{"id":43937,"date":"2019-12-08T21:28:59","date_gmt":"2019-12-09T00:28:59","guid":{"rendered":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/?p=43937"},"modified":"2019-12-08T21:28:59","modified_gmt":"2019-12-09T00:28:59","slug":"cresta-abajo-un-cuento-de-alicia-dome","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/cresta-abajo-un-cuento-de-alicia-dome\/","title":{"rendered":"Cresta abajo &#8211; Un cuento de Alicia Dom\u00e9"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Un cuento de Alicia Dom\u00e9<\/strong><\/h3>\n<p>Alicia N\u00e9lida Dom\u00e9. Nacida el 13\/11\/ 1953 en un hogar patriarcal de clase media trabajadora.<\/p>\n<div>Siendo la hermana menor de dos hermanas<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Eligi\u00f3 para su vida la gran capacidad de trabajo, la\u00a0 creatividad y los deseos de progresar, que caracterizaban a nuestro padre. y el amor por el conocimiento, la lectura y la avidez por la informaci\u00f3n de nuestra madre.<\/p>\n<\/div>\n<div>La sensibilidad social y la solidaridad con les vulnerables y les sufrientes marc\u00f3 toda su vida .Esos valores se vislumbraban a trav\u00e9s de sus conductas con sus amigues y compa\u00f1eres.. Su vida estuvo marcada por la libertad, la igualdad y la justicia. Desde muy joven escrib\u00eda poemas y cuentos y amaba cocinar como nuestra abuela materna.<\/div>\n<div>Eligi\u00f3 la carrera de medicina y con mucho esfuerzo logr\u00f3 recibirse y hacer la especializaci\u00f3n en Psiquiatr\u00eda. Para lograrlo, recibi\u00f3 el apoyo y el acompa\u00f1amiento de nuestra mam\u00e1, de su esposo y de sus dos hijes, ya que se cas\u00f3 muy joven. En el a\u00f1o 2001,mientras estaba trabajando en Buenos Aires en una cl\u00ednica de salud mental y en su consultorio particular, recibi\u00f3 el ofrecimiento de trabajar en Espa\u00f1a ( Catalunya). Acept\u00f3 el ofrecimiento y parti\u00f3 hacia el viejo mundo con alegr\u00eda y entusiasmo por las posibilidades profesionales y econ\u00f3micas que le ofrec\u00edan. Se instal\u00f3 en <a href=\"https:\/\/www.elvendrell.net\/\">El Vendrell<\/a> y comenz\u00f3 a trabajar como psiquiatra de adultes en el <a href=\"http:\/\/www.peremata.cat\/\">Institut Pere Mata<\/a>. All\u00ed cosech\u00f3 satisfacciones\u00a0 y \u00e9xitos a nivel profesional y personal. Diez a\u00f1os despu\u00e9s , en el 2011 le diagnostican E.L.A ( Esclerosis Lateral Amiotr\u00f3fica). Fue atendida por un equipo interdisciplinario\u00a0 de esa enfermedad en el Hospital San Pau de Barcelona. y pudo seguir trabajando unos a\u00f1os m\u00e1s\u00a0 En el a\u00f1o 2018 su estado de salud hab\u00eda empeorado notablemente y su calidad de vida\u00a0 ya no era la misma. Entonces toma la dura decisi\u00f3n de que le practicaran una Eutanasia y que donar\u00eda su cuerpo\u00a0 para que los cient\u00edficos pudieran avanzar en la investigaci\u00f3n de esa terrible enfermedad. Falleci\u00f3 en el Hospital de San Pau, el 22 de Setiembre del 2018, rodeada por su familia. Sus deseos fueron cumplidos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/amalia-dome-una-precursora-en-la-esi\/\"><em>Amalia Dom\u00e9<\/em><\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<h3><strong>Cresta abajo<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El coronel ordena a Guadalupe que\u00a0 camine desnuda hasta la ventana, para cerrarla. A la hora de la siesta, en este pueblo de Misiones de treinta manzanas mal trazadas, \u00e9l se recuesta en el sof\u00e1 del comedor despu\u00e9s del almuerzo. Parece un lagarto desparramado, un adorno en la casa sencilla y c\u00f3moda que el ej\u00e9rcito le asign\u00f3 hace tres meses. El calor penetra como lava por todas las aberturas. El tiempo sobra, tambi\u00e9n para ella que podr\u00eda hacer la siesta, pero no, escucha esa voz aflautada que le pide cosas sin el uniforme puesto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-No te des vuelta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Bueno, mi coronel.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde aquella tarde en que fue contratada, Guadalupe cumple con las indicaciones desde la ma\u00f1ana hasta la noche y de lunes a s\u00e1bado. Seguir la voz de \u00e9l es parte de su \u00fanico trabajo pago en veintid\u00f3s a\u00f1os de vida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Camina despacio, como \u00e9l se lo pide.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al Coronel Bernardi le pesan los a\u00f1os en el sexo. Por esa raz\u00f3n, porque la excitaci\u00f3n dej\u00f3 de ser una tormenta personal, la hace vestirse o desnudarse con lentitud y m\u00e9todo, construyendo d\u00eda tras d\u00eda una geisha en su empobrecido occidente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una brisa le baja desde los ojos hasta los tobillos cuando la ve sin ropas. Ramiro puede comenzar a sentir tensi\u00f3n y latidos en la pelvis que se van concentrando en sus manos . Sostiene su m\u00e1stil de carne esponjosa desde la base. Mira a conciencia y en detalle esos gl\u00fateos de caucho que esta muchacha inconmovible y sumisa le muestra sin recato. Las mitades reflejan la luz como madera lustrada contra la pared blanquecina.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Quedate ah\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La nuca de Ramiro se pegotea a la cuerina del sill\u00f3n. Abandona su sexo a la gravedad y despliega la s\u00e1bana blanca sobre el respaldo, la toma por los bordes y se envuelve en ella como un emperador pudoroso. Sus manos vuelven solas hacia el pubis y los ojos hacia la mujer. La mirada se desv\u00eda solamente para ver en el contraste de la tela iluminada su sexo enrojecido y desnudo en plena lucha contra el tiempo. Lo cubre con vaselina entibiada por los dedos y todo resulta. El olor asciende hasta su nariz y convierte este ejercicio en un ajuste, una afinaci\u00f3n de su \u00f3rgano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Agache ya.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella recuerda a su hijo mientras dobla la cintura en \u00e1ngulo recto y apoya su frente en la pared recalentada. A ese ni\u00f1o nacido de una tarde parecida a la de hoy hace siete a\u00f1os. Lo volver\u00e1 a ver el domingo y este calor en la cabeza ser\u00e1 un recuerdo tan fugaz como la carne al horno, los baldes con ropa verdosa, o la cara enrojecida del emperador agitado en su mortaja de algod\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El teme quedar as\u00ed, despojado y satisfecho. Quiere prolongar su calor, detener la hora y hacer durar esta felicidad que fluye como la arena de un reloj. Se propuso educarla, sacar alg\u00fan provecho de esa natural belleza que se recorta como la pieza de un rompecabezas en la monoton\u00eda de su vida y de la vida del pueblo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Bien, muy bien. Ahora date vuelta, despacito<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-S\u00ed, se\u00f1or. \u00bfAs\u00ed?<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cPIERDE EL CONTROL DE SUS PALABRAS: ESTA NO ES INFORMACI\u00d3N QUE SE DEBA DAR A UNA SIRVIENTA\u00bb<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con la lentitud de un lirio, de planta que responde a la luz matinal, ella se va enderezando. La mirada del militar se agot\u00f3 de ese \u00e1ngulo y buscar\u00e1 otros. Gira los pies hasta quedar de frente al sof\u00e1. Bernardi le pide que se acaricie muy despacio, desde el cuello hasta los muslos, que abra la boca, que se toque, creyendo que ella siente de una forma sim\u00e9trica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Mi negrita, \u00a1qu\u00e9 perra!. Te gusta tocarte, \u00bfno? -dice con su voz de soprano, entrecortada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Como usted diga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-S\u00ed, s\u00ed. Yo s\u00e9 que te gusta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ramiro elige entre el ramo de sus pensamientos creer que ella ignora todo, que es \u00e9l quien la inicia en estas febriles tardes. Desconoce y no pregunta mucho acerca de su pasado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hunde una vez m\u00e1s sus dedos en el frasco de vaselina y la llama. La cantidad es suficiente para embadurnar todo su torso, pero prefiere lubricar ante sus ojos los espacios posibles entre las nalgas. Parece un escultor que protege u obra, que tapa un trabajo de horas con la ansiedad de volver a descubrirlo brillante y a nuevo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las partes traseras de Guadalupe claudican.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfSab\u00e9s c\u00f3mo se llama lo que vamos a hacer?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-No se\u00f1or.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Sexo anal. Anal. Decilo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella repite esas dos palabras jam\u00e1s le\u00eddas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Ven\u00ed anal. Analfabeta, ponete en cuatro patas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ramiro Bernardi se arrodilla tras ella, empuja su pene hacia el peque\u00f1o orificio nacarado. Se le resbala hacia la vagina, hacia todo lo que no quiere. Lo \u00faltimo que querr\u00eda ser\u00eda embarazarla, pre\u00f1arla como le dijo de entrada. Ya tiene tres hijos que apenas soporta, en Buenos Aires con su esposa, que los cuida mientras \u00e9l est\u00e1 destinado a la distancia. Se acuerda de ella y la erecci\u00f3n se esfuma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00a1Cuerpo a tierra!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Boca abajo Guadalupe descansa sobre los almohadones frescos. \u00c9l cae sobre ese cuerpo de caucho cerrando los ojos vigilantes y sus p\u00e1rpados son una pared amarillenta y h\u00fameda. La mujer soporta el calor agobiante de los m\u00fasculos de Ramiro, sus embestidas \u00faltimas. Lo deja ir, acabar tan lentamente, que le parece haber tenido un dedo me\u00f1ique adentro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Tengo sed, tra\u00e9 agua mineral.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Apoyada contra la mesada de la cocina piensa en irse, llegar a la ciudad desconocida y empezar de nuevo. Hacer giros mensuales para su hijo y no regresar jam\u00e1s al pueblo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelve al comedor, ya vestida con el solero.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">-Se\u00f1or, \u00bfpuedo hacerle una pregunta?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-S\u00ed negrita, decime.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfHace esto con su esposa?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfQu\u00e9 cosa?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Lo anal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Ven\u00ed, te voy a contar un secreto. Cuando veas a mi mujer, vas a ver que no tiene un culo, tiene un problema.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">R\u00ede a carcajadas de su chiste. Se siente l\u00facido y joven. Guadalupe lo mira sin entender.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Quiero decir que no me calienta\u2026 que es fea. Para hacerlo con ella tengo que pensar en otras cosas. Entendido?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-No s\u00e9, nunca estuve casada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-And\u00e1 aprendiendo de los hombres. Las cosas son as\u00ed: cuando te cog\u00e9s a la hermana te gusta la prima.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El coronel comprende que perdi\u00f3 el control de sus palabras. Esta no es informaci\u00f3n que se deba dar a una sirvienta, a la misma que cocinar\u00e1 para la familia m\u00e1s adelante, cuando todos vengan a San Bartolom\u00e9 a visitarlo. Se desdice.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-No. No es as\u00ed. Son bromas de hombres. Tra\u00e9 m\u00e1s agua.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El gallo blanco gobierna desde el poste su mundo de diez gallinas rodeadas por el alambre hexagonal. Guadalupe lo mira cada tarde mientras su madre y sus hermanos duermen. Cuando el animal desciende a la tierra, cabecea y parece picotear su propio esti\u00e9rcol.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Alguna vez se ir\u00e1, abandonar\u00e1 esa casa y la fertilidad de la madre que no le permiti\u00f3 pasar del segundo grado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Piensa que las aves tienen algo contra la muerte, ese instinto que permite que el gallinero crezca siempre. Esta idea sobre las cosas, a los catorce a\u00f1os, es una hip\u00f3tesis atrapada en la curiosidad de la mirada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se adormece en el galp\u00f3n sobre la manta. Siente entre sue\u00f1os la cercan\u00eda del cuerpo de su padrino. Ese cuerpo que apesta a gallinero, a calor y a m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. La voz dice \u201cmi gurisa\u201d y ya lo tiene encima, aplast\u00e1ndola contra el suelo. Baja su bombacha pese a los pedidos de Guadalupe, vociferaciones que el gallo tapa con sus gritos animales. Le pone la mano entre las piernas, tantea con los dedos ese orificio que siempre estuvo, pero es nuevo para \u00e9l. El silencio de la b\u00fasqueda se hace carne en ella, que cede y cierra los ojos, encandilada por la luz que se infiltra y ese miembro que la rompe, la abre y la empapa en cinco minutos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escondido entre las sombras del galp\u00f3n est\u00e1 su padre. Sigue la escena y acompa\u00f1a los movimientos convulsivos del padrino con su propio cuerpo. Ante el sonido de los jadeos finales, toma el tridente y echa al compadre para siempre de la casa; maldiciendo su confianza y jurando que jam\u00e1s volver\u00e1 a entrar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A nueve meses de esa tarde, nace Jos\u00e9 Mar\u00eda, que desde las manos de la abuela y entre co\u00e1gulos, marm\u00f3reo, llora por primera vez.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un hijo, un hermano, un sobrino. Algo distante y solitario como un huevo, como la luna, o como el coronel desconocido que la espera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cecilia es p\u00e1lida. Recostada en la cama doble hace palabras cruzadas. Busca semejanzas y diferencias en los dibujos rudimentarios de la revista de entretenimientos. As\u00ed logra conciliar el sue\u00f1o de cada noche. Se concentra en las inc\u00f3gnitas, en las definiciones que rescata dentro de su mente siempre abatida con preocupaciones de madre tard\u00eda y de escribana p\u00fablica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">EScucha indiferente los ruidos de Ramiro en el ba\u00f1o. Hace a\u00f1os que desconoce sus sentimientos y los propios. So\u00f1\u00f3 construir una familia y la tiene.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ambos, juntos ahora, se pasan el frasco de loci\u00f3n de ortigas que previene la caida del cabello. Se hacen por separado masajes en el cuero cabelludo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Necesitamos una muchacha con cama.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Ya tengo una de all\u00e1, por dos pesos har\u00eda todo lo de la casa, estar\u00eda con los chicos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfC\u00f3mo es?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Una pobre piba, tiene un hijo y no tiene un peso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Pero, \u00bfc\u00f3mo es?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Flacucha, morochita. Limpia las casas de los oficiales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfVendr\u00eda?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00a1Claro! Se van a llevar bien. Ahora dorm\u00ed, que ma\u00f1ana ten\u00e9s mucho trabajo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La luz de la cocina est\u00e1 encendida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Guadalupe plancha la ropa de Ramiro a la madrugada. Interpone un pa\u00f1o h\u00famedo como \u00e9l le ense\u00f1\u00f3, para no marcarla con brillos. El vapor que asciende hasta su cara no logra despejar sus obsesiones. Esa tarde se ir\u00e1n juntos despu\u00e9s de dos a\u00f1os. Dejar\u00e1 a su familia los quinientos pesos ahorrados, besar\u00e1 a su madre, a sus hermanos y a Jos\u00e9 Mar\u00eda por \u00faltima vez en esa casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Prepara el desayuno apenas escucha los ruidos en el dormitorio. Aparece Bernardi desde la nada gris\u00e1cea de la pieza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Te voy a tener en casa mi negrita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Claro se\u00f1or, claro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La abraza, le besa la espalda, la cintura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Se\u00f1or, se le hace tarde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Ten\u00e9s raz\u00f3n, siempre ten\u00e9s raz\u00f3n -responde fastidiando.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cecilia abre la puerta con sus hijos detr\u00e1s. El menor se abraza con fuerza a su pierna de palmera. Ella se presenta con un beso en la mejilla a Guadalupe.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Bienvenida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-El gusto es m\u00edo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los ni\u00f1os temen a este hombre distante que abrazan a pedido. Un nuevo destino en Campo de Mayo garantiza la presencia diaria de Ramiro a la hora de la cena durante tres meses.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los peque\u00f1os juegan con la muchacha al gallito ciego y a las escondidas. Le muestran sus juguetes y finalmente la habitaci\u00f3n del fondo, donde dormir\u00e1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hecho a\u00f1icos por el viaje, cae en la cama como un vidrio fracturado listo para dormir. Cecilia construye rect\u00e1ngulos perfectos enmarcando palabras en su sopa de letras.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-\u00bfHiciste algo con ella?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Nada importante Ceci, sab\u00e9s que un hombre no puede estar solo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Aj\u00e1\u2026 -contesta mientras intenta descubrir la palabra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00faltima palabra, en diagonal e invertida pretende in\u00fatilmente enga\u00f1arla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La felicidad, esa anguila roja y prepotente, habita el interior del coronel como un par\u00e1sito.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cada tarde llega a la casa y revive c\u00f3modo las siestas de San Bartolom\u00e9; las mismas que a Guadalupe le parecen tan lejanas como la infancia. Cuando escucha su llegada, cierra su cuaderno de ejercicios y el manual de aprendizaje. Le calienta el almuerzo casi sin pronunciar palabras. Escucha sus novedades. Las pocas reflexiones del coronel son verdades en l\u00ednea recta, vectores que intentan penetrar el cerebro de ella sin lograrlo. \u00c9l, que no lo sabe, contin\u00faa hablando.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s del postre la encamina hasta el ba\u00f1o, la desviste y le pide que entre en la ba\u00f1era. Abre la canilla. El agua va cubriendo cent\u00edmetro a cent\u00edmetro el cuerpo de Guadalupe y la piel sumergida se torna m\u00e1s blanca. El coronel la jabona, la lava como a una mu\u00f1eca gigante. Saca el tap\u00f3n y barre como un radar las formas, con los ojos \u00e1vidos todo el tiempo que tarda en vaciarse el gran recipiente. No puede embarcarse en empresas m\u00e1s grandes que este juego.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Voy a pedir que me dejen en Buenos Aires.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es la primera vez en la fuerza que Bernardi rechaza un destino. La tristeza cubre a la mujer como un paraguas, se anuda la boca de su est\u00f3mago. Siente pena por la humillada Cecilia, por los castigos injustos que \u00e9l impone a los hijos, y por ella misma, que quedar\u00e1 atrapada en su presencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy lunes Ramiro quiere llegar antes del mediod\u00eda, encerrarse en su escritorio y desplegar sus soldados, tanques y aviones en miniatura. Los pintar\u00e1 con cuidado hasta que parezcan reducciones fieles de la realidad. Primero solo y luego con ella, ser\u00e1 un d\u00eda de fiesta. Tra\u00e9rmela fue un acierto, se repite mientras estaciona el auto sobre la vereda.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">En la planta baja no se escuchan movimientos. La m\u00fasica que desciende desde el piso superior, atrae al coronel como la melod\u00eda de un encantador de serpientes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Queen\u2026 Qui\u00e9n escucha a esos putos en mi casa?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sube la escalera y se asoma por el marco de la puerta del dormitorio en penumbra, escondiendo el cuerpo. Mira las revistas desparramadas por el piso y junto a ellas dos biromes descartables que cayeron.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Levanta la mira.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los cuerpos de las dos, juguetean enfrentados y desnudos. Parecen ni\u00f1as intercambiando caricias y besos. Los besos se prolongan. Se acercan, se abrazan y el aire est\u00e1 enrarecido por perfumes que \u00e9l desconoce.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ellas se acuestan, r\u00eden y suspiran. Cecilia encima de Guadalupe la cubre como un acolchado de plumas, blanco. Las piernas de la muchacha se abren en abanico, se arquea su cintura sobre el colch\u00f3n matrimonial. Se cuelga con las piernas que ahora rodean las caderas de su esposa, y se prende a los pechos como a los de una nodriza generosa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ramiro Bernardi transpira sorprendido. Desear\u00eda entrar y ser parte del desorden, pero no atraviesa la l\u00ednea de la alfombra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se retira sonriente, m\u00e1s seguro que nunca de la decisi\u00f3n tomada. Su felicidad se triplica en la luz de las tripas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Baja y sobre el escritorio sus soldados esperan descoloridos ser uniformados. Se sienta, los pone en fila y construye su guerra de pl\u00e1stico. Horas despu\u00e9s, ya cansado de hacerlos jugar cuerpo a cuerpo y a medio vestir, en la cena decide.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Cecilia, no quiero que vuelvas a escuchar a esos maricones en mi casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cecilia enrojece.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Luego se acerca al o\u00eddo de Guadalupe para informarle de su segunda determinaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">-Ya es hora de que traigas a Jos\u00e9 Mar\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_43940\" aria-describedby=\"caption-attachment-43940\" style=\"width: 690px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-43940\" src=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/1.jpg\" alt=\"Cresta abajo - Un cuento de Alicia Dom\u00e9\" width=\"690\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/1.jpg 690w, https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/1-300x207.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-43940\" class=\"wp-caption-text\">Cresta abajo &#8211; Un cuento de Alicia Dom\u00e9<\/figcaption><\/figure>\n<p><a href=\"http:\/\/diariofemenino.com.ar\/\">Diario Digital Femenino<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Alicia Dom\u00e9 Alicia N\u00e9lida Dom\u00e9. 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