{"id":52818,"date":"2020-10-05T08:59:43","date_gmt":"2020-10-05T11:59:43","guid":{"rendered":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/?p=52818"},"modified":"2020-10-05T08:59:43","modified_gmt":"2020-10-05T11:59:43","slug":"ecofeministas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/ecofeministas\/","title":{"rendered":"Ecofeministas para una vida digna. Bienes comunes: Cuerpos en lucha en el territorio urbano"},"content":{"rendered":"<p>Ecofeministas<\/p>\n<p>El ecofeminismo deconstruye la imagen del hombre aut\u00f3nomo y pone en el centro las vulnerabilidades e interdependencias de los cuerpos con su entorno. El bien com\u00fan surge del reconocimiento colectivo de esas relaciones de cuidados e intercambio hacia el territorio. Se presenta, adem\u00e1s, como espacio de reivindicaci\u00f3n y resistencia de los cuerpos frente a las l\u00f3gicas de acumulaci\u00f3n del capital, una ruptura feminista de la dicotom\u00eda p\u00fablico-privado, una herramienta de ideaci\u00f3n y construcci\u00f3n de otros futuros posibles donde el sostenimiento de las vidas (humanas y no humanas) se sit\u00fae en el centro.<\/p>\n<p>Por:\u00a0<a href=\"https:\/\/kaosenlared.net\/ecofeministas-para-una-vida-digna-bienes-comunes-cuerpos-en-lucha-en-el-territorio-urbano\/\">Irene Landa<\/a><\/p>\n<figure id=\"attachment_52823\" aria-describedby=\"caption-attachment-52823\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-52823\" src=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/La_jagua.jpg\" alt=\"Ecofeministas para una vida digna. 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Muchas vecinas aseguran no haber visto nunca a una, y hace m\u00e1s de un siglo de la quema de la \u00fanica\u00a0mala bruja\u00a0que fue atrapada en La Jagua, pero los mitos sobre la existencia de hechiceras son muy habituales en este peque\u00f1o pueblo colombiano junto al r\u00edo Magdalena. Tanto que estas presencias, a veces invisibles, a veces personificadas en cuerpos feminizados, est\u00e1n presentes y forman parte de las relaciones cotidianas de los y las vecinas.<\/p>\n<p>El r\u00edo Magdalena tambi\u00e9n acoge presencias no som\u00e1ticas, fantasmales, es territorio de ancestros. Aun as\u00ed, las relaciones de las vecinas con su entorno y tradiciones van m\u00e1s all\u00e1 de la mistificaci\u00f3n y la sacralizaci\u00f3n, de lo visible o lo invisible. Como las brujas, o la panadera, el r\u00edo se entiende como agente social adem\u00e1s de territorio. El r\u00edo act\u00faa como espacio de socializaci\u00f3n, producci\u00f3n y sustento de la vida, tiene un papel imprescindible, por tanto, en las actividades productivas y dom\u00e9sticas del pueblo.<\/p>\n<p>Zoila es pescadora y activista del Magdalena. Usando su cuerpo, extiende y recoge sus redes en el r\u00edo, como en una danza, para conseguir alimento. Ella es parte de las geocoreograf\u00edas cotidianas que los cuerpos despliegan sobre el territorio y que son medio para el intercambio constante entre vecinas-r\u00edo.<\/p>\n<p>La gente de La Jagua necesita del r\u00edo para su reproducci\u00f3n, pero el r\u00edo tambi\u00e9n necesita de la gente. Las vecinas velan por \u00e9l y lo protegen de presencias invasivas y amenazantes. Todas las partes se sostienen mutuamente, como una balanza en la que se han distribuido los pesos de tal manera que, pese a introducir ligeros cambios, se tiende a un equilibrio. Sin embargo, un peso demasiado grande puede desestabilizar todo el sistema. Para La Jagua y su r\u00edo ese peso desestabilizador lo ha supuesto\u00a0el proyecto de la central hidr\u00e1ulica, compa\u00f1\u00eda Endesa.<\/p>\n<p>Hay una imagen que se me aparece, como un\u00a0flashback,\u00a0un sue\u00f1o que se me presenta extra\u00f1amente familiar. Grandes flotas desembarcando en una tierra desconocida, bautizada err\u00f3neamente como\u00a0descubierta. En este sue\u00f1o, las flotas ya no se llaman la Pinta, la Ni\u00f1a y la Santa Mar\u00eda, sino Endesa, Sacyr y F; y en vez de ser mercaderes guiados por los deseos imperiales de una monarqu\u00eda cat\u00f3lica, son los intereses expansivos de grandes multinacionales en nombre del capital los que invaden, esta vez, las tierras ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>La obra de la central hidr\u00e1ulica ya ha empezado. Los cuerpos resisten como David contra Goliat. Se arman de las pocas herramientas con las que disponen. Los cuerpos se accionan en el territorio a trav\u00e9s de geocoreografias que mezclan intervenciones art\u00edsticas con la localizaci\u00f3n activa de los cuerpos en el campo de batalla. Por mantener sus bienes comunes, el pueblo resiste implacable la expansi\u00f3n de los gigantes invisibles.<\/p>\n<p>Hay un cuento que el neoliberalismo nos repite eternamente antes de irnos a dormir y que el inconsciente reproduce en esos sue\u00f1os recurrentes de grandes flotas transnacionales. En este cuento hay gigantes, empresas transnacionales desterritorializadas en territorios lejanos pero que, en un giro de Moebius, vuelven a reterritorializarse en sus territorios locales en un acto de fortalecimiento identitario. \u201cSi estas empresas van bien, nuestra econom\u00eda va bien\u201d, nos repiten con frecuencia. Estas empresas multinacionales son los gigantes invisibles pero omnipotentes que nos amparan. Son los representantes de una idea de naci\u00f3n ligada al territorio que se tambalea inestable. Si hay algo cercano a la imagen que la religi\u00f3n nos presenta de Dios, empiezo a insinuar que es esta.<\/p>\n<p>La historia de La Jagua se presenta lejana, casi inimaginable para las cotidianidades de nuestros cuerpos adormilados. Pero estos fantasmas se aparecen en los rincones menos esperados: all\u00e1 donde pasan dejan s\u00f3lidos restos f\u00edsicos que contrastan con su car\u00e1cter administrativo escurridizo. No hace mucho se presenciaron algunas de estas s\u00f3lidas\u00a0apariciones\u00a0en la Comunidad de Madrid. La empresa transnacional Sacyr, responsable de la ampliaci\u00f3n del Canal de Panam\u00e1, se dedic\u00f3 a la construcci\u00f3n y gesti\u00f3n de hospitales como el de Parla o Coslada. Hospitales que, tras velos de secretismo y opacidad de gobiernos auton\u00f3micos, han sido concesionados a empresas privadas e intercambiados como activos econ\u00f3micos para aumentar beneficios tan intangibles como estos seres. Las secuelas de estas actuaciones invisibles se perciben a\u00f1os m\u00e1s tarde, en contextos como el de la Covid-19, en el que los fantasmas del pasado se nos aparecen m\u00e1s presentes que nunca.<\/p>\n<p>Este fantasma cuenta con muchas caras, pero todas emergen del mismo cuerpo.<\/p>\n<p><strong>Bienes comunes. Cuerpos en el territorio<\/strong><\/p>\n<p>\u201cSi el bien com\u00fan tiene alg\u00fan sentido, este debe ser la producci\u00f3n de nosotros mismos como sujeto com\u00fan\u201d, Silvia Federici (2010).<\/p>\n<p>El cuerpo feminizado es un espacio en disputa. Algunos ecofeminismos abordan el cuerpo como met\u00e1fora del territorio: este, al igual que la tierra, es un espacio sembrado y explotado, un espacio habitado, un bien propio a defender desde el feminismo.<\/p>\n<p>Otras visiones nos aproximan al cuerpo no como una met\u00e1fora del territorio, sino como una extensi\u00f3n del mismo. La desmitificaci\u00f3n ecofeminista del\u00a0hombre\u00a0independiente y aut\u00f3nomo como centro de todo nos ha permitido desvelarnos a los seres humanos como vulnerables e interdependientes. La bi\u00f3loga Donna Haraway (1995), usando la met\u00e1fora de lo\u00a0cyborg, desdibuja los l\u00edmites del cuerpo humano present\u00e1ndolo como dependiente y en constante intercambio con su entorno, tanto humano como no humano, material como inmaterial. Desde este marco cognitivo, por tanto, la teor\u00eda cuerpo-territorio aborda al cuerpo desde su relaci\u00f3n con el territorio.<\/p>\n<p>A pesar de que estas narrativas se muevan muchas veces en el terreno de lo metaf\u00f3rico, sugieren la existencia de otras cosmovisiones que pueden devenir en nuevas maneras de hacer y relacionarse con el entorno y el otro.<\/p>\n<p>El entendimiento compartido de las relaciones de interdependencia que se generan entre los cuerpos y el territorio, y de la necesidad de cuidados que conllevan, da lugar a la construcci\u00f3n colectiva del bien com\u00fan,\u00a0tanto material (tierras, cuerpos\u2026) como inmaterial (saberes, relaciones\u2026).<\/p>\n<p>Las brujas, como las del pueblo de La Jagua, han sido presentadas desde el imaginario colectivo como cuerpos malditos y oscuros. Sin embargo, las brujas eran (y son) mujeres con una relaci\u00f3n \u00edntima hacia la tierra que habitaban, adem\u00e1s de hacia su propio cuerpo. Las brujas de la \u00e9poca precapitalista eran grandes conocedoras de las curas con hierba y otros recursos que el territorio ofrec\u00eda, eran herederas de conocimientos culturales, espirituales y sexuales que al mismo tiempo transmit\u00edan con el resto de mujeres como un bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Silvia Federici traza un paralelismo temporal entre la persecuci\u00f3n de las brujas y los cercamientos que tuvieron lugar en los inicios del capitalismo (cuerpo-territorio). La desposesi\u00f3n de los campesinos de sus tierras y bienes comunes a trav\u00e9s de estrategias denominadas cercamientos o\u00a0enclosures\u00a0es considerada el primer proceso de privatizaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n llevado a cabo por las l\u00f3gicas del capital, lo que Marx denomin\u00f3 como\u00a0acumulaci\u00f3n originaria.<\/p>\n<p>La acumulaci\u00f3n originaria no es perceptible en su totalidad sin las violencias ejercidas hacia los cuerpos y costumbres femeninos. Los bienes comunes favorec\u00edan otras gestiones de la vida basadas en econom\u00edas de subsistencia y sostenimiento de la vida, en las cuales las mujeres contaban con una mayor autonom\u00eda y participaban del acceso a la tierra y los conocimientos compartidos. No es, por tanto, de sorprender que la persecuci\u00f3n a las\u00a0brujas, o mujeres autogobernadas, tuviera lugar en paralelo a la expropiaci\u00f3n las tierras comunales.<\/p>\n<p>Durante su estancia en Nigeria, Federici rompe con la idea de que el cercamiento fue un proceso puntual y localizado en la fase inicial del capitalismo: la acumulaci\u00f3n originaria se sigue dando, solo que adopta otras configuraciones. La entrada de las pol\u00edticas neoliberales en el sur global, revestidas en promesas de desarrollo y prosperidad, est\u00e1 eliminando los \u00faltimos vestigios de bienes comunitarios, as\u00ed como las formas alternativas de gesti\u00f3n de la vida que se dan en torno a ellos. Estos innovadores e hiperperfeccionados mecanismos de expolio siguen dejando entrever, a pesar de todo, las mismas din\u00e1micas de violencia de g\u00e9nero, coloniales y privatizadoras que tienden a reproducirse como patol\u00f3gicas cr\u00f3nicas del sistema capitalista.<\/p>\n<p>Harvey (2012) se aproxima a esta visi\u00f3n actualizada de los procesos acumulativos\u00a0primitivos\u00a0como algo intr\u00ednseco a las l\u00f3gicas del capital desde lo que \u00e9l denomina\u00a0acumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n. El sistema capitalista se encuentra en una constante b\u00fasqueda de nuevos nichos de acumulaci\u00f3n que absorban los excedentes generados por el capital. Esta absorci\u00f3n se da a trav\u00e9s de la privatizaci\u00f3n de \u00e1mbitos que no participaban activamente del mercado. Lo que antes era com\u00fan o p\u00fablico se privatiza. Lo que deber\u00eda ser un derecho se mercantiliza. Estos procesos no son perif\u00e9ricos, ni se sit\u00faan \u00fanicamente en territorios\u00a0rurales\u00a0de caracter\u00edsticas precapitalistas. Se dan en las ciudades, en los barrios o en cualquier nicho que presente posibilidad de beneficio. Son los pilares sobre los que se sustenta todo el entramado capitalista. La vivienda como\u00a0tabula rasa\u00a0para la especulaci\u00f3n del mercado inmobiliario y de alquiler, o las universidades y hospitales como negocios, terminan siendo paradigmas de la acumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n. Las secuelas visibles de este virus son gentrificaci\u00f3n en los barrios, desahucios de vecinas, inflaci\u00f3n de los precios de alquiler, dificultades para pagarse los estudios u hospitales con pocos recursos m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>Los procesos de desposesi\u00f3n conllevan la consecuente aparici\u00f3n de los cuerpos\u00a0despose\u00eddos. Cuerpos que son alienados y precarizados por el capitalismo, perdiendo cualquier acceso o capacidad de gobernanza sobre los bienes que generan. Los movimientos de resistencia de los cuerpos hacia sus bienes comunes suponen el\u00a0reconocimiento\u00a0de las relaciones de interdependencia que se dan con su entorno, as\u00ed como de la\u00a0legitimidad\u00a0para participar de la gesti\u00f3n de los mismos.<\/p>\n<p>Estos movimientos de resistencia se estructuran y configuran en forma de distintas luchas en el territorio. Se destaca el derecho a la ciudad como reivindicaci\u00f3n y los bienes comunes urbanos como ecolog\u00edas de resistencias en el entorno urbano, ejemplos de\u00a0saberes\u00a0y\u00a0quehaceres otros\u00a0de construir geograf\u00edas comunes y ecofeministas.<\/p>\n<p><strong>Derecho a la ciudad. Resistencias desde los m\u00e1rgenes<\/strong><\/p>\n<p>\u201cLa tierra para quien la trabaja. La ciudad para quien la construye.\u201d<\/p>\n<p>Desde una perspectiva marxista, la ciudad es una\u00a0mercanc\u00eda\u00a0producida colectivamente. Los cuerpos\u00a0despose\u00eddos\u00a0lo conforman los trabajadores y trabajadoras alienados por el capital, pero tambi\u00e9n los cuerpos situados en los m\u00e1rgenes, los cuerpos relegados al \u00e1mbito privado (cuerpos feminizados), los cuerpos en el cruce (cuerpos migrantes) y otras muchas realidades que quedan expulsados de las l\u00f3gicas productivas del capital.<\/p>\n<p>Las ciudades se han convertido en territorios que imposibilitan la reproducci\u00f3n sostenible de la vida. Nuestra cotidianidad se estructura en torno al tri\u00e1ngulo trabajo-consumo-hogar y el espacio p\u00fablico ha sido desplazado a la categor\u00eda de espacio de paso entre dichos puntos. El ocio, el tiempo libre, la ciudad y la vida no se conciben sin el consumo desenfrenado.<\/p>\n<p>Los bienes p\u00fablicos est\u00e1n en peligro de extinci\u00f3n. El poder urbano se reproduce en la propiedad priva(tiza)da y la propiedad p\u00fablica, atravesada por los recortes y privatizaciones. Lo que se presenta como p\u00fablico y de todas es en verdad un espejismo difuso, una moneda de trueque entre el mercado y el poder que pretende hacer negocio con nuestras ciudades.<\/p>\n<p>El derecho a la ciudad viene a reivindicar y reclamar la ciudad como un com\u00fan, un espacio producido y reproducido por todas las vecinas, un territorio que abarca distintas realidades y sobre el que, como cuerpos cuidadores de las relaciones con nuestro entorno, tenemos el derecho a participar y decidir. Frente a la privatizaci\u00f3n de la vida surge la necesidad de construir espacios desmercantilizados y desburocratizados que posibiliten otras formas y gestiones de la vida. Escenarios urbanos comunes y compartidos que pongan la vida en el centro.<\/p>\n<p>El bien com\u00fan urbano se presenta como un espacio de resistencia desde los m\u00e1rgenes. Un recurso urbano autoconstruido, autogobernado y autogestionado desde el com\u00fan. Act\u00faa como punto de fuga a las l\u00f3gicas del capital, planteando alternativas que repiensen la ciudad y construyan otras maneras de habitarla desde los cuerpos\u00a0despose\u00eddos.<\/p>\n<p>Lo com\u00fan urbano puede adquirir diversas configuraciones. Puede materializarse en un centro social, un barrio, un \u00e1rbol o incluso no llegar a materializarse nunca, como las relaciones de apoyo mutuo o una tradici\u00f3n que configura identidades comunes. Aun as\u00ed, para ejercer una resistencia activa, los cuerpos en movimiento(s) tienden a necesitar de una base material que posibilite estos ensamblajes entre cuerpos, imaginarios y espacios o territorios.<\/p>\n<p><strong>Reterritorializaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El presente art\u00edculo se redacta durante un proceso de desescalada de la pandemia de la Covid-19. Por eso es necesario situar los conceptos previamente enunciados en la coyuntura del momento.<\/p>\n<p>En un contexto de constante alerta pand\u00e9mica, de medidas de distanciamiento y de consecuente acentuaci\u00f3n del individualismo y de la desarticulaci\u00f3n de las relaciones entre cuerpos, cabe preguntarse cu\u00e1l ser\u00e1 el corto plazo de los movimientos y sus resistencias en el territorio. \u00bfC\u00f3mo seguimos construyendo lo com\u00fan desde el ordenador de nuestras casas? Lo p\u00fablico parece replegarse de nuevo en lo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>Podemos sacar algunos apuntes que nos pueden guiar en el recorrido. El urbanismo feminista apuesta por ciudades inclusivas que puedan ser vividas, que puedan pasearse, que cuenten con espacios de estancia y no de paso y que prioricen las zonas verdes. Ciudades que, adem\u00e1s, acojan todas las realidades situadas en los m\u00e1rgenes para que estas tambi\u00e9n puedan ser part\u00edcipes de las decisiones sobre el territorio que habitan.<\/p>\n<p>El contexto de crisis sanitaria, adem\u00e1s de demostrar claramente que los cuidados son\u00a0esenciales\u00a0para el sostenimiento de la vida, ha venido a destapar todas las secuelas que acarrean a\u00f1os de privatizaciones de lo p\u00fablico. La preocupaci\u00f3n por cuidar y proteger lo p\u00fablico emerge como un sentimiento de resistencia ante el expolio de lo que deber\u00eda ser colectivo. Y en estos tiempos de crisis coexistentes, lo com\u00fan como reivindicaci\u00f3n y espacio de experimentaci\u00f3n de nuevos horizontes se torna necesario.<\/p>\n<p><a href=\"ttps:\/\/kaosenlared.n\">Kaos en la red<\/a><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/category\/actividades\/\">Actividades<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/\">Diario Digital Femenino<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ecofeministas El ecofeminismo deconstruye la imagen del hombre aut\u00f3nomo y pone en el centro las vulnerabilidades e interdependencias de los cuerpos con su entorno. El bien com\u00fan surge del reconocimiento colectivo de esas relaciones de cuidados e intercambio hacia el territorio. 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