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Nueve años pasaron de esa manifestación callejera masiva en 2015. Sirvió para la toma de conciencia de una buena parte de la sociedad, muchas pibas y algunos pibes. Nueve años y ¿después qué? ¿Cuántas cosas cambiaron? ¿Quiénes activan y reclaman? ¿A quién?

Por Lenny Cáceres*

Sin duda hay demasiada confusión al respecto. Cada marcha, cada reclamo público no fue ni será nunca un encuentro colectivo de celebración y glitters. Mucho menos un reclamo desde los espacios que deben dar respuestas a las demandas sociales: a mujeres, a sus hijas e hijos, a los feminismos. No se puede vaciar alegremente un reclamo haciéndose parte de él cuando su deber es leerlos, generar y sostener políticas públicas concretas, acordes, suficientes y no pour la galerie.

Si todas nos sumamos al reclamo (Al Estado me refiero), si todo es reclamo… nada es reclamo. Gracias, pero no.

Se contabilizan entre 200 y 400 femicidios en Argentina cada año ¿Vamos a hacer algo más que contarlos? Datos, observatorios, estadísticas ¿Para qué?, si aumentan considerablemente las denuncias por violencias varias. Se supone que sirven (servirían) para generar políticas públicas tendientes a erradicar las violencias…

Hay quien dice que no podemos esperar que el Estado resuelva todo, hay quienes no esperamos eso. De hecho, nunca lo esperamos, pero tampoco que el Estado se pare en nuestra vereda a reclamar porque entonces ¿qué? ¿a quién? ¿Hacia dónde vamos?

Quien puede cambiar las cosas necesita tener las herramientas, saber y querer usarlas, tener la información o salir a buscarla. Años leyendo propuestas concretas, generando legislación de excelencia y ostensiblemente seguimos paradas en el mismo lugar. Porque al llegar al territorio, al pararse en él y hablar con las personas, todo es muy diferente a lo que se lee en las páginas de los diarios como aporte o logros.

Porque la ruta crítica ante una situación de violencia sigue siendo un camino sinuoso y doloroso, porque ser escuchada sigue siendo una ilusión sin respuesta, porque reconocer que se atraviesa una situación de violencia —incluso para quien la ejerce— sigue siendo el “privilegio” de unas pocas y a ese saber se llega totalmente rota.

Un #3J sin mucho más que hace nueve años
Un #3J sin mucho más que hace nueve años

Y no, no podemos solo echar la culpa a las políticas nacionales de un presidente machista y misógino, este reclamo tiene muchos años y cada persona en cada lugar que ocupa en la sociedad y en los cargos tiene una parte de responsabilidad en este flagelo como lo es la violencia de género, que daña y mata.

¿Cuáles son esas propuestas de las que hablé arriba?

Sin temor a repetirme, porque contenido como este lo mencioné en innumerables ocasiones, voy puntualizar en las acciones que desde muchos espacios esperamos.

Campañas de prevención masivas: las campañas deben ser masivas, a través de todos los medios de comunicación (incluida la radio), dirigidas a toda la población y con mensaje claro sobre las formas en que se recibe y ejerce la violencia[1] . No alcanza con decir “Si recibís violencia llama al…” porque no todas las personas la reconocen como tal, o minimizan algunas formas.

Trabajo territorial: atado al punto anterior, a la par es necesario que se realice un trabajo territorial que permita la llegada de la información a las personas que les pasan las cosas y no dar por sentado que leyeron una nota en un diario, vieron un spot en televisión o un flyer en las redes.

Capacitación permanente: la capacitación debe hacerse de manera articulada y corresponsable. De nada sirven los esfuerzos aislados de grupos de personas o áreas de los Estados. Es necesario un lenguaje común, un discurso claro, un mensaje inequívoco.

Las capacitaciones aisladas no suman. Si se capacitan funcionarias y funcionarios, pero no al resto de equipo, no suma. Si se capacitan algunas áreas y otras no, no suma. Si capacitamos para la atención y asistencia, pero no aportamos a la prevención no suma, porque si solo apuntamos a la asistencia ante las situaciones de violencia, no estaremos aportando a la prevención; estamos llegando tarde, cuando las violencias ya atravesaron el cuerpo de las personas.

Implementación de la legislación: tenemos legislación, herramientas maravillosas para generar un real cambio: Ley 26.150 de Educación Sexual Integral para terminar con las desigualdades y discriminación desde edad temprana; Ley 27.499 denominada “Micaela”, de capacitación con perspectiva de género para todas las personas de los tres poderes del Estado, empresas y sindicatos. Es necesario que esté bien dictada, como lo establece su lineamiento, sin apuro, a nadie le importa que sea rápido, debe hacerse bien o desperdiciamos la oportunidad y nada cambiará. Y por último, y no menos importante, contamos con el Convenio 190 de la OIT al que Argentina adhirió en febrero de 2022, que aporta las formas de abordar la violencia y el acoso laboral, también con claros lineamientos de cómo trabajarlo para que llegue a todas y todos.

Por todo esto decimos que la respuesta debe venir del Estado y todas las personas sumarse con aportes y en la misma línea de trabajo. La crítica nunca puede ir sola, sin propuestas, o sería más de lo mismo ¡Estamos tan cansadas de eso! Y otras ni siquiera pudieron sobrevivirlo…

Cada quien a lo suyo. Dejen el #3J a la militancia, a los feminismos, al reclamo, a la manifestación callejera y dennos las respuestas que necesitamos porque, en definitiva, somos las que históricamente ponemos el cuerpo, y las muertas.

 

[1] Si partimos de la base que la violencia es una conducta aprendida, por ende, totalmente naturalizada, debemos poner el foco en esas formas de recibirla y ejercerla para dar la posibilidad de reconocerla y generar un cambio en las conductas.

(*) Periodista feminista abolicionista, directora/editora de Diario Digital Femenino. Co coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género de Argentina RIPVGAr. Titular de la web de Asesoramiento y Capacitación https://lennycaceres.com.ar/ Autora del libro La transversalidad del género: espacios y disputas.(Ed. Sudestada)

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