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Violencia, ataque o agresión sexual en la niñez o adolescencia*

Denominación

Existen distintas denominaciones para hacer referencia a este crimen. Muchos autores prefieren nombrarlo como “abuso sexual infantil” (A.S.I). Esta expresión, más allá de ser revictimizante y encubridora,  ha generado confusión en cuanto a su alcance, ya que podría interpretarse que se hace referencia únicamente aquellos ataques sexuales, donde víctima y victimario son personas menores de edad – entre infantes-.

Por Pablo Barbirotto.[1]

Violencia, ataque o agresión sexual en la niñez o adolescencia
Violencia sexual. Pablo Barbirotto

Otros prefieren denominarlo como “abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes”. Si bien esta calificación es superadora a la de abuso sexual infantil, considero que no es lo suficientemente inclusiva, ya que encasilla la violencia sexual de manera binaria, en niñas – femenino- y niños –masculino- dejando por fuera aquellas personas menores de edad que se identifican con otros géneros o inclusive aquellas que no se identifican con ninguno de ellos.

También suele denominárselo como “ofensa sexual infantil” en lugar  de abuso sexual,  pues consideran  que el abuso es el mal uso que se tiene de una “cosa” que se puede o se está autorizado a usar (abuso de alcohol, drogas, mal uso de un artefacto, etc). Por lo tanto, consideran que es incorrecto referirse a un ataque sexual en la niñez como abuso sexual, pues el adulto jamás tiene posibilidad de uso con fines sexuales de una persona menor de edad. Asimismo quienes proponen esta denominación se refieren a la víctima como ofendida sexual y al agresor como ofensor sexual.

Luego de analizar estos conceptos, se considera que la denominación correcta es “violencia, ataque o agresión sexual en la niñez o adolescencia”. La nomenclatura no se elige por vanidosos conceptos de sofisticación semántica, sino que nos parece más clara y justa en orden a su naturaleza, función y limitaciones. Los conceptos contienen en sí, la historia y las funciones para los que han sido acuñados[2]. No se trata solo de un slogan (A.S.I), sino que es una de las peores formas de violencia,  uno de los delitos más graves del catálogo represivo, que se ubica en el núcleo de hechos punibles que provocan graves perturbaciones en el marco de la convivencia social, destruyen el tejido social, la confianza en la norma y en los valores básicos. “Daña el derecho a la integridad, la intimidad, la privacidad y, principalmente, se vulnera el derecho a no ser expuesto a ningún tipo de violencia, abuso, explotación o malos tratos”[3].

Por otra parte, preferimos hacer referencia a la expresión  “niñez y adolescencia”, en lugar de “infantil” o “contra niñas, niños y adolescentes”, ya que con la denominación escogida hacemos solo mención a una franja etaria (de 0 a 17 años de edad inclusive[4]), sin caer en cuestiones refriadas al género abordadas más arriba.

Es por ello que entendemos que el término “violencia, ataque o agresión sexual en la niñez o adolescencia” denota la verdadera esencia de este aberrante delito. La violencia sexual en esta franja etaria  por parte de un adulto significativo del que se espera amor, contención  y protección, produce un efecto devastador. Las víctimas sufren un daño irreparable a su integridad física, sexual, psíquica y moral. La persona menor edad es «cosificada», ofreciendo al agresor un aspecto vulnerable, por su edad, por la relación de confianza y de afecto que con el mantiene, imponiendo la ley del silencio y el secreto.

Violencias o ataques sexuales en la niñez o adolescencia.

Las violencias o ataques sexuales en la niñez y adolescencia ocurren cuando una persona, por lo general un adulto, pero nada obsta que pueda ser también una persona por debajo de 18 años de edad, obliga a la victima a mantener un contacto sexual.

Es necesario poner énfasis en dos expresiones. La primera de ellas “obliga”. Esto significa que la víctima no lo desea, lo resiste, lo rechaza, se niega. Implica toda interacción sexual en la que el consentimiento no existe. El consentimiento tampoco puede ser brindado por las personas menores de trece (13) años de edad, independientemente de que entiendan la naturaleza sexual de la actividad e incluso cuando no muestre signos de rechazo. Toda actividad sexual con una persona cuya edad esté por debajo de ese límite se presume, sin admitir prueba en contrario, que fue realizada sin su consentimiento. Es por ello, que debemos estar muy atentos y tener presente que el embarazo de una niña por debajo de los 13 años de edad -por más que tenga una relación noviazgo estable- configura un delito y aquellos que tomemos conocimiento de esta situación en razón de nuestras funciones tememos la obligación de comunicarlo[5].

En otras palabras, el consentimiento de la víctima – por debajo de esa edad- es irrelevante para la consumación de la conducta típica.

La segunda expresión que es menester remarcar es “contacto sexual”. Es común entender equivocadamente que existe contacto sexual únicamente cuando hay  penetración.  

La interacción abusiva, que puede ocurrir con o sin contacto sexual, e incluye manoseos, frotamientos, contactos y besos sexuales, coito interfemoral (entre los muslos),  penetración sexual (no solo del pene, sino de objetos o partes del cuerpo) o su intento, por vía vaginal, anal, penetración oral, exhibicionismo y el voyeurismo. Actitudes intrusivas sexualizadas, como efectuar comentarios lascivos e  indagaciones inapropiadas acerca de la intimidad sexual de las personas menores de edad. La exhibición de pornografía. Instar a que las victimas tengan sexo entre sí o fotografiarlos en poses s sexuales, o contactar a una persona menor de edad vía internet con propósitos sexuales (grooming).[6]

 Implementación de estrategias para el abordaje de las violencias sexuales en la niñez y adolescencia.

La ley n° 26.061 de “Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes” dispone expresamente que las y los miembros de establecimientos educativos y de salud, públicos o privados y todo agente o funcionario público que tomare conocimiento de la vulneración de derechos – en este caso un ataque sexual  en la niñez y adolescencia-  tiene la obligación de comunicar dicha circunstancia a la autoridad administrativa de protección de derechos en el ámbito local, bajo apercibimiento de incurrir en responsabilidad por dicha omisión. (Art. 30).

Asimismo, la mayoría de las normativas provinciales de protección integral de los derechos de la niñez, en consonancia con los principios rectores de la Convención sobre Derechos del Niño, amplían este deber a toda persona.

Para cumplir con esta obligación, es sumamente importante contar con referencias claras acerca de cómo actuar  ante una sospecha de agresión sexual, como y donde comunicar o denunciar o a quien derivar. Se requiere de un procedimiento que sea conocido por todos operadores, que facilite su actuación y principalmente evite prácticas revictimizantes  y/o que pongan en riesgo la recuperación psicológica de la victima menor de edad.

Para alcanzar estos objetivos, es aconsejable la elaboración de “Protocolos interinstitucionales” que promuevan redes de trabajos territoriales e interdisciplinarios para el logro de una actuación oportuna y eficaz.

¿Que cambia a partir de la elaboración y puesta en marcha de un “protocolo  interinstitucional para casos de violencia sexual en la niñez y adolescencia?

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[1] Juez Penal de Niños y Adolescentes, Abogado,  Escribano (UCSF),  Especialista Derecho Penal, Especialista en Derecho Procesal Penal (U.N.L), Diplomado Universitario Superior en Estudios Avanzados en Justicia Juvenil la Universidad de Ginebra – Suiza- Diplomado en formación de género desde la perspectiva de los derechos humanos, Doctorando en Cs. Jurídicas y Sociales.

[2] ZAFFARONNI Eugenio Raúl en la introducción al libro VITALE, Gustavo, Encarcelamiento de presuntos inocentes. Hacia la abolición de una barbarie, Hammurabi, 2007

[3] Estos derechos se encuentran protegidos a nivel internacional por la Convención sobre los Derechos del Niño. A nivel nacional y provincial, en diversas normas, entre las que se destaca la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes.  Publicado por UNICEF ARGENTINA. “Abuso Sexual contra niños, niñas y adolescentes. Una guía para tomar acciones y proteger sus derechos” Pág. 8. Noviembre de 2016.

[4] Conv. sobre Derechos del Niño. Artículo 1: Para los efectos de la presente Convención, se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.

[5] Ley 26.061. ARTICULO 30. — DEBER DE COMUNICAR. Los miembros de los establecimientos educativos y de salud, públicos o privados y todo agente o funcionario público que tuviere conocimiento de la vulneración de derechos de las niñas, niños o adolescentes, deberá comunicar dicha circunstancia ante la autoridad administrativa de protección de derechos en el ámbito local, bajo apercibimiento de incurrir en responsabilidad por dicha omisión.

[6] UNICEF ARGENTINA. obcit Pag. 7.

(*) Este texto corresponde al Epílogo del libro: “Agresión sexual contra niños, niñas y adolescentes. TE LO CUENTO CÓMO Y CUÁNDO PUEDO. El polimorfismo del lenguaje infantil»,  publicado por la Editorial Raíces en 2022 cuya compiladora es Macarena Cao Gené

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