El derecho a la desconexión digital como igualdad de género

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Por Admin julio 28, 2020 12:46

El derecho a la desconexión digital como igualdad de género

Mucho se habla estos días de cómo la cuarentena dejo entrever las diferencias existentes entre hombres y mujeres respecto de los usos del tiempo y cuidados en el hogar[i]. Claramente la desventaja producto de la sobrecarga cae mayormente en los hombros de ellas y ya existen análisis muy interesantes respecto de algunas de las consecuencias que dejará la pandemia en términos de género y perspectivas de trabajo futuras: mientras ellos aumentaron la cantidad de artículos académicos publicados, la cantidad de esos artículos publicados por mujeres cayó como plomada[ii], por citar un aspecto.

Por Sofia Scasserra*

El derecho a la desconexión digital como igualdad de género

El derecho a la desconexión digital como igualdad de género

El debate en torno a la modalidad del teletrabajo se puso en boca de todos y todas, y en medio de las discusiones por lograr una ley que otorgue derechos equivalentes a los trabajadores y trabajadoras de modalidad presencial, se comenzó a hablar sobre el derecho a desconexión.

Es que si bien es correcto pensar en la desconexión digital como un derecho de los teletrabajadores y teletrabajadoras, al permitirles determinar una jornada de trabajo, este derecho es mucho más que eso.

El derecho a desconexión es el derecho de todo trabajador o trabajadora, teletrabaje o no, a no recibir mensajes de ningún tipo (mails, mensajes, llamadas, etc) fuera de su jornada de trabajo. Está íntimamente relacionado con la salud mental y el ya tipificado por la OMS síndrome de burnout o síndrome de agotamiento crónico, al tener una lista interminable de recordatorios y temas pendientes que constantemente nos avisan a nuestros teléfonos personales impidiendo el correcto descanso de la jornada laboral.

Conquistar el derecho a desconexión para lograr comunicaciones más sanas y, por ende, salud mental es fundamental, pero tiene otro aspecto que a menudo no es tenido en cuenta y es que conforma una herramienta más para lograr la igualdad de género tan ansiada.

En los últimos años, contestar mensajes fuera de horario, atender jefes y jefas demandantes y estar disponible a cualquier hora del día, empezó a considerarse como una habilidad adicional en el trabajo: es aquel o aquella que “tiene la camiseta puesta”, que está comprometido o comprometida y que, por ende, es más plausible de ser electo o electa para futuros ascensos.

Mensajes que no paran una vez que llegamos a casa, mails que se acumulan por responder y la realidad de siempre: ¿quién puede responder cuando llega a casa y le espera otra interminable lista de tareas hogareñas por hacer? Las mujeres definitivamente tenemos menos oportunidad de poder conseguir esa habilidad adicional, al estar demandadas por los niños y niñas, y adultos mayores que necesitan cuidados entre otras responsabilidades domésticas.

No solo eso, sino que se nos suele molestar más y por motivos más intrascendentes. “haceme acrodar que…”, “agenda la reunión para…”, “acordate que mañana viene…” son mensajes comunes en cientos de miles de teléfonos de mujeres en ámbitos de trabajo. Ser la agenda del mundo, parece ser una nueva tarea que nos ha asignado el patriarcado.

El derecho a la desconexión digital busca lograr también que esas comunicaciones pasen a ser recordatorios automáticos que uno mismo se programe en caso de ser necesarios. Y es que algunos jefes y jefas solo dejaran de usarnos de agenda si se los obliga por medio de penalizaciones a empoderarse digitalmente con el uso de estas herramientas y no con adicionar una nueva lista de quehaceres en la cabeza de las mujeres.

¿Es solo eso? No, tiene también una dimensión adicional y sumamente importante.

Trabaje o no la mujer, el derecho a la desconexión digital puede cooperar para lograr la igualdad de género. Y es que un hombre que llega al hogar es menos propenso a poder bañar a los niños y niñas o cocinar si existe del otro lado un empleador o empleadora que no para de enviar mensajes. La excusa valida de “tener que responder” se interpone frente a una voluntad de participar en la división de tareas en el hogar.

Si comenzamos a respetar los tiempos libres y de descanso, asumiendo que las comunicaciones fuera de horario son una falta de respeto al otro, contribuiremos a que los hogares puedan organizarse mejor respecto a los cuidados.

El derecho a desconexión, que hoy es visto como una simple regulación en torno a la jornada de 8 horas para el teletrabajador o teletrabajadora, si se lo legisla e implementa para todos y todas, puede operar en favor de la salud mental y la igualdad de género. La agenda feminista 4.0 necesita involucrarse en estos reclamos.

[i] http://www.generoytrabajo.com/covid19/encuesta/

[ii] https://www.theguardian.com/education/2020/may/12/womens-research-plummets-during-lockdown-but-articles-from-men-increase

 

 

* Economista. Asesora del Senador Daniel Lovera. Asesora Secretaria de Asuntos Internacionales FAECYS. Investigadora y docente Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio” – UNTREF
Autora junto a Leonardo Fabián Sai del libro: “La cuestión de los datos

 

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