Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

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Por Admin diciembre 30, 2019 08:56

Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

La Encuesta Nacional de Folklore de 1921 es un acervo de invaluable valor que nos permite rescatar del olvido actores, prácticas y voces que la narrativa histórica tradicional ha invisibilizado, o más bien silenciado, durante siglos. Para ello, un equipo de trabajo de extensión de la Universidad Nacional de La Pampa lleva adelante una Acción denominada “Digitalización, sistematización y difusión de la Encuesta de Folklore de 1921”. En esta Acción se recuperan las voces de quienes fueron las y los informantes de este archivo con la intención de revalorizarlas, como parte del patrimonio cultural provincial, y ponerlas al alcance de la comunidad.

Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

Por Melina CaraballoCynthia Zorrilla

Entre los objetivos que se propone el grupo extensionista, uno de ellos está orientado a romper con las subjetividades de la subalternidad, de las y los que han sido “bloqueados por el afuera”, de acuerdo con el planteo de Gayatri Spivak. Al respecto, son diversas las propuestas teóricas que nutren este planteo en aras de obtener una comprensión crítica de los vestigios del pasado que se encuentran en nuestro presente.

Un archivo abierto 

La Encuesta de Folklore se realizó en 1921 por iniciativa del Consejo Nacional de Educación (CNE) en todas las escuelas primarias del país, surgidas bajo la ley Láinez. Emerge en una época que se caracterizó por la llegada de inmigrantes, entendida, para muchos teóricos, como un “problema” social que adquirió relevancia a la hora de pensar en la construcción de la nacionalidad. Ante este panorama, la Encuesta se presenta como un posible instrumento para borrar las diferencias gestadas en el interior de la Nación, pero también para contribuir en la construcción de un imaginario colectivo del ser nacional que descansaba en la memoria oral del pueblo. Estas expresiones que pretendían rescatarse aparecían ancladas a ámbitos predominantemente rurales.

Aunque la intención primigenia del CNE no haya sido la de redimir estas tradiciones, como parte del espíritu nacional, sino más bien descubrir y clasificar información de distinta procedencia con fines utilitarios, la tarea de relevamiento permitió, a casi cien años de la Encuesta, reconocer la riqueza de estas prácticas.

Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

Una cantera de historias para contar. Relatos y testimonios ranqueles en la voz de Lorenza Tripailao

En el caso de La Pampa, conforman el archivo 87 legajos duplicados de los originales que se encuentran como material de consulta en el Archivo Histórico Provincial “Profesor Fernando Aráoz”. El contenido es variado e incluye vocabulario mapuche o pampa (según los datos aportados por las y los informantes), “brujerías”, “supersticiones”, canciones, juegos, consejos para curar enfermedades o prevenir males, algunos provenientes de la sabiduría machi, entre otros.

La voz de Lorenza

En el legajo 42, del puño y letra del maestro Atanasio Mayor se rescata la voz de Lorenza Tripailao, de 76 años, a quien se presenta como “viuda del cacique Francisco Ñancufil Calderón” –fundador de la colonia pastoril Los Puelches en 1900, de acuerdo con la información aportada por la historiadora pampeana Claudia Salomón Tarquini– y “conocida por su categoría”. La descripción que se realiza deja entrever una franca asimetría en el tratamiento que se hace de la propia Lorenza, es decir que se habla de ella por su relación de parentesco con dos hombres y por su condición de mujer. En este sentido, el enunciador construye la figura de su informante en torno a ‘otros’ a los que esta última se encuentra unida por sus lazos familiares: hija de Ramón Tripailao y esposa de Ñancufil Calderón, ambos reconocidos caciques indígenas en el territorio pampeano. Estas expresiones se mantienen hasta la actualidad y se aceptan (casi) como naturales, aun cuando implican la anulación de una mujer como persona, así como su subordinación a un ‘otro’.

Si bien en el documento no hay mayores precisiones sobre quién fue Lorenza Tripailao, su voz se carga de significados en cada foja del extenso legajo, no solo por ser el único registro de una mujer indígena dentro de la Encuesta sino, fundamentalmente, por sus saberes ancestrales. Esta mujer ha participado, dentro del espacio privado y fuera de él, en la generación y transmisión de conocimientos, así como en la construcción de relatos. Ese saber es el que la humaniza y, al mismo tiempo, la aleja de esa condición de “pieza de museo”. Los conocimientos de Lorenza, que circularon a través de su palabra, lejos están de ser vistos como prácticas exóticas. Por el contrario, se suman al cúmulo de otros relatos sobre supersticiones como la del brujo Calcú, pero también sobre las formas de curar a través de la figura de la machi o la médica, mediante el uso de diferentes “yuyos”. 

Las médicas o médicos, para descubrir la enfermedad que tenían los pacientes se colocaban una faja, los médicos sobre el cuerpo en forma de banderola llena de campanillas y cascabeles, los dolientes gritan cuanto pueden y la médica tiembla como si le agarrara la enfermedad del paciente y después aplica el remedio consistente en compuestos de yuyos en la seguridad de que los aplica con éxito por haber descubierto la enfermedad. (Legajo 42, foja 22)

Estas prácticas ancestrales, basadas en el uso medicinal de las plantas, han cobrado importancia en la actualidad, se han revalorizado y resignificado, en especial por el interés creciente de la etnobotánica, tal como lo ha demostrado Walter Muiño para el caso de las plantas del territorio pampeano. 

Sin embargo, no menos atractivos resultan los relatos sobre juegos, ritos vinculados con los casamientos, vocabularios y cuentos, los que, sin duda, se tejieron al margen de la historia oficial. 

Lorenza construyó discursos dotados de sentidos: en muchos casos, utilizó formas del lenguaje a partir de las cuales visibilizó el género femenino (“médicas o médicos”, “niña o niño”). Y aunque hoy podríamos juzgar esta forma como parte de la “tiranía del género”, como lo sentencia la reconocida filóloga feminista Gabriela Castellanos Llanos, no podemos menos que celebrar que estas expresiones aparezcan en este archivo de 1921, en el que el lenguaje androcéntrico rebasa. Así, a partir del discurso de Lorenza se visibiliza, en el marco del relato hegemónico sobre la Nación, la voz de una mujer, empero bajo la mediación cultural y lingüística de un hombre blanco: el maestro. No obstante, su testimonio permea la lógica colonial y la erige como protagonista de su propia historicidad, de su saber, pero ya no desde un pasado remoto, sino desde el presente de la recolección que lleva a cabo Atanasio Mayor. Un capítulo aparte merece la ensayista Josefa Poncela, descendiente indígena por la línea materna, quien, a sus dieciocho años, publica La cumbre de las razas (1942). Según Leda García, investigadora pampeana, en esta obra de carácter no ficcional, la joven autora aborda el tópico del desierto y el mundo ranquel, desde su perspectiva como mujer e indígena.

De esta forma, recuperar las voces y las culturas invisibilizadas por la historia hegemónica es una tarea que busca apartarse de la producción del discurso colonial que se caracteriza por la omisión y el silenciamiento. El descubrir la voz de Lorenza en la Encuesta, tras quedarse en el velo de un archivo, es resignificar y darle entidad a ese espacio de enunciación para los lenguajes, prácticas, voces y costumbres de las mujeres y los pueblos originarios de La Pampa. Más aún, su entorno y sus prácticas demuestran su presencia permanente y ello es, justamente, lo que teóricas y teóricos buscan a fin de romper con los discursos de los ‘amos hegemónicos blancos’, eurocentristas y androcentristas, para darle así un espacio a la diversidad de voces como la de Lorenza Tripailao, mujer y nativa. 

 

Diario Digital Femenino

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