Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Admin
Por Admin septiembre 19, 2020 12:34

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Marina Colado es una reconocida locutora que desde hace años cambió de rubro y hoy está al frente del local gastronómico “Pizza Club”. El local, al igual que su historia, es un reflejo de cómo el feminismo y la lucha por los derechos de las identidades disidentes atravesaron su vida.

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado, en la foto junto a su hija Romina

La locución es una de sus grandes pasiones. “Siempre tengo ganas de volver, y me pregunto si hiciera un programa cómo se llamaría… Ya lo tengo pensado”, cuenta a Diario Digital Femenino y aclara que intenta ser “muy respetuosa de las personas que se desempeñan esta profesión, a los que estudiaron y están recibidos”.

Su paso por la radio fue durante una época difícil para todo el país. “En el año 2000 fue un año crítico como estos años atrás, salvando las diferencias políticas y demás, vivíamos de canje porque no nos permitían ganar un mango y lo que ganábamos era por canje”, recuerda.

En 2001, su hija Romina cumplió 15 años y Marina buscó por todos los medios los recursos necesarios para poder festejárselos. “Salí a levantar publicidad e hicimos una fiesta maravillosa. La remamos, todo lo que conseguí por canje de publicidad”.

De la radio a administrativa.

En búsqueda de una estabilidad económica que le permitiera mantener a su familia, en 2004 ingresó como administrativa en el Club de Caza. “Estábamos desesperados por nuestra economía”, confesó, debido a que los ingresos por trabajar en medios de comunicación “era muy poco y lo que ganábamos en la locución que era algún evento de vez en cuando, el cual era bien remunerado y ese día aprovechábamos a pagar todas las cuentas del mes, pero nada más”.

Su nuevo trabajo demandaba una mayor carga horaria, pero también le impulsó a volcarse a los eventos. “Comenzamos a hacer decoraciones de salones, Marcelo pasaba música, hacíamos la locución de los eventos familiares”, cuenta.

“Mas tarde surgió alquilar el buffet del Club de Caza. En contra de lo que yo pensaba, lo alquilamos y pusimos un kiosco. En marzo, cuando terminó la temporada de verano, compramos un freezer en veinte mil cuotas. Empezamos con unas galletitas, no sabíamos ni qué comprar ya que nunca habíamos tenido un negocio, pero para el fin de semana no nos quedaba ni un fosforo”, recuerda.

Luego decidieron dar el siguiente paso y adquirieron un horno pizzero. “La primera pizza que vendimos fue un éxito total”, destaca y agrega que la división de tareas era la siguiente: “Marcelo salía a venderlas y yo me quedaba detrás de la barra. Nos solíamos quedar todas las noches jugando al chin con esperando que alguien fuera a comprar una pizza”.

Así atravesaron el invierno del año 2010. “Comprábamos un paquete de aceitunas, una latita de morrones y así estuvimos mucho tiempo… Un kilo de mozzarella, la cortábamos y la frisábamos”, rememora.

Sin embargo, un día la suerte cambió. Gracias al “boca a boca” entre vecinos comenzaron a “trabajar sin parar ¡Fue un boom! El día que vendimos siete pizzas dijimos: necesitamos empleados”.

“Y así arrancamos con la familia, con nuestros hijos. Todos han pasado por ahí, incluso nos ayudaban a amasar. Eran chiquitos, pero nos ayudaban, iban los amigos de los chicos. Y así se convirtió en algo que nunca habíamos pensado”, afirma.

Todas las ganancias por ventas se fueron invirtiendo en herramientas para el negocio. Ese mismo año, alquilaron otro negocio en Santa Rosa. “Fue en ‘El Ombú’, en la calle Oliver. Paralelo a esto yo seguía trabajando de administrativa en el Club de Caza y no me daba el cuerpo porque hacíamos muchas cosas como amasar, atender, estar en la oficina”, explica.

“Una gran familia”.

Recién en 2012 abandonó su trabajo de administrativa y se dedicó al cien por ciento a las pizzerías. “Después empezaron a decaer las cuestiones económicas y decidimos unificar y conseguimos este local”, indica en relación a “Pizza Club”, que se encuentra ubicado en avenida Luro 1451.

Marina ya lleva cinco años en el lugar, siempre “en familia y con la misma gente. Por ejemplo, Gisella que esta en la cocina está con nosotros desde el año 2012, Florentina que trabaja en el mostrador viene con nosotros desde el Club de Caza, Romina mi hija también. Somos una gran familia. Somos casi todas mujeres, solo tenemos un varón en la cocina que es Gonzalo, y Marcelo”.

“Pero siempre fuimos como mayoría, mujeres en alguna época cuando estábamos en el club de Caza fueron mayoría varones, pero nosotros siempre buscábamos chicas que tuvieran hijos. Sus hijos se han criado acá adentro y cuando venían acá era ‘un jardín de infantes’, porque si no les podían cuidar los pibes los traían. No tenemos ni tuvimos problemas con eso. En una parte que hay en la cocina les armamos unos silloncitos para los niños con mesitas y lápices, hojas, juguetes y ahí jugaban los chicos”, resalta la emprendedora.

Emprender con perspectiva de género.

A Marina, como a tantas otras mujeres e identidades disidentes, tomó contacto con el feminismo y su vida cambió. En ese sentido, cuenta una anécdota que le tocó vivir: “Es muy conmovedor lo que nos pasó y muy lindo. El año pasado, para el 19 de octubre que es el día de la lucha contra el cáncer de mama, llamaron un grupo de mujeres que son recuperadas de la enfermedad y querían venir a celebrar acá a nuestro local. Piden si podemos poner algún detalle en la mesa como un lacito, una cintita rosa. Las chicas me avisan sobre la hora, sino podríamos haber hecho alguna movida más grande. Pero igual compré cinta y pusimos en todas las mesas. Nunca lo publicitamos, pero siempre hacemos sorteos con la gente que viene a comer, algún vino, un champagne, una cena para otro día, algo. Ese día hicimos el sorteo, regalamos cosas. En un momento agarré el micrófono y expliqué el porqué de las cintas y todo lo referente al cáncer de mama. Las chicas de esa mesa lloraban no te puedo explicar cómo”.

“Pero después se levantó una cantidad de gente a agradecernos lo que habíamos hecho. Porque venían hombres y me decía que tenían cáncer también, que estaban peleando y que también eran sobrevivientes. Yo no pensé que iba a tener esa repercusión. Fue todo muy conmovedor. Así que siempre estamos haciendo alguna cosa nosotras, pero que bueno poder llegar con un mensaje que vaya mucho más allá”, añade.

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado. En las mesas

A su vez, confiesa que en su familia “estamos pasando por un momento muy particular con respecto a la violencia de género, entonces una se mete más en la lucha. Una se compromete más en la lucha y me parece no solo una cuestión feminista sino de respeto en general. Hay un cartel que habla del cáncer, otro de la diversidad. Y cuando les propuse esto a las chicas se comprometieron mucho también con el tema de la lucha de las mujeres. Con ellas aprendí muchas cosas en las que antes era muy cerrada, con pensamientos de estructura patriarcal, me he ido abriendo y he logrado que Marcelo se vaya deconstruyendo un poquito, le cuesta, pero también lo ha aceptado y lo apoya”.

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado – En las paredes de toilette

“Sabemos que apuntamos a gente grande, a la familia, porque amamos acercarnos a la gente, conocerla, charlar. Entonces la gente nos responde bien. Nos cuentan porque nos elijen y eso nos encanta. Vienen muchas familias, y gente grande. Siempre hacemos hincapié en el más débil, ahí vamos a estar dando una mano”, asegura.

La pandemia.

La actividad gastronómica fue una de las más afectadas por la pandemia de Covid-19, debido a que por sus características representan un peligro de contagio. Sin embargo, en La Pampa se ha implementado un protocolo sanitario para el sector que garantiza su apertura.

Afortunadamente, en este contexto Marina ha logrado garantizar el sostenimiento del local y el salario de sus empleadas. “Al principio hicimos reducción horaria pero no de sueldo, aunque sí se les redujo la cuestión de la propina, pero es algo obvio, no depende de mí sino de no haber movimiento”.

“No pague más que el alquiler y el sueldo de los empleados. Estoy cada vez más endeudada. La gente tiene todavía un poco de miedo. En junio, cuando recién se habilitó la apertura de negocios, tuvimos una mesa el primer, dos el segundo día y así más o menos se movió. Cuando volvemos otra vez a fase 1 nos ha costado un montón”, agrega.

Marina explica que “viernes y sábado hay algo de movimiento, pero tengo las mesas a la mitad. Ahora tengo capacidad para 44 personas y ojalá entraran 15 o 20 personas. Igual seguimos con delivery, con PedidosYa. Tratas de hacer lo que sea. Y vamos incorporando más cosas. Los miércoles tenemos pizza libre a la carta. Eso es te sentás, abonas un monto fijo y comes lo que querés. Elegís vos los sabores que querés comer. En esta época de pandemia es mínimo eso”.

“Hace poco incorporamos viernes de papa libre. Que son papas fritas con todos aquellos sabores originales. Todo muy rico. Eso nos va bien, porque a todo el mundo le gusta. Y a partir de este fin de semana incorporamos comida saludable. Y nosotros somos comida chatarra a full y nos quedamos fuera del sistema. Entonces agregamos hamburguesas vegetarianas con panes saludables con verduras”, cierra.

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

Emprender con perspectiva de género: la historia de Marina Colado

NdR: Pizza Club, en Avda. Luro 1451 – Teléfono 02954 83-4888
Un buen lugar para este 21 de septiembre

Mujeres de La Pampa

Admin
Por Admin septiembre 19, 2020 12:34
Escribir un comentario

Sin comentarios

No hay comentarios aún!

Todavía no hay comentarios, pero puede ser el primero en comentar este artículo.

Escribir un comentario
Ver comentarios

Escribir un comentario

<

SUSCRIPCIONES

Publicidades

Facebook