{"id":20058,"date":"2015-09-27T12:10:42","date_gmt":"2015-09-27T15:10:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diariofemenino.com.ar\/?p=20058"},"modified":"2015-09-27T12:10:42","modified_gmt":"2015-09-27T15:10:42","slug":"violencias-que-ven-cuando-las-ven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariofemenino.com.ar\/df\/violencias-que-ven-cuando-las-ven\/","title":{"rendered":"Violencias \u00bfQu\u00e9 ven cuando no las ven?"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\">Las denuncias por abuso sexual se enfrentan con una cadena de impunidad que se revela sistem\u00e1tica en el sistema judicial argentino. Las madres denuncian, pero si el acusado de abuso es padre y de clase media o alta, la condena es improbable. La Justicia pone en duda la palabra de ni\u00f1os y ni\u00f1as, alega que las madres les llenan la cabeza, cuestionan la intervenci\u00f3n de psic\u00f3logas y la validez de c\u00e1maras Gesell. No se trata de casos aislados, ni de excepciones. Y la impunidad penal tiene su lado m\u00e1s filoso en la orden de revincular a lxs hijxs que se animaron a denunciar a sus progenitores con las personas a quienes m\u00e1s les temen. En esta nota, 28 madres protectoras y sobrevivientes j\u00f3venes y adultos de abuso sexual se juntaron en Tribunales, en representaci\u00f3n de muchos m\u00e1s del resto del pa\u00eds y de quienes tienen miedo de represalias aun con sus ojos tapados, para denunciar que la Justicia no escucha ni mira a las v\u00edctimas de violencia sexual.<\/span><br \/>\n<figure id=\"attachment_20059\" aria-describedby=\"caption-attachment-20059\" style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diariofemenino.com.ar\/wp-content\/uploads\/untitled-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20059\" alt=\"Violencias \u00bfQu\u00e9 ven cuando no las ven?\" src=\"http:\/\/www.diariofemenino.com.ar\/wp-content\/uploads\/untitled-2.jpg\" width=\"400\" height=\"263\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-20059\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #000000;\">Violencias \u00bfQu\u00e9 ven cuando no las ven?<\/span><\/figcaption><\/figure><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Por\u00a0<strong>Luciana Peker<\/strong><\/span><\/p>\n<div id=\"cuerpo\">\n<span style=\"color: #000000;\">Las botas son negras y altas. Acompa\u00f1an el paso hasta las rodillas. Se quedan en el primer escal\u00f3n. Acomodan al cuerpo firme. Apenas un golpe de aire m\u00e1s arriba las zapatillas est\u00e1n desatadas y los cordones dejan ver su leng\u00fceta afuera como si la burla tambi\u00e9n fuera parte de la rabia. Otro escal\u00f3n y las manos se afirman a la cintura. Los botines se ti\u00f1en de un color descascarado por trajines. Las zapatillas siguientes se ahogan entre un jean que quiere tapar los pasos sin br\u00fajula y combina con las que conocen sus mismos pasos aunque no parezcan compatibles. Pero tambi\u00e9n asoman blancas entre el gris del pantal\u00f3n de gimnasia que le da respiro al cuerpo sin respiro de pedir justicia. Las botas negras se repiten, entonces, sin importar entre las cabelleras rubias o morochas, las pieles alisadas o arrugadas de fruncirse entre el miedo y la furia y los cuerpos desgarbados o erguidos entre la marcha sin rumbo que impone el poder judicial como segunda condena ante un abuso sexual. Los botines beige casi se alistan frente a la columna de Tribunales que sostiene casi todo el sistema judicial y que no pudo sostener ni el duelo y la muerte de una hija, ni la distancia con una nieta con la que se quiere deslizar por la nieve pero solo se transita el vac\u00edo. Las zapatillas con cordones rosas cortan el negro y empujan a mirar hac\u00eda arriba una cuesta de impunidad que no puede continuar con una pr\u00e1ctica sistem\u00e1tica de descr\u00e9dito a la palabra de los chicos y chicas que se animan a denunciar abuso sexual y, sin embargo, son deso\u00eddos en expedientes que dan giros como una calesita pero que terminan otorgando, en la mayor\u00eda de los casos, la sortija en las manos de los acusados por maltrato infantil. El blanco irrumpe en un arco iris que no encuentra matices entre los claroscuros crom\u00e1ticos y saltea el tapado negro -para el viento que corre en una primavera descompuesta- y combina demod\u00e9 con la venda en los ojos. No es que ellas no vean. Es que no las ven a ellas. La justicia se tapa adrede para saltear los ojos de las madres denunciantes desesperados en lagrimas o secos de una desesperaci\u00f3n nunca esperada \u2013en ojos que siempre se vuelven a sus espaldas por lloronas hist\u00e9ricas e incontenibles de sensitibilidad extrema, desquiciadas de dolor y capaces de hacer cualquier cosa o por fr\u00edas y calculadoras que ni siquiera lloran como har\u00eda toda madre para albergar a los pichones por los que no derraman ni una l\u00e1grima-. La justicia se tapa los o\u00eddos para no escuchar a sus hijos e hijas que piden ayuda para no seguir siendo abusados y una oportunidad de reparaci\u00f3n y nuevos rumbos. No se trata de una casualidad permanente sino de un accionar casi id\u00e9ntido en donde las declaraciones biensonantes que declaman \u201ccon los chicos no\u201d cierran la puerta cuando, realmente, los chicos y chicas dicen no. Por eso, las madres con las vendas llegan hasta la puerta de Tribunales y se enlazan con sus brazos hermanados \u2013entre sus pies que portan sus calzados que diferencias los lugares de partida pero conducen al mismo lugar de llegada- en alto. Tocan el port\u00f3n de hierro cerrado. Y reclaman para que se las escuche. No son una, dos, tres. Ni siquiera son solo las veinte y ocho madres protectoras y adultos sobrevivientes de abuso sexual reunidos por Las12 \u2013que son tantos que la gente se amontona para mirar la protesta de las madres de las vendas en Talcahuano 550- que llegaron desde San Pedro, Lomas de Zamora, La Plata, Glew, Chaco, Pilar y la Capital Federal para que su historia no se pierda como un globo que se suelta en el aire. Hay muchas otras por todo el pa\u00eds que no pueden viajar para que su expediente salga del polvo encajonado y muchas m\u00e1s las que no salen por miedo. Y hay nenas que juegan a las escondidas o corren por la plaza mientras tambi\u00e9n a\u00f1oran una libertad que, a veces, por preservarlas no las deja defenderse con su propia palabra.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">La mayor\u00eda de las madres protectoras no pueden o quieren mostrar su identidad, en principio, porque quieren preservar a sus hijos\/as de revelar las marcas del abuso a quienes quieran y cuando quieran y no que se los identifique por portaci\u00f3n de madre denunciante. Pero, adem\u00e1s, porque la revancha de denunciar a abusadores sexuales e, incluso, el accionar judicial se pagan caros y cuando el precio son los hijos el miedo exacerba el encierro. Por eso, el cuerpo se hace presente y se protege como ellas se llaman protectoras con un trazo blanco sobre sus ojos.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Las madres se enlazan en abrazos y se cuentan las causas como un rompecabezas que siempre desemboca en la misma figura armada: impunidad. Sus letras solas no dicen nada, pero juntas conforman la palabra impunidad. Por eso, se convierten en las madres de las vendas para proteger sin esconderse. Dan la cara pero cuidan a sus hijos e hijas, no quieren hacer ning\u00fan duelo anticipado por una vida que sigue y tiene mucho m\u00e1s que revancha, pero necesitan denunciar que la impunidad s\u00ed entierra en miedo y desesperanza a quienes necesitan empezar de nuevo. Se cubren juntas los ojos que tienen bien abiertos para se\u00f1alar que a ellas no las miran y se tapan sus o\u00eddos para denunciar que no las escuchan ni a ellas ni a sus hijos. Y que, en la mayor\u00eda de los casos, frente a las denuncias por abuso las denunciadas terminan siendo ellas acusadas de ser las instigadoras de las denuncias o de usar el falso S\u00edndrome de Alienaci\u00f3n Parental (SAP) que -en criollo- ser\u00eda llenarle la cabeza a sus hijos, generalmente, contra su padre. La forma de demostrar que el relato de chicos y chicas es real son los peritajes, los dibujos, las c\u00e1maras Gesell que tambi\u00e9n suelen quedar desacreditados en un delito sin testigos \u2013porque se produce entre cuatro paredes- y, mucho m\u00e1s, cuando las ni\u00f1as son peque\u00f1as (y se desacredita su memoria, su palabra o su lenguaje), la violencia no deja secuelas f\u00edsicas (no hay rastros de semen o lesiones genitales porque el abuso es por manoseos o sexo oral o por el efecto del paso del tiempo) y tambi\u00e9n se persigue a las psic\u00f3logas que atienden o peritan a ni\u00f1os y ni\u00f1as.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Los abusos sexuales suceden en todas las familias. Pero la diferencia de clase se siente frente a la justicia. No es lo mismo enfrentar a un agresor \u2013acusado de un delito por el que sentir\u00e1 la condena de c\u00e1rcel y la condena en la propia c\u00e1rcel de los otros presos- sin recursos que a un acusado forjado de dinero, relaciones, poder, amistades o familia dispuesto a defenderlo a capa, billetes y espada. Y, en ese sentido, las victimas profesionales o de sectores medios o altas forman un segmento especialmente vulnerable porque sus ex parejas tienen m\u00e1s recursos para no solo defenderse, sino, tambi\u00e9n, hostigarlas.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">No se puede esperar a que las ni\u00f1as que hoy denuncian se vuelvan grandes. Hay que escucharlas antes. Y en su nombre escuchar a las adultas que piden la imprescriptibilidad de los delitos de abuso sexual. Son sus propios pies plantados despu\u00e9s de abusos que callaron durante toda una vida y que una vez deshechos de silencio se vuelven impunes por la prescripci\u00f3n de un delito que el cuerpo no prescribe y el olvido no desdibuja de la memoria latente. Por, eso todas \u2013y todos- los que se vendaron los ojos para que la justicia se quite la venda explican por qu\u00e9 la justicia no las escucha.<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #000000;\">\u00bfPor qu\u00e9 la Justicia no escucha a las v\u00edctimas de abuso sexual?<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"color: #000000;\">R.A. tiene 41 a\u00f1os, vive en el Chaco y viene a Buenos Aires a comprar ropa para revender en su comercio. Los recuerdos del abuso sexual que sufri\u00f3 por parte de un se\u00f1or con poder en su provincia no lograron desvestirse en ninguna de sus noches, muy especialmente porque nunca pudo hacer la denuncia. Ni cuando ten\u00eda miedo y era chica ni cuando se decidi\u00f3 a hablar, en el 2013, porque la causa ya estaba prescripta y dorm\u00eda el sue\u00f1o injusto de un expediente cerrado en cualquier lado menos en sus pesadillas. \u201cQuiero que deje de ser un delito prescriptible\u201d, pide. Y anuncia: \u201cVoy a hacer la denuncia igual, pero no se si me la van a aceptar\u201d. El futuro est\u00e1 todav\u00eda en puntos suspensivos. Pero no est\u00e1 sola, sino m\u00e1s acompa\u00f1ada que nunca por su mam\u00e1, por su madrina y por un colectivo nacional que impulsa el proyecto de reforma legal en el Congreso Nacional.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">M.B.D es docente y, como R.A, de Chaco y, como ella, victima del mismo abusador. Pero M.B.D tiene 34 a\u00f1os. Y eso es apenas una muestra de como si un caso no se frena el abuso se reproduce. \u201cYo ten\u00eda apenas tres a\u00f1os y \u00e9l era una persona de mucho poder pol\u00edtico y privaba el miedo de lo que pod\u00eda hacerme a m\u00ed o a mi familia que no hizo la denuncia\u201d, relata la causa del silencio. Sola es dif\u00edcil. Juntas es posible. El miedo primo hasta que M.D.B se encontr\u00f3 con R.A. Pero m\u00e1s juntas las sobrevivientes de abuso sexual se convierten en la voz adulta que defiende de las desacreditaciones a las ni\u00f1as a las que se las juzga porque si relatan a la justicia que fueron obligadas a practicar sexo oral a los tres a\u00f1os mienten. \u201cMe encerr\u00f3 en el ba\u00f1o y me pidi\u00f3 que le besara al pene\u201d, recuerda 31 a\u00f1os despu\u00e9s R.A y tambi\u00e9n que se lo cont\u00f3 a su maestra de jard\u00edn de infantes. Hace tres d\u00e9cadas la sociedad era m\u00e1s sorda. Ahora solo es sordo quien no quiere o\u00edr. K.P est\u00e1 al lado de R.A y escucha su historia hilvanada tambi\u00e9n por el pedido de auxilio en el jard\u00edn de infantes. No hay distancia entre el sur del conurbano bonaerense y Chaco para el mundo de turbulencias de las ni\u00f1as. \u201cMi hija se lo cont\u00f3 a una maestra. Pero creo que es m\u00e1s f\u00e1cil creer que una ni\u00f1a puede inventar o una madre puede ser mentirosa que pensar que un padre puede abusar\u201d, se\u00f1ala K.P.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">M.M es una mam\u00e1 denunciante y analista de sistemas que tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en experta en analizar un sistema perverso: \u201cLa justicia no escuch\u00f3 a mi hija porque su progenitor se la pasa diciendo que estoy loca. No solo no me creen a m\u00ed sino al relato de mi hija de cinco a\u00f1os\u201d, dictamina. \u00bfSi la justicia cree que las madres que est\u00e1n locas no deber\u00eda escuchar a las ni\u00f1as y ni\u00f1os? \u00bfSi la justicia cree que los ni\u00f1os y ni\u00f1as son peque\u00f1os para recordar o inconsistentes o sobreadaptados para relatar no deber\u00eda confiar en las psic\u00f3logas que peritan o escuchan en consultorio a los ni\u00f1os y ni\u00f1as? Las vendas judiciales se extienden a lo largo de quienes pueden acreditar la palabra de las victimas. \u201cMi hija cont\u00f3 todo en c\u00e1mara Gesell, pero igual sobreseyeron (al agresor) y a la psic\u00f3loga de mi hija la allanaron. No les importan las pruebas\u201d, dice B.A. La historia se parece a las otras historias que esperan en las escalinatas a que la palabra gire hasta que los dobles discursos con respecto al abuso sexual infantil no aturdan.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">P.W. es economista e impulsora de la reflexi\u00f3n colectiva frente al abuso sexual, contra viento, marea y un final mal pensado: \u201cLa denuncia es inevitable, pero ni bien denuncias perdiste el caso. Todos parten del mito urbano de la mina que miente y est\u00e1 loca. Todas las causas son copiadas y pegadas, estes en C\u00f3rdoba o Chubut. De eso no se habla y si hablas pagas con tu vida o la de tus hijos. Pero juntas estamos empezando a lograr lo que buscamos, no justicia, pero s\u00ed protecci\u00f3n para nuestros hijos y que no haya m\u00e1s madres que paguen con sus vidas como Marcela Fillol o la perdida de la tenencia como Andrea V\u00e1zquez\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">A veces las pruebas son dif\u00edciles porque se trata de un delito cometido en un ba\u00f1o o un dormitorio sin testigos. La prueba es la palabra infantil o no hay pruebas. Pero, a veces, tampoco las pruebas m\u00e1s tajantes alcanzan. \u201cEl padre de mis tres hijos de 13, 10 y 6 a\u00f1os abuso de los tres en diferentes momentos. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s que la m\u00e1s grande dijo que el pap\u00e1 la violaba le pidieron un examen f\u00edsico en donde se evidenciaron las lesiones por himen desflorado de larga data. Tengo la suerte que el fiscal cree en la palabra de mis hijos. Pero la jueza obliga a una revinculaci\u00f3n aduciendo S\u00edndrome de Alienaci\u00f3n Parental (SAP) y mis hijos est\u00e1n siendo deso\u00eddos\u201d, subraya M.J.M, una m\u00e9dica de Capital Federal que revela el peor tramo de la impunidad. No se discute solo una pena privativa de la libertad, sino si los ni\u00f1os y ni\u00f1as denunciantes tienen que volver a verse con los progenitores a los que acusan. En muchos casos se imponen visitas pero no a solas. No es suficiente, seg\u00fan M.J.M para que el abuso no contin\u00fae. \u201cLa asistente social dec\u00eda que el nene hab\u00eda comido remolacha cuando ven\u00eda sangrando\u201d, detalla. M.S.M es abogada y funcionaria judicial. Conoce los vericuetos de los tribunales de La Plata sin necesitar GPS. Pero saber no la defiende. \u201cEst\u00e1n acreditadas las lesiones anales del nene que ahora tiene 12 y el pap\u00e1 lo violaba desde los 4 hasta los 10 a\u00f1os. Pero el fiscal pide la revinculaci\u00f3n porque dice que el nene es fr\u00edo y distante. Y mi hijo no quiere verlo ni a \u00e9l ni a la abuela paterna. Pero el pap\u00e1 es hijo de un juez y cada vez que entro a tribunales me miran como la fabuladora y la loca\u201d, dice por primera vez, aunque la historia se repite. Y, a veces, aniquila.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">M.T. es la mam\u00e1 de Marcela Fillol, una mam\u00e1 que muri\u00f3 en Bariloche, sin ni siquiera poder despedirse de su hija de 7 a\u00f1os, de la que estaba separada por un fallo judicial. El progenitor no obedeci\u00f3 una orden para que madre e hija pudieran despedirse y lleg\u00f3 despu\u00e9s de su muerte. \u201cMi chica se muri\u00f3 por una reca\u00edda de la leucemia por tristeza. Ella se levantaba todos los d\u00edas esperando a su hija y \u00e9l reci\u00e9n la llevo a ver el caj\u00f3n cuatro horas despu\u00e9s que se muri\u00f3. No quiero que le pase lo mismo a otras chicas\u201d, pide M.T. Ella pudo reencontrarse con su nieta que reconoc\u00eda su perfume con el olor a la misma flor blanca que lleva su nombre, juntarla con sus primos, dejarla correr y pasear entre animales. Sin embargo, ahora el padre volvi\u00f3 a alejarla de la ni\u00f1a. \u201cSoy su segunda mam\u00e1 y quiero cuidarla, llevarla de vacaciones y dejarla que recuerde a su madre\u201d, reclama M.T.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Si cuesta leer hay que imaginarse vivirlo. J.C. denunci\u00f3 ante la justicia el abuso sexual por parte del pap\u00e1 de su hijo que hoy est\u00e1 sobrese\u00eddo. Una palabra que se repite y que complica la denuncia judicial y medi\u00e1tica de los abusos. J.C. se indigna con el sobreseimiento: \u201cMi hijo de 5 a\u00f1os cuenta como la madre del progenitor le hacia chupar los pies, las piernas y la vagina sin pantal\u00f3n y sin bombacha. Tambi\u00e9n relata como su padre mientras los ba\u00f1aba le ense\u00f1aba a lamer su propio cuerpo para luego direccionar el juego al cuerpo del abusador. Le ense\u00f1o a chupar el pito (propio) con ayuda de \u00e9l y un amigo suyo. Y lo he escuchado hasta contarle a alg\u00fan amiguito que no ve\u00eda a su pap\u00e1 porque le hizo mucho da\u00f1o\u201d. Ella apel\u00f3 con solo tres d\u00edas de plazo y contra la postura de la fiscal. Pero no se trata de un diario de un horror subterr\u00e1neo sino de un discurso que pasa de boca en boca mientras la noche llega y las escaleras de tribunales no se despueblan de palabras amalgamadas por experiencias gemelas.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">F.B enfrenta un proceso frente al cual tiene la palabra sobrese\u00eddo en el expediente en el que ella acusa de abuso sexual al progenitor de sus hijas. El proceso sigue despu\u00e9s de un juicio oral que favoreci\u00f3 al imputado. Pero la mirada judicial no solo es ciega, sino que mira hac\u00eda donde quiere mirar. \u201cTodo el debate estuvo dirigida a indagar en mi vida privada, en mi estructura de personalidad y en mis supuestas preferencias e historial sexual, en lugar de indagar en los hechos de abuso sexual que sufri\u00f3 mi hija y en la responsabilidad del imputado. Se basaron en rumores y calificaciones expresadas por amigos y familiares del denunciado, sin prueba objetiva que las respaldara. En la sentencia fui personificada como una mujer fr\u00eda, inductora, instrumental, mendaz, mentirosa, manipuladora, revanchista, enfermizamente celosa, promiscua y con particulares pr\u00e1cticas sexuales. El resultado de esta representaci\u00f3n fue el descr\u00e9dito de las afirmaciones de mi hija (a la cual me se\u00f1alan como inductora a \u201crecordar falsamente\u201d). De esta manera, es mucho m\u00e1s lo que se ha dicho sobre mi que sobre el imputado y los abusos cometidos respecto de mi hija\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">A.M.V viene desde el norte bonaerense y sus rodillas le piden clemencia frente a las horas parada en tribunales. Todav\u00eda tiene las secuelas del 2001 cuando su ex pareja la arrastr\u00f3 cinco cuadras en moto y del ACV que le marca su rostro doblegado por el secuestro de su hijo desde que ten\u00eda un a\u00f1o hasta que cumpli\u00f3 cinco. El tiempo se siente en el cuerpo. Y en el reclamo multiplicado. La peor pesadilla de las madres protectoras es que sus hijos tengan que volver a ver a los agresores o que les saquen a sus hijos. El caso de A.V., separada de sus tres hijos por la justicia de Lomas de Zamora, despu\u00e9s de denunciar violencia familiar no es el \u00fanico. P.A. es una docente de Glew que est\u00e1 separada de sus dos hijos de 10 y 16 a\u00f1os. Y M.A.B una psic\u00f3loga de Wilde que no quiere cumplir la orden judicial que no escuch\u00e9 lo que ella s\u00ed escucha de su hijo: \u201cMe imponen una revinculaci\u00f3n que si no cumplo me multan. Pero yo no puedo llevar a mi hijo a que siga sufriendo abuso. Estoy pidiendo ayuda\u201d, exclama con una desesperaci\u00f3n en la que no entra ni la \u2013falsa- tensa calma.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">El abuso sexual sucede en todas las clases sociales, pero las herramientas de los acusados de abuso sexual para defenderse \u2013leg\u00edtimamente- o entorpecer la investigaci\u00f3n son mucho mayores. \u201cEsto no pasa solamente en hogares de bajos recursos o de gente sin estudio, como muchas veces dicen. Muchas de nosotras tenemos estudio y muchos de los abusadores tambi\u00e9n, pueden ser jueces, diputados, abogados, contadores o, como en mi caso, una persona con un cargo importante en el sector de tecnolog\u00eda de un banco que tiene personal a cargo\u201d, destaca D.A. Otro problema de la falta de acceso a la justicia de las victimas y del acceso privilegiado de los acusados con dinero es la posibilidad de profesionales que puedan venderse al mejor postor y terminan favoreciendo a los acusados. \u201cEl (agresor) tiene una condena que firme yo, enga\u00f1ada por mi abogado, para que haga una probation a trav\u00e9s de tareas comunitarias\u201d, dice L.P.C.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Las victimas son diversas, pero son mujeres. Y los acusados m\u00e1s dif\u00edciles de acusar tambi\u00e9n tienen un rasgo claro. P.W es docente universitaria y enmarca: \u201cLa justicia no me escucha porque soy mujer. Podes tener plata, estudios y representaci\u00f3n privada, pero si el abusador es progenitor va a ser sobrese\u00eddo. Hagas lo que hagas la justicia no toca al padre y no hay prueba o c\u00e1mara Gesell que mueva esa ideolog\u00eda patriarcal. Todo testimonio de la madre o el ni\u00f1o se interpreta como una fabulaci\u00f3n contra el padre. Si es el vecino o el verdulero puede ser, pero al padre no se lo toca. Y en esa impunidad de los padres el aparato judicial act\u00faa en red con jardines de infantes, escuelas y m\u00e9dicos que no se fija cuando los chicos son lastimados\u201d. Y el efecto de las mujeres es devastador para ellas y desalentador para que otras denuncien: \u201cLas madres quedamos sin un mango, con temores, insomnio, el sofocamiento de la palabra y el temor a la revinculaci\u00f3n de nuestros hijos\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Las madres de las vendas no solo se juntaron para una imagen que demuestre que cada una es un mosaico de un pared\u00f3n que rebota las denuncias por abuso sexual. Desarmar la soledad de las causas individuales tambi\u00e9n hace nacer una nueva causa colectiva: la lucha contra la impunidad en el maltrato infantil y la violencia sexual. M.H concluye: \u201cSabia de la lucha de muchas mam\u00e1s, pero fue muy fuerte vernos juntxs personalmente. Es muy importante sabernos juntxs ya que toda mi lucha fue pr\u00e1cticamente en soledad y cre\u00eda que lo que me pasaba era solo a mi. Viv\u00ed todo con mucha angustia como todxs pero ahora con la esperanza que juntos podemos hacer mas\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">S.P. es madre protectora y sobreviviente. Ella apela al consenso colectivo, pero prefiere una futura foto con globos de colores para que las personas que sufrieron abuso sexual no crean que sus vidas ya est\u00e1n marcadas con una l\u00e1pida de por vida. \u201cNo al silencio y al miedo\u201d, apela con una sonrisa serena y el pelo rubio despejado por el fin de semana. Y la esperanza como emblema. \u201cSi sal\u00eds a decir lo que te paso encontras empat\u00eda y solidaridad\u201d, empoderar. S.C. es el \u00fanico var\u00f3n entre las 27 mujeres de las vendas en tribunales. Su caso de abuso en un colegio religioso es emblem\u00e1tico y representa a muchos otros varones victimas. Pero \u00e9l s\u00ed consigui\u00f3 una sentencia. \u201cSi queres como excepci\u00f3n de esta regla de impunidad a las madres protectoras yo encaro a la justicia siendo var\u00f3n, blanco y adulto. Igualmente a m\u00ed me paso a los 10 a\u00f1os y reci\u00e9n pude encarar el sistema de justicia como mayor de edad. Me puse al hombro la causa con gran esfuerzo, pero el juicio oral y p\u00fablico fue bastante reparatorio. Y ahora apuesto a la militancia colectiva\u201d.<\/span><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nFuente: <a href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/suplementos\/las12\/13-10061-2015-09-25.html\">Las 12<br \/>\n<\/a><br \/>\nImagen: Constanza Niscovolos<br \/>\n&nbsp;\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las denuncias por abuso sexual se enfrentan con una cadena de impunidad que se revela sistem\u00e1tica en el sistema judicial argentino. 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