Legalizar la prostitución para complacer al putero

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Por Admin febrero 28, 2016 11:58
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Por Ana Cuervo Pollán
 
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Desde siempre la prostitución ha sido un asunto polémico. Recientemente, el debate se ha reavivado desde que Ciudadanos (el partido naranja neoliberal, homófobo y xenófobo que se niega a condenar el franquismo y la violencia machista, ese) se posicionó a favor de regularizar la prostitución.
Por un lado, está el sector regulacionista, compuesto, en el mejor de los casos por personas de buena voluntad que piensan que legalizando la prostitución, las prostitutas gozarán de más derechos laborales. Lamentablemente, esto es refutable. En países como Alemania y Holanda está legalizada; las prostitutas siguen siendo controladas por las mafias y sus derechos siguen siendo sistemáticamente cercenados, sus jornadas agotadoras; las autoridades, como siempre, miran hacia otro lado.
Y, en el peor y más numeroso de los casos, por los proxenetas que ven cómo de la noche a la mañana su actividad delictiva se convierte en un negocio legal y reconocido socialmente.
También los puteros estarían muy orgullosos de que su derecho a disponer del cuerpo de las mujeres para su propio placer fuera un derecho reconocido, legalizado y, por tanto, normalizado.
Por otro lado, está el feminismo abolicionista. Desde esta postura, consideramos que la prostitución es una forma de violencia machista. Lo creemos así porque esta actividad supone poner el cuerpo de las mujeres al servicio de la voluntad de los hombres que se creen con derecho a que haya siempre una mujer dispuesta a satisfacer sus necesidades sexuales sin rechistar. A las abolicionistas, se nos ha vituperado hasta límites extremos: nos consideran guardianas de una sexualidad tradicional que estigmatiza a las mujeres que disfrutan libremente de su cuerpo. Esto es falso y fácilmente desmontable. El feminismo abolicionista, precisamente, pone en cuestión una sexualidad heteronormativa y coitocéntrica que concibe que las mujeres están por y para satisfacer sexualmente al hombre. En contra de esto, defiende relaciones sexuales igualitarias, libres, consensuadas, recíprocas y placenteras (o sea, todo lo que no cabe en la cabeza de un putero). Defendemos que las mujeres seamos dueñas de nuestros propios cuerpos y disfrutemos de ellos como, cuando y con quien deseemos hacerlo. O solas. Por tanto, no cabe en ninguna cabeza racional pintar a las abolicionistas como defensoras de una sexualidad restringida, puritana o normativa. Más bien ocurre lo contrario. Es la prostitución quien silencia, enmudece, utiliza y subordina a las mujeres, a sus deseos, fantasías, gustos y necesidades sexuales para servir al putero y a sus deseos. Las prostitutas lo afirman: “los puteros vienen a hacer con nosotras lo que sus mujeres no soportan”. También se nos acusa a las abolicionistas de no escuchar a las prostitutas, de enmudecerlas, de infantilizarlas. Sin embargo, sacamos conclusiones de sus propios testimonios, de los datos que la realidad arroja. La mayoría de ellas son víctimas de trata, aproximadamente el 90%, y además viven situaciones de vulnerabilidad (miseria, amenazas). Y esto no lo decimos solo las que pedimos la erradicación de la prostitución: lo dicen ellas. Es sororidad y no paternalismo lo que practica el abolicionismo; es reconocerlas como iguales, y como iguales que son, clamamos por su libertad. Y luchamos conscientes de que somos compañeras de la misma lucha; la lucha contra la opresión del patriarcado.
Lucho y lucharé por la abolición de la prostitución. El patriarcado y el capitalismo reproducen esta brutal forma de violencia contra las mujeres; el primero conceptualiza a las mujeres como un objeto hecho por y para la satisfacción del hombre. El capitalismo dice que todo objeto (y persona) es susceptible de ser comprado y explotado a fin de obtener beneficio. Porque soy feminista, quiero que las mujeres disfruten de su sexualidad libre, recíproca, sin coacción; que nadie las compre ni las venda para dar gusto a un macho. Porque soy anticapitalista creo que no todo se compra ni se vende; que las personas somos fines y no medios a los que sacar un beneficio, instrumentos con los que hacer caja. Por esto digo que sexo y placer son exactamente lo opuesto a la realidad de la prostitución. Pido la persecución del cliente (por maltratador) y de las mafias (por traficar con mujeres) y una vida plácida y libre para todas las mujeres, para todas las prostitutas, las que considero, merecen no ser coaccionadas por ninguna situación indeseable. El problema no son las prostitutas, son los puteros.
 
 
 
 
 
Fuente: http://www.pikaramagazine.com

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