Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

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Por Admin noviembre 30, 2019 20:02

Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

Entrevista realizada el 25 de octubre de 2019, después del 34 Encuentro Plurinacional de Mujeres y disidencias en Argentina. Lolita Chávez Ixcaquic es feminista comunitaria, defensora de los territorios y la vida de Guatemala. Es lideresa del Consejo de los Pueblos Kiches y tuvo que huir de su pais por amenazas, violencias, causas armadas e intentos de asesinato, y en estos momentos está refugiada en Euskal Herria.

Por María Torrellas

-Vamos a debatir sobre feminismos, sobre cómo los vivimos, como vosotras decís, en nuestros cuerpos, esos feminismos cada mujer y disidencia, en la comunidad, dependiendo del lugar donde vivimos, de donde hemos recibido una cultura. Para aportar al debate y reflexión te pregunto: ¿Por qué hay algunas mujeres originarias de la cultura de los pueblos indígenas que no se reivindican feministas? ¿Por qué crees que sucede eso?

-Hemos dialogado con algunas en los caminos de la vida que tenemos y también tenemos como desafíos e identidades. Cuando nosotras planteamos nuestra formación como feministas, como una educación popular, nos encontramos varias compañeras, y también con las compitas de las hermanas de Nicaragua que estaban viviendo bastante violencia en sus cuerpos, en sus planteamientos. Nos empezamos a encontrar con los feminismos, en esa fuerza esperanzadora que nos damos por la vida.

Luego, dentro de mi contexto y las comunidades también me preguntaban, hermanas del pueblo maya, xinka, de otros pueblos originarios, de por qué nos estábamos ya nombrando feministas comunitarias. Cuando me empecé a nombrar feminista y luego feminista comunitaria, fue como un proceso, un camino. Veía que cuando me hacían el planteamiento de por qué me nombraba les relanzaba la pregunta de por qué ellas no se nombraban, entonces les contaba lo que vivíamos, cómo estábamos analizando las múltiples opresiones, las relaciones de tortura que habíamos vivido en las guerras, las violaciones sexuales, cómo entre nosotras estábamos llegando a análisis muy profundos.

Varias de ellas en sus caminos y sus historias, por ejemplo, en las urbanidades me contaban que no se identificaron con lo que muchas de ellas llaman el  “feminismo blanco” privilegiado, feminismo de intelectualidad, de la academia, donde existen prejuicios por el otro o la otra y las constantes peleas, pero también las desigualdades y las cuestiones internas que están pasando dentro del movimiento feminista, también en Guatemala. Vivieron mucho racismo porque venían de movimientos revolucionarios, de las luchas sociales, estudiantiles o de trabajadoras, pero cuando ya nombraban feminismos en Guatemala era de un sector privilegiado, de un sector donde ellas como indígenas desde las cosmovisiones no se encontraban, pero también no hicieron el esfuerzo de reconocer, que ahora nosotras lo nombramos con el “cosmoscimiento”, el modelo de vida desde los pueblos originarios, no se estaba entendiendo en estos feminismos.

-¿En Guatemala también existe este debate? Aun siendo un país que el 90% es indígena, ¿hay esa diferencia de ese feminismo de la academia, que sería europeo o eurocéntrico y de privilegio?

-Blanqueado, europeizado. Cuando empecé a conocer esos feminismos los veía con bastante privilegio, tomar a la otra persona sin igualdad, tal vez no es la palabra, pero lo empecé a ver en situaciones muy academicistas. De hecho, cuento una anécdota muy chistosa. Cuando me nombré la primera vez feminista estaba muy emocionada porque era emancipatorio, liberador, porque lo había vivido en mi territorio, y ya era momento de nombrarme feminista. Voy a una charla en “Guate”, como llamamos a la capital y que no consideramos que están vinculadas al movimiento feminista. Allí cuando intervengo digo que soy feminista y se me quedaron mirando y me dicen que:  “cómo me había nombrado feminista”.  Empecé a hablar que la lucha, la defensa del territorio, que todas y todos estamos de acuerdo en eso. Luego, una de las preguntas que me hacen, todavía recordarme me da muchos nervios y a veces risa, “¿cuál es tu referente bibliográfico para nombrarte feminista?”, se me quedó toda la mente en blanco, y pensaba en un nombre de una autora, me dijo: “¿no conoces a …?”, me nombró una mexicana, una feminista muy famosa que luego después la leí y también admiro bastante sus escritos.

-Marcela Lagarde!

Sí, sí, entonces, me dicen “no te nombres feminista si no tienes referentes feministas”, “¿has oído de las olas?”, yo ¿las olas del mar? Por supuesto que ahora sé de las olas, en las elecciones cuáles fueron las primeras, porque yo no reivindico que los feminismos empezaron en las votaciones. Nosotras empezamos hace años luz, diríamos nosotras, desde nuestras ancestras, porque nosotras cuando tenemos nuestros encuentros y diálogos de saberes, contamos lo que nos pasa, y siempre nos damos mucha fuerza desde abajo, desde las opresiones que vivimos. Entonces, las compitas me dicen que ahora conteste cuando me pregunten cuál es la referente bibliográfica, el feminismo que surge desde adentro,  ese es el referente bibliográfico. Ahora contesto así.

Me daba cuenta de que era un feminismo aprendido, como cuando vas a las escuelas y que lo estudian,  lo de las olas y todo eso, cuando hacen sus cursos, sus talleres, y nosotras veníamos viviendo los feminismos de abajo, de luchar contra los machismos, contra los que nos odiaban, que nos decían brujas, guerrilleras o prostitutas.

Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

Lolita en la Asamblea Feminista del Abya Yala en el 34 Encuentro. Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

-O como dijiste en el Encuentro Plurinacional de Mujeres y disidencias en Argentina, de esos enemigos que pueden estar en la casa, en la cama.

-Nosotras empezamos a hablar del poder desde la cama. De hecho, algunas académicas de las de “Guate”, que incluso son también medio indígenas, me decían “por qué hablas del poder desde la cama”?, porque había el poder sobre, entre, desde, en, y nosotras estábamos viviendo un poder desde la cama que ¡madre mía!, o sea, los machismos fuertes los vivíamos en la cama.

De hecho, en las elecciones hicimos una encuesta entre nosotras donde salió que a las compañeras las obligaban sus compañeros a votar por el genocidio, y además iban a haber cámaras, con todo lo que lleva eso de miedo y culpa. El propio compañero, el que supuestamente era su amor, su pareja. O sea, con una cuestión de poder, pero una relación de poder jodido, le decimos nosotras allá, porque estamos viviendo en la violencia y mucho se sigue viviendo en la cama.

-¿Tú crees que la violencia en la cama, la violación sexual, porque hay que decirlo claro, es un hecho naturalizado en Guatemala?

-Bastante. Está naturalizado, interiorizado, invisibilizado, silenciado y muy burlado. Cuando ya salimos, rompemos el silencio, se burlan de nosotras, nos tratan de traidoras. Si denunciamos al hermano, que hemos traicionado al hermano,  si denunciamos al papá, que es un violador sexual, es una traición.

Lo enfocan, no analizando la violencia desde nuestro ser emancipatorio, donde ya nos liberamos y asumimos que nadie tiene que estar en la violencia, sino que lo enfocan con el mismo sistema patriarcal, que sostiene la denuncia a nivel de los medios y también lo utiliza para generar más odio, terror, ataque contra nosotras. Nuestras denuncias también son utilizadas para el ataque, no para acuerparnos. Lo que nosotras encontramos en nuestros feminismos comunitarios territoriales es esa esperanza de vida, estamos juntas no sólo por una decisión, estamos juntas porque queremos vivir y queremos vivir sin violencia y dignamente.

-Seguimos con la violencia porque me interesa mucho saber, es un hecho que está ocurriendo en todas partes,  y en Argentina, la cantidad de abusos sexuales que se están descubriendo y que se están animando las mujeres a denunciar. ¿Cómo se trabaja en el feminismo comunitario en concreto con los abusadores, con aquellos compañeros o maridos de las compañeras que han abusado? ¿Se hace algún tipo de trabajo comunitario, en conjunto, se critica esa situación, se le pone un castigo, como la justicia indígena?

-Sí. Estamos tejiendo cada vez más, este tejido es delicado, es un terreno bastante hostil para nosotras, pero se está trabajando. En el Consejo de Pueblos de Kiché (CPK), hay ya denuncias de personas acosadoras, violadores sexuales, o sea, el Consejo se convierte en un referente de denuncia y de acuerpamiento de solidaridad y de exigencia de justicia. Entonces, cuando vemos eso que es esperanzador no solo para la Asamblea de Mujeres, sino para una Asamblea Comunitaria, les podemos enseñar cómo llevar los feminismos dentro de los territorios. Cuando nosotras nos autonombramos y nos identificamos feministas es porque también tenemos propuestas, entonces estas propuestas de luchar contra las violencias pasan por identificar dónde están. Por ejemplo escondidas en las escuelas de las niñas y niños asamblearios,  sobre todo niñas, con mucho acoso y violencia sexual. En las iglesias, casos fuertísimos de violadores sexuales, en Kiché. Dentro del Consejo acosadores y toda esa expresión de burla y de utilización de cosificación de nuestros cuerpos. Cuando nosotras nos formamos empezamos a identificar la tipología de las violencias, sexuales, psicológicas, económicas. Hay unos clasificados, además de otros que los vamos nombrando cuando los vemos.

Ahora, lo que pasa con el Consejo es que le damos el giro y decimos, por eso nos gusta llamar el nombre completo, Consejo de Pueblos Kichés por la Defensa de la Vida, Madre Naturaleza, Tierra y Territorio. Cuando hablamos de territorio hablamos contra el intervencionismo de Estados Unidos, pero cuando hablamos de vida hablamos de nuestra vida y nuestro cuerpo como primer territorio de defensa porque ahí la violencia está, entonces hay que defenderlo. Cuando hay ataque tiene que haber defensa y recuperación, resignificación y volver otra vez a reconstituir ese cuerpo violentado.

-La sanación.

-Exacto. Los primeros casos que me acuerdo que el Consejo acuerpó era como un golpe. Incluso el Consejo casi no lo acepta porque logramos decir lo que estaba pasando adentro, lo que muchas organizaciones ocultan. No sé si has oído de históricas organizaciones que por mantener referentes de liderazgo, por mantener compacta la organización y que no se divida, no se denuncian los abusos. Dicen que una denuncia divide a la organización pero  es mentira. Nuestro planteamiento es esperanzador porque el código es que mientras más denunciamos, hay menos violencia y más fuerza comunitaria.

-Más una comunidad amorosa, una comunidad con unas relaciones de igualdad, donde no hay una persona que tiene poder sobre otra.

-Claro, y que tú silencias. Cómo vas a estar luchando bien contra un enemigo empresario si tu propia pareja, tu propio hermano, tu propia compañero, te está pegando. Estás teniendo dos perfiles, dos personalidades, una contradicción. Eso pasa mucho entre nosotras. Siempre estamos  diciendo, porque si no es el papá, es el hermano, o si no es el hermano es el vecino, o si no es el vecino es el maestro, es el párroco.

-En las organizaciones de izquierda también sucede.

-Sí, no nos libramos. En el CPK denunciamos a párrocos. Me acuerdo que la iglesia estaba queriendo vincularse con el CPK en contra de las mineras, pero cuando hablamos en contra de las violencias sexuales de los párrocos torturadores se hicieron para atrás, dijeron que no, que no podían porque estábamos tocando a uno de ellos. Nosotras les decíamos que la institucionalidad estaba sosteniendo a perpetuadores porque lo van a seguir haciendo. En la Iglesia si mantienen eso son perpetuadores porque lo sacan y sigue, viene otro y sigue. Nosotras conocemos perpetuadores, por ejemplo, los militares son perpetuadores porque mantienen su violencia.

-Y continúa eternamente.

-Nosotras acompañamos uno de los casos que acuerpamos que fue un joven que lo violaron sexualmente dos párrocos, entonces se nos vinieron las parroquias encima, las estructuras de la organización parroquial, en contra del CPK, y el CPK tiene asamblearios y asamblearias que están vinculadas a una iglesia. O sea, se nos vino el mundo encima. Pero, el CPK dignamente se mantuvo, porque nosotras somos muy autónomos y autónomas, el CPK es autónomo, nosotras no recibimos sueldos, ni nada que nos mantenga, sino que es un servicio comunitario autónomo y voluntario.

Cuando fuimos contra maestros que habían violado a una niña, incluso estábamos analizando una estructura de trata, llegó al juicio y  hubo sentencias. Los jueces odiaron al CPK porque la forma es importante, no es solo decir que nos solidarizamos, lo que pidió la sobreviviente fue que necesitaba que vayamos con ella, que iba a denunciar pero no quería estar sola, que tenía mucho miedo que por denunciar la fueran a matar, que estaba viva y quería seguir viviendo.

El Consejo lo que hizo fue analizar todo, mapeamos a los violadores, acompañamos. Interpusimos la demanda y usamos los dos sistemas, el  jurídico maya y el sistema estatal, que funcione bien, que tiene que estar a favor de las sobrevivientes, o sea, los sistemas tienen que funcionar. Entonces, en los juzgados que hay corrupción, tráfico de influencias, lo que hace el CPK es presionar con  las asambleas, y con los debates que luego llevamos a las audiencias, dio mucha fuerza a este caso y otros casos que se llevaron así.

En la Asamblea se ha dicho que se denuncie si hay dentro del Consejo violadores sexuales o que hacen violencia en las casas, en las comunidades y en las camas. Una de las autoridades grandes es la Asamblea, una vez que se denuncia se vincula con otras instancias que hay, por ejemplo las guías espirituales, las comadronas, que son nuestras autoridades, los alcaldes o alcaldesas comunitarias, para darle seguimiento. Entonces, a este violador depende el caso, se pone la sentencia, que es la reparación del daño, el reconocimiento del caso.

-¿Castigo, qué tipo de castigos?

-Sí, hay justicia comunitaria, que depende en cada caso qué se emplea. Existe el chikay, que son unas varitas que se aplican como castigo físico, pero también existe el trabajo comunitario y todo un seguimiento que se hace en el sistema jurídico maya. En el caso maya Kiché es más avanzado porque también hay alcaldesas mujeres, o sea, hay autoridades mujeres mayas Kichés.

-Es el castigo que elige la comunidad para dar según con cada caso.

-Según con cada caso. Ahora, lo que nosotras estábamos viendo como feministas comunitarias es que los patriarcados están, y todo está permeado por el patriarcado. O sea, no es patriarcal machista el violador, es el sistema también, porque si sólo lo dejamos en manos del sistema jurídico maya o del sistema de justicia occidental, y nosotras no estamos verificando el planteamiento de la resolución del caso, la sentencia o el juicio que se lleva, obviamente cae en manos patriarcales. Eso es lo que ya nosotras vemos como feministas comunitarias, nosotras no podemos confiar en sistemas que han sido permeados históricamente por las cuestiones de desigualdad, por las múltiples opresiones, y aquí el caso es por el patriarcado, o sea, jueces patriarcales y alcaldes indígenas patriarcales.

Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

-Después de las denuncias las revictimizaciones de las compañeras. Los medios de comunicación que tampoco las respetan y las humillan.

-Ahí es donde encontramos el Ukush, como le decimos nosotras, la esencia de los feminismos. No es igual que seas integrante de un Consejo que defiende el territorio solo como maya kiché si no tienes esa fuerza inspiradora feminista comunitaria, y para ser feminista comunitaria nosotras vivimos los caminos de análisis de las múltiples opresiones de los patriarcados, de las historias de nuestras abuelas, de lo que se está viviendo en el contexto. Por ejemplo, los machismos tienen su forma contextual de expresión, hay cuestiones, por ejemplo, las torturas que se dan ahorita en nuestras casas tiene mucho que ver con lo que se pasó en la guerra. Los códigos de tortura que llegaron con los kaibiles (fuerzas represoras de la guerra) sanguinarios los usaron, esos códigos que fueron muy conocidos a nivel social, que no se trabajó la forma en cómo tenía que darse esa noticia o esa información, eso se quedó dentro de las casas, y ahora las torturas de los micromachismos está en la práctica en las casas. A eso le estamos poniendo una atención muy fuerte.

Luego, también hacemos varias expresiones de análisis de lo que nos está pasando. Un análisis contextual historizado, pero también en la generaciones que vienen porque  la internet y las redes traen otro tipo de una violencia machista que está surgiendo fuertemente.

-Para las adolescentes, las jóvenes, que las sufren a través de esas redes sociales.

-Sí. Nosotras en el Consejo acuerpamos, y también los compañeros, a las hermanas lesbianas kichés,  pero todavía está muy silenciado en el territorio. El Consejo está abarcando bastante, es muy pequeño, como para dar respuesta a toda una sociedad vinculante al odio contra las disidencias sexuales. Es un odio perverso. Me acuerdo que llegó una niña lesbiana que  le echaron chile en sus partes genitales. Otro caso en que llegaron a torturarla con un pastor que le pegó a la niña, porque supuestamente estaba endemoniada. Otro caso donde un párroco llegó a hacer exorcismo y en otra ocasión llevaron a la niña a la psicóloga porque decían que “estaba enferma”. Todas esas expresiones son las que vivimos a diario en los territorios.

-Volvemos al Feminismo Comunitario. ¿El feminismo con ideología eurocéntrica, occidental,  sería aquel más intelectual, más aprendido en los textos o en las discusiones académicas, y el feminismo comunitario sería un feminismo que se construye en la práctica, en el  trabajo comunitario?

-Sí, de la práctica y el contenido. Del contenido constante de esa vivencia, de esas desigualdades, de esas violencias o de esas injusticias que sufrimos. Tampoco entendido como una división, sino más bien como modos y como espacios de donde estás, en el tiempo, el espacio y el movimiento, generando esos feminismos.

Tiene mucho que ver el estar y el ser, donde estás y donde sos. Cuando nosotras hablamos de donde estamos y donde somos estamos ahí luchando contra las empresas, los militares, los violadores sexuales, el empobrecimiento, las desigualdades, el no tener educación, vivienda, trabajo digno. Todo eso como se está viviendo y como surgen los feminismos en medio de todas estas exclusiones, todos estos cuerpos marginados por el capitalismo neoliberal, por el propio patriarcado como sistema y contra lo que nosotras luchamos profundamente que es el racismo.

Lo que estamos viviendo no lo vivimos en un plano de víctima, ni de consolarnos, ni de aceptar, sino de decir analizamos esto, esta es la situación: violaciones sexuales permanentes y violencia, femicidios. Ante todo eso vemos cómo nos vamos a acuerpar, qué vamos a hacer juntas. Entonces, cuando nos juntamos viene una esperanza profunda de vida. Es cuando sanamos juntas, cuando convivimos juntas, cuando dialogamos, en esos diálogos de saber que nos devuelven la historia, la memoria, el vientre y la sangre de nuestras ancestras, nosotras decimos que somos fuertes.

Si hemos resistido a estas violencias, si hemos mantenido nuestro legado histórico cosmoser de los cosmoscimientos, decimos que estamos vivas. Porque nosotras con nuestra cultura, nuestra identidad, decimos que sí hemos logrado estar vivas y sanas juntas, a pesar del genocidio, las torturas, desapariciones forzosas, violaciones sexuales sistemáticas, intervencionismo de las potencias mundiales, todo lo asqueroso de estas expresiones macromachistas planteadas, y también micromachistas instituidas. Desde ese estar juntas analizamos y vemos la importancia del clìtoris.

-En el Encuentro dijiste en tu alocución, que habíais planteado en el Consejo,  en la Comunidad que el centro era el clítoris. ¿Cómo es eso?

-Muchas de nosotras no conocíamos el clítoris, ni su función. Hay feministas que se creen intelectuales y dicen que nosotras somos las testimoniantes, y ellas son las lúcidas. Y nos da tanta risa porque nosotras somos las que estamos generando la teoría abajo y somos las que estamos viviendo todo, luego lo teorizan y le ponen bonitos nombres.

Cuando planteamos lo del conocimiento del clítoris como un proceso político estratégico, no sólo para nosotras sino para todos los pueblos, para las comunidades, es porque así lo vivimos. Empezamos a entender que el conocimiento del clítoris, que se escucha tan sencillo, es una expresión liberadora y que te genera una propuesta emancipatoria y cómo luchar contra la esclavitud desde tu propio ser.

Porque el problema que ha pasado en los pueblos es que te meten al opresor dentro, que estuvo durante 36 años o más, ya está en tu ser, en la memoria celular. Asi, aunque estés sola no quieres ver tu cuerpo, las partes genitales, la vulva, el clítoris, no las conoces porque es como el demonio en sí, te lo han endemoniado tanto, como tabús. El opresor está adentro permanentemente, te dice lo que tienes que hacer y lo que no tienes que ser como una ley social, pero una ley interna en tu propio territorio-cuerpo, entonces, tú te culpas cuando conoces algo.

Por ejemplo, si quieres verte los senos o tacártelos, y no que el otro te esté tocando como una expresión de violencia sexual o de expresión sexual que tus senos puedan excitar al otro, no lo puedes hacer porque es un privilegio para el otro y no para ti. Yo no me podía tocar los senos, solo para dar de mamar, pero no así para tocarme el cuerpo y conocer mi cuerpo. Eso no, conocer tu cuerpo no. Por ejemplo, el clítoris no, ni te lo mencionan, ni en las escuelas, mucho si llegábamos a la vulva o el culo que le decíamos a todo.

Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

Con Norita Cortiñas en la Plaza de Mayo. Guatemala. Hablamos de feminismos con Lolita Chávez Ixcaquic, feminista comunitaria

-Otro tema que habéis estudiado es la “cuarta jornada” de trabajo en las camas.

Luego, que nos empezamos a formar, a encontrarnos entre nosotras, a hablar de nuestras necesidades, de las jornadas de trabajo, de la recarga de trabajo sobre nuestro ser, de la primera, segunda y tercer jornada y cuando llegábamos a nuestra casa querer descansar el hombre machista violento, siempre sin preguntarte, sin consentimiento, esperaba con su pene preparado para únicamente tener relaciones sexuales. Empezamos a hablar de la “cuarta jornada”, que no queríamos hacerla, porque no nos da la gana. Esto ya lo hablamos no solo en Kiché sino en otros departamentos, en Huehuetenango. Entre todas nos empezamos a organizar marcos, a vincular, en Chimaltenango, otras compas de Palín. Y así, empezamos a marcar la “cuarta jornada”.

-Otro aspecto que habéis trabajado es el rol en la militancia donde sigue el mandato del trabajo doméstico, no el político.

Sí, cuando íbamos a defender los territorios y estábamos contra las empresas extractivas, nosotras veíamos que nuestro cuerpo se quería poner en un plano comunitario, que está todavía, es un camino que no ha terminado.  Empezamos a ver que nuestro trabajo de los roles que hacíamos en las casas querían plantearse a roles comunales. O sea, soy electa como autoridad pero para ir a la cocina a hacer las grandes ollas de los movimientos sociales que teníamos que comer. Entonces, era salir de la casita para caer en la casota, no íbamos a hacer eso, no queremos, no nos da la gana, nos vamos a liberar de los yanquis de mierda pero estos mismos nos van a joder metiéndonos trabajo y a cocinar.

Lo que sí valoro mucho es que le hemos dedicado tiempo, espacio y movimiento a estos temas en nuestros propios encuentros, asambleas, análisis, para después debatirlos al colectivo comunitario. Porque nosotras sí creemos en lo comunitario.

Pensamos que es muy importante que estas expresiones emancipatorias no sean sólo responsabilidad de las feministas, ni sólo de las mujeres, sino de pueblos, comunidades, territorios, barrios, aldeas. Que sea social porque sino vas y chocas con tu propio compañero, referente organizativo, alcalde de la comunidad. En cambio, si se teje, aunque cueste, es acuerpado en comunidad.

Nosotras sabemos que es ser comunidad porque hemos vivido en territorios donde ha habido comunidad, aunque a veces ya es un poco urbano, la sigue habiendo y estamos muy cerca de la Tierra. Entonces, tiene mucho que ver la Tierra, las ancestras, todo es como esa generación energética y vinculante histórica e intergeneracional. Eso es lo que nos ha dado mucha vida porque ya cuando ves que no vas tú a denunciar, tu hermana o una compañera que se indignó, cuando vamos con la denuncia acuerpadas en comunidad, dices está es la fuerza.

-Las luchadoras comunitarias sois referentas para las luchas por la tierra contra el extractivismo en Abya Yala, pero también en el mundo.  

Nos da inspiración saber que no estamos solas, y escuchamos campañas de afuera, que no todo lo tenemos que generar nosotras, hay otras hermanitas o hermanes que están ahí. Si acuerpamos a las otras aprendemos.

Me acuerdo que lanzamos una campaña “No vamos a parir más hijos para la guerra”, nos dijeron que venía de Venezuela, Brasil, Cánada, Alemania. Después de la guerra en Guatemala otra vez los militares quisieron volver a la remilitarización, de hecho en Guatemala hasta ahora, hay  servicio militar para la juventud. Llegaban a las escuelas a decir quiénes se querían inscribir, que  no iba a ser como antes para la guerra sino para la defensa. Les fueron a ilusionar a la juventud. Además, como el capitalismo ya llevaba la fuerza capitalista, el gobierno de Guatemala ofrece a través de los servicios de autodefensa civil remunerar el trabajo de la juventud. Me acuerdo que mi hijo llegó y me dijo “mami, otra vez”, él sabe, lo hemos visto en la guerra, “va a venir la guerra, llegó un teniente y dice que otra vez si queremos podemos ir a formarnos reservas militares y nos van a pagar”. O sea, quiénes nos van a atacar: nuestros propios hijos, hermanos, los papás.

-Patrullas de autodefensa civil otra vez.

-Sí, quienes nos violaban sexualmente ahí, los propios familiares, vecinos. No más. Ya estábamos nosotras en el CPK con la “cuarta jornada”, dijimos no. Fuimos y les dijimos a los compas, ahora hablamos nosotras, en nuestra propia voz, en primera persona, porque estos salen de aquí, de nuestros vientres. Empezamos con todo el análisis de cómo era la gestación, el embarazo, nueve meses aquí, nosotras sostenemos estos cuerpos, ya no queremos sostener cuerpos, dejamos esa situación, no queremos más embarazos para la guerra. Entonces, nos fuimos a Guatemala capital y dijimos que no íbamos a parir más hijos para la guerra, quién nos dio esa idea, andá a saber de dónde viene, pero está bonita. Así que conseguimos parar esa promoción militar en las escuelas.

– Volviendo a este 34 Encuentro Plurinacional, donde ha costado tanto que se nombre Plurinacional y disidencias sexuales, compartimos contigo una gran asamblea feminista extraordinaria, que nos unió a todas y todes, ahí durante una jornada. Pero también, en el final del evento no os querían dejar hablar en el escenario y llegaron a maltrataros y agrediros por ser originarias y trans, y casi no os dejan hablar. Qué balance haces de todo lo que ha sido la vivencia de este Encuentro, donde cuesta tanto en Argentina que se entienda y que se incorpore como iguales a las mujeres indígenas, disidencias y a las negras, porque también está la mujer racializada.

-Creo que es un camino en donde ya no nos pueden invisibilizar, eso les va a costar un montón, porque las invisibilizaciones se vienen dando a través de los Encuentros y siempre hemos estado, no en título personal, porque nosotras hablamos más en colectivo. Fue muy bonito reconstruir la historia de los Encuentros, porque siempre han estado las expresiones de los Pueblos Originarios en Argentina, aunque no lo quieran reconocer. A mí me gusta mucho vamos a los territorios, que no es lo mismo que escuchar, a veces una lo interpreta de acuerdo a su concepto que tiene. Me  decían las villas y pensé que eran los barrios, cuando ya fui a las villas y vi realmente cómo viven las feministas villeras fue impactante, o cuando fui al territorio mapuche.

Entonces, esto creo que nos está dando fuerzas de luces inspiradoras de entretejidos, porque nosotras tejemos entre los pueblos, tejemos prácticas, esfuerzos, formación, arte, muchas expresiones. Así nos encontramos los varios feminismos que estamos desde abajo tejiendo y que no se estaba viendo. Obviamente, cuando esto viene desde abajo y surge, como estaba en el Encuentro, no les gusta a alguna gente que está vinculada con el Estado argentino, con ONGs, con la cuestión institucional académica más excluyente, no le conviene a los privilegios, porque ahí sale todo. Sale la información de lo que estamos proponiendo, del camino que queremos las más excluidas.

Pero también sacamos lo que nos está pasando en las casas donde trabajamos, esto es, las agendas. Nosotras traemos la defensa territorial contra las empresas mineras, hidroeléctricas, petroleras, contra Estados Unidos, venimos con todo. Vienen las villeras con que no hay salud, vivienda digna. Las disidencias sexuales con sus agendas que mueren de 35 años, a veces llegan a 40, estos son como insultos. También salen las propuestas. Nosotras hacemos ollas de alimentos, nosotras hacemos sanación, acuerpamiento, y así.

-Fuimos a talleres, a encuentros de formación. Por ejemplo, cuando fui al de las kurdas escuchaba su cosmovisión y se parecía mucho a mi cosmovisión maya, que la vida es plural y vinculada a la tierra. Y decíamos que lindo. Entonces, lo que estamos entretejiendo es muy esperanzador que no se queda ni en la intelectualidad, ni en las oficinas, ni en los individualismos, ni en los privilegios, ni en las computadoras, ni en los internet, va a los territorios, genera cambios y acuerpamientos y luchas y formas de lo que queremos.

Estamos planteando desde nosotras como queremos vivir. Dignificarnos y levantar nuestra voz es una esperanza de vida si todo nos lo quieren arrebatar, hasta nuestras propias vidas, lucrando con todo hasta con nuestra cultura maya.

-Asi que, hay esperanza mientras sigamos reuniéndonos.

-Mucha, y la estamos viendo, porque muchas hemos encontrado sanación, acuerpamiento, inspiración, formas de cómo se hace. Ahora que estuve con el Pueblo Mapuche ví cómo reivindican su espiritualidad, las palabras que usan, la fuerza que se dan. Cuando dicen Marichiweu! o iaiaiaia!, esa forma de cómo levantar los espíritus de las montañas, o cuando nosotras hacemos ceremonias mayas cómo les damos fuerza. No necesitamos del Estado que esté controlándonos, algunos partidos políticos son un enemigo principal de esto, porque ves una expresión que quiere ser única y que es la perfecta, la que tiene que mantener el control de la coordinación de un Encuentro. Ya no lo pueden silenciar, sí pueden generar división, pero es difícil porque nos estamos encontrando entre todas, todes. Puede usar otras estrategias, la violencia, la estigmatización, la descalificación, la desligitimización, el engaño, muchas formas, que tenemos también que estar preparadas para eso, es lo que viene, ya cuando empiezan a hablar de nosotras ya nos están viendo, que existimos, que hemos existido siempre.

-El feminismo comunitario quiere cambiar todas las reglas del sistema,  ¿quiere cambiar todo?

-Sí, no vamos a perder nada. Imagínate con lo que venimos, en mi caso, con seis intentos de asesinato, criminalizada, torturada psicológicamente, todo lo que nos han hecho, lo que estamos tejiendo para mí es amor, alegría, y el arte, que me impresionó cómo estaba presente, hubo hip hop, poesía, canto, grafitis, teatro, danzas.

Es muy esperanzador. Para mí es un entretejido territorial desde Abya Yala que puede vincularse a Kurdistán, Europa, Asia o África. Estamos rompiendo con las fronteras porque le estamos dando una respuesta a lo que viene, todo el ataque a las comunidades y los pueblos, el odio hacia la migrante, y nosotras nos estamos encontrando no sólo como feministas, sino como migrantes.

Todas las expresiones plurales más invisibilizadas de la historia estamos no dentro del feminismo comunitario solo, sino de las feministas del Abya Yala. Es muy esperanzador, para mi es soñado, es un camino largo, que hay que tejerlo fino, pero ya es un camino. No podemos decir a dónde vamos, pero sí podemos decir que vamos caminando.

 

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