La rebelión de Las Doras

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Por Admin julio 1, 2015 09:33

La rebelión de Las Doras – Aborto

 “Dora te escucha” se llama el servicio telefónico de las Socorristas en Red de Paraná. En 2014 acompañaron a 36 mujeres en sus abortos y dieron apoyo a otras seis que, por eventualidad o decisión, finalmente no usaron el misoprostol. Su mayor apuesta es que las mujeres puedan ejercer la ciudadanía de sus propios cuerpos.

La rebelión de Las Doras

La rebelión de Las Doras


Por Silvina Mernes

“Estar acá y dar la cara es una decisión política”. Las palabras de María Elena Ale resuenan en el salón “Ofelia Zaragozzi” de la Facultad de Trabajo Social. Está sentada tras una mesa junto a otras cuatro mujeres. Detrás de ellas, al fondo del salón, un enorme cartel rosa fuerte desafía: “Socorristas en Red. Abortando al patriarcado”. En una gran pantalla hace minutos proyectaron imágenes vinculadas a los acompañamientos que realizan las activistas feministas del país y, después, un video musical alusivo (ver abajo).
Dar la cara. Estar acá. Poner el cuerpo. “Nosotras somos las Socorristas en Red, enlace Paraná”.
“Colo” Gómez,  Gime Bacci, Naty Fornero, Vicky Vietti, María Elena. Cinco mujeres que asesoran y acompañan a quienes deciden interrumpir su embarazo. Las apoyan, las contienen, velan por ellas. Lo hacen gratuita y desinteresadamente. Las mueve -y conmueve- la solidaridad entre mujeres, la confianza y el reconocimiento recíproco. Hay una sexta integrante, anónima y ausente en esta presentación.
Decidieron denominar al servicio “Dora te escucha” en honor a Dora Coledesky una abogada feminista que “hasta el día de su muerte luchó por los derechos de las mujeres, entre ellos el derecho personalísimo de la ciudadanía de los cuerpos”. Cada enlace de las Socorristas en Red se da un nombre propio. El de la zona oeste del conurbano bonaerense, por ejemplo, se llama “Rosa te escucha”; el de Neuquén, “Socorro Rosa”. Hay varios otros en el país que también se llaman así.
Paraná aborta
Las Doras afirman que en la capital entrerriana también se aborta. Y cuentan que ellas acompañaron, entre abril y diciembre de 2014, a 36 mujeres que decidieron abortar con misoprostol, el fármaco recomendado por la Organización Mundial de la Salud para interrumpir embarazos de forma segura y no invasiva.
En la pantalla gigante muestran gráficas de estadísticas elaboradas con datos que ellas mismas recogieron, que ellas mismas procesaron. Recibieron 53 llamadas de consultas y 42 derivaron en entrevistas cara a cara con las mujeres que pidieron ayuda. Seis de ellas no continuaron con el socorro porque, o bien tuvieron abortos espontáneos (dice María Elena, en chiste, que la interrupción se produjo “por imposición de manos”), o bien decidieron continuar con la gestación. Las otras 36 sí abortaron y lo hicieron en forma exitosa, segura y en sororidad,  en compañía de otras mujeres.
Las entrevistas cara a cara, cuentan las Doras, se realizan en espacios públicos, generalmente una plaza o algún bar. Sostienen que de ese modo están “desdramatizando, desclandestinizando la práctica y también despenalizándola socialmente”.
Estas formas de actuar son –afirman– estrategias de poderío mujeril. “Consideramos necesario organizarnos entre las mujeres, hacer una especie de rebelión ante leyes que nos dicen qué cosas no debemos hacer, que nos impiden la ciudadanía de nuestros cuerpos y en realidad es una gran hipocresía, porque las mujeres seguimos haciéndonos abortos a pesar de las leyes”.
La primera vez
Cuentan que el primer acompañamiento lo hicieron el 27 de abril de 2014. Esa primera socorrida finalmente decidió continuar con el embarazo. El aborto –dicen las Doras– muchas veces no es la última opción, sino la primera.
Esa mujer es integrante del servicio penitenciario y, aunque ella finalmente no optó por el misoprostol, pasó el dato a sus compañeras de trabajo. Muchas las llamaron. Dicen entonces las Doras que socorrieron “a casi todo el servicio penitenciario”. Exageran y se ríen. “Si nos llevan presas vamos a pedir que nos pongan en la cárcel de Paraná”, señalan y se ríen otra vez. Ríen mucho las socorristas paranaenses. Ríen como quien tiene pleno convencimiento de su accionar. “Estamos muy felices de poder llevar adelante este tipo de feminismo, que una mujer pueda estar acompañada por otras mujeres de esta manera singular”.
Derribar mitos
Las Doras aseguran que en su andar van demoliendo mitos, como ese que dice que el aborto es, debe ser, la última opción de la mujer.
En ese camino de desandar preconceptos detectaron también que de las 36 mujeres que abortaron sólo el 3% corresponde a adolescentes. El 89% tiene entre 18 y 36 años de edad; y el 8% son mayores a 36 años. Además, sólo una mujer mencionó razones económicas para abortar; el 88%, en tanto, señaló como principal motivación a su proyecto de vida. Otro dato recogido por las socorristas es que el 66% tiene hijos. Es decir que la mayoría de las mujeres que buscan abortar son adultas con una vida hecha y proyectos que no están relacionados con la maternidad o con tener más hijos.
Casi el 60% es creyente. El 80% son mujeres de Paraná, el 14 % de otras localidades entrerrianas, una mujer es de otra provincia y otra se encontraba afuera del país.
El 57% de las mujeres ha realizado algún nivel de estudios secundarios y el 31% ha asistido a la universidad.
El 43% no trabaja, solo el 37% trabaja de manera formal y de ellas, sólo cinco reciben ingresos superiores al salario mínimo vital y móvil.
Las Doras detectaron otro dato curioso: que el 83% de las mujeres usaba un método anticonceptivo al momento de quedar embarazada.
A dos de las 36 socorridas se le detectaron problemas tras solicitar una ecografía, por eso el proceso tuvo resolución en el sistema sanitario.
Y el 94% accedió a un control post aborto y a la consejería con elección de un mejor método anticonceptivo.
Lo singular
Dos casos llamativos recibieron las socorristas de Paraná. Dos mujeres que contaban con la posibilidad de acceder al aborto legal en el hospital, pero decidieron no hacer uso de ese derecho e interrumpir sus embarazos con las socorristas.
A un tercer caso, que califican como “muy particular”, lo cuentan como anécdota. Era una mujer china que estaba viviendo en Argentina. Hablaba poco y nada el castellano, sólo unas pocas frases pronunciaba en nuestro idioma, entre ellas “no entiendo”, “sacar bebé” y “ahora”. La mujer quería ya mismo el aborto, aunque las Doras le explicaron que era conveniente esperar una semana más. A la entrevista la mujer llegó acompañada de su pareja y su hermana, ambos de nacionalidad china. Por el lado de las socorristas concurrieron dos Doras y una activista. Se produjo entonces una especie de plenario en la plaza, justo frente a la catedral, e incluyó una explicación con mímicas muy explícitas sobre el uso del misoprostol. La mujer incluso llegó a pensar en volverse a su país, donde el aborto es legal y el control de la natalidad es estricto, cuentan las socorristas. Pero no. “La china finalmente abortó”. Lo hizo en Paraná, junto a las Doras.
También recuerdan a una mujer que había intentado con varios métodos, incluso probó con sal inglesa, porque a su abuela le había funcionado. Ya se había resignado a continuar con el embarazo cuando vio a las socorristas denunciadas en un canal local. Se comunicó con las Doras y les dijo: “¡Son mi salvación, son mi ángel!”. Tenía una gestación avanzada, pero con el acompañamiento de las socorristas pudo abortar. “Este es uno de los acompañamientos que nos marcan como feministas”, dicen las Doras.
Visibilizar
Dar la cara. Poner el cuerpo. Nombrar. Acciones tendientes a visibilizar y correr el manto de prohibición, ilegalidad, sordidez, oscuridad y clandestinidad que lleva consigo la palabra aborto. La palabra mucho más que la práctica, a la luz de la cantidad de interrupciones voluntarias del embarazo que se realizan por año en el país: 500 mil.
Pero la palabra sigue incomodando a muchos. Tanto así que ninguno de los cinco proyectos de ley presentados por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, llegó a ser debatido en el Congreso. Tanto así que médicos que en la práctica privada realizan abortos, en el hospital público declaran la objeción de conciencia. Tanto así que para la mayoría de los medios hay dos posibilidades de tratar la temática: el silencio o la reprobación.
Para cambiar esto, para superar “la obturación de la palabra”, las Doras dan la cara y ponen el cuerpo. Lo hacen como una “decisión política”. Y también consideran fundamental “hacer circular la información”. Así lo dicen ahora, sentadas frente al público, dando la cara.
“La construcción del saber que nosotros hacemos en este momento, es a la par de la práctica que tenemos con esas mujeres, la construimos de manera colectiva. Cada situación es particular y aprendemos de manera constante. Es otra forma de entender el feminismo, de hacerlo”.
Y rematan: “Ser socorrista es quitarle al patriarcado la exclusividad del saber”.
 Datos
0343 154 724949 es el número para contactarse con el servicio “Dora te escucha” de las Socorristas en Red, enlace Paraná. Debido a que las socorristas realizan esta tarea en forma gratuita, y muchas veces ponen dinero de sus propios bolsillos, una manera de colaborar con ellas es cargar crédito en ese celular.
Al brindar información y consejería pre o post aborto, las Doras se amparan en el derecho internacional, teniendo en cuenta que el comité de los derechos sexuales y reproductivos es un organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA),  del cual Argentina es país signatario y, por lo tanto, está obligado a cumplir con sus tratados.
 
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Más que números
Una mujer de Paraná abortó en diciembre pasado acompañada por las Doras, las socorristas locales. Seis meses después, el anterior artículo de Telaraña le sirvió de disparador para poner en palabras su propia experiencia, para contar cómo es ponerle el cuerpo al aborto.
Más que números

Más que números


Una vida hecha. Mil proyectos. Una pareja. Dos hijos. Un nene. Una nena. Un DIU. Cuatro trabajos. Dos semanas de atraso. Dos rayitas. Un DIU corrido. Una decisión. Un número de teléfono. Una charla con una Dora. Una visita al médico. Una lavada de manos. Otra charla con Dora. Una ecografía. Una imagen que obligan a ver. Siete semanas. Toda la presión social. Un “no quiero”. Un “no queremos”. Mucho llanto. Una decisión tomada. Un encuentro. Una plaza. Una entrevista. Un “te acompañamos” que vale millones. Un instructivo Doce pastillas. Una decisión irrevocable. Una mañana. Cuatro pastillas. Tres horas. Dolor. Mil mensajes. Mucho acompañamiento. Mucho miedo. Cuatro pastillas más. Tres horas. Más dolor. Más mensajes. Cuatro pastillas. Treinta minutos. Un dolor fuerte. Un saco gestacional. Un aborto. Un mensaje que confirma. Un mensaje que tranquiliza. Un mensaje que cuida. Diez días más. Un control. Cuarenta días de sangrado. Un punto final. Un grupo que milita… un grupo que acompaña. Un cuerpo que decide.
* Este relato fue obsequiado a Telaraña por su autora, que prefirió no dar su nombre. El disparador para escribirlo fue el artículo «La rebelión de las Doras«.
 
Fuente: Telaraña digital
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