{"id":30995,"date":"2019-01-23T21:42:17","date_gmt":"2019-01-24T00:42:17","guid":{"rendered":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/?p=30995"},"modified":"2019-05-01T11:48:27","modified_gmt":"2019-05-01T14:48:27","slug":"eso-que-llaman-amores-trabajo-no-pago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/eso-que-llaman-amores-trabajo-no-pago\/","title":{"rendered":"Eso que llaman amor, es trabajo no pago"},"content":{"rendered":"<p class=\"graf graf--p graf-after--h4\">Casi 2 millones y medio de personas en M\u00e9xico son trabajadorxs del hogar, realizan tareas dom\u00e9sticas y de cuidados. M\u00e1s del 90% de ellxs son mujeres. Adem\u00e1s, 99 de cada 100 est\u00e1 sin contrato y, por tanto, sin derechos laborales. Solo en la Ciudad de M\u00e9xico hay 225.000 de estas trabajadoras, en donde el 90% son mujeres ind\u00edgenas que se han movido de zonas rurales hacia las ciudades en busca de oportunidades. Esta situaci\u00f3n se replica en toda Am\u00e9rica Latina, en donde hay m\u00e1s de 14 millones de mujeres que trabajan remuneradamente para una familia. Aunque es una de las principales <a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/desigualdad-laboral-y-economica-de-genero\/\">salidas laborales para las mujeres<\/a>, el empleo dom\u00e9stico es una de las ocupaciones con peor calidad: extensas jornadas, bajos salarios, poca seguridad social y alto nivel de incumplimiento de las normas laborales.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-34693\" src=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Trabajodomestico-705x494.jpeg\" alt=\"Eso que llaman amor, es trabajo no pago\" width=\"705\" height=\"494\" srcset=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Trabajodomestico-705x494.jpeg 705w, https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Trabajodomestico-705x494-300x210.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 705px) 100vw, 705px\" \/><\/p>\n<p id=\"3f7c\" class=\"graf graf--p graf-after--h4\"><a class=\"markup--anchor markup--p-anchor\" href=\"http:\/\/revistaanfibia.com\/ensayo\/detras-de-cada-gran-mujer-hay-una-gran-mujer\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-href=\"http:\/\/revistaanfibia.com\/ensayo\/detras-de-cada-gran-mujer-hay-una-gran-mujer\/\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Fragmentos del libro \u201cEconom\u00eda Feminista\u201d de Mercedes D\u2019Alessandro en Revista Anfibia<\/em><\/a><\/p>\n<p id=\"983c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">He tratado todo lo que se supone que una mujer debe hacer\u2026<\/em><\/p>\n<p id=\"3555\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Puedo hacerlo todo y me gusta, pero no te deja nada sobre<\/em><\/p>\n<p id=\"1c7b\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">lo que pensar\u200a\u2014\u200aning\u00fan sentimiento acerca de qui\u00e9n eres\u200a\u2014\u200a.<\/em><\/p>\n<p id=\"d55f\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Nunca tuve ninguna ambici\u00f3n profesional. Todo lo que quer\u00eda<\/em><\/p>\n<p id=\"9467\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">era casarme y tener cuatro hijos. Amo a los chicos y a Bob y a mi hogar.<\/em><\/p>\n<p id=\"98f6\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">No hay ning\u00fan problema al que pueda ponerle nombre. Pero estoy<\/em><\/p>\n<p id=\"1e39\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">desesperada. Empiezo a sentir que no tengo personalidad.<\/em><\/p>\n<p id=\"36a9\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Soy una servidora de comida, pongo pantalones y hago la cama,<\/em><\/p>\n<p id=\"071d\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">alguien que puede ser llamada cuando quieren algo. Pero \u00bfqui\u00e9n soy?<\/em><\/p>\n<p id=\"f55c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Betty Friedan, La m\u00edstica de la feminidad<\/em><\/p>\n<p id=\"4779\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Era s\u00e1bado a la tarde y mi amigo Iv\u00e1n escribi\u00f3 simp\u00e1tica e ir\u00f3nicamente en su Twitter: \u201cPlancho una camisa escuchando Cat Power porque estoy muy seguro de mi masculinidad\u201d. Lo reproduje en mi propia cuenta con el agregado: \u201cAc\u00e1 un compa\u00f1ero enga\u00f1ado por los estereotipos. \u00bfPlanchar es de mujer o acaso escuchar Cat Power? \u00bfEs malo no ser masculino?\u201d. Enseguida empez\u00f3 una catarata de an\u00e9cdotas personales y reflexiones. En ese simple comentario de Iv\u00e1n se condensa mucho de lo que trata este cap\u00edtulo:\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">\u00bfpor qu\u00e9 asumimos que las tareas del hogar pertenecen a la mujer?, o \u00bfpor qu\u00e9 planchar y barrer pueden vulnerar la masculinidad? Y tambi\u00e9n, ya que estamos, \u00bfde qu\u00e9 se trata la masculinidad mainstream?<\/strong><\/p>\n<p id=\"b74d\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">A lo largo de todo el planeta, el tiempo que destinan mujeres y varones a las labores dom\u00e9sticas est\u00e1 muy desbalanceado: ellos dedican m\u00e1s tiempo a los trabajos pagos mientras que ellas son quienes hacen el trabajo no pago del hogar como limpiar, cocinar, hacer las compras, ocuparse de los ni\u00f1os y ancianos. Aunque estas labores dom\u00e9sticas son imprescindibles e ineludibles para que la sociedad funcione, suelen ser menos valoradas social y econ\u00f3micamente que el trabajo pago. Vale pensar qu\u00e9 responder\u00eda uno mismo a la pregunta \u00bfcu\u00e1nto tiempo trabaja usted por d\u00eda? En general, no se contabilizan dentro de las horas de trabajo el tiempo que dedicamos a ir al supermercado o pasar un trapito por los muebles.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\"><a href=\"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/informe-de-las-desigualdades-de-genero-en-la-economia-argentina\/\">Ese trabajo<\/a> dom\u00e9stico cae en una especie de limbo tanto para la teor\u00eda econ\u00f3mica y las estad\u00edsticas como para nuestras propias ideas de qu\u00e9 es y qu\u00e9 no es el trabajo.<\/strong>\u00a0Sin embargo, su valor econ\u00f3mico aparece (y golpea los bolsillos) cuando estas tareas son tercerizadas, sea en centros de cuidados (guarder\u00edas, jardines maternales, geri\u00e1tricos, colonias de vacaciones) o en un servicio particular (empleadas dom\u00e9sticas, cocineras, enfermeras, ni\u00f1eras o delivery de empanadas).<\/p>\n<p id=\"8ace\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Ah\u00ed podemos ver claramente que al tiempo consumido en esas tareas se le puede poner un precio, y que el liberarse de ellas implica tambi\u00e9n la posibilidad de disponer de esas horas para trabajar fuera de casa o disfrutar del ocio.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">La asimetr\u00eda en la distribuci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico es una de las mayores fuentes de la desigualdad entre varones y mujeres, es algo que trasciende la brecha salarial.\u00a0<\/strong>Al ser las mujeres quienes m\u00e1s tiempo dedican a estas tareas no pagas disponen de menos tiempo para estudiar, formarse, trabajar fuera del hogar; o tienen que aceptar trabajos m\u00e1s flexibles (en general precarizados y peor pagos) y terminan enfrentando una doble jornada laboral: trabajan dentro y fuera de la casa. El fen\u00f3meno se repite virtualmente en todos los pa\u00edses y es muy poco visible porque, en mayor o menor medida, todos asumimos que estas tareas son de mujer y que se realizan por amor. La situaci\u00f3n penaliza tambi\u00e9n a los hombres, imponi\u00e9ndoles la necesidad de conseguir mejores empleos y salarios para ser el sustento y proveedor de la familia y les quita\u200a\u2014\u200aen muchos casos\u200a\u2014\u200ala posibilidad de participar y disfrutar de la crianza de los hijos.<\/p>\n<h4 id=\"06b2\" class=\"graf graf--h4 graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--h4-strong\">Mujeres al borde del tiempo: el reloj econ\u00f3mico<\/strong><\/h4>\n<p id=\"f788\" class=\"graf graf--p graf-after--h4\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">En la Argentina, la participaci\u00f3n de las mujeres en el mercado de trabajo creci\u00f3 much\u00edsimo desde mitad de siglo pasado hasta hoy.\u00a0<\/strong>Lo que no se movi\u00f3 al mismo ritmo fue la participaci\u00f3n de los varones en las tareas del hogar. Las Cenicientas actuales esperan a su pr\u00edncipe azul no solo limpiando los pisos sino tambi\u00e9n trabajando en un comercio, en la escuela, el laboratorio o la oficina. Ya no tienen como m\u00e1ximo objetivo ser el ama de casa perfecta, ahora tienen (adem\u00e1s) que ser exitosas profesionales y buenas trabajadoras. Al mismo tiempo, los hombres de hoy son mucho m\u00e1s comprometidos con las tareas del hogar; cocinan, cambian pa\u00f1ales, limpian, y hacen cosas que en generaciones anteriores incluso eran impensables como poner o sacar la mesa. Muchas mujeres pueden decir orgullosas \u201cmi marido\/mis hijos me ayudan en casa\u201d, aunque a veces no se dan cuenta de que esa frase reproduce la idea de que es una tarea que le toca a ella y que es afortunada porque el\/los varones del hogar colaboren.<\/p>\n<p id=\"04bf\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Aun con esa ayuda amorosa que fue creciendo en las \u00faltimas d\u00e9cadas gracias a cambios culturales, la brecha de la participaci\u00f3n en el trabajo dom\u00e9stico sigue siendo alta y las mujeres siguen encabezando la lista. En el ranking de \u201cfan\u00e1ticas de la limpieza\u201d de la Organizaci\u00f3n para la Cooperaci\u00f3n y el Desarrollo Econ\u00f3mico (OCDE) se encuentran en primer lugar las mujeres turcas con 377 minutos al d\u00eda promedio, seguidas de las mexicanas con 373. Entre los varones, los que menos aportan al cuidado del hogar son los hombres coreanos con solo 45 minutos trapito en mano.<\/p>\n<p id=\"e41c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Los pa\u00edses m\u00e1s igualitarios en la distribuci\u00f3n de las labores del hogar son los n\u00f3rdicos (Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia).<\/strong>\u00a0Y no fue magia, en ellos hace d\u00e9cadas que la sociedad se dio cuenta de que necesitaba ajustar ciertas clavijas. Desde los setenta se vienen desarrollando pol\u00edticas orientadas a cerrar brechas de g\u00e9nero y concientizar a los varones de lo importante que es su aporte en estas tareas cotidianas.<\/p>\n<p id=\"933c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">En 1975, una marcha moviliz\u00f3 a m\u00e1s de 25 mil mujeres por las calles de Reikiavik, casi un 10 por ciento de la poblaci\u00f3n de Islandia. Se trataba de una manifestaci\u00f3n a modo de \u201cd\u00eda libre de las mujeres\u201d y una huelga en la que particip\u00f3 el 90 por ciento de las mujeres islandesas: ninguna de ellas hizo tareas dom\u00e9sticas ese d\u00eda. A los hombres les toc\u00f3 estar a cargo de la casa, los ni\u00f1os y todas las tareas asignadas tradicionalmente a las chicas. Como resultado de este paro se cerraron bancos, escuelas y negocios. Un a\u00f1o despu\u00e9s, el Parlamento aprob\u00f3 una ley de pago igualitario. \u201cLo que ocurri\u00f3 ese d\u00eda fue el primer paso para la emancipaci\u00f3n de las mujeres en Islandia. Paraliz\u00f3 el pa\u00eds por completo y abri\u00f3 los ojos de muchos hombres\u201d, dijo Vigd\u00eds Finnbogad\u00f3ttir, quien luego fue la presidenta de los islandeses por m\u00e1s de una d\u00e9cada. Como dir\u00eda Lisa Simpson, la peque\u00f1a feminista que nos acompa\u00f1a en la televisi\u00f3n desde hace m\u00e1s de quince a\u00f1os, estas muchachas segu\u00edan la consigna \u201cvoy a planchar tus s\u00e1banas cuando planches las desigualdades en nuestras leyes laborales\u201d.<\/p>\n<p id=\"1694\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Si sumamos el trabajo pago y el no pago, a nivel global, la OCDE estima que las mujeres trabajan 2,6 horas diarias m\u00e1s que los hombres en promedio.<\/strong>\u00a0En la Argentina, seg\u00fan la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo realizada en 2013, una mujer ocupada full time dedica m\u00e1s tiempo al trabajo dom\u00e9stico (5,5 horas) que un hombre desempleado (4,1 horas). En t\u00e9rminos generales, ellas hacen el 76 por ciento de estas tareas. Adem\u00e1s, \u201ccasi nueve de cada diez mujeres (88,9 por ciento) participan en el trabajo no remunerado en la Argentina. En cambio, el 57,9 por ciento de los varones usa parte de su tiempo en cuidar a los hijos o hacer funcionar el hogar. Eso implica que cuatro de cada diez varones no cocinan, ni limpian, ni lavan la ropa, ni hacen compras en ning\u00fan momento del d\u00eda. Y, entre los que s\u00ed lo hacen, tienen tres horas de descuento en relaci\u00f3n con el tiempo que depositan las mujeres en la vida cotidiana\u201d ilustra Luciana Peker, periodista especializada en g\u00e9nero.<\/p>\n<p id=\"f739\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Las estad\u00edsticas disponibles muestran que estas cifras desbalanceadas se repiten a lo largo de todo el mundo. La OCDE tiene una base de datos para algunos pa\u00edses en donde se pueden ver las diversas actividades en que reparten el d\u00eda varones y mujeres entre trabajos pagos, tareas del hogar, cuidado de ni\u00f1os, deportes, dormir o ver televisi\u00f3n. De ellos se deriva que\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">en pr\u00e1cticamente todas estas econom\u00edas, los hombres son capaces de disfrutar valiosos minutos de tiempo libre, mientras que las mujeres pasan m\u00e1s tiempo enfrascadas en la rutina del hogar.<\/strong>\u00a0En todo el planeta ellas realizan m\u00e1s trabajo no pago que los hombres (y tambi\u00e9n, los hombres m\u00e1s trabajo pago que las mujeres).<\/p>\n<p id=\"1d60\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">Ellos dicen que es amor, nosotras<\/em><\/p>\n<p id=\"56c4\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><em class=\"markup--em markup--p-em\">decimos que es trabajo no pago<\/em><\/p>\n<p id=\"02c7\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">En 1963, Betty Friedan public\u00f3 \u201cLa m\u00edstica de la feminidad\u201d, un libro revolucionario para la \u00e9poca que muchos se\u00f1alan como disparador de gran parte de las discusiones que se dieron en el marco de la segunda ola feminista en los Estados Unidos. En su libro, Friedan plantea que a las mujeres estadounidenses de clase media las aqueja un mal que ninguna puede nombrar, no encuentran las palabras para designarlo. La mayor\u00eda de ellas tiene todo lo que so\u00f1\u00f3: un marido, hijos, una casa linda con jard\u00edn y un buen pasar; sin embargo, algo las angustia \u201cy no es la falta de sexo\u201d.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">El ama de casa desesperada irrumpe en el paisaje de la \u00e9poca con una pregunta existencial: \u00bfqui\u00e9n soy?.<\/strong>\u00a0La mujer aparec\u00eda definida en t\u00e9rminos de su relaci\u00f3n con otro, como esposa, madre, ama de casa y la resoluci\u00f3n de sus conflictos parec\u00eda tener que darse en el seno del hogar.<\/p>\n<p id=\"a578\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Muchas de estas amas de casa desesperadas hab\u00edan dejado los estudios para dedicarse al hogar pero una vez en ese refugio se sent\u00edan insatisfechas; su \u00fanico premio era su propia feminidad.<\/strong>\u00a0Al mismo tiempo, esta feminidad ten\u00eda caracter\u00edsticas muy particulares: atrapar un buen hombre, alimentar ni\u00f1os, comprar un lavavajillas, hacer una torta, vestirse bella y actuar seductora para sostener el fuego de la pasi\u00f3n en la pareja.<\/p>\n<p id=\"f15e\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">En la vereda opuesta, dice Friedan ir\u00f3nicamente, est\u00e1n las neur\u00f3ticas, feas, sin gracia e infelices mujeres que quieren ser poetas, f\u00edsicas o presidentas, \u201cuna verdadera mujer no quiere ni carrera, ni una gran educaci\u00f3n, ni derechos pol\u00edticos\u200a\u2014\u200ala independencia y las oportunidades por las que luchaban las feministas pasadas de moda\u200a\u2014\u200a\u201d. La segunda ola feminista levantaba, entre otras, las banderas de los derechos reproductivos, compartir el cuidado de los ni\u00f1os y las tareas del hogar; sus oponentes dec\u00edan que todas estas eran cuestiones privadas que deb\u00edan resolverse en sus propias familias; es por esto que se impuso el lema \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d. Una de las principales rupturas que provoc\u00f3 esta oleada fue la de la idealizaci\u00f3n del rol de ama de casa; se encamin\u00f3 m\u00e1s bien a encontrar un sentido, ese qui\u00e9n soy, por fuera del hogar. Para estas mujeres, se trataba de recuperarse como individuo, como un ser humano independiente.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">La educaci\u00f3n y el trabajo en condiciones de igualdad ser\u00edan los pr\u00f3ximos desaf\u00edos.<\/strong><\/p>\n<p id=\"1929\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Si en esos tiempos se esperaba que las mujeres se quedaran en sus casas y las que trabajaban afuera eran estigmatizadas (incluso se dec\u00eda que las que iban a la universidad solo lo hac\u00edan para buscar maridos), hoy se puede decir que, en muchos casos, es al rev\u00e9s. Las mujeres, no solo en los Estados Unidos, se alejaron de este ideal de ama de casa, unas por motivaci\u00f3n propia, otras por necesidad. Pero como sea, ayer y hoy su trabajo siempre ha sido ignorado. Nuestras abuelas pasaban largas horas lavando (a mano) la ropa de toda la familia; si bien hoy contamos con la ayuda del lavarropas y los electrodom\u00e9sticos, planchar, limpiar, preparar la comida, llevar a los ni\u00f1os a la escuela o acompa\u00f1ar a la abuela al m\u00e9dico, forman parte de una rutina completa que se repite cotidianamente. Todas esas tareas eran y son percibidas por la familia, por la sociedad y por la contabilidad nacional como actos de entrega y de amor.<\/p>\n<p id=\"4ddb\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">La imagen de la mujer circunscripta a su casa le sirve en los setenta a Silvia Federici, fil\u00f3sofa y activista marxista, para plantear la necesidad de la lucha de las mujeres por el salario para el trabajo hogare\u00f1o.<\/strong>\u00a0El salario, en la sociedad en que vivimos, significa ser parte de un contrato social y es a trav\u00e9s de nuestro trabajo asalariado que accedemos a consumir aquello que necesitamos: comida, ropa, transporte, libros o ir al cine. Uno trabaja no tanto porque le gusta sino porque es una condici\u00f3n en la que vivimos. La cuesti\u00f3n con el trabajo dom\u00e9stico es que, adem\u00e1s de ser no pago, se le impuso como una obligaci\u00f3n a la mujer y se fue transformando en un atributo de la personalidad femenina: ser una buena ama de casa se convirti\u00f3 en alg\u00fan momento en algo deseable o caracter\u00edstico de las chicas.<\/p>\n<p id=\"87e6\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Seg\u00fan Federici,\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">las mujeres no deciden espont\u00e1neamente ser amas de casa sino que hay un entrenamiento diario que las prepara para este rol convenci\u00e9ndolas de que tener hijos y un esposo es lo mejor a lo que pueden aspirar.\u00a0<\/strong>Pero no es algo del pasado solamente, muchas d\u00e9cadas despu\u00e9s a\u00fan se imparte una cultura que refuerza estos roles. Las mu\u00f1ecas, la cocinita, el juego del t\u00e9, la escoba con palita rosas, el maquillaje y las pulseras para armar son el combo perfecto para criar princesas encantadoras, las madres y esposas devotas del ma\u00f1ana. Esa historia no resulta tan lejana en una cultura de pel\u00edculas hollywoodenses con mujeres que dejan todo por el amor a un hombre. O incluso en la variante de los culebrones latinos en donde la mucama es la que va a convertirse en la esposa despu\u00e9s de cuidar durante a\u00f1os de su amado patr\u00f3n en silencio, logrando adem\u00e1s su ascenso social. Medios llenos de publicidades de excelentes productos de limpieza que cuidan con esencias de aloe y lavanda las manos que han de acariciar a los seres queridos despu\u00e9s de limpiar el sarro del inodoro. El ama de casa es la hero\u00edna y protagonista de los cuentos infantiles, la Cenicienta noble, altruista y rom\u00e1ntica que entrena toda la vida para ese momento en que se entregar\u00e1 y amar\u00e1\u200a\u2014\u200acon el mejor limpiador antibacterial\u200a\u2014\u200aa los suyos. A\u00fan hay una gran parte de los sistemas de comunicaci\u00f3n anclados en estos estereotipos.<\/p>\n<p id=\"bfbd\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">El modelo cl\u00e1sico de pareja heterosexual funciona de este modo como un acuerdo t\u00e1cito y reproductivo: ella cocina, limpia, tiene hijos, buen sexo, y cuida de \u00e9l.\u00a0<\/strong>\u00c9l es el proveedor que sale todos los d\u00edas a la calle a ganar el pan y el cash para pagar las cuentas. Con eso tambi\u00e9n paga el derecho a ser bien atendido al llegar al hogar. Federici, sin pelos en la lengua, dir\u00e1 que \u201cla esposa ama de casa est\u00e1 al servicio de su esposo psicol\u00f3gica, emocional y sexualmente, cuida a los ni\u00f1os, limpia sus medias y levanta su ego\u201d. Eso que llaman amor es trabajo no pago.<\/p>\n<p id=\"38de\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Disfrazar el trabajo no pago como un acto de amor esconde que estas tareas son trabajo propiamente dicho<\/strong>\u00a0y, de este modo, se realiza una actividad indispensable para el funcionamiento de toda la sociedad de manera gratuita (en un mundo en que el consumo de todas las cosas tiene un precio). De ah\u00ed el planteo de esta activista de un salario para el ama de casa como forma de, en principio, visibilizar este trabajo y darle el valor econ\u00f3mico que se merece (mi propio recuerdo se refiere a decir o pensar en otras \u00e9pocas \u201cmi abuela no trabaja, es ama de casa\u201d como si ser ama de casa no fuera un trabajo en s\u00ed mismo).<\/p>\n<p id=\"fd14\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">A lo largo de la historia de las luchas feministas (y de las pol\u00edticas p\u00fablicas de g\u00e9nero), se han ensayado diferentes alternativas para valorar econ\u00f3micamente estos trabajos. Salarios y jubilaciones para el ama de casa\u200a\u2014\u200aque equiparan el trabajo hogare\u00f1o con el que se realiza fuera del hogar\u200a\u2014\u200a, cobertura universal o lugares p\u00fablicos de cuidados para ni\u00f1os y mayores, o personas con discapacidad, entre otras. Hay muchos elementos que la teor\u00eda econ\u00f3mica y las estad\u00edsticas p\u00fablicas no ven y no se integran en sus modelos, indicadores y pol\u00edticas.<\/p>\n<p id=\"7c75\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Aunque las encuestas que miden el uso del tiempo son bastante complicadas de realizar y dif\u00edciles de comparar entre regiones geogr\u00e1ficas y culturas por la diversidad de datos que podemos encontrar plasmados en ellas, nutren de informaci\u00f3n muy valiosa a la hora de pensar soluciones y alternativas.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">En la Argentina, reci\u00e9n en 2013 se realiz\u00f3 una encuesta sobre el uso del tiempo por lo que no hay disponible una serie hist\u00f3rica de estos valores.<\/strong>No se puede comparar la situaci\u00f3n actual con lo que pasaba hace diez o cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s por falta de informaci\u00f3n. La generaci\u00f3n de datos aporta a cerrar las brechas porque nos permite tener un mapa y diagn\u00f3stico de la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p id=\"9ef3\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Por ejemplo, un estudio realizado sobre Sud\u00e1frica, Tanzania, Corea, India, Nicaragua y Argentina estima que si se le asignara un valor monetario a este trabajo dom\u00e9stico que realizan las mujeres, representar\u00eda entre el 10 y el 39 por ciento del PBI de estos pa\u00edses. As\u00ed tambi\u00e9n, la reducci\u00f3n de las cargas de limpieza, compras y cuidados sobre las mujeres mejorar\u00eda su productividad fuera del hogar.<\/p>\n<p id=\"f86c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">La f\u00f3rmula seg\u00fan la cual la esposa-ama de casa sacrificaba su carrera e independencia por la familia est\u00e1 cada vez m\u00e1s en el pasado.<\/strong>\u00a0Sin embargo, la ausencia de pol\u00edticas de Estado que brinden soluciones a las necesidades de la familia tradicional y todas sus distintas configuraciones (madres solteras, padres separados, hogares monoparentales) presiona a las mujeres trabajadoras (m\u00e1s que a los varones) para poder hacer todo a la vez. A pesar de que la mayor\u00eda de las mujeres no se dedica a ser ama de casa full time, en los hechos sigue cargando con esas labores, que se le suman al trabajo fuera del hogar.<\/p>\n<h4 id=\"18e4\" class=\"graf graf--h4 graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--h4-strong\">Detr\u00e1s de toda gran mujer, hay otra gran\u00a0mujer<\/strong><\/h4>\n<p id=\"490d\" class=\"graf graf--p graf--startsWithDoubleQuote graf-after--h4\">\u201cR<em class=\"markup--em markup--p-em\">espetando la democracia, alta se\u00f1ora de la cantidad, abren el cortejo las mujeres del personal de servicio\u2026 Pasad, estiradas espa\u00f1olas de bustos de madera, pulcras francesas de buen sueldo y poca tarea, largas inglesas de ojos fr\u00edos, contadas criollas de brillantes zapatos y largos domingos, robustas italianas de buena cocina, menudas japonesas decorativas\u2026 Pasad con vuestras armas al hombro: escobas, plumeros, cepillos, sapolios, jabones, linos, llaves, etc. Sum\u00e1is un ej\u00e9rcito de 79.781 mujeres y est\u00e1is gracias al n\u00famero, en mayor\u00eda absoluta, sumando casi los cuatro quintos del personal dom\u00e9stico total.\u201d Alfonsina Storni<\/em><\/p>\n<p id=\"0f5c\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Las nuevas generaciones dejaron atr\u00e1s muchos mandatos tradicionales; no obstante, la atenci\u00f3n del hogar y de los hijos a\u00fan cae bajo la \u00f3rbita de lo privado y, m\u00e1s espec\u00edficamente, de las mujeres. Cuando ellas se incorporan en el mercado laboral empieza a ser m\u00e1s evidente el costo que significa para un hogar tener que trabajar fuera y dentro de \u00e9l. Aparece as\u00ed la necesidad de servicios de cuidado que no siempre est\u00e1n a disposici\u00f3n, al menos no gratuitamente. Corina Rodr\u00edguez Enr\u00edquez, referente de la econom\u00eda feminista, plantea que una de las dimensiones m\u00e1s importantes de esta distribuci\u00f3n de las tareas dom\u00e9sticas es la que se llama en la jerga el diamante del cuidado, ya que participan los hogares, el mercado, el Estado y las organizaciones comunitarias.<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">\u00a0En los hogares las tareas se distribuyen entre los miembros de la familia, el mercado provee de soluciones como ni\u00f1eras o geri\u00e1tricos, el Estado tiene la posibilidad de establecer licencias familiares u ofrecer jardines maternales p\u00fablicos<\/strong>, las organizaciones comunitarias pueden contribuir con comedores o espacios para practicar deportes. Hay muchas opciones y, por supuesto, todas tienen asociado un costo.<\/p>\n<p id=\"f39f\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">La mayor parte de las responsabilidades del cuidado est\u00e1n a cargo de los hogares y se asume que las otras puntas del diamante colaboran o facilitan el equilibrio entre trabajar en casa y en el mercado. Cuando no hay guarder\u00edas, jardines maternales o geri\u00e1tricos disponibles de modo gratuito (o accesible), las familias\u200a\u2014\u200asobre todo las de menor poder adquisitivo\u200a\u2014\u200atienen que enfrentar estas tareas por s\u00ed mismas, lo que les resta tiempo para estudiar, formarse, tener empleos pagos, o para disfrutar de ver alg\u00fan culebr\u00f3n en la tele. No les queda otra que recortar toda actividad extra y apelar a la ayuda de hermanas mayores, t\u00edas.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Las familias de altos ingresos, en cambio, tienen m\u00e1s posibilidades de contratar una ni\u00f1era o una mucama y, de tal modo, liberar tiempo para ir a la facultad o al cine.<\/strong>\u00a0La mujer profesional de clase media no bien puede, acude a estas hadas madrinas pagas que cocinan, limpian, lavan, planchan, cuidan a los ni\u00f1os y ancianos, son choferes y hasta se hacen cargo de las mascotas.<\/p>\n<p id=\"e6f4\" class=\"graf graf--p graf-after--p\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Seg\u00fan la OIT, m\u00e1s del 80 por ciento de todos los trabajadores dom\u00e9sticos del mundo son mujeres. A su vez, 1 de cada 7 mujeres ocupadas en Latinoam\u00e9rica trabaja en ese sector en donde las tasas de informalidad rondan tambi\u00e9n el 80 por ciento, con salarios baj\u00edsimos, jornadas extensas y sin acceso a la seguridad social.\u00a0<\/strong>En la Argentina solo el 3 por ciento de los trabajadores del rubro son varones y el trabajo dom\u00e9stico es la principal ocupaci\u00f3n de las mujeres asalariadas en el pa\u00eds (cerca del 20 por ciento). Las hadas madrinas que ayudan en las casas de mayores ingresos, lejos de tener alitas y varita m\u00e1gica, son mujeres pobres, muchas de ellas con varios hijos y la mayor\u00eda sin siquiera haber terminado la secundaria (las estad\u00edsticas muestran que solo el 2 por ciento de ellas complet\u00f3 una carrera terciaria o la universidad). De hecho, seg\u00fan un informe de Carina Lupica sobre maternidad y mercado laboral, casi el 40 por ciento de las madres pobres es empleada dom\u00e9stica. Se trata de mujeres que necesitan trabajar pero no tienen calificaciones para acceder a otro tipo de empleo.<\/p>\n<p id=\"e4ec\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Tambi\u00e9n, muchas chicas j\u00f3venes que ven en esto una posibilidad de escapar de la pobreza de los suyos, aunque terminan en un cuarto de servicio de una familia acomodada que, en la mayor\u00eda de los casos, ni siquiera les paga derechos b\u00e1sicos como aguinaldo, vacaciones o d\u00edas de enfermedad.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">En la Argentina, un cuarto del total de los trabajadores informales son empleadas dom\u00e9sticas (aun cuando se aprob\u00f3 una ley para regularizarlas, la gran mayor\u00eda sigue en negro).<\/strong><\/p>\n<p id=\"c034\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">En algunos pa\u00edses, en los que las pol\u00edticas de g\u00e9nero y las discusiones feministas est\u00e1n m\u00e1s avanzadas, aparecen dudas en torno a esta situaci\u00f3n que arrastramos hace siglos: \u00bfes que acaso las m\u00e1s ricas o profesionales oprimen a las m\u00e1s pobres y sin educaci\u00f3n? En esta carrera loca hacia el \u00e9xito para algunas, aparece una masa de muchachas que limpian sus casas y cuidan a sus hijos. Adem\u00e1s, como pocas veces (o nunca) hay un var\u00f3n como ni\u00f1ero o fregando pisos y platos, se perpet\u00faa la idea de que los cuidados (del hogar, ni\u00f1os y mayores) son cosa de mujer. Bowman y Cole (2009), de la Universidad de Chicago, plantean que la salida de este laberinto no pasa por condenar la contrataci\u00f3n de mujeres para trabajos dom\u00e9sticos sino m\u00e1s bien por empezar a reconocer y valorar estas tareas, profesionalizarlas, a fin de mejorar la forma en que todos las percibimos y tambi\u00e9n la calidad con la que se realizan. Pero la valoraci\u00f3n en nuestra sociedad est\u00e1 puesta en el salario; por tanto, si queremos que la labor de las empleadas dom\u00e9sticas o ni\u00f1eras tenga mejores condiciones, necesita tener salarios m\u00e1s altos. Y aqu\u00ed radica el problema para las mujeres profesionales de clase media: en pa\u00edses con grandes desigualdades sociales es m\u00e1s f\u00e1cil encontrar mujeres pobres y con poca educaci\u00f3n dispuestas a trabajar en una casa por poco dinero. Revalorizar el trabajo dom\u00e9stico implica volverlo m\u00e1s caro.\u00a0<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">A las familias de medianos ingresos les viene bien pagar sueldos bajos, \u00a1de otro modo no podr\u00edan acceder a ellas!, \u00a1y sin ellas no podr\u00edan salir a trabajar!<\/strong><\/p>\n<p id=\"6f18\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">Por otra parte, seg\u00fan el Director Regional (Am\u00e9rica Latina y el Caribe) de la OIT Jos\u00e9 Manuel Salazar, hay tambi\u00e9n \u201cuna situaci\u00f3n de discriminaci\u00f3n compleja, con arraigos hist\u00f3ricos en nuestras sociedades en reg\u00edmenes de servidumbre y con actitudes que contribuyen a hacer invisible el trabajo de las mujeres, muchas de ellas ind\u00edgenas, afrodescendientes y migrantes\u201d.<\/p>\n<p id=\"7ac4\" class=\"graf graf--p graf-after--p\">En muchos casos estas trabajadoras son explotadas f\u00edsica, mental y sexualmente.<strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">\u00a0A nivel mundial, Latinoam\u00e9rica tiene 37 por ciento de los trabajadores dom\u00e9sticos del mundo, ubic\u00e1ndose en el segundo lugar despu\u00e9s de Asia.\u00a0<\/strong>\u201cEste trabajo, insuficientemente regulado y mal pagado, sigue siendo el principal proveedor de cuidados, a falta de pol\u00edticas p\u00fablicas universales en la mayor\u00eda de pa\u00edses de la regi\u00f3n\u201d, explica Mar\u00eda Jos\u00e9 Chamorro, especialista de g\u00e9nero de la OIT.<\/p>\n<p id=\"c8dd\" class=\"graf graf--p graf-after--p graf--trailing\"><strong class=\"markup--strong markup--p-strong\">Por todo esto, porque como dec\u00edan las feministas de la segunda ola, \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d, es que el Estado tiene un rol tan importante en la provisi\u00f3n de sistemas de cuidados.\u00a0<\/strong>Bien implementado, podr\u00eda colaborar en que no se potencie el mecanismo de desigualdad entre mujeres ricas que utilizan servicios que proveen mujeres pobres. La profesionalizaci\u00f3n de los cuidadores tambi\u00e9n mejora la calidad del empleo de estos trabajadores que de otra forma son bastante castigados econ\u00f3micamente. Otro paso necesario es el de desnaturalizar que estas tareas son algo \u201cde mujer\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/emergentes.com.ar\/detr%C3%A1s-de-toda-gran-mujer-hay-otra-gran-mujer-21148bbdc7f8\">Emergentes<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casi 2 millones y medio de personas en M\u00e9xico son trabajadorxs del hogar, realizan tareas dom\u00e9sticas y de cuidados. M\u00e1s del 90% de ellxs son mujeres. Adem\u00e1s, 99 de cada 100 est\u00e1 sin contrato y, por tanto, sin derechos laborales. 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