La Parda, la madre de la Matria

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Por Admin abril 5, 2021 12:45

La Parda, la madre de la Matria

Nada detenía a la parda, ni los azotes que le lonjeaban el lomo

Nació en Buenos Aires en 1766 ó 1767. María Remedios la llamaron al nacer de padres innominados. Cuando la niñez se le apiló y la hizo mujer le empezaron a llamar parda. A alguien se le había ocurrido llamar así a la comunidad (diríamos hoy) cuyos miembros pululaban en las calles de la Gran Aldea. En ellos se mezclaban las sangres de los esclavos africanos, los criollos y los indígenas. Pardos les decían sin importar que algunos tuvieran la tez casi blanca. A esa mezcla de ancestros bravíos que sabían muy bien lo que era pelear por la libertad perteneció María Remedios del Valle.

La historia la recoge y la reconoce en la segunda invasión inglesa. En esas jornadas corajudas se convirtió en auxiliar de los soldados, curando a los heridos, llevando mensajes, agua, municiones.

Se sabe que tenía marido y dos hijos, uno de la carne, otro del corazón.

Cuando se armó el Ejército del Norte, dos meses después del 25 de mayo de 1810, la parda marchó con sus tres hombres rumbo a las tierras lejanas a las que había que independizar. No fue la única, otras mujeres iban con ella a la retaguardia de las tropas a las que ayudaban como podían.

Llegó la hora de las batallas, de los triunfos de Salta y Tucumán en los que Manuel Belgrano alzó su espada de vencedor.

Las mujeres, no

Algunos archivos revelan que María le suplicó a Belgrano que les permitiera un acercamiento más estrecho a los soldados para acompañarlos y consolarlos, pero el general se negó rotundamente; la guerra no era territorio de mujeres cuyos arrumacos podían distraer y/o debilitar a sus hombres.

Pero llegó la derrota de Vilcapugio como trágica préciela de lo que se desataría, el 14 de noviembre de 1813 en el llano de Ayohuma donde el general realista Joaquín de la Pezuela aplastó aa las huestes criollas que tuvieron 400 muertos y 700 heridos. La valiente parda había peleado, con consentimiento o sin él, a la par de los hombres. Pero cuando el desenlace era irreversible, se transformó en enfermera.

María Remedios y sus compañeras no esperaron autorizaciones. La historia las trasladó a los libros y a las ilustraciones escolares como “Las niñas de Ayohuma”.

Seguramente, de los años infantiles, haya quedado una imagen casi romántica de ese episodio. Pero hay que ponerse en situación. Dicen que dicen que no esperaron que cesase el fuego para adentrarse en el campo de batalla. Corrieron allí donde un grito de dolor las guiara a un cuerpo destrozado por un cañonazo, a una cabeza abierta por un sablazo, al muñón de la pierna que ya no estaba, a la hemorragia arterial imparable… ¿qué tendrían entre las manos? Trapos no muy limpios, algo para hacer torniquetes, un cazo de agua que traerían del río… y amor, mucho amor…

Pero a los vencedores no les importó mucho esta acción y las hicieron prisioneras. María se las ingenió para facilitar la huida de algunos oficiales criollos y esto le valió el castigo de ser azotada en público nueve días seguidos, pero pronto logró escaparse con la espalda sangrando.

A la hora del triste balance de la derrota, Belgrano reconoció a las heroicas mujeres y nombró a María Remedios capitana del Ejército.

En ésas u otras batalles la ahora capitana perdió a su marido y a sus dos hijos. La campaña del Ejército del Norte llegaba a su fin, María, sola y entristecida, emprendió el regreso a Buenos Aires.

¡Usted es la capitana!

Nadie ni nada la esperaba; sumida en la pobreza, rayana, en la miseria, María subsistió mendigando en los atrios de los templos; contaba su historia, mostraba las huellas de los feroces latigazos y creían que estaba loca, cuando podía hacerse de un poco de harina y grasa hacía tortas fritas y las vendía…

Hasta que un día el general Juan José Viamonte, a la sazón diputado que pasó ocasionalmente a su lado, la reconoció.

“! Usted es la capitana que nos confortaba en el Ejército del Norte!” Se interesó genuinamente por la suerte de esa joven anciana, harapienta y desesperanzada y gestionó para ella una ayuda. Sería largo y tedioso enumerar las vueltas que dio el expediente (o como fuere que se llamase en ese tiempo el pedido). Hasta que Juan Manuel de Rosas, en su segundo mandado, lo hizo efectivo y aumentó en un 600% el monto originalmente solicitado, 216 pesos, más el ascenso al grado militar inmediato superior. Como agradecimiento, desde entonces María Remedios agregó al suyo el apellido Rosas (sin papeles, por supuesto)

Y nada más se sabe de los últimos años de la parda María. Escuetamente en una lista del 8 de noviembre de 1847, una nota indica que el mayor de caballería Dña. Remedios Rosas falleció» Tenía 81 años.

DATO

Paño de lágrimas

Pensión para la parda, recabaron testimonios de su participación en las campañas militares. Uno de los consultados fue Tomás de Anchorena quien fuera secretario de Belgrano en la campaña del Alto Perú “…no había acción, en que ella pudiera tomar parte que no tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; admiraba al general, a los oficiales, a todos cuantos acompañaban al ejército y en medio de este valor, tenía una virtud a prueba […] Era el paño de lágrimas, de todos aquellos jefes y oficiales y demás individuos a quienes pudiera servir sin el menor interés. Yo los he oído a todos, a voz pública hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar a sus dolencias. De esa clase era esta muger.”

DATO II

Una estatua en La Pampa

Son pocos los lugares que recuerdan a María Remedios a quien llamaron Madre de la Patria (o Matria, adoptando la terminología en la que incursionó Plutarco y utilizó Virginia Woolf).

A mediados de 1930, durante la presidencia de Agustín P. Justo, designaron con su nombre una calle y una escuela de la ciudad de Buenos Aires.

En 2010 las diputadas Cecilia Merchán y Victoria Donde impulsaron un proyecto de ley para construir un monumento en su honor. (No se supo qué ruta siguió la iniciativa).

Más acá en el tiempo, el 10 de diciembre de 2018 se inauguró una estatua en la ciudad de Santa Rosa.

Está emplazada en la escuela 25 “Granaderos de San Martín”; su autora es una exalumna del establecimiento, Carina Carrasco. Así de simple, lejos de burocracias. Se concibió el homenaje y se ejecutó. La parda, la capitana, la Madre de la Patria tiene su estatua en tierra pampeana de la que, seguramente, nunca supo que existía…

La Parda, la madre de la Matria

La Parda, la madre de la Matria – Foto: El Diario de La Pampa.

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