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En Myanmar el 8M se conmemoró en las manifestaciones

 La primera joven víctima mortal se convirtió  en acicate para que las mujeres salgan a la calle

Exigen el retorno de la líder elegida en noviembre por los birmanos

Las mujeres se hallan en primera línea, a pesar del peligro reinante

Por Daniel Héctor Saban*
@oct49

Mya Thwet Thwet Khaing, había cumplido 20 años cuando ingresó a la unidad de cuidados intensivos en un hospital de la capital birmana. Hoy, tenemos 54 víctimas cómo consecuencia de la represión efectuada por las fuerzas de seguridad, a partir del 1 de febrero, en que los hombres con rango superior del ejército denominado cómo Tatmadaw, tomaron prisionera a la líder Aung Sann Suu Kyi.

Kyal Sin, con 18 años, recibió también un disparo en la cabeza  el día en que las fuerzas de seguridad mataron 30 personas, conformando el más sangriento, desde el inicio del golpe. Ma Cho Nwe Oo, una de sus amigas cercanas, recuerda que le gustaba el taekwondo, la comida con ajo, y que llevaba puesta una remera con la inscripción de: “que todo saldrá bien”, la jornada en que fue ultimada.

Ma Cho dijo que “es una heroína para nuestro país”. Ella también participa de las revueltas que se han producido a lo largo de todo Birmania afirmando que “al participar en la revolución, nuestra generación de mujeres jóvenes demuestra que no somos menos valientes que los hombres”.

Las mujeres constituyen el 52% de la población de Myanmar que es de 54 millones. A pesar de ser mayoría, no se encuentran representadas en las instituciones. Antes del golpe solo ostentaban el 11% de los escaños del Parlamento. Según la Agencia de la ONU para las Mujeres solo un 51% de las mismas tiene un trabajo declarado en Birmania, siendo su participación en el ejército y la policía, prácticamente inexistente.

No existe espacio para las mujeres en el Tatmadaw y menos para que desde su posición se iniciará una lucha por las igualdades que había avanzado en forma más que tímida durante la transición encabezada por la líder Aung San Suu Kyi, que ahora está bajo prisión domiciliaria.

En Myanmar el 8M se conmemora en las manifestaciones, que ponen freno al regreso de los militares al poder
En Myanmar el 8M se conmemora en las manifestaciones, que ponen freno al regreso de los militares al poder

Las cadenas militares de televisión anunciaron que tenían instrucciones precisas de no emplear municiones reales, y solo para defensa personal dispararían a las piernas de los manifestantes.

A pesar de los riesgos, son las mujeres quienes están en el frente del movimiento de protesta en Birmania, que se inicia cuando se destituye a su representante femenina legítimamente elegida, restituyendo un régimen patriarcal que ha reprimido las mujeres durante medio siglo. La violencia con que ha actuado la cúpula militar ha demostrado la brutalidad de un ejército acostumbrado a matar a su pueblo más noble.

Son las mujeres, quienes aportan agallas para atender a los heridos y a los moribundos, al efectuar el patrullaje de las calles en las principales ciudades. Son las mujeres quienes han paralizado el funcionamiento del estado desafiando los estereotipos de género.

Todos los sectores laborales vinculados las mujeres se han desplazado en marchas diarias siendo las más jóvenes las que se ubican en las primeras líneas, señaladas por las fuerzas de seguridad cómo los objetivos a destruir rápidamente.

Se han colgado tendederos con  haramein, que son una especie de pareos femeninos, para que bajo ellos no pasen los soldados, conformando la misma una actitud intimidatoria. Entre medio de las prendas colgadas se ubican fotos del general Min Aung Hlaing quien orquestó el golpe, considerando esta situación cómo una afrenta a su virilidad. Una antigua superstición del país, dice que es mala suerte pasar por debajo de esa prenda femenina.

El temor de perder las libertades conseguidas ha llevado a las mujeres a salir a las calles, recurriendo a estrategias creativas burlándose de los generales .La lucha continúa, bajo la amenaza de que las fuerzas armadas lleguen a los niveles de violencia de 1988, cuando miles de birmanos murieron en protestas prodemocráticas reprimidas por el Ejército.

Pero el miedo a vivir bajo un nuevo régimen militar parece superar al temor a morir enfrentando a las tropas en las calles. “Las jóvenes lideramos ahora las protestas porque tenemos una naturaleza maternal y no podemos dejar que se destruya a la próxima generación”, sostiene Yin Yin Hnoung, una médica de 28 años que viene esquivando las balas en Mandalay. ”No nos importan nuestras vidas. Nos importan nuestras futuras generaciones”.

La secretaria general de la Confederación de Sindicatos de Birmania, Ma Sandar, recuerda que ”la sangre de nuestras mujeres es roja”, y que ”puede llegar a ocurrir que perdamos algunas heroínas en esta revolución”.

No existen mujeres en los rangos superiores del Tatmadaw, y sus soldados han cometido sistemáticamente violaciones grupales contra féminas de minorías étnicas, según las Naciones Unidas. Las jerarquías religiosas predominantemente budistas sitúan a las mujeres a los pies de los hombres, y en la visión de los generales se las considera cómo débiles e impuras.

La represión de las protestas contra el golpe en Myanmar, según organismos internacionales y testigos se ha vuelto mucho más virulenta. La activista Maung Saung Kha ha sostenido a la agencia Reuters que:”sabemos que siempre podemos ser disparadas y asesinadas con fuego real pero no tiene ningún sentido permanecer vivos bajo la junta militar, así que escogemos este peligroso camino para escapar”.

Se afirma que en la ciudad de Yangon ocho personas murieron el último miércoles, mientras algunos medios locales reportaron seis fallecidos en la ciudad Monywa. La enviada de la ONU para Myanmar, Christine Schraner Burgener advirtió que estaban llegando imágenes muy impactantes de lo que estaba ocurriendo en el país, afirmando que las balas utilizadas por la policía eran de ametralladoras 9mm.

No se advirtió a la población con chorros de agua, simplemente dispararon sus armas contra las personas manifestantes. Mientras los líderes del mundo observan la crisis en Birmania y debaten disposiciones, los militares aseguran estar preparados para soportar medidas sancionatorias y el posible aislamiento.

Mientras, el Papa Francisco sostiene que:”desea llamar la atención de las autoridades involucradas para que el diálogo prevalezca sobre la represión y la armonía sobre la discordia”.

La crisis se desata el primero de febrero. Una década después de haberle entregado el poder a un gobierno civil, el ejército de Myanmar anunció que había tomado nuevamente las riendas del país.

La detención de Aung San Suu Kyi y otros políticos hicieron pensar en aquellos días que muchos birmanos creían haber dejado atrás. La Liga Nacional de la Democracia lideró el país junto a su conductora Suu Kyi durante los últimos cinco años tras ser elegidos en 2015, en una elección libre y justa.

En los comicios de noviembre último la LND gano con más del 80% de los votos, manteniendo la líder ganadora del Premio Nobel de la Paz su gran popularidad a pesar de múltiples acusaciones de genocidio contra la población musukmana rohingya. En el último acto eleccionario, cerca del 20% de las canditadas de la Liga Nacional para la Democracia, eran mujeres.

Cuando los militares empezaron a ceder algo de poder en la última década, Birmania experimentó uno de los cambios sociales más profundos y rápidos del mundo. Un país atrincherado por los generales, encontró en Facebook, en los memes y los emojis una nueva forma de manifestarse y aglutinarse en defensa de sus derechos.

La doctora Miemie Winn Bird, una birmanoestadounidense que sirvió cómo teniente coronel en el ejército de Estados Unidos y ahora es profesora en el Centro Daniel K. Inouye de Estudios de Seguridad de Asia-Pacifico en Honolulu, afirmó que:” en esta contienda, apostaría por las mujeres. Están desarmadas, pero son verdaderas guerreras”.

Unas 1500 personas han sido detenidas desde el comienzo del golpe. Una política joven de 27 años, Ma Ei Thinzar Maung sostiene que: “las mujeres adoptamos la posición de vanguardia en la lucha contra la dictadura porque creemos que es nuestra causa”.

En las calles de Birmania, las fuerzas de seguridad siguen disparando a las personas manifestantes desarmadas siendo la composición del movimiento muy heterogénea. Hay estudiantes musulmanes, monjas católicas, monjes budistas, drag queens y una legión de mujeres jóvenes.

La generación Z es una generación valiente dijo Honey Aung cuya hermana menor murió de un disparo en la cabeza en Monywa, sostuvo la misma que: “Mi hermana odiaba la dictadura y no quieren ser mártires, solamente una parte esencial en la lucha para derrocar el régimen militar buscando restablecer la democracia”.

Mientras nos debemos proteger del Ejército y sus armas sostiene Tin Tin Nyo de la Unión,  de Mujeres Birmanas, “nosotras, las mujeres tenemos que combatir también la discriminación”. Añade que las mujeres conforman más del 50% de las participantes en las protestas.

Las mujeres de Myanmar tienen un mensaje para los militares de su país: “Se han metido con la generación equivocada”. A medida que va creciendo la tensión en todo el país, las calles se han visto inundadas de mujeres de todas edades que buscan la re-instauración del gobierno de Aung San Suu Kyi, elegida democráticamente.

“Está vez las mujeres están al frente y, en muchos casos liderando las protestas”, contra el ejército, sostiene May Sabe Phyu, activista por los derechos humanos. Los derechos de las mujeres nunca han sido parte de la agenda militar, sostiene firmemente convencida la militante feminista.

Nandar otra activista feminista afirma que “nunca antes estuvimos en el centro de la escena, porque los medios estaban guiados por valores patriarcales y difundían las voces de los varones. Ella se muestra decidida a persistir en las conversaciones necesarias para el desmantelamiento del patriarcado.

 

(*) Columnista de Diario Digital Femenino

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