Género y libertad de expresión: No vale todo

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Por Admin julio 19, 2020 00:05

Género y libertad de expresión: No vale todo

Editorial de Diario Digital Femenino

«Cristina es el cáncer de esta sociedad». Esa frase fue dicha con soltura por Baby Etchecopar en un programa televisivo que se emite en horario central. Ningún invitado o invitada lo rechazó. La conductora tampoco.

La expresión, cargada de una notable violencia que nos remite a la tristemente célebre “Viva el cáncer” (en ambos casos la destinataria era una mujer), es una de las tantas que se expresan bajo el amparo de la tan ninguneada libertad de expresión.

Género y libertad de expresión: No vale todo

Género y libertad de expresión: No vale todo

En este caso no se trata de defender a CFK. Hay muchos cuestionamientos hacia su gobierno. Pero, desde un sector de la política y del establishment mediático se la ha elegido con blanco de ataque con expresiones que dan cuenta de un machismo y una violencia que se encuentra por fuera de la ley.

Se trata de una violencia simbólica que se reproduce constantemente. Tal como lo tipifica la ley, se trata de un accionar que se da a través de la transmisión y reproducción de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos que sostienen la dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

Más allá de los análisis de cada caso particular de las que hemos sido testigo las mujeres y las identidades disidentes, nuestro objetivo en esta oportunidad es dejar establecido que, si bien la libertad de expresión es un derecho consagrado en nuestro país, lo cierto es que no todo vale y no se puede decir cualquier cosa. Existen límites, deberes y, sobre todo, responsabilidades.

Uno puede emitir opiniones sobre todos los temas que están en la agenda pública, o incluso intentar instalar o visibilizar debates que no están incluidos. Pero lo que no se puede permitir esa la reproducción y naturalización de discursos de odio, y particularmente los que llevan una importante carga de violencia machista.

Discursos anacrónicos

La Defensoría del Público emitió un dictamen sobre las expresiones vertidas por Baby Etchecopar y consideró que “se trata de expresiones que contienen violencia simbólica y mediática en relación con el ejercicio de derechos políticos de las mujeres” y recomendó a la empresa dueña del canal “coordinar una actividad de intercambio y capacitación” que “contribuya a una comunicación audiovisual igualitaria, no discriminatoria” y a otorgar un espacio dentro del programa para “visibilizar y concientizar sobre tratamiento digno e igualitario de las mujeres en general, y, específicamente, de las mujeres que se desempeñan en el ámbito público político”.

A pesar de la intervención, la polémica fue direccionada hacía la titular del organismo, Miriam Lewin. Algunos medios se hicieron eco de las declaraciones que brindó la periodista en un programa radial (emitido en Radio Con Vos), pero fueron de sacadas de contexto para construir una idea de “censura” o “autoritarismo estatal”.

Lewin había revelado que, desde el año 2013, en la Defensoría se tramitaron 24 actuaciones por diferentes manifestaciones de Etchecopar. “¿Son solamente las mujeres el objeto de este discurso estigmatizante que podríamos llamar el discurso del odio? No, también los migrantes, las personas habitantes de barrios populares o de las villas. O sea, es una persona que promueve la discriminación, los estereotipos, emite discursos que son realmente peligrosos”.

A su vez, explicó que desde el organismo apuntan a “que estos discursos ya no sean aceptables socialmente, es decir que sean considerados anacrónicos, pertenecientes a otra época como se dice en buen criollo”. Para ello, opinó, “tenemos que desarrollar audiencias críticas y audiencias activas. Cualquiera que se sienta ofendido por algo que se dice en radio o en televisión puede entrar a la página de la Defensoría, puede levantar el teléfono y llamar y ahí va a tener una respuesta. La respuesta que va a ir siempre en este sentido. No a restringir la libertad de expresión, sino a mejorar la calidad del debate democrático porque no estamos tratando de silenciar a alguien que piensa distinto, a alguien que pertenece a otro partido político sino a evitar este tipo de discursos”.

Cierto feminismo express.

El domingo pasado, María Moreno publicó un artículo en Página 12 donde advierte sobre el surgimiento de “cierto feminismo express” y que consistiría en una utilización del género en el marco de disputas políticas e ideológicas, una apropiación que el movimiento feminista no puede permitir.

Según la autora, este “feminismo express” surge como una “defensa extorsiva ante cualquier conflicto protagonizado por una mujer cuando, si se la escucha bien y se le responde, la cuestión de género se vuelve irrelevante”.

Son dos los ejemplos que nombra: “Cuando Alberto Fernández le respondió a la periodista Silvia Mercado, lo hizo con la firmeza necesaria ya que la pregunta por la angustia no venía del psicoanálisis sino como packaging opositor de la autoayuda que convierte la angustia en algo a liquidar”.

“Días después la periodista Cristina Pérez le preguntaba por la decisión, adelantada como polémica y cuestionable, de expropiar Vicentin. Quien recuerda la escena convendrá en el tono paciente de Alberto Fernández, quien empezó por señalarle como si la tuviera de alumna en pre escolar de TEA, la escuela de periodismo, que el oficio no se trata de lo que uno cree sino que debe demostrarlo. Y la respuesta de Cristina Pérez fue algo así como “`no lo digo yo sino que lo dicen los constitucionalistas’. O sea su argumento se basaba en el que dirán mientras no desarrollara un argumento detallado de su posición, citando fuentes y documentos, cosa que no hizo”.

“Cristina Pérez usufructuó de un feminismo express de corte denuncista, usó estereotipos adjudicados a las mujeres oprimidas como el hablar por detrás y más tarde. Mientras, en el resto del programa, se mostró serena y hasta llegó a chichonear a Alberto recordándole que habían sido ella y su compañero Barili, quienes lo habían entrevistado luego de que fuera nombrado jefe de gabinete de Néstor Kirchner”.

“Claro que quien tendría que haberse ofendido fue Alberto Fernández, cuando Cristina Pérez le preguntó quién era el autor del proyecto de expropiación, si él o Cristina Kirchner”, sostuvo Moreno y mencionó otra pregunta: “si esta es su presidencia o si es el delegado de Cristina Kirchner y su radicalización”, confundiendo una alianza política, hecha de debates y consensos, de estrategias compartidas y diferencias a negociar con el objetivo del bien común, con los avatares de poder en una sociedad conyugal o como si se tratara de una cuestión de bolas (sobre Perón y Evita corrían mitos parecidos). “Y Alberto Fernández contestó haciéndose el zonzo que había sido él, aunque sin dejar de interpretar la pregunta: seguramente su motivo profundo era que se trataba de una medida antipática y por eso, como solía suceder en esos casos, se la adjudicaban a Cristina”, agrega la autora.

En virtud de lo expuesto es necesario que la libertad de expresión sea atravesada por la perspectiva de género y el Estado debe ser el garante para evitar que se sigan reproduciendo discursos de odio que violentan, humillan y/o agreden a las mujeres e identidades disidentes. Está claro que no se trata de silenciar a nadie, sino en remarcar que las y los comunicadores tenemos responsabilidades que no se pueden omitir. Por otro lado, el movimiento feminista, en toda su diversidad, no puede permitir la utilización de su lucha en tironeos partidarios banalizando su historia.

 

 

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