aspirante a escritora y escritora, finalmente. Yo deseaba ser Jo March. Con los años, pienso que Jo me dio uno de los consejos más importantes de mi vida como inventora de historias:  escribe de lo que conoces, de lo que te ha emocionado. Es un consejo que ella recibe a lo largo del libro –y de la película–, pero que de hecho recibíamos las dos a la vez.

También pasados los años, cada vez que mi afición a las plumas estilográficas, a las tintas de toda clase y a los cargadores de émbolo me provoca llevar los dedos manchados de tinta, pienso en Jo March. Ella también llevaba el índice y el pulgar de la mano derecha sucios de tinta. Marca de escritor, pienso. Ya ven que Jo March sigue en mí, cada día.

Pilar Adón. /RICARD FADRIQUE

Pilar Adón

Leí ‘Mujercitas’ hace muchos años y la retomé hace poco para completar el posfacio de ‘Fruitlands’, momento en que me di cuenta de que ahí seguían la fuerza de su autora y la inspiración de una Jo que escribía y aspiraba a no depender de nadie. Recordé que el entusiasmo y la energía de la novela me llevaron en aquella época a desear crecer y, sobre todo, a querer estar en otra parte.

Blanca Busquets. /LUAY ALBASHA

Blanca Busquets

El libro me pareció una delicia, y la película debí verla cuatro o cinco veces. Me impactó el personaje de Jo, porque enseñaba muchas cosas sobre cómo una chica puede romper moldes y tirar para adelante con un objetivo claro a pesar de vivir en un entorno poco favorable para las mujeres. En cierto modo, representaba lo que yo era en ese momento, una jovencita que también escribía y aspiraba a hacer algo diferente a lo que hacían las chicas que me rodeaban. Me atrevería a decir que todas las mujeres escritoras nos identificábamos con Jo.

Ángeles González Sinde. /DAVID CASTRO

Ángeles González Sinde

Es una de las películas de la infancia que más me impactaron. Aunque yo tenía mis propias ‘Mujercitas’ en casa –mi madre y sus tres hermanas, un universo de mujeres sin vestidos bonitos ni peinados elaborados–, la ficción no le prestaba atención. ‘Mujercitas’ me mostró que los conflictos que me preocupaban a mí eran dignos de ser contados a otros, incluso tenían su épica. La épica de lo doméstico que no desmerecía nada de la otra.

Aixa de la Cruz. /ARCHIVO

Aixa de la Cruz

‘Mujercitas’ fue el libro de mi infancia. Creía que mi identificación absoluta con Jo era una señal del destino: yo también sería escritora. Llegué incluso a cortarme el pelo «a lo chico» y a pedirle a la peluquera que lo guardara en una trenza que yo, a diferencia de la protagonista, no tendría que vender; simple fetichismo.

Recordar la importancia que tuvo para mi vocación aquella novela me da una idea de lo poco comunes que fueron en mi formación como lectora las novelas escritas por mujeres sobre universos femeninos en los que las mujeres empuñaban la pluma en lugar de ser, simplemente, objetos de la inspiración de un hombre.


Coordinación: Teresa Cendrós, Núria Marrón, Juan Fernández y Núria Navarro.

Publicada en El Periódico

Diario Digital Femenino

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