La Marcha de las Mujeres

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Por Admin octubre 20, 2016 08:37

La Marcha de las Mujeres

Este miércoles, a las seis de la tarde, un gran número de mujeres se concentraron en Plaza San Martín, para marchar hacia el centro cívico de esta ciudad, para manifestar el gran descontento y malestar, por el elevado número de femicidios. Se trató de una marcha en el marco del Paro Nacional de Mujeres.
Por Ignacio Sassu
Hace frío y está lloviendo, casi como si el tiempo se pusiera en contra. Con mi amiga nos hemos puesto de acuerdo para encontrarnos e ir juntos. Salimos de mi casa rumbo a la plaza, los dos debajo de un inmenso paraguas. Llegamos a la plaza y ahí vemos que ya es tarde, que ya salieron. Allá, varias cuadras adelante, se ven las banderas, las pancartas y, apagado entre el tránsito, se escucha el tum tum de los bombos.
Apuramos el paso, mientras nos decimos que esta vez, la marcha arrancó a tiempo, que en estos tiempos y en esta ciudad, es casi, como que arrancara demasiado temprano.
Llegamos al final de la columna. En la marcha, lo de siempre en las marchas, encuentros, besos, saludos, charlas, manos que  hacen palmas, cánticos, carteles, slogans, caras serias, caras de yo también he venido.
Aquí y allá, se ve, algún que otro varón en compañía femenina. Y es que esta vez, es diferente. Todo es diferente, esta vez se trata de una huelga, un paro, pero de mujeres, de minas, de hembras que se alzan contra el ancestral pisotón machista. Casi como que ser varón, en esta marcha, es ciertamente raro, pero es, una sensación que dura sólo un momento. Enseguida, las miradas amistosas, las sonrisas, los saludos, nos hacen sentir, como siempre, uno más en una marcha, aunque, esta no ya no sea una marcha más. Esta es, La Marcha de la Huelga de Mujeres, sí, de mujeres, que dicen NO todas juntas, a los femicidios.
Cuando queremos acordar, ya estamos en la explanada del centro cívico, ese lugar donde están los administradores de la vida pública que nos representan a todas las personas que habitamos este lugar. Pero es una manera de decir, de adentro de ese gigantesco edificio no sale nadie, no se ve a nadie. Igual la cosa se hace, se sigue la marcha. Marcha que es protesta, exclamación, grito, quejido, rebelión, aviso, advertencia.Allí, en el medio de aquella explanada, se forma un gran círculo, casi todas mujeres. Mujeres decididas, valientes, de palabra limpia y directa.
14708274_10205877578737645_4035698907399192368_nEl megáfono que amplifica esa protesta, es el medio por el que se leen, declaraciones y manifestaciones de disgusto por la actual situación de lenta masacre femenina y por las condiciones de desventaja en la mayoría de los aspectos de la vida cotidiana, como los puestos de trabajo y los salarios. Y esas voces denuncian, alto y claro, que cada veintiún horas muere violentamente una mujer, que cada una es dueña de su cuerpo, que cada una decide con quién quiere estar, y que reclaman su derecho al aborto.
En fin, es la gran voz femenina, la que se alza a decir, a exigir, el derecho al mismo derecho para todas las personas. Que no se trata solamente de género, que se trata de personas, seres humanos.
El silencio con que se escucha, delata atención a las palabras que se vierten allí. Se aplauden esas palabras, se alzan banderas, se agitan pancartas. Una de las manifestantes, agradece la presencia de los varones que han concurrido junto a ellas, es agradable esa palabra, varones, no hombres, no machos, varones, los que estábamos allí aplaudimos esas palabras.
Pero hay algo que allí en aquel momento, con mi amiga, percibimos y es que, deberían ser decenas de miles las mujeres que tendrían que estar marchando bajo la lluvia, con los pies fríos, en esta primavera que se niega a instalarse definitivamente.
En una ciudad, donde el número de mujeres debe de superar la mitad de la población, solamente hay un escaso y valiente porcentaje. Claro, uno piensa, que los que están en contra de estas marchas, deben decir, “ahí están esos, son los mismos de siempre”, pero, claro, esta vez, se les puede decir, no es el número, es la ocasión. La de hacer un paro de mujeres, la de salir a protestar por los asesinatos, la de protestar en contra de la hipocresía y la banalidad, y de protestar en contra de la indiferencia. A los gritos, cantando, chiflando, sonando los bombos, con banderas y pancartas, aún con frío y lluvia.
Protestar en defensa de la vida y por tantas mujeres ya asesinadas Protestar contra una tan difundida indiferencia general, que no se escandaliza por esas muertes, pero sí por una teta desnuda dando de mamar, en una plaza pública.
 
 
Fotos: Walter Brandimarte

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