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Literatura feminista

La activista feminista y antirracista bell hooks – fallecida el 15 de diciembre de 2021- despliega su militancia en “Todo sobre el amor” para rescatar al amor devaluado por el capitalismo patriarcal.

Por Victoria Santesteban*

bell hooks publica en 1999 “Todo sobre el amor” para recuperarlo del materialismo estadounidense. Convencida de la necesidad de reestablecer el protagonismo revolucionario que el amor supo conseguir en los sesenta, la autora advierte que hacia finales de los setenta en Estados Unidos se dejó de hablar de amor: se sacrificó el ideal de amor, libertad y justicia por el culto al materialismo y al dinero. hooks da cuenta de los estragos de esta campaña de desprestigio sobre el amor dada por el individualismo capitalista y de allí su necesidad de escribir en su rescate: “Escribo sobre el amor para llamar la atención sobre los riesgos de esta actitud, pero también para reivindicar un retorno al amor”, anticipa. A lo largo de 13 capítulos, hooks recorre y describe al amor en los vínculos familiares, en las relaciones sexo afectivas tan atravesadas por el amor romántico que critica y responsabiliza de la violencia doméstica, refuerza la importancia del amor propio, del lugar del amor en la espiritualidad y en las bases de todo movimiento social, a la vez que convence sobre el poder curativo y revitalizante del amor. hooks escribe sobre amor en términos de revolución y lucha anticapitalista: lo posiciona como elemento indispensable de todo movimiento de justicia social para desmentir el slogan individualista de que nos salvamos solos y solas.

Literatura feminista: Bell Hooks y la revolución del amor
Literatura feminista: Bell Hooks y la revolución del amor

Anhelo.

bell hooks en principio advierte sobre la falta de amor en un mundo que la encuentra escribiendo sobre él, justamente para recuperarlo de una cultura que lo vapulea. Contrasta los noventa con los hippies del 60 y 70 en los que el mensaje vital impelía a creer que lo único que necesitábamos era amor. Pasadas esas décadas, el discurso estadounidense –que irradia a otras partes del globo– arremetió con vehemencia contra las odas hacia el amor y no a la guerra hasta subestimar su poder al punto de ni siquiera encontrarlo en las canciones. Una Tina Turner que entona “¿Qué tiene que ver el amor con eso?”, lamenta hooks. Describe como producto cultural a una generación de jóvenes reacios al amor, temerosos de sentir y escépticos sobre su capacidad transformadora. Ahí es cuando hooks cita a Elizabeth Wirtzel como portavoz de esa generación desamorada: “ninguno de nosotros está aprendiendo a amar mejor, estamos aprendiendo a tener más miedo al amor”. Es esta devaluación cultural del amor, la que inhabilita su consideración como cuestión filosófica, como base necesaria de los movimientos revolucionarios, denuncia la autora. El amor en tiempos de capitalismo neoliberal se vende como banal y efímero, intrascendente y, cuanto peor, patológico, al mejor estilo de Atracción Fatal.

Niñez.

hooks insiste en la ignorancia generalizada sobre el amor, a su confusión con el cuidado y el afecto, a la idea propia del amor romántico que incluye a las violencias como elemento más de eso que llaman amor. La familia aparece como la primera escuela de amor, a pesar del maltrato y de una idea del amor basada en lógicas de premio y castigo. Ahí es donde hooks denuncia la violencia intrafamiliar hacia niños y niñas históricamente legitimada como educación, y la total falta de correspondencia del disciplinamiento humillante y severo con el amor. La autora aquí rompe con el paradigma que pone en duda la titularidad de derechos de niños y niñas para reivindicar su condición de sujetos de derechos y explica que amar a nuestros hijos significa reconocer en todo momento, con todos nuestros actos que no son de nuestra propiedad. Y si bien en nuestra tradición jurídica, al menos actual, esta conceptualización resulta generalizada a partir del principio del interés superior de niños y niñas para velar por su protección amorosa, en Estados Unidos aún se continúa pensando en términos de los derechos de padres y madres sobre sus hijos, desde una perspectiva más cerca al derecho de propiedad que al de los derechos humanos.

Amor.

La autora insiste en la necesidad de un mapa y de una brújula que nos oriente en medio del desconcierto en este camino de conocimiento al amor verdadero. “En este viaje necesitamos un mapa que nos muestre el camino: el punto de partida será saber qué queremos decir cuando hablamos de amor”. Y comienza a trazar la ruta para dar, por fin, con el amor. En principio, “para conocer el amor debemos decirnos la verdad a nosotros (y a nosotras) mismos y decírsela también a los demás”. hooks dedica así todo un capítulo a la sinceridad y denuncia el acostumbramiento a crearnos una propia imagen falsa para enmascarar nuestros miedos e inseguridades, que nos hace olvidar quiénes somos y qué sentimos debajo de este disfraz de la simulación. En el capitulo siguiente, la autora indica que para amar, necesariamente hay que primero amarnos a nosotras mismas, para lo que necesariamente se requiere desaprender la educación sexista que manda a las mujeres a cuidar, obedecer y postergarse. hooks apela a las afirmaciones mántricas, constantes, que contrarresten la voz interna que critica y desvaloriza, para auto defendernos y comenzar a creer y confiar en nosotras. Aquí la autora da cuenta del impacto decisivo del feminismo en la vida de las mujeres, en tanto movimiento que desempolva nuestro poder personal para reafirmarnos ante un mundo que todavía nos relega, invisibiliza y violenta.

Etica del amor.

hooks escribe convencida de que la vida –en Estados Unidos, sobre todo– debe basarse en la ética del amor, que no es nada más ni nada menos que tener derecho a ser libres y a vivir una vida plena y hermosa. Aquí su discurso sobre el amor se estructura claramente como manifiesto militante que aboga por la desarticulación del individualismo tan característicamente estadounidense. “El individualismo imperante es una respuesta directa de la incapacidad de Estados Unidos para hacer realidad la idea de democracia expresada en la Constitución Nacional”, declara contundente. La solidaridad, el compromiso, la reafirmación de nuestra naturaleza como seres sociales, la adhesión a una filosofía convencida que la existencia de cada una se encuentra ligada a la de las demás personas sobre la tierra son elementos fundantes de esta ética del amor necesaria para la transformación del mundo en un lugar mejor. Lejos de las apropiaciones culturales de Oriente, que incluyen la repetición de mantras para la salvación personal que perdone los privilegios de clase de quienes tienen el tiempo de sentarse a meditar, hooks también advierte sobre la nocividad de esos profetas fieles a la idea capitalista del bienestar, para desentenderlos de la ética del amor que defiende.

Amor romántico. La autora a su vez desmitifica los elementos del amor romántico aprendidos a base de príncipes azules, de novelas edulcoradas donde un amor narcótico impide pensar y actuar por voluntad propia. Esta ilusión que instala que el amor es algo que sucede sin la intervención de nuestra voluntad y de nuestra capacidad de elección nos impide aprender a amar, escribe hooks, dando cuenta una vez más de la urgencia de brújulas en este camino de múltiples desvíos. La autora insiste en que el amor verdadero –el despojado de toda la parafernalia sentimentalista, el que no sale de cuentos de hadas, ni contiene promesas incomprobables de inmutabilidad– existe. Pero que no todas las personas estamos preparadas pues, amar completa y profundamente significa exponerse al riesgo: “cuando amamos, atravesamos una transformación radical”. Toda una revolución personal que, claro, exige valentía.

Vivir del amor.

“El amor nos hace sentir más vivos”, escribe bell hooks a pocos capítulos del final del libro. “La vida sin amor nos hace pensar que también podríamos estar muertos, porque sin amor todo en nosotros es inmovilidad y silencio”. También la autora escribirá más adelante que “el amor cura” porque “tiene el poder de cambiarlo todo… Y si amamos y fuimos amados en otro tiempo, siempre podremos volver a experimentar el bienestar de antaño”. Los recuerdos amorosos son el antídoto regenerador para las malas rachas. El espíritu recobra fuerzas nutriéndose de ese reservorio de amor, para restaurarse. Y para continuar creciendo. hooks convence acerca del poder del amor para el crecimiento personal y apela al amor expresado en actos que no se queda en la reflexión individual y contemplativa sino que se pone al servicio de la comunidad. Así, desde lo más íntimo hasta lo más público, la propuesta disruptiva de hooks comprende pensar y sentir al amor como fuerza transformadora que trasciende lo terrenal hasta volvernos inmortales.

* Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.

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