{"id":53863,"date":"2020-11-14T15:34:43","date_gmt":"2020-11-14T18:34:43","guid":{"rendered":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/?p=53863"},"modified":"2020-11-14T15:34:43","modified_gmt":"2020-11-14T18:34:43","slug":"el-amor-en-el-siglo-xxi-entre-la-vida-digital-y-la-sociedad-del-cansancio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/el-amor-en-el-siglo-xxi-entre-la-vida-digital-y-la-sociedad-del-cansancio\/","title":{"rendered":"El amor en el siglo XXI: entre la vida digital y la sociedad del cansancio"},"content":{"rendered":"<p>El amor en el siglo XXI<\/p>\n<p class=\"capital\">A Theodore le ven\u00eda ganando la melancol\u00eda; andaba por la vida solo, inmerso en rutinas \u00e1ridas, incapaz de escribir -escribir era lo suyo- salvo de manera puramente utilitaria. Pero un buen d\u00eda conoci\u00f3 a Samantha, que no era ni delirio ni fantasma ni persona, sino un sofisticado sistema operativo. Desde las entra\u00f1as de un mundo inapresable, el sistema le hablaba con voz femenina (nada menos que con el timbre de Scarlett Johansson). Samantha era divertida, inteligente, emp\u00e1tica, sexi. C\u00f3mo no enamorarse.<\/p>\n<p>Por\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/autor\/diana-fernandez-irusta-3968\">Diana Fern\u00e1ndez Irusta<\/a><\/p>\n<p>La pel\u00edcula se llam\u00f3<i>\u00a0He<\/i>r, se estren\u00f3 en 2013 y cuenta precisamente eso: el enamoramiento, muy sincero y muy real, entre un hombre y un programa de inteligencia artificial. \u00abEncima, es precuarentena y virtualizaci\u00f3n totalitaria de la vida\u00bb, destaca el psicoanalista y doctor en Filosof\u00eda Luciano Lutereau, que piensa que este film de Spike Jonze anuncia la posibilidad de pensar en \u00abun mundo en el que los sistemas operativos reemplacen a las personas como parejas\u00bb.<\/p>\n<p>Lutereau acaba de publicar\u00a0<i>El fin de la masculinidad. C\u00f3mo amar en el siglo XXI\u00a0<\/i>(Paid\u00f3s) libro que, junto con\u00a0<i>M\u00e1s crianza, menos terapia<\/i>\u00a0y\u00a0<i>Esos raros adolescentes nuevos<\/i>, conforma una trilog\u00eda abocada a pensar los lazos de amor y parentesco en una \u00e9poca donde la incertidumbre parece ser la regla, y no solo en cuestiones pol\u00edticas, tecnol\u00f3gicas o ambientales. \u00abLos lazos afectivos ya no nos oprimen; est\u00e1n tan deshilachados que estamos m\u00e1s cerca de que se corten que de que nos ahorquen\u00bb, describe el autor.<\/p>\n<p>As\u00ed resulta ser. All\u00e1 afuera las democracias tambalean, la crisis clim\u00e1tica muestra los dientes, una disruptiva pandemia pone a prueba el precario equilibrio global. Y nosotros seguimos penando de <a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/ro-ferrer-el-amor-romantico-es-puro-cuento\/\">amor<\/a>. O, en todo caso, penando por algo a lo que todav\u00eda llamamos as\u00ed, cuyos entresijos buscamos desentra\u00f1ar en libros de an\u00e1lisis o autoayuda -no es casual la proliferaci\u00f3n de este tipo de literatura-, en sesiones de terapias interminables, en un r\u00e1pido sobrevuelo por Tinder, en el confortable refugio de tanta balada que le sigue cantando al amor rom\u00e1ntico? aunque reine la sospecha de que el sue\u00f1o termin\u00f3.<\/p>\n<div id=\"modalOverlay\"><\/div>\n<figure id=\"figure_3485927\" class=\"L\" data-is=\"imagen\"><picture><source srcset=\"\/\/bucket3.glanacion.com\/anexos\/fotos\/27\/3485927w740.jpg\" media=\"(min-width: 768px)\" \/><source srcset=\"\/\/bucket3.glanacion.com\/anexos\/fotos\/27\/3485927w768.jpg\" media=\"(min-width: 380px)\" \/><\/picture>\n<p><figure style=\"width: 740px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/bucket3.glanacion.com\/anexos\/fotos\/27\/3485927w380.jpg\" alt=\"El amor en el siglo XXI: entre la vida digital y la sociedad del cansancio\" width=\"740\" height=\"493\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">El amor en el siglo XXI: entre la vida digital y la sociedad del cansancio<\/figcaption><\/figure><\/figure>\n<p>\u00abQueremos pensar el siglo XXI con palabras del siglo XIX\u00bb, apunta Daniel Mundo, ensayista, especialista en medios de comunicaci\u00f3n y autor de\u00a0<i>Manifiesto pornol\u00f3gico<\/i>\u00a0(Qeja), otro libro que aborda esta tem\u00e1tica. \u00abTratamos de comprender un momento in\u00e9dito con las categor\u00edas de Freud -se explaya-. Pero el mundo ha cambiado\u00bb.<\/p>\n<p>Sus observaciones recuerdan a las de la antrop\u00f3loga Paula Sibilia, que en 2008 public\u00f3 La intimidad como espect\u00e1culo, libro fundamental para atisbar al menos parte de la compleja trama que organiza este tiempo.<\/p>\n<h2 id=\"adios-modernidad-adios\" class=\"subtitulo-1\">Adi\u00f3s modernidad, adi\u00f3s<\/h2>\n<p>En una presentaci\u00f3n realizada el mes pasado durante el primer congreso virtual de la Federaci\u00f3n Psicoanal\u00edtica de Am\u00e9rica Latina (Fepal), Sibilia se\u00f1ala: \u00abEn la era moderna, un motivo de sufrimiento crucial se encar\u00f3 como la necesidad de &#8216;reprimir&#8217; o &#8216;sublimar&#8217; deseos individuales en nombre de entidades trascendentes: el bien com\u00fan, el deber, la ley. Ese drama alcanz\u00f3 su apogeo en el siglo XIX y buena parte del XX\u00bb. La autora se\u00f1ala algunas de las palabras con las que se pens\u00f3 ese momento.<i>\u00a0Genealog\u00eda de la moral<\/i>, de Friedrich Nietzsche;\u00a0<i>El malestar en la cultura<\/i>, de Sigmund Freud;<i>\u00a0La \u00e9tica protestante y el esp\u00edritu del capitalismo<\/i>, de Max Weber,\u00a0<i>Vigilar y castigar<\/i>, de Michel Foucault: libros y autores que describieron una subjetividad que estar\u00eda quedando del otro lado de la historia. \u00abNotamos que algunos aspectos de esos mecanismos ya no funcionan igual que antes; se han reconfigurado como fruto de las transformaciones hist\u00f3ricas ocurridas en los \u00faltimos a\u00f1os\u00bb, explica.<\/p>\n<p>Es decir, lo que organiza la subjetividad contempor\u00e1nea ya no es el temor a la ley o la restricci\u00f3n moral que gobernaban a las personas del siglo XX, sino cierto imperativo hedonista, el \u00e9xito como aspiraci\u00f3n ideal y la hegemon\u00eda de internet con su oferta ilimitada de posibilidades, la vida en modo online, la hiperexcitaci\u00f3n de miles de individualidades convertidas en puro ojo, cero cuerpo, continua interacci\u00f3n con las pantallas.<\/p>\n<p>Sibilia observa que, con la irrupci\u00f3n del Covid-19, el imperio de la conectividad se profundiz\u00f3. Y advierte que el ritmo imparable de multitareas y navegaci\u00f3n digital no solo desemboca en agotamiento, sino tambi\u00e9n en saturaci\u00f3n e insatisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tiene que ver todo esto con el lazo amoroso? Mucho.<\/p>\n<p>\u00abPara morir de <a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/el-amor-romantico-fuente-de-violencia-machista-en-america-latina\/\">amor<\/a> hay que tener tiempo\u00bb, recuerda Lutereau que dec\u00eda Andr\u00e9 Maurois. Pero dif\u00edcil disponer de tiempo en el marco de la cultura que el fil\u00f3sofo Byung-Chul Han bautiz\u00f3 como la \u00absociedad del cansancio\u00bb, atravesada por la mercantilizaci\u00f3n de los datos personales propia de lo que la soci\u00f3loga norteamericana Shoshana Zuboff llam\u00f3 \u00abcapitalismo de vigilancia\u00bb. Un circuito de consumos, obligaciones y entretenimiento donde siempre hay algo urgente -o impostergable o excitante o hipn\u00f3tico- convoc\u00e1ndonos tras una iridiscente pantalla.<\/p>\n<p>\u00abEl amor no genera plusval\u00eda\u00bb, escribieron manos an\u00f3nimas en un grafiti de Rosario que la psicoanalista Alexandra Kohan cita en su flamante libro\u00a0<i>Y sin embargo, el amor\u00a0<\/i>(Paid\u00f3s). Porque si hablar de amor es hablar de deseo, las cosas se complican cuando el imaginario est\u00e1 atravesado por el c\u00e1lculo o la convicci\u00f3n de que las relaciones pueden ser m\u00e1s o menos \u00ab\u00fatiles\u00bb.<\/p>\n<p>En su libro, Kohan reitera una sugestiva apelaci\u00f3n: \u00abDejar que el deseo respire\u00bb. Algo que no parece ocurrir siempre. Ni siquiera en las plataformas destinadas al encuentro amoroso o sexual. \u00abNo estoy en contra de las redes sociales; pienso que son lo que uno hace de ellas -explica Kohan-. El punto es que algunas aplicaciones de citas subrayan la idea del otro desechable. Se arma una colecci\u00f3n de perfiles, y si una persona no funciona hay otra y otra y otra. Hay una tendencia a ver si el otro suma, si el otro aporta; y uno dice listo,\u00a0<i>next<\/i>, el que sigue: es una mercantilizaci\u00f3n de las relaciones\u00bb.<\/p>\n<p>Kohan tambi\u00e9n alerta sobre el contradictorio impacto de ciertos imperativos. Desde la categor\u00eda de \u00abt\u00f3xico\u00bb, utilizada hasta el hartazgo en materia amorosa o la medicalizaci\u00f3n como respuesta r\u00e1pida para todo, hasta los discursos ligados a la autorrealizaci\u00f3n, en especial la \u00abobligaci\u00f3n de ser feliz\u00bb. Aclara: \u00abEstos discursos generan m\u00e1s desvitalizaci\u00f3n que otra cosa. Algo respira cuando uno no est\u00e1 agobiado por mandatos que a veces son muy sutiles. Siempre hubo mandatos; antes ven\u00edan de la Iglesia, la familia, las instituciones que nos disciplinaban y nos moralizaban. Pero ahora provienen de los propios pares o de los movimientos emancipatorios\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed aparece una cuesti\u00f3n r\u00edspida. Porque si algo tiene a favor este parad\u00f3jico siglo es que los avances en la igualdad de g\u00e9nero y el reconocimiento a las disidencias inauguraron enormes oportunidades para muchas personas. La contracara aparece en fen\u00f3menos como la \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb, que impulsa la censura colectiva a quien se haya pronunciado de manera ofensiva o mis\u00f3gina. A criterio de Kohan, esta pr\u00e1ctica instaura gestos cercanos a la segregaci\u00f3n, a la voluntad de que el \u00abcancelado\u00bb simplemente desaparezca. Que sea borrado, expulsado del mundo. Un impulso que no deja de ser violento. \u00abCuando la violencia viene de discursos reaccionarios o de odio, uno no espera otra cosa. Pero cuando viene de un lugar familiar, de discursos emancipadores, ah\u00ed se torna siniestra\u00bb, reflexiona.<\/p>\n<h2 id=\"diversidades\" class=\"subtitulo-1\">Diversidades<\/h2>\n<p>Lo cierto es que el panorama no es un\u00edvoco. Seg\u00fan donde se ponga el foco, se podr\u00e1 ver excesiva distancia en lugar de proximidad; exceso de chats y seducci\u00f3n virtual en lugar de cuerpos que se encuentran. Pero tambi\u00e9n se descubrir\u00e1n zonas de novedad, atisbos de vidas que pueden apostar a caminos impensables no tantas generaciones atr\u00e1s (o al menos pagar un costo menor por no marcar la misma tarjeta que la mayor\u00eda).<\/p>\n<p>El mes pasado, durante el Filba virtual, la escritora y periodista Tamara Tenenbaum dialog\u00f3 con la escritora norteamericana Vivian Gornick. \u00abEstar solo es emocionante y doloroso\u00bb, afirm\u00f3 Gornick, que en muchos de sus libros explica por qu\u00e9 opt\u00f3, con libertad y plena conciencia, por la solter\u00eda como elecci\u00f3n vital. No solo ella: en Nueva York, asegura, el 50% de la poblaci\u00f3n vive solo. Una cifra similar a la que se registra en Suecia.<\/p>\n<p>Por su parte, Rita Segato se reconoce, a los 69 a\u00f1os, c\u00f3moda en la tercera edad, \u00abetapa de completa libertad, donde las relaciones amorosas se sustentan por s\u00ed mismas -describe-. Tambi\u00e9n las rupturas son pac\u00edficas y tienen que ver con la independencia cuando se tiene autonom\u00eda y soberan\u00eda econ\u00f3mica\u00bb. A fin de este mes editorial Prometeo publicar\u00e1\u00a0<i>Una antropolog\u00eda del amor<\/i>, libro de Josefina Pimenta Lobato que analiza la conyugalidad y el amor en India, el islam y Occidente. Ser\u00e1 el primer libro de una colecci\u00f3n dirigida por Segato, quien defiende la necesidad de recordar que la cultura occidental puede ser omnipresente, pero no es la \u00fanica. \u00abLa relaci\u00f3n entre amor y conyugalidad es distinta en diferentes civilizaciones. El mundo no es uno solo\u00bb, comenta.<\/p>\n<p>En todo caso, lo que hoy por hoy le toca a Occidente es un tembladeral que, seg\u00fan algunas miradas, estar\u00eda transformando m\u00e1s la idea de familia que la de pareja. \u00abCreo que la familia es mucho m\u00e1s pl\u00e1stica que la pareja -asegura Mundo-. Por ejemplo, yo tengo varias familias, hijos con diferentes madres, suegras; podr\u00eda pasar Navidad con mis hijas, con el hijo de mi nueva pareja, mis hijas pueden seguir viendo a la madre de la otra. Las familias aceptaron m\u00e1s la diversidad y los cambios de los tiempos que la pareja, que sigue hincada en la misma estructura. Algunos tratan de inventar nuevos mitos como el poliamor, que es una especie de placebo para volver m\u00e1s tolerable esto que todos sabemos que est\u00e1 en crisis\u00bb.<\/p>\n<p>Justamente, Malena Rey dedic\u00f3 a los parentescos la \u00faltima entrega de \u00abEl hilo conductor\u00bb, el newsletter que escribe para\u00a0<i>Cenital.<\/i>\u00a0Tras una interesante deriva entre formas culturales que aluden a las m\u00faltiples formas de la familia contempor\u00e1nea, Rey se detiene en la figura de la bi\u00f3loga y te\u00f3rica estadounidense Donna Haraway. Involucrada en la discusi\u00f3n feminista y ambiental, autora del ensayo Seguir con el problema.\u00a0<i>Generar parentesco en el Chtuluceno<\/i>, Haraway aboga por acciones que ayuden a vivir \u00aben un planeta herido\u00bb. Entre ellas se cuenta el llamado a construir nuevos v\u00ednculos, tanto al interior de la comunidad humana como entre los seres humanos y las otras especies. \u00ab\u00a1Generen parientes, no beb\u00e9s!\u00bb, es su \u00faltimo lema, destinado a impulsar redes de afecto y cuidado que vayan m\u00e1s all\u00e1 -mucho m\u00e1s all\u00e1- del lazo sangu\u00edneo.<\/p>\n<p>Pero mientras tanto, \u00bfqu\u00e9 hacer con el amor, ese extra\u00f1o impulso quiz\u00e1s caduco, sin duda en crisis, que sigue presente? Con iron\u00eda, Lutereau escribe: \u00abEn el siglo XXI el amor es un problema. \u00bfPor qu\u00e9 no abolirlo?\u00bb Quiz\u00e1s porque todav\u00eda hay quien, como se\u00f1ala Kohan, prefiere no desistir \u00abde esas innecesarias debilidades, del amor y del deseo, del riesgo sentimental de que alguien nos importe y de que podamos importarle a alguien\u00bb. (<a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/opinion\/el-amor-siglo-xxi-vida-digital-sociedad-nid2509027\">La Naci\u00f3n<\/a>)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El amor en el siglo XXI A Theodore le ven\u00eda ganando la melancol\u00eda; andaba por la vida solo, inmerso en rutinas \u00e1ridas, incapaz de escribir -escribir era lo suyo- salvo de manera puramente utilitaria. Pero un buen d\u00eda conoci\u00f3 a Samantha, que no era ni delirio ni fantasma ni persona, sino un sofisticado sistema operativo. 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