El feminismo negro y el afrofemicidio

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Por Admin diciembre 1, 2019 11:03

El feminismo negro y el afrofemicidio

El feminismo negro y el afrofemicidio

El feminismo negro y el afrofemicidio 

Si bien es cierto que todas las mujeres todas las mujeres son potenciales víctimas del sexismo, las desigualdades por razones de género, la violencia simbólica y mediática, los prejuicios, los roles por género, los estereotipos de belleza, los discursos y representaciones sexistas en los medios de comunicación, la violencia física, verbal, psicológica, el acoso sexual, la violación y el femicidio; la realidad es que cada una de estas formas de desigualdad y violencia por razones de género es experimentada de forma muy específica y diferenciada por la diversidad de mujeres que hacen vida en nuestras sociedades. Esto se debe a que sus experiencias de vida se encuentran determinadas y condicionadas por su pertenencia de clase, preferencia sexo-afectiva, grupo etario, tenencia de algún tipo de discapacidad, ubicación geográfica, así como también por su pertenencia étnico-racial.

Por Esther Pineda G.*
Imagen de Portada: participantes de saya (Sofía, Libertad, Valery, Vaneza y Faustina)
por Maryury Díaz

Esta situación históricamente ha sido invisibilizada y desatendida por parte del feminismo, el cual ha sido denunciado por su carácter académico, blanco y burgués, dado que tradicionalmente ha obviado, relegado y postergado los intereses, experiencias y necesidades concretas de las mujeres racializadas; quienes se han plegado al movimiento, defendiendo sus causas y luchando por sus iniciativas, más allá de verse continuamente desplazadas y excluidas de las narrativas y prácticas del feminismo hegemónico.

Las mujeres blancas que dominan el discurso feminista, que en su mayoría crean y articulan la teoría feminista, muestran poca o ninguna comprensión de la supremacía blanca como política racial, del impacto psicológico de la clase y del estatus político en un estado racista, sexista y capitalista (Hooks, 2004, p. 36).

Ante ello, en los Estados Unidos, enmarcado en el movimiento por los derechos civiles, surge en la década del 60 el feminismo negro, el cual fue liderado por intelectuales y activistas, como Angela Davis, bell hooks, Kimberlé Williams Crenshaw (quien en los 80 acuño la categoría interseccionalidad), Patricia Hill Collins, entre otras. Desde sus inicios, este movimiento se organizó con el 

fin de estudiar y visibilizar las experiencias diferenciadas experimentadas por las mujeres negras y afrodescendientes en el contexto de la desigualdad por razones de género y el racismo estructural; pero también con el propósito de denunciar las prácticas racistas existentes a lo interno de los movimientos y organizaciones feministas.

No obstante, uno de los ámbitos que ha sido obviado y desatendido durante décadas por parte del feminismo negro ha sido el asesinato de las mujeres negras y afrodescendientes por el hecho de ser mujeres en el contexto de una sociedad sexista y racista. Estas mujeres racializadas al provenir de un pueblo secuestrado, esclavizado, dominado, explotado y excluido, experimentan formas de desigualdad y discriminación más profundas al articularse su pertenencia de género y étnico-racial; por ello, históricamente se han encontrado más expuestas a la violencia por razones de género, pero también a la violencia racista generizada y sexualizada.

Al respecto, el único intento de categorización y conceptualización de este tipo de crímenes del cual se tenga referencia proviene de las feministas blancas estadounidenses Jill Radford y Diana Russell, quienes, en la década de los noventa, en el libro Femicidio. La política

del asesinato de las mujeres, definieron el femicidio racista como aquel ocurrido cuando mujeres negras son asesinadas por hombres blancos. Sin embargo, esta categoría se presenta como insuficiente al dar cuenta exclusivamente de las motivaciones racistas de estos crímenes, obviando el carácter sexista de los cuales

“Las feministas blancas estadounidenses Jill Radford y Diana Russell, quienes, en la década de los noventa, en el libro Femicidio. La política del asesinato de las mujeres, definieron el femicidio racista como aquel ocurrido cuando mujeres negras son asesinadas por hombres blancos”

ellos también se nutren. Además, el concepto también invisibiliza los asesinatos de mujeres motivados por sexismo perpetrados por los hombres pertenecientes a su mismo grupo étnico-racial.

En este contexto se hace necesario introducir y definir el afrofemicidio como el asesinato de mujeres negras y afrodescendientes a manos de hombres (blancos y no blancos), el cual puede tener como motivación la misoginia y el sexismo, pero también motivaciones racistas, las cuales cobran expresiones y manifestaciones generizadas y sexualizadas.

Sin embargo, el afrofemicidio no es un crimen de reciente aparición y menos aún un hecho inédito e infrecuente, por el contrario, este ha estado presente en las diferentes etapas del proceso histórico social. Durante el periodo colonial en América muchas mujeres africanas y afrodescendientes fueron asesinadas cuando se opusieron a ser vendidas como

esclavas sexuales o cuando rechazaron, evitaron, reaccionaron o denunciaron las continuas formas de sometimiento, violencia y reducción a los deseos y requerimientos sexuales de sus esclavistas. Pero la abolición de la esclavitud no trajo cambios en esta situación, contrariamente, la situación de vulnerabilidad y violencia sexista y racista experimentada por las mujeres negras y afrodescendientes continuó, se consolidó e incluso se institucionalizó.

En Estados Unidos, con la aprobación de las Leyes de Jim Crow, las mujeres racializadas fueron sistemática y repetidamente tanto víctimas de violaciones y homicidios por su condición de género y racialidad, como también asesinadas cuando se atrevieron a denunciar los abusos y violaciones de las que fueron víctimas por parte de los hombres blancos. Además, como señala Angela Davis (1981) en su libro Mujer, raza y clase, la violación colectiva y el asesinato de mujeres afroamericanas perpetrado por el Ku Klux Klan y otros grupos de odio organizados en el período siguiente a la guerra civil se convirtió en una categórica arma política para hacer abortar el movimiento

“Surge en la década del 60 el feminismo negro, el cual fue liderado por intelectuales y activistas, como Angela Davis, Bell Hooks, Kimberlé Williams Crenshaw (quien en los ’80 acuño la categoría interseccionalidad), Patricia Hill Collins, entre otras”

de los derechos civiles. Sin embargo, las referencias históricas de estos hechos con frecuencia invisibilizan sus motivaciones sexistas, siendo apenas reconocidas como consecuencia del racismo.

En las sociedades contemporáneas las mujeres negras y afrodescendientes continúan siendo víctimas de la violencia y el asesinato racista por parte de hombres blancos, crímenes que incluyen formas específicas de violencia de género y sexual; no obstante, un hecho de gran importancia y que continúa siendo invisibilizado por las feministas negras –con el propósito de no profundizar la condición de opresión y discriminación contra los

hombres racializados–, es que las mujeres negras y afrodescendientes también son continuamente víctimas de la violencia sexista y el afrofemicidio por parte de los hombres negros y afrodescendientes. Aunque poco se 

“Definir el afrofemicidio como el asesinato de mujeres negras y afrodescendientes a manos de hombres
(blancos y no blancos), el cual puede tener como motivación la misoginia y el sexismo, pero también
motivaciones racistas, las cuales cobran expresiones y manifestaciones generizadas y sexualizadas”

hable de ello y esta situación sea negada por algunas feministas antirracistas, en las comunidades negras con bajos índices de interracialidad, los hombres racializados son quienes están asesinando sistemáticamente a las mujeres negras y afrodescendientes, dado que, “los hombres negros pueden ser víctimas del racismo, pero el sexismo les permite actuar como explotadores y opresores de las mujeres” (Hooks, 2004, p. 49).

Estos afrofemicidios son obviados e invisibilizados por los medios de comunicación, en los que actúa no sólo el sexismo sino también el racismo, pues “cuando una mujer de color muere asesinada, los medios ponen muy poca atención en la noticia y muy pocas veces se hace un comparativo entre estos asesinatos femicidas con los de mujeres blancas de clase media” (Singer, 2006, p. 341).

Ahora, si bien es cierto que en los medios la ocurrencia de estos crímenes suele ser justificada y las victimas responsabilizadas, esta situación parece profundizarse e intensificarse cuando se trata de las mujeres negras y afrodescendientes quienes generalmente son asociadas a una feminidad marginal, irresponsable, delictiva, promiscua e inmoral como consecuencia de su herencia étnico-racial.

Adicionalmente, en América Latina los órganos de justicia e instancias encargadas de recabar las estadísticas de femicidios no incluyen en sus variables la etnicidad de las víctimas. La poca información disponible en la materia no se encuentra desagregada por variables étnico-raciales, por lo cual no es posible tener conocimiento sobre cuántas de las mujeres asesinadas por razones de género eran negras y afrodescendientes. Esto quiere decir que no es posible determinar si existen mayores índices de ocurrencia en un determinado grupo étnico-racial como consecuencia de los procesos sociales, entornos y experiencias diferenciadas a las que se enfrentan, o si, por el contrario, estos crímenes se profundizan por la experiencia de racialización.

La única información disponible referente a la materia en la región se encuentra contenida en el informe Índice de Vulnerabilidade Juvenil à Violência 2017 publicado por la Presidencia de la República de Brasil, el cual señala: La concentración de muertes por homicidios entre personas negras y no negras puede ser observada en los datos desagregados por sexo. Considerándose la franja etaria de jóvenes entre 15 a 29 años, en 26 Unidades de la Federación la tasa de homicidios es mayor entre las mujeres negras que entre las mujeres blancas. En este mismo sentido el Atlas de Violencia publicado en el año 2017 muestra que entre 2005 y 2015 la tasa de homicidios de mujeres blancas tuvo una reducción de 7,4% con respecto a la tasa de mortalidad de mujeres negras que tuvo un aumento del 22% (Presidencia de la República, 2017, p. 40).

Sin embargo, este informe no proporciona información respecto a cuántos de estos homicidios pueden ser considerados femicidios. Por su parte, el informe Dados sobre feminicídio no Brasil, publicado en 2018 por la organización Artigo 19 Brasil, expone que de acuerdo con el balance de la liga 180 (2015) las mujeres negras son casi el 60% de las mujeres víctimas de violencia doméstica. Al mismo tiempo, el Ministerio de Justicia (2015) indica que las negras son el 68,8% de las mujeres muertas por agresión.

Estos hechos en su conjunto ponen en evidencia la prevalencia de concepciones y prácticas racistas y sexistas en la configuración social de nuestras sociedades, donde las mujeres negras y afrodescendientes experimentan una doble discriminación y vulneración de sus derechos por su pertenencia de género y étnico-racial. Esta situación sin lugar a dudas se profundiza cuando se trata de la violencia contra la mujer y su desenlace en el femicidio, el cual ha sido desatendido por el feminismo negro. Al respecto se hace necesario avanzar en el proceso de definición y categorización de los afrofemicidios, los cuales se diferencian de los homicidios racistas al incluir motivaciones generizadas y sexualizadas; pero también difieren de los femicidios al incluir motivaciones racistas o estar dirigidas a mujeres racializadas víctimas de una opresión y discriminación magnificada.

Asimismo, se hace necesario exigir a los Estados latinoamericanos la sistematización y publicación de las estadísticas de femicidios desagregadas por

“En las comunidades negras con bajos índices de interracialidad, los hombres racializados son quienes
están asesinando sistemáticamente a las mujeres negras y afrodescendientes”

variables étnico-raciales, a fin de identificar los índices de ocurrencia de estos crímenes contra las mujeres racializadas, y caracterizar las modalidades y escenarios de ocurrencia de los mismos. De esa forma se podrá contar con herramientas concretas para su efectiva, eficiente y oportuna prevención, a partir del diseño de políticas públicas específicas y diferenciadas dirigidas a esta población de mujeres que se encuentran expuestas en mayor medida a múltiples y repetidas formas de violencia y discriminación sexista y racial

 

Referencias bibliográficas

  • Artigo 19 Brasil. (2018) Dados sobre feminicídio no Brasil. Recuperado de https://goo.gl/fQKwR4
  • Davis, A. (2004) Mujeres, raza y clase. Madrid: Akal.
  • Hooks, B. (2004) “Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista”. En Otras inapropiables. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Presidência da República. (2017) Índice de Vulnerabilidade Juvenil à Violência 2017. Recuperado de https://goo.gl/8GbZnr
  • Russell, D. y Radford, J. (2006) Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres. México: Centro de investigaciones interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Singer, B. (2006) “Matanza de mujeres amerindias: una perspectiva de las mujeres Tewa”. En D. Russell. y J. Radford. (Eds.), Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres (pp. 339-345). México: Centro de investigaciones interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades Universidad Nacional Autónoma de México.

 

*Socióloga, Magíster Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctora y Postdoctora en Ciencias Sociales.

El feminismo negro y el afrofemicidio

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Fuente para Diario Digital Femenino: Esther Pineda G.
Publicada en Revista Africanía

 

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