La legítima defensa de las mujeres contra sus agresores machistas

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Por Admin diciembre 29, 2016 17:56

La legítima defensa de las mujeres contra sus agresores machistas

Norbert Marot era una bestia machista que durante décadas maltrató a su mujer, violó a sus hijas y abusó de su hijo hasta conducirle al suicidio. Al día siguiente de que el joven se quitara la vida, Jacqueline Sauvage, su madre, acabó con 47 años de infierno matrimonial: cogió un fusil y mató a Marot de tres tiros por la espalda. Condenada a diez años de cárcel y en medio de una fuerte movilización social, el presidente Hollande le concedió en enero un indulto parcial pero los jueces decidieron mantenerla en prisión. Este miércoles decretó la medida de gracia completa. “El presidente de la República considera que el sitio de la señora Sauvage no está ya en la cárcel, sino junto a su familia”, se explicó en un comunicado.
juan-carlos-escudier-150x150Por Juan Carlos Escudier
El caso de Sauvage ha avivado en Francia el debate sobre el llamado “síndrome de la mujer maltratada”, y debería ocurrir lo mismo en España donde la legislación no contempla aplicar la eximente completa de la legítima defensa para este tipo de casos. Tres son los requisitos que establece el artículo 20.4 del Código Penal: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente por parte del defensor. En resumen, si un hombre propina palizas a diario a su pareja y ella decide hacer frente a las agresiones con una pistola o un cuchillo estaría usando un medio desproporcionado y el homicidio no encajaría en la legítima defensa. La regulación está pensada para los hombres, que son los que podrían defenderse en el mismo momento en el que alguien les agrede.
La catedrática de Derecho Penal y Criminología de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Elena Larrauri, ha analizado el fenómeno a través de multitud de sentencias judiciales. Los malos tratos llegan a jugar en contra de la víctima que los sufre, ya que si es el hombre el que mata a la mujer podría ser la prueba de que no quería acabar con su vida de manera premeditada sino el resultado de un exceso en las palizas habituales. Si es la mujer quien mata se estaría ante una venganza por los malos tratos recibidos.
Más aún, a la mujer maltratada podría aplicársele la agravante de alevosía, ya que, siendo físicamente imposible que intente impedir las agresiones cuando éstas se producen, lo normal es que aproveche situaciones en las que el hombre esté durmiendo, desprevenido o borracho. Como bien señala Larrauri, la mujer que mata a su pareja ha de optar entre realizar el hecho con alevosía o seguir padeciendo sus golpes. “No se trata de que elija la forma más grave sino que, en ocasiones, es la única posible”.

Absoluciones de mujeres que han matado a sus agresores ha habido en España aunque lo habitual ha sido recurrir a cauces paralelos. Este mismo año en Granada un jurado dejó en libertad a una mujer tras considerar un informe neuropsicológico que determinó que sufría secuelas cognitivas por los efectos en su cerebro de los golpes que recibió a lo largo de tres años.

En 2010, en Tafalla, otra mujer fue absuelta pese a la petición de 11 años de cárcel de la Fiscalía, después de que el jurado no pudiera determinar fehacientemente si quiso matar con dolo a su marido con el cuchillo con el que lo hirió, si fue un accidente fortuito o si se trató de un homicidio imprudente. En otros casos, se tuvo en cuenta el arrepentimiento espontáneo y el hecho de haber cometido el acto bajo los efectos de la obcecación.
Lo habitual es que en casos evidentes en los que las mujeres han tratado de protegerse a sí mismas o a sus hijos se haya intentado buscar atenuantes y eximentes no en la legítima defensa sino en trastornos psiquiátricos, lo que dibuja a las maltratadas como meras chifladas que han actuado por tener perturbadas sus facultades mentales.
La misma respuesta que el síndrome de la mujer maltratada ha recibido en EEUU, donde el Tribunal Supremo determinó que no se puede exigir para la legítima defensa que ésta se produzca en medio de la contienda, o en Argentina, donde la Sala VI de Casación de Buenos Aires ha aplicado la perspectiva de género a la interpretación de la ley, debería tener eco en España. Los malos tratos no son hechos puntuales a los que se responde sino un proceso constante de terror y humillaciones. Las mujeres han de tener derecho a defenderse y a que el Código Penal lo refleje. Lo contrario equivale a perpetuar la injusticia y la desigualdad.
 
 
Fuente: Sonia Vaccaro
Original: blog.publico.ed

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