{"id":73815,"date":"2024-08-21T07:32:12","date_gmt":"2024-08-21T10:32:12","guid":{"rendered":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/?p=73815"},"modified":"2024-08-21T07:49:26","modified_gmt":"2024-08-21T10:49:26","slug":"te-cuento-libros-de-clarice-lispector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/te-cuento-libros-de-clarice-lispector\/","title":{"rendered":"Te cuento libros de Clarice Lispector"},"content":{"rendered":"<p>Clarice Lispector, aunque nacida en Ucrania vive su ni\u00f1ez en Brasil. Es una de las escritoras m\u00e1s influyentes de la literatura brasile\u00f1a, es conocida por su estilo introspectivo y su exploraci\u00f3n de la vida interior de sus personajes. Sus relatos a menudo exploran temas como la identidad, la existencia, y la complejidad de la vida cotidiana. Adem\u00e1s de \u201cRelatos\u201d para descargar, compartimos un breve resumen de algunos de sus libros:<\/p>\n<p><strong>\u00abLa hora de la estrella\u00bb<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Este es quiz\u00e1s su relato m\u00e1s conocido, aunque es m\u00e1s una novela corta. Narra la vida de Macab\u00e9a, una joven pobre del noreste de Brasil que vive en R\u00edo de Janeiro. La historia es narrada por un escritor llamado Rodrigo S.M., quien reflexiona sobre la banalidad y la desesperanza de la existencia de Macab\u00e9a. A trav\u00e9s de su vida sencilla y aparentemente insignificante, Lispector aborda temas de alienaci\u00f3n, la b\u00fasqueda de identidad, y el destino.<\/li>\n<\/ul>\n<p>La hora de la estrella<em>\u00a0aborda una de esas vidas que no suelen ser dignas de ser contadas en una novela, pues narra la historia de una joven nordestina que escapa a todo estereotipo de la brasile\u00f1a exuberante. Ella es la mujer sin atributos, la representaci\u00f3n de lo anodino y lo prescindible hecho carne. Lispector presenta aqu\u00ed un relato profundamente urbano y carente de tropicalismo, que sigue a esta antihero\u00edna en su discurrir por una ciudad en la que no la acompa\u00f1a ni el amor, ni la salud, ni la familia, ni la esperanza. La autora construye un follet\u00edn g\u00e9lido y carente de emociones en el que Macab\u00e9a, de una inocencia absoluta, vive una vida miserable sin ninguna conciencia de su situaci\u00f3n.<\/em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><em><strong>[1]<\/strong><\/em><\/a><\/p>\n<p>Este es un resumen de la novela tomado de manera aleatoria de entre los centenares de comentarios que pueden leerse en internet, y representa muy bien el tono y el foco de las sinopsis del libro que hacen habitualmente los lectores o los rese\u00f1istas m\u00e1s o menos informados.<\/p>\n<p><strong>\u00abFelicidad clandestina\u00bb<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Este cuento trata sobre una ni\u00f1a apasionada por la lectura que ans\u00eda leer un libro en particular, pero una compa\u00f1era de clase cruel le hace desearlo m\u00e1s, retrasando su entrega d\u00eda tras d\u00eda. Cuando finalmente obtiene el libro, la protagonista experimenta una profunda sensaci\u00f3n de felicidad. El relato explora el deseo, la espera y la relaci\u00f3n con la lectura como una forma de alcanzar la felicidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>\u00abAmor\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>En este relato, una ama de casa llamada Ana, que vive una vida rutinaria y predecible, experimenta un momento de revelaci\u00f3n cuando ve a un hombre ciego masticando chicle en el tranv\u00eda. Este encuentro la saca de su monoton\u00eda y la enfrenta con una nueva conciencia de s\u00ed misma y del mundo que la rodea. El cuento explora la tensi\u00f3n entre la rutina dom\u00e9stica y la irrupci\u00f3n del caos o lo inesperado.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa imitaci\u00f3n de la rosa\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Este cuento sigue a Laura, una mujer que, tras una crisis nerviosa, se obsesiona con una rosa que le ha regalado su esposo. La rosa se convierte en un s\u00edmbolo de perfecci\u00f3n y orden, mientras que Laura lucha por mantener su cordura y equilibrio. El relato toca temas como la fragilidad mental, la obsesi\u00f3n con la perfecci\u00f3n y la lucha interna por encontrar el equilibrio.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00abEl huevo y la gallina\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Es uno de los relatos m\u00e1s experimentales de Lispector. La narradora reflexiona sobre la existencia del huevo, no solo como un objeto f\u00edsico, sino como un s\u00edmbolo de la vida, la creaci\u00f3n y el misterio. Es un texto que desaf\u00eda las convenciones narrativas tradicionales y explora la relaci\u00f3n entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa felicidad de las mujeres\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El cuento explora las expectativas y roles impuestos a las mujeres en la sociedad. La narradora reflexiona sobre la \u00abfelicidad\u00bb que se espera de las mujeres, particularmente en relaci\u00f3n con el matrimonio y la maternidad, y cuestiona la autenticidad de esa felicidad. El relato es una cr\u00edtica sutil pero poderosa de las normas sociales y la opresi\u00f3n de g\u00e9nero.<\/p>\n<p><strong>Resumen del libro Relatos y enlace para descargar en imagen<\/strong><\/p>\n<figure id=\"attachment_73818\" aria-describedby=\"caption-attachment-73818\" style=\"width: 347px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Lispector-Clarice-Relatos.pdf\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-73818\" src=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Relatos-C.jpg\" alt=\"Te cuento libros de Clarice Lispector\" width=\"347\" height=\"245\" srcset=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Relatos-C.jpg 614w, https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Relatos-C-300x212.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-73818\" class=\"wp-caption-text\">Te cuento libros de Clarice Lispector<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>\u00abRelatos de Clarice Lispector\u00bb<\/strong> es una colecci\u00f3n que re\u00fane varios de los cuentos m\u00e1s representativos de la escritora brasile\u00f1a, destacada por su estilo introspectivo, profundo y l\u00edrico. La colecci\u00f3n captura la esencia de la obra de Lispector, enfoc\u00e1ndose en la vida interior de sus personajes y en las sutilezas de la existencia cotidiana. Compartimos un resumen general de algunos cuentos incluidos en el libro:<\/p>\n<p><strong>\u00abAmor\u00bb<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Ana, una ama de casa atrapada en la rutina de su vida diaria, experimenta un momento de revelaci\u00f3n cuando ve a un hombre ciego en el tranv\u00eda. Este encuentro la desconcierta y la lleva a cuestionarse sobre su vida y su sentido de la existencia. El relato explora la ruptura de la monoton\u00eda y el impacto de lo inesperado en la percepci\u00f3n de la realidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>\u00abFelicidad clandestina\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Una ni\u00f1a que ama leer desea fervientemente un libro que una compa\u00f1era de clase le promete prestar, pero que constantemente le retrasa la entrega. Este juego cruel intensifica el deseo de la protagonista, y cuando finalmente obtiene el libro, experimenta una alegr\u00eda profunda y casi sagrada. El cuento refleja el poder del deseo y la felicidad que puede derivarse de la literatura.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00abPreciosidad\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>La historia sigue a una adolescente que camina por las calles de su ciudad con la sensaci\u00f3n de que todo en su entorno tiene un significado especial y casi m\u00edstico. Mientras lucha con la inseguridad t\u00edpica de la adolescencia, experimenta una profunda conexi\u00f3n con el mundo que la rodea. El relato aborda la sensibilidad y la percepci\u00f3n intensificada durante la juventud.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa imitaci\u00f3n de la rosa\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Laura, una mujer que acaba de salir de una crisis nerviosa, se obsesiona con una rosa que su esposo le ha regalado. La rosa, s\u00edmbolo de perfecci\u00f3n y belleza, se convierte en el centro de su vida, mientras lucha por mantener su cordura. Este cuento explora la fragilidad mental y la b\u00fasqueda de equilibrio entre el orden y el caos.<\/p>\n<p><strong>\u00abEl crimen del profesor de matem\u00e1ticas\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Un profesor de matem\u00e1ticas comete un asesinato en un impulso de furia, un acto que cambia su vida para siempre. El relato se adentra en la mente del personaje, explorando su culpa, miedo y la complejidad moral del crimen. Es un cuento que trata sobre la p\u00e9rdida de control y las consecuencias de los actos impulsivos.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa felicidad de las mujeres\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Este cuento cuestiona las expectativas sociales sobre las mujeres, especialmente en relaci\u00f3n con el matrimonio y la maternidad. La narradora reflexiona sobre la aparente \u00abfelicidad\u00bb que se espera que las mujeres experimenten en estos roles, criticando las normas opresivas que limitan su verdadero sentido de la felicidad y la libertad.<\/p>\n<p>La de <strong>Clarice Lispector, <\/strong>sin duda, es una obra que captura la profundidad de la condici\u00f3n humana a trav\u00e9s de narrativas que, aunque a menudo simples en la superficie, revelan una rica complejidad emocional y filos\u00f3fica. Los cuentos exploran temas como la identidad, el deseo, la percepci\u00f3n, la rutina, y la b\u00fasqueda de significado en la vida cotidiana. Con su estilo l\u00edrico y reflexivo, Invita a los lectores a mirar m\u00e1s all\u00e1 de la superficie y a contemplar las profundidades de la experiencia humana.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n:<\/strong><\/p>\n<p>Los relatos son conocidos por su exploraci\u00f3n de la psique humana, sus temas existenciales y su estilo po\u00e9tico. A trav\u00e9s de personajes y situaciones aparentemente simples, Lispector profundiza en cuestiones complejas de identidad, percepci\u00f3n y la condici\u00f3n humana, creando un cuerpo de trabajo que sigue siendo profundamente influyente en la literatura.<\/p>\n<p><strong><em>BonusTrack<\/em><\/strong><strong>: Dos relatos completos<\/strong><\/p>\n<p><strong>Amor<br \/>\n<\/strong>Lacos de familia, 1960 \/\u00a0Ed. Sudamericana, 1973<br \/>\nTraducci\u00f3n: Hayd\u00e9e M. Jofre Barroso<\/p>\n<p>Un poco cansada, con las compras deformando la nueva bolsa de malla, Ana subi\u00f3 al tranv\u00eda. Deposit\u00f3 la bolsa sobre las rodillas y el tranv\u00eda comenz\u00f3 a andar. Entonces se recost\u00f3 en el banco en busca de comodidad, con un suspiro casi de satisfacci\u00f3n. Los hijos de Ana eran buenos, algo verdadero y jugoso. Crec\u00edan, se ba\u00f1aban, exig\u00edan, malcriados, por momentos cada vez m\u00e1s completos. La cocina era espaciosa, el fog\u00f3n estaba descompuesto y hac\u00eda explosiones. El calor era fuerte en el departamento que estaban pagando de a poco. Pero el viento golpeando las cortinas que ella misma cortara recordaba que si quer\u00eda pod\u00eda enjugarse la frente, mirando el calmo horizonte. Lo mismo que un labrador. Ella hab\u00eda plantado las simientes que ten\u00eda en la mano, no las otras, sino esas mismas. Y los \u00e1rboles crec\u00edan. Crec\u00eda su r\u00e1pida conversaci\u00f3n con el cobrador de la luz, crec\u00eda el agua llenando la pileta, crec\u00edan sus hijos, crec\u00eda la mesa con comidas, el marido llegando con los diarios y sonriendo de hambre, el canto importuno de las sirvientas del edificio. Ana prestaba a todo, tranquilamente, su mano peque\u00f1a y fuerte, su corriente de vida.<\/p>\n<p>Cierta hora de la tarde era la m\u00e1s peligrosa. A cierta hora de la tarde los \u00e1rboles que ella plantara se re\u00edan de ella. Cuando ya no precisaba m\u00e1s de su fuerza, se inquietaba. Sin embargo, sent\u00edase m\u00e1s s\u00f3lido que nunca, su cuerpo hab\u00eda engrosado un poco, y hab\u00eda que ver la forma en que cortaba blusas para los chicos, con la gran tijera restallando sobre el g\u00e9nero. Todo su deseo vagamente art\u00edstico hac\u00eda mucho que se hab\u00eda encaminado a transformar los d\u00edas bien realizados y hermosos; con el tiempo su gusto por lo decorativo se hab\u00eda desarrollado suplantando su \u00edntimo desorden. Parec\u00eda haber descubierto que todo era pasible de perfeccionamiento, que a cada cosa se prestar\u00eda una apariencia armoniosa; la vida podr\u00eda ser hecha por la mano del hombre.<\/p>\n<p>En el fondo, Ana siempre hab\u00eda tenido necesidad de sentir la ra\u00edz firme de las cosas. Y eso le hab\u00eda dado un hogar, sorprendentemente. Por caminos torcidos hab\u00eda venido a caer en un destino de mujer, con la sorpresa de caber en \u00e9l como si ella lo hubiera inventado. El hombre con el que se casara era un hombre de verdad, los hijos que hab\u00edan tenido eran hijos de verdad. Su juventud anterior le parec\u00eda tan extra\u00f1a como una enfermedad de vida. Hab\u00eda surgido de ella muy pronto para descubrir que tambi\u00e9n sin la felicidad se viv\u00eda: aboli\u00e9ndola, hab\u00eda encontrado una legi\u00f3n de personas, antes invisibles, que viv\u00edan como quien trabaja \u2013con persistencia, continuidad, alegr\u00eda. Lo que le sucediera a Ana antes de tener su hogar ya estaba para siempre afuera de su alcance: era una exaltaci\u00f3n perturbada a la que tantas veces confundiera con una insoportable felicidad. A cambio de eso, hab\u00eda creado algo al fin comprensible, una vida de adulto. As\u00ed lo hab\u00eda querido ella y as\u00ed lo hab\u00eda escogido.<\/p>\n<p>Su precauci\u00f3n se reduc\u00eda a cuidarse en la hora peligrosa de la tarde; cuando la casa estaba vac\u00eda y sin necesitar ya de ella, el sol alto, y cada miembro de la familia distribuido en sus ocupaciones. Mirando los muebles limpios, su coraz\u00f3n se apretaba un poco con espanto. Pero en su vida no hab\u00eda lugar para sentir ternura por su espanto \u2013ella lo sofocaba con la misma habilidad que le hab\u00edan transmitido los trabajos de la casa. Entonces sal\u00eda para hacer las compras o llevar objetos para arreglar, cuidando del hogar y de la familia y en rebeld\u00eda con ellos. Cuando volv\u00eda ya era el final de la tarde y los ni\u00f1os, de regreso del colegio, la exig\u00edan. As\u00ed llegar\u00eda la noche, con su tranquila vibraci\u00f3n. De ma\u00f1ana despertar\u00eda aureolada por los tranquilos deberes. Nuevamente encontraba los muebles sucios y llenos de polvo, como si regresaran arrepentidos. En cuanto a ella misma, formaba oscuramente parte de las ra\u00edces negras y suaves del mundo. Y alimentaba an\u00f3nimamente la vida. Y eso estaba bien. As\u00ed lo hab\u00eda querido y elegido ella.<\/p>\n<p>El tranv\u00eda vacilaba sobre las v\u00edas, entraba en calles anchas. En seguida soplaba un viento m\u00e1s h\u00famedo anunciando, mucho m\u00e1s que el fin de la tarde, el final de la hora inestable. Ana respir\u00f3 profundamente y una gran aceptaci\u00f3n dio a su rostro un aire de mujer.<\/p>\n<p>El tranv\u00eda se arrastraba, en seguida se deten\u00eda. Hasta la calle Humait\u00e1 ten\u00eda tiempo de descansar. Fue entonces cuando mir\u00f3 hacia el hombre detenido en la parada. La diferencia entre \u00e9l y los otros era que \u00e9l estaba realmente detenido. De pie, sus manos se manten\u00edan extendidas. Era un ciego.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 otra cosa hab\u00eda hecho que Ana se fijase erizada de sospecha? Algo inquietante estaba pasando. Entonces lo advirti\u00f3: el ciego masticaba chicles\u2026 Un hombre ciego masticaba chicles.<\/p>\n<p>Ana todav\u00eda tuvo tiempo de pensar por un segundo que los hermanos ir\u00edan a comer, el coraz\u00f3n lat\u00eda con violencia, espaciadamente. Inclinada, miraba al ciego profundamente, como se mira lo que no nos ve. \u00c9l masticaba goma en la oscuridad. Sin sufrimiento, con los ojos abiertos. El movimiento, al masticar lo hac\u00eda parecer sonriente y de pronto dej\u00f3 de sonre\u00edr, sonre\u00edr y dejar de sonre\u00edr \u2013como si \u00e9l la hubiese insultado, Ana lo miraba. Y quien la viese tendr\u00eda la impresi\u00f3n de una mujer con odio. Pero continuaba mir\u00e1ndolo, cada vez m\u00e1s inclinada \u2013el tranv\u00eda arranc\u00f3 s\u00fabitamente arroj\u00e1ndola desprevenida hacia atr\u00e1s, la pesada bolsa de malla rod\u00f3 de su regazo y cay\u00f3 en el suelo\u2014, Ana dio un grito y el conductor imparti\u00f3 la orden de parar antes de saber de qu\u00e9 se trataba \u2013el tranv\u00eda se detuvo, los pasajeros miraron asustados. Incapaz de moverse para recoger sus compras, Ana se irgui\u00f3 p\u00e1lida. Una expresi\u00f3n desde hac\u00eda tiempo no usada en el rostro resurg\u00eda con dificultad, todav\u00eda incierta, incomprensible. El muchacho de los diarios re\u00eda entreg\u00e1ndole sus paquetes. Pero los huevos se hab\u00edan quebrado en el paquete de papel de diario. Yemas amarillas y viscosas se pegoteaban entre los hilos de la malla. El ciego hab\u00eda interrumpido su tarea de masticar chicles y extend\u00eda las manos inseguras, intentando in\u00fatilmente percibir lo que estaba sucediendo. El paquete de los huevos fue arrojado fuera de la bolsa y, entre las sonrisas de los pasajeros y la se\u00f1al del conductor, el tranv\u00eda reinici\u00f3 nuevamente la marcha.<\/p>\n<p>Pocos instantes despu\u00e9s ya nadie la miraba. El tranv\u00eda se sacud\u00eda sobre los rieles y el ciego masticando chicles hab\u00eda quedado atr\u00e1s para siempre. Pero el mal ya estaba hecho.<\/p>\n<p>La bolsa de malla era \u00e1spera entre sus dedos, no \u00edntima como cuando la tejiera. La bolsa hab\u00eda perdido el sentido y estar en un tranv\u00eda era un hilo roto; no sab\u00eda qu\u00e9 hacer con las compras en el regazo. Y como una extra\u00f1a m\u00fasica, el mundo recomenzaba a su alrededor. El mal estaba hecho. \u00bfPor qu\u00e9?, \u00bfacaso se hab\u00eda olvidado de que hab\u00eda ciegos? La piedad la sofocaba, y Ana respiraba con dificultad. A\u00fan las cosas que exist\u00edan antes de lo sucedido ahora estaban precavidas, ten\u00edan un aire hostil, perecedero\u2026 El mundo nuevamente se hab\u00eda transformado en un malestar. Varios a\u00f1os se desmoronaban, las yemas amarillas se escurr\u00edan. Expulsada de sus propios d\u00edas, le parec\u00eda que las personas en la calle corr\u00edan peligro, que se manten\u00edan por un m\u00ednimo equilibrio, por azar, en la oscuridad \u2013y por un momento la falta de sentido las dejaba tan libres que ellas no sab\u00edan hacia d\u00f3nde ir. Notar una ausencia de ley fue tan s\u00fabito que Ana se agarr\u00f3 al banco de enfrente, como si se pudiera caer del tranv\u00eda, como si las cosas pudieran ser revertidas con la misma calma con que no lo eran. Aquello que ella llamaba crisis hab\u00eda venido, finalmente. Y su marca era el placer intenso con que ahora gozaba de las cosas, sufriendo espantada. El calor se hab\u00eda vuelto menos sofocante, todo hab\u00eda ganado una fuerza y unas voces m\u00e1s altas. En la calle Voluntarios de la Patria parec\u00eda que estaba pronta a estallar una revoluci\u00f3n. Las rejas de las cloacas estaban secas, el aire cargado de polvo. Un ciego mascando chicles hab\u00eda sumergido el mundo en oscura impaciencia. En cada persona fuerte estaba ausente la piedad por el ciego, y las personas la asustaban con el vigor que pose\u00edan. Junto a ella hab\u00eda una se\u00f1ora de azul, \u00a1con un rostro! Desvi\u00f3 la mirada, r\u00e1pido. \u00a1En la acera, una mujer dio un empuj\u00f3n al hijo! Dos novios entrelazaban los dedos sonriendo\u2026 \u00bfY el ciego? Ana se hab\u00eda deslizado hacia una bondad extremadamente dolorosa.<\/p>\n<p>Ella hab\u00eda calmado tan bien a la vida, hab\u00eda cuidado tanto de que no explotara. Manten\u00eda todo en serena comprensi\u00f3n, separaba a una persona de las otras, las ropas estaban claramente hechas para ser usadas y se pod\u00eda elegir por el diario la pel\u00edcula de la noche, todo hecho de tal modo que un d\u00eda sucediera al otro. Y un ciego masticando chicles lo hab\u00eda destrozado todo. A trav\u00e9s de la piedad a Ana se le aparec\u00eda una vida llena de n\u00e1usea dulce, hasta la boca.<\/p>\n<p>Solamente entonces percibi\u00f3 que hac\u00eda mucho que hab\u00eda pasado la parada para descender. En la debilidad en que estaba, todo la alcanzaba con un susto; descendi\u00f3 del tranv\u00eda con piernas d\u00e9biles, mir\u00f3 a su alrededor, asegurando la bolsa de malla sucia de huevo. Por un momento no consigui\u00f3 orientarse. Le parec\u00eda haber descendido en medio de la noche.<\/p>\n<p>Era una calle larga, con altos muros amarillos. Su coraz\u00f3n lat\u00eda con miedo, ella buscaba in\u00fatilmente reconocer los alrededores, mientras la vida que descubriera continuaba latiendo y un viento m\u00e1s tibio y m\u00e1s misterioso le rodeaba el rostro. Se qued\u00f3 parada mirando el muro. Al fin pudo ubicarse. Caminando un poco m\u00e1s a lo largo de la tapia, cruz\u00f3 los portones del Jard\u00edn Bot\u00e1nico.<\/p>\n<p>Caminaba pesadamente por la alameda central, entre los cocoteros. No hab\u00eda nadie en el jard\u00edn. Dej\u00f3 los paquetes en el suelo, se sent\u00f3 en un banco de un atajo y all\u00ed se qued\u00f3 por alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>La vastedad parec\u00eda calmarla, el silencio regulaba su respiraci\u00f3n. Ella adormec\u00eda dentro de s\u00ed.<\/p>\n<p>De lejos se ve\u00eda la hilera de \u00e1rboles donde la tarde era clara y redonda. Pero la penumbra de las ramas cubr\u00eda el atajo.<\/p>\n<p>A su alrededor se escuchaban ruidos serenos, olor a \u00e1rboles, peque\u00f1as sorpresas entre los \u00abcip\u00f3s\u00bb. Todo el Jard\u00edn era triturado por los instantes ya m\u00e1s apresurados de la tarde. \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda el medio sue\u00f1o por el cual estaba rodeada? Como por un zumbar de abejas y de aves. Todo era extra\u00f1o, demasiado suave, demasiado grande.<\/p>\n<p>Un movimiento leve e \u00edntimo la sobresalt\u00f3 \u2013se volvi\u00f3 r\u00e1pida. Nada parec\u00eda haberse movido. Pero en la alameda central estaba inm\u00f3vil un poderoso gato. Su pelaje era suave. En una nueva marcha silenciosa, desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Inquieta, mir\u00f3 en torno. Las ramas se balanceaban, las sombras vacilaban sobre el suelo. Un gorri\u00f3n escarbaba en la tierra. Y de repente, con malestar, le pareci\u00f3 haber ca\u00eddo en una emboscada. En el Jard\u00edn se hac\u00eda un trabajo secreto del cual ella comenzaba a apercibirse.<\/p>\n<p>En los \u00e1rboles las frutas eran negras, dulces como la miel. En el suelo hab\u00eda carozos llenos de orificios, como peque\u00f1os cerebros podridos. El banco estaba manchado de jugos violetas. Con suavidad intensa las aguas rumoreaban. En el tronco del \u00e1rbol se pegaban las lujosas patas de una ara\u00f1a. La crudeza del mundo era tranquila. El asesinato era profundo. Y la muerte no era aquello que pens\u00e1bamos.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que imaginario, era un mundo para comerlo con los dientes, un mundo de grandes dalias y tulipanes. Los troncos eran recorridos por par\u00e1sitas con hojas, y el brazo era suave, apretado. Como el rechazo que preced\u00eda a una entrega, era fascinante, la mujer sent\u00eda asco, y a la vez era fascinada.<\/p>\n<p>Los \u00e1rboles estaban cargados, el mundo era tan rico que se pudr\u00eda. Cuando Ana pens\u00f3 que hab\u00eda ni\u00f1os y hombres grandes con hambre, la n\u00e1usea le subi\u00f3 a la garganta, como si ella estuviera gr\u00e1vida y abandonada. La moral del Jard\u00edn era otra. Ahora que el ciego la hab\u00eda guiado hasta \u00e9l, se estremec\u00eda en los primeros pasos de un mundo brillante, sombr\u00edo, donde las victoria-regias flotaban, monstruosas. Las peque\u00f1as flores esparcidas sobre el c\u00e9sped no le parec\u00edan amarillas o rosadas, sino del color de un mal oro y escarlatas. La descomposici\u00f3n era profunda, perfumada\u2026 Pero todas las pesadas cosas eran vistas por ella con la cabeza rodeada de un enjambre de insectos, enviados por la vida m\u00e1s delicada del mundo. La brisa se insinuaba entre las flores. Ana, m\u00e1s adivinaba que sent\u00eda su olor dulz\u00f3n\u2026 El Jard\u00edn era tan bonito que ella tuvo miedo del Infierno.<\/p>\n<p>Ahora era casi noche y todo parec\u00eda lleno, pesado, un \u00abesquilo\u00bb (1) pareci\u00f3 volar en la sombra. Bajo los pies la tierra estaba fofa, Ana la aspiraba con delicia. Era fascinante, y ella sent\u00edase mareada.<\/p>\n<p>Pero cuando record\u00f3 a los ni\u00f1os, frente a los cuales hab\u00eda vuelto culpable, se irgui\u00f3 con una exclamaci\u00f3n de dolor. Tom\u00f3 el paquete, avanz\u00f3 por el atajo oscuro y alcanz\u00f3 la alameda. Casi corr\u00eda \u2013y ve\u00eda el Jard\u00edn en torno de ella, con su soberbia impersonalidad. Sacudi\u00f3 los portones cerrados, los sacud\u00eda apretando la madera \u00e1spera. El cuidador apareci\u00f3 asustado por no haberla visto.<\/p>\n<p>Hasta que no lleg\u00f3 a la puerta del edificio, hab\u00eda parecido estar al borde del desastre. Corri\u00f3 con la bolsa hasta el ascensor, su alma golpeaba en el pecho \u2013\u00bfqu\u00e9 suced\u00eda? La piedad por el ciego era muy violenta, como una ansiedad, pero el mundo le parec\u00eda suyo, sucio, perecedero, suyo. Abri\u00f3 la puerta de la casa. La sala era grande, cuadrada, los picaportes brillaban limpios, los vidrios de las ventanas brillaban, la l\u00e1mpara brillaba \u2013\u00bfqu\u00e9 nueva tierra era esa? Y por un instante la vida sana que hasta entonces llevara le pareci\u00f3 una manera moralmente loca de vivir. El ni\u00f1o que se acerc\u00f3 corriendo era un ser de piernas largas y rostro igual al suyo, que corr\u00eda y la abrazaba. Lo apret\u00f3 con fuerza, con espanto. Se proteg\u00eda, tr\u00e9mula. Porque la vida era peligrosa. Ella amaba el mundo, amaba cuanto fuera creado\u2014amaba con repugnancia. Del mismo modo en que siempre fuera fascinada por las ostras, con aquel vago sentimiento de asco que la proximidad de la verdad le provocaba, avis\u00e1ndola. Abraz\u00f3 al hijo casi hasta el punto de estrujarlo. Como si supiera de un mal \u2013\u00bfel ciego o el Jard\u00edn Bot\u00e1nico? \u2014se prend\u00eda a \u00e9l, a quien quer\u00eda por encima de todo. Hab\u00eda sido alcanzada por el demonio de la fe. La vida es horrible, dijo muy bajo, hambrienta. \u00bfQu\u00e9 har\u00eda en el caso de seguir el llamado del ciego? Ir\u00eda sola\u2026 Hab\u00eda lugares pobres y ricos que necesitaban de ella. Ella precisaba de ellos\u2026 Tengo miedo, dijo. Sent\u00eda las costillas delicadas de la criatura entre los brazos, escuch\u00f3 su llanto asustado. Mam\u00e1, exclam\u00f3 el ni\u00f1o. Lo alej\u00f3 de s\u00ed, mir\u00f3 aquel rostro, su coraz\u00f3n se crisp\u00f3. No dejes que mam\u00e1 te olvide, le dijo. El ni\u00f1o, apenas sinti\u00f3 que el abrazo se aflojaba, escap\u00f3 y corri\u00f3 hasta la puerta de la habitaci\u00f3n, de donde la mir\u00f3 m\u00e1s seguro. Era la peor mirada que jam\u00e1s recibiera. La sangre le subi\u00f3 al rostro, afiebr\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Se dejo caer en una silla, con los dedos todav\u00eda presos en la bolsa de malla. \u00bfDe qu\u00e9 ten\u00eda verg\u00fcenza?<\/p>\n<p>No hab\u00eda c\u00f3mo huir. Los d\u00edas que ella forjara se hab\u00edan roto en la costra y el agua se escapaba. Estaba delante de la ostra. Y no sab\u00eda c\u00f3mo mirarla. \u00bfDe qu\u00e9 ten\u00eda verg\u00fcenza? Porque ya no se trataba de piedad, no era solamente piedad: su coraz\u00f3n se hab\u00eda llenado con el peor deseo de vivir.<\/p>\n<p>Ya no sab\u00eda si estaba del otro lado del ciego o de las espesas plantas. El hombre poco a poco se hab\u00eda distanciado, y torturada ella parec\u00eda haber pasado para el lado de los que le hab\u00edan herido los ojos. El Jard\u00edn Bot\u00e1nico, tranquilo y alto, la revelaba. Con horror descubr\u00eda que ella pertenec\u00eda a la parte fuerte del mundo \u2013\u00bfy qu\u00e9 nombre se deber\u00eda dar a su misericordia violenta? Ser\u00eda obligada a besar al leproso, pues nunca ser\u00eda solamente su hermana. Un ciego me llev\u00f3 hasta lo peor de m\u00ed misma, pens\u00f3 asustada. Sent\u00edase expulsada porque ning\u00fan pobre beber\u00eda agua en sus manos ardientes. \u00a1Ah!, \u00a1era m\u00e1s f\u00e1cil ser un santo que una persona! Por Dios, \u00bfno hab\u00eda sido verdadera la piedad que sondeara en su coraz\u00f3n las aguas m\u00e1s profundas? Pero era una piedad de le\u00f3n.<\/p>\n<p>Humillada, sab\u00eda que el ciego preferir\u00eda un amor m\u00e1s pobre. Y, estremeci\u00e9ndose, tambi\u00e9n sab\u00eda por qu\u00e9. La vida del Jard\u00edn Bot\u00e1nico la llamaba como el lobis\u00f3n es llamado por la luna. \u00a1Oh, pero ella amaba al ciego!, pens\u00f3 con los ojos humedecidos. Sin embargo, no era con ese sentimiento con el que se va a la iglesia. Estoy con miedo, se dijo, sola en la sala. Se levant\u00f3 y fue a la cocina para ayudar a la sirvienta a preparar la cena.<\/p>\n<p>Pero la vida la estremec\u00eda, como un fr\u00edo. O\u00eda la campana de la escuela, lejana y constante. El peque\u00f1o horror del polvo ligando en hilos la parte inferior del fog\u00f3n, donde descubri\u00f3 la peque\u00f1a ara\u00f1a. Llevando el florero para cambiar el agua \u2013estaba el horror de la flor entreg\u00e1ndose l\u00e1nguida y asquerosa a sus manos. El mismo trabajo secreto se hac\u00eda all\u00ed en la cocina. Cerca de la lata de basura, aplast\u00f3 con el pie una hormiga. El peque\u00f1o asesinato de la hormiga. El peque\u00f1o cuerpo temblaba. Las gotas de agua ca\u00edan en el agua quieta de la pileta. Los abejorros de verano. El horror de los abejorros inexpresivos. Alrededor se extend\u00eda una vida silenciosa, lenta e insistente. Horror, horror. Caminaba de un lado a otro de la cocina, cortando los bifes, batiendo la crema. En torno a su cabeza, en una ronda, en torno de la luz, los mosquitos de una noche c\u00e1lida. Una noche en que la piedad era tan cruda como el mal amor. Entre los dos senos corr\u00eda el sudor. La fe se quebrantaba, el calor del horno ard\u00eda en sus ojos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vino el marido, vinieron los hermanos y sus mujeres, vinieron los hijos de los hermanos.<\/p>\n<p>Comieron con las ventanas todas abiertas, en el noveno piso. Un avi\u00f3n estremec\u00eda, amenazando en el calor del cielo. A pesar de haber usado pocos huevos, la comida estaba buena. Tambi\u00e9n sus chicos se quedaron despiertos, jugando en la alfombra con los otros. Era verano, ser\u00eda in\u00fatil obligarlos a ir a dormir. Ana estaba un poco p\u00e1lida y re\u00eda suavemente con los otros.<\/p>\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de la comida, la primera brisa m\u00e1s fresca entr\u00f3 por las ventanas. Ellos rodeaban la mesa, ellos, la familia. Cansados del d\u00eda, felices al no disentir, bien dispuestos a no ver defectos. Se re\u00edan de todo, con el coraz\u00f3n bondadoso y humano. Los chicos crec\u00edan admirablemente alrededor de ellos. Y como una mariposa, Ana sujet\u00f3 el instante entre los dedos antes que \u00e9l desapareciera para siempre.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuando todos se fueron y los chicos estaban acostados, ella era una mujer inerte que miraba por la ventana. La ciudad estaba adormecida y caliente. Y lo que el ciego hab\u00eda desencadenado, \u00bfcabr\u00eda en sus d\u00edas? \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os le llevar\u00eda envejecer de nuevo? Cualquier movimiento de ella, y pisar\u00eda a uno de los chicos. Pero con una maldad de amante, parec\u00eda aceptar que de la flor saliera el mosquito, que las victoria-regias flotasen en la oscuridad del lago. El ciego pend\u00eda entre los frutos del Jard\u00edn Bot\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u00a1Si ella fuera un abejorro del fog\u00f3n, el fuego ya habr\u00eda abrazado toda la casa!, pens\u00f3 corriendo hacia la cocina y tropezando con su marido frente al caf\u00e9 derramado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 fue? \u2013grit\u00f3 vibrando todo.<\/p>\n<p>\u00c9l se asust\u00f3 por el miedo de la mujer. Y de repente ri\u00f3, entendiendo:<\/p>\n<p>\u2014No fue nada \u2013dijo\u2014, soy un descuidado. \u2013\u00c9l parec\u00eda cansado, con ojeras.<\/p>\n<p>Pero ante el extra\u00f1o rostro de Ana, la observ\u00f3 con mayor atenci\u00f3n. Despu\u00e9s la atrajo hacia s\u00ed, en r\u00e1pida caricia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No quiero que te suceda nada, nunca! \u2013dijo ella.<\/p>\n<p>\u2014Deja que por lo menos me suceda que el fog\u00f3n explote \u2013respondi\u00f3 \u00e9l, sonriendo. Ella continu\u00f3 sin fuerza en su brazos. Ese d\u00eda, a la tarde, algo tranquilo hab\u00eda estallado, y en toda la casa hab\u00eda un clima humor\u00edstico, triste.<\/p>\n<p>-Es hora de dormir \u2013dijo \u00e9l\u2014, es tarde. \u2013En un gesto que no era el de \u00e9l, pero que le pareci\u00f3 natural, tom\u00f3 la mano de la mujer llev\u00e1ndola consigo sin mirar para atr\u00e1s, alej\u00e1ndola del peligro de vivir. Hab\u00eda terminado el v\u00e9rtigo de la bondad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda atravesado el amor y su infierno, ahora pein\u00e1base delante del espejo, por un momento sin ning\u00fan mundo en el coraz\u00f3n. Antes de acostarse, como si apagara una vela, sopl\u00f3 la peque\u00f1a llama del d\u00eda.<\/p>\n<p>(1) \u00abEsquilo\u00bb: peque\u00f1o mam\u00edfero roedor (N. del T.).<\/p>\n<p><strong>Monos<br \/>\n<\/strong>A Legi\u00e3o Estrangeira, 1964<br \/>\nTraducci\u00f3n: Mariana Zir<\/p>\n<p>La primera vez que tuvimos en casa un mico fue cerca de A\u00f1o Nuevo. Est\u00e1bamos sin agua y sin empleada, se hac\u00eda cola para la carne, el calor hab\u00eda reventado \u2013 y fue cuando, muda de perplejidad, vi el regalo entrando a casa, ya comiendo banana, ya examinando todo con gran rapidez y un largo rabo. Parec\u00eda m\u00e1s un gran mono todav\u00eda no crecido, sus potencialidades eran tremendas. Sub\u00eda por la ropa colgada en la cuerda, desde donde daba gritos de marinero, y tiraba c\u00e1scaras de banana adonde cayeran. Y yo exhausta. Cuando me olvidaba y entraba distra\u00edda a la dependencia, el gran sobresalto: aquel hombre alegre all\u00ed. Mi hijo menor sab\u00eda, antes de que yo lo supiera, que me deshar\u00eda del gorila: \u00bf\u00abY si te prometiera que un d\u00eda el mono se va a enfermar y a morir, \u00bfdejar\u00edas que se quedara? \u00bfY si supieras que de cualquier manera \u00e9l un d\u00eda se va a caer de la ventana y a morir all\u00e1 abajo?\u00bb Mis sentimientos desviaban la mirada. La inconsciencia feliz e inmunda del gran-mono-peque\u00f1o me hac\u00eda responsable de su destino, ya que \u00e9l mismo no aceptaba culpas. Una amiga entendi\u00f3 de qu\u00e9 amargura estaba hecha mi aceptaci\u00f3n, de qu\u00e9 cr\u00edmenes se alimentaba mi aire so\u00f1ador, y rudamente me salv\u00f3: ni\u00f1os del\u00a0<em>morro <\/em>aparecieron en una algarab\u00eda feliz, se llevaron al hombre que re\u00eda, y en el desvitalizado A\u00f1o Nuevo a m\u00ed por lo menos me regalaron una casa sin mono.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s, acababa de tener una alegr\u00eda, cuando all\u00ed en Copacabana vi el agrupamiento. Un hombre vend\u00eda monitos. Pens\u00e9 en los chicos, en las alegr\u00edas que me daban gratis, sin nada que ver con las preocupaciones que tambi\u00e9n gratis me daban, imagin\u00e9 una cadena de alegr\u00edas: \u00abQuien reciba \u00e9sta, que se la pase a otro\u00bb, y otro a otro, como el bramido en un rastro de p\u00f3lvora. Y ah\u00ed mismo compr\u00e9 a la que se llamar\u00eda Lisette.<\/p>\n<p>Casi no cab\u00eda en una mano. Ten\u00eda falda, aretes, collar y pulsera de\u00a0<em>baiana<\/em>. Y un aire de inmigrante que a\u00fan desembarca con el traje t\u00edpico de su tierra. De inmigrante tambi\u00e9n eran los ojos redondos.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9sta, era mujer en miniatura. Tres d\u00edas estuvo con nosotros. Era de tal delicadeza de huesos. De tal extrema dulzura. M\u00e1s que los ojos, la mirada era redondeada. Cada movimiento, y los aretes se estremec\u00edan; la falda siempre arreglada, el collar rojo brillante. Dorm\u00eda mucho, pero para comer era sobria y cansada. Sus raras caricias eran s\u00f3lo mordidas leves que no dejaban marca. En el tercer d\u00eda est\u00e1bamos en la dependencia admirando a Lisette y el modo en que ella era nuestra. \u00abUn poco demasiado suave\u00bb, pens\u00e9 extra\u00f1ando a mi gorila. Y de repente mi coraz\u00f3n fue respondiendo con mucha dureza: \u00abPero eso no es dulzura. Esto es muerte\u00bb. La sequedad de la comunicaci\u00f3n me dej\u00f3 quieta. Despu\u00e9s les dije a los chicos: \u00abLisette se est\u00e1 muriendo\u00bb. Mir\u00e1ndola, not\u00e9 entonces hasta qu\u00e9 punto de amor ya hab\u00edamos llegado. Envolv\u00ed a Lisette en una servilleta, fui con los chicos hasta la primera guardia, donde el m\u00e9dico no pod\u00eda atendernos porque operaba de urgencia a un perro. Otro taxi \u2013Lisette cree que est\u00e1 paseando, mam\u00e1- otro hospital. All\u00e1 le dieron ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>Y con un soplo de vida, s\u00fabitamente se revel\u00f3 una Lisette que desconoc\u00edamos. Con ojos mucho menos redondos, m\u00e1s secretos, m\u00e1s a las risas y en la cara prognata y ordinaria una cierta altivez ir\u00f3nica; un poco m\u00e1s de ox\u00edgeno, y le dieron unas ganas de hablar que ella mal aguantaba ser mona; lo era, y mucho tendr\u00eda para contar. En seguida, sin embargo, sucumb\u00eda de nuevo, exhausta.<\/p>\n<p>M\u00e1s ox\u00edgeno y esta vez una inyecci\u00f3n de suero a cuya picada reaccion\u00f3 con una palmadita col\u00e9rica, de pulsera tintinando. El enfermero sonri\u00f3: \u00abLisette, querida, \u00a1sosi\u00e9gate!\u00bb<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico: no iba a vivir, a menos que tuviese ox\u00edgeno a mano y, aun as\u00ed, improbable. \u00abNo se compran monos en la calle\u00bb, me censur\u00f3 \u00e9l sacudiendo la cabeza, \u00aba veces ya vienen enfermos\u00bb. No, hab\u00eda que comprar a la mona adecuada, saber su origen, tener por lo menos cinco a\u00f1os de garant\u00eda de amor, saber lo hab\u00eda hecho y lo que no, como si fuera para casarse. Resolv\u00ed un instante con los chicos. Y le dije al enfermero: \u00abUsted la est\u00e1 queriendo mucho a Lisette. As\u00ed que si usted la deja pasar algunos d\u00edas cerca del ox\u00edgeno, ni bien sane, es suya\u00bb. Pero \u00e9l pensaba. \u00abLisette es linda\u00bb le supliqu\u00e9 yo. \u00abEs hermosa\u00bb, acept\u00f3 \u00e9l pensativo. Despu\u00e9s suspir\u00f3 y dijo: \u00abSi curo a Lisette, es suya\u00bb. Nos fuimos, con la servilleta vac\u00eda.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente llamaron por tel\u00e9fono, y les avis\u00e9 a los chicos que Lisette hab\u00eda muerto. El m\u00e1s chico me pregunt\u00f3: \u00abCrees que muri\u00f3 con los aretes?\u00bb Yo le dije que s\u00ed. Una semana despu\u00e9s el mayor me dijo: \u00ab\u00a1Te pareces tanto a Lisette!\u00bb \u00abYo tambi\u00e9n te quiero\u00bb, contest\u00e9.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> https:\/\/funcionlenguaje.com\/index.php\/es\/sala-de-lectura\/rincon-bibliografico\/1405-la-hora-de-la-estrella-de-clarice-lispector.html<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> https:\/\/revistaelinterpretador.wordpress.com\/2016\/11\/08\/dos-relatos-de-clarice-lispector-amor-y-monos\/<\/p>\n<blockquote><p>Seguinos en <strong>Instagram<\/strong>.<strong>\u00a0Diario Digital Femenino:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/diariodigitalfemenino_\/\">@diariodigitalfemenino_<\/a><br \/>\nLenny C\u00e1ceres:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/lennycaceres69\/\">@lennycaceres69<\/a><br \/>\n<\/strong>Facebook: <strong><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/DiarioDigitalFemenino\/\">Diario Digital Femenino\u00a0<\/a><\/strong><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Clarice Lispector, aunque nacida en Ucrania vive su ni\u00f1ez en Brasil. Es una de las escritoras m\u00e1s influyentes de la literatura brasile\u00f1a, es conocida por su estilo introspectivo y su exploraci\u00f3n de la vida interior de sus personajes. 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