Madre de noche y profe de día #cuarentena

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Por Admin marzo 20, 2020 11:22

Madre de noche y profe de día #cuarentena

Nunca pasé por una experiencia como esta. No me vengan que ya pasamos la gripe A, el cólera y varios “etc, etc”. El COVID 19 es esto, lo que vivís, lo que sentís, lo que te cuidas y nos cuidas.  Ahora que soy madura me siento más vulnerable que antes. Son esas cosas de la vida que parecen de matemática: a más edad, menor resistencia a las adversidades. Tengo (mos) hijo a quien cuidar, madre a quien cuidar (a la distancia) y personas amadas contempladas en los grupos de riesgo.

Por SororaIrredenta*

Mi vida no es la de antes.  Sí antes era tan contradictoria por ser una hippy-punk la madurez me encuentra en la dicotomía de ser una feminista- temerosa.

Hoy, en el cuarto día de cuarentena, lloré en varios momentos. Es que en la madrugada vivimos un episodio muy desagradable que tuvo como protagonista a Juan, mi hijo. Un accidente casero en el que corrió sangre. Esos episodios en los que la confusión te hace gritar, maldecir a la vida y no escuchar. Lo bueno: Juan está bien, la sacó barata (y por suerte tiene a su abuelo que es médico). El lloró mucho y yo lloré como loca. En ese momento que casi salimos a una guardia, pude razonar y gritar: que todo está colapsado en el sistema de salud, que nos quedemos, que dejemos los centros de salud para lo urgente.

Hice primeros auxilios a Juan. Eran las 3 de la madrugada y también pensaba en la primera entrega de una clase virtual con alumnes que no tuve el gusto de conocer, porque #MejorQuedarseenCasa.

Puse la alarma para las 7hs. Sonó. Me quedé dormida y me levanté a las 8hs, Envié el mail ya programado con la presentación de la materia, poniéndoles buena onda, usando emoticones y hashtag, tratando de acercarme virtualmente a les estudiantes, concientizando en el saludo final: #SiMeQuedoEnCasaNadaMePasa. Pero, yo estaba lejos, sin aula y sintiendo aún el abrazo empapado en lágrimas que nos dimos con mi hijo en la madrugada.

Poner buena onda en un email es cosa sería y más seria es cuando tenés el susto aún en la garganta. Desayuné con mi compañero porque sin desayuno no puedo seguir. Fui a la farmacia. Caminé por Palermo y vi las tapas de los diarios que habían tomado la misma iniciativa de España #AlVirusLoFrenamosEntreTodos y le dije al canillita:

-¿Me deja sacar fotos de las tapas de los diarios? Soy profe y esto me servirá para las clases.

– Docente no se deja de ser nunca. Adelante. Saque , nomás.

– ¡Si supiera lo que siento!, pensé.

Volví a casa pero no tenía conexión a internet para tomar el curso sobre educación virtual. En tiempo de mierda todo colapsa; esa es la regla. Le sonreí a mi hijo, le dije que hoy le daba todo el día para jugar, que no estudie, que no repase, que no se preocupe, que sea libre. Que juegue. Sí, que juegue mientras yo cocino. El niño jugo tanto que luego le dije que empiece a estudiar #yamismo (así soy)

De nada valió el plan porque volví a llorar por el susto de la madrugada. Ahora, era Juan quien me consolaba “Basta, no llores más”.  Tenía razón.

Reprogramé la capacitación y terminé a las 21.46. Minutos antes se escucha aplausos a les profesionales de la salud que están haciendo de su trabajo una quijotada. Pero, también pienso, que les docentes también estamos poniendo todo lo que podemos para que esto no sea peor de lo que es y que en estos días tuvimos y tenemos que hacer tanto, tanto, que nadie se imagina. Porque no solo se trata de plataformas, digitalizar las biblios, pensar en trabajos prácticos, sino también de ser creatives, buenas ondas, poner el cuerpo presente-virtual, ocultar las lágrimas/miedo detrás de un hashtag y un emoticon, de salir a una farmacia y toparte con los diarios que pueden ser material de cátedra y pensar: “con esto, la Unidad IV, será una massssa”. Ser humanistas de eso se trata el ser docente.

Son casi las 23hs y no quiero comer porque tengo el estómago cerrado. En cuarentena pueden pasar estas cosas: poner alma y cuerpo para que todo se asemeje a lo normal, pero nada es normal. Aunque ves la sangre de tu hijo correr y escuchás sus gritos y vos gritás y a pesar de que se nos baje la presión en el baño, aun así, con ese infierno, decís: Quedémonos en casa. Y después mil escenas de un cine doriano que se guardarán en la intimidad #familiadivinotesoro.

Después, abrir el telón y salir al escenario de la virtualidad diciendo: “Mi nombre es Norma y soy la profe de …. para mí será un gusto compartir este cuatri con ustedes”. Lo que no les dije, es que soy el resto de una mina que horas antes pensó que el infierno la cacheteba sin piedad. Aún no hay ningún codazo de corazón que pueda sanar el susto y que espera que algún día vuelvan los abrazos que tanto necesitamos.

*Periodista feminista. Docente. Gran lectora y discutidora. Fundadora de PeriodismoConFeminismoCrónico

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