De luchona a desmadrada, la realidad de la maternidad que no lleva glitter

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Por Admin enero 18, 2021 13:24

De luchona a desmadrada, la realidad de la maternidad que no lleva glitter

De luchona a desmadrada…

Nos siguen faltando encuentros acuerpados, pero seguimos teniendo videollamadas, zooms y meet. Aún en aislamiento podemos seguir juntándonos en la virtualidad para discutir temas que son urgentes para las mujeres de a pie, pero parecen estar fuera de la agenda feminista del mainstream.

De luchona a desmadrada, la realidad de la maternidad que no lleva glitter

De luchona a desmadrada, la realidad de la maternidad que no lleva glitter

Así, para pensar algunos temas que quedan desdibujados como fuera de agenda feminista entrevistamos a la distancia a Moira Goldenhörn*, abogada y maestranda en sociología, fundadora de la iniciativa Marea Primal, quien aborda al derecho y las políticas públicas a la luz de la sociología con una perspectiva que ella denomina “feminista crítica, decolonial e interseccional situada en nuestramérica” que además intenta ser respetuosa e inclusiva de las vivencias de quienes narran sus vidas, presentes en sus impresiones académicas y construcciones teóricas, porque, como dice ella “Una construcción teórica que se aleje de las vivencias concretas se acerca peligrosamente al pensamiento único patriarcal, hegemónico, colonialista y liberal”. Y continúa: “A veces pareciera que el feminismo mainstream, de colores brillantes en bengalas, aerosoles, y remeras, estridente en cantos y destellos de purpurina, permanece históricamente insensible a la monocromática cotidianidad de millones de mujeres que día a día destinan su principal esfuerzo vital a la supervivencia de los hijos e hijas que parieron. Esfuerzo y energía que no siempre son coincidentes en las formas de manifestarse, según el lugar donde las madres vivan y las propias biografías de ellas.”

“Hay madres que migran para brindar un mejor porvenir a sus crías que dejan al cuidado de abuelas, hay quienes cargan sus guaguas al trabajo día y noche; hay quienes sin saberlo, dejan a sus hijes a merced de depredadores creyendo de buena fe que es posible la corresponsabilidad de cuidados en la pareja. Hay madres que dejan los estudios y no pueden trabajar porque sobre ellas solas recae la obligación de cuidar de sus hijos. Hay madres que pueden pagar una cuidadora, pero pueden pagar poco e inevitablemente se abre así el círculo de explotación que termina en los niños y niñas, oscilamos entre ser socialmente consideradas ‘luchonas’ o ‘desmadradas’”.

Hablemos sobre feminismos, maternidad, cuidados y políticas públicas. Es un tema que trabajaste en 2019 y recientemente se editó un ensayo tuyo sobre este tema[1]. ¿Cómo lo encarás, qué repercusiones tuvo?

-Bueno es un tema amplísimo. En 2019 lo que traté de hacer fue dar una visión desde un neoconstitucionalismo feminista y decolonial trayendo algunas notas e impresiones conceptuales del buen vivir. Hay algo que está mal en la organización del tiempo y el trabajo que hacemos en occidente y busco hace años en las enseñanzas y prácticas de pueblos originarios americanos alguna salida alternativa. En esa búsqueda aparece esto del “sumak kawsay” o “buen vivir” que algunes autores denominan incluso “espléndida existencia”. Yo digo que las mujeres tenemos derecho a vivir mejor, todos los seres humanos merecemos un buen vivir, especialmente quienes hemos sido históricamente oprimidos como mujeres, niñas y niños. Más allá de la clase social, las mujeres tenemos cargas específicas para la sociedad, que no son valoradas como función social imprescindible ni tampoco económicamente. En un primer artículo[2] planteo el tema de los cuidados en perspectiva constitucional y en el ensayo que mencionabas, traigo a lo concreto las afectaciones a la salud mental de las mujeres ante una doble o triple jornada laboral, insistiendo en esa distribución desigual de las tareas de cuidados.

-Cuando te referís a los cuidados ¿estás hablando de la maternidad o de otras cosas?

-Buen punto traés porque se suele confundir todo. En principio, las tareas de cuidados pueden incluir hasta el cuidado del ambiente o determinados trabajos relacionados con la industria o producción de alimentos; esto sería en un esquema más amplio de cuidados de la humanidad como tal. Yo trato de limitarme a lo que implican los cuidados personales de la familia y los cuidados del hogar. Y esos cuidados personales no se limitan sólo a la maternidad sino también a las personas que enferman circunstancialmente o requieren cuidados y asistencia permanentes por tener discapacidades o por su edad avanzada. Por supuesto que la maternidad es una etapa de proveer cuidados a hijos e hijas…pero poco se habla de la mujer como persona necesitada de cuidados en embarazo, puerperio, lactancia…o sea durante los 2 primeros años de vida de sus hijes que es cuando el cuerpo está, no sé si absolutamente pero casi, embargado por el bienestar de la cría.

-¿No es un poco mucho hablar de tanto tiempo y tanta demanda infantil?

-Para nada, el feminismo de la primera y segunda ola…bueno y tercera capaz que también jajaja… nos alejó de la vivencia plena de la maternidad como elección de vida: para muchas feministas es una opción menos valedera o merecedora de cancelación, y siempre relegada al espacio privado y la “capacidad” materna para conciliar. Por suerte fueron surgiendo otras voces feministas críticas en el campo de las ciencias que hablan desde la cientificidad de la necesidad psicológica y fisiológica de la madre y de la cría. Desde la psicología, la partería, la obstetricia, la antropología, la sociología, la ciencia política y el derecho estamos exigiendo se respete nuestra maternidad como elección libre y feminista, y ese respetar implica también reconocer y validar las necesidades y los derechos de nuestros hijos e hijas. Hablamos de necesidades y derechos de “la díada”, donde el interés es vincular entre ambas partes, con la participación corresponsable de quien sea pareja de esa madre que cría. O de su familia si no hay. O de la tribu si existiera. O, en su defecto y subsidiariamente, del Estado a través de políticas públicas.

-Pareciera que tampoco hay conciencia social de esto…

-No, claro, el mensaje hegemónico es otro. Por un lado el mercado que te impulsa a comprar de todo para poder ser reemplazada ante tu hije que te necesita muuuucho tiempo de cuerpo presente, por otro lado, el feminismo mainstream que también te obliga a subirte al pony loco de la carrera individual sin registrar a tus hijes y sus necesidades. Hace falta sensibilización social y concientización, una población que conozca y se empodere para exigir y ejercer derechos desde la equidad reemplazando ese obsoleto ideal de igualdad homogeneizante. Hoy en día la labor de divulgación de Esther Vivas Esteve desde Catalunya y en lo local de María Florencia Freijo me parecen súper interesantes, las viñetas de Maitena fueron precursoras en cierta forma para sensibilizar sobre el tema ya desde los 90′. En Marea Primal estamos tratando de dar enfoques desde el Derecho, la Sociología Jurídica y la Psicología Perinatal para completar un poco la mirada en divulgación.

¿Qué ocurre entonces con la maternidad, el feminismo y el derecho?

Como decía… no hay una consonancia. Es difícil acompañar las maternidades desde la abogacía feminista porque el sistema es hostil. Ocurren muchas cosas, digamos, por un lado están apareciendo estudios de campo centrados en los hechos consumados, como ser demandas civiles, denuncias por violencias, etc.; pero por otro, también hay muchísimas que no están ocurriendo, creo que tal vez por ello nos estamos preguntando por qué no pasan y por qué la maternidad no es causa de banderas feministas. Nos encontramos día a día con un montón de mujeres que no sienten que su realidad esté en las banderas del mainstream hoy: la triste realidad de quienes madrugan y cargan con les niñes por colectivo, tren, subte o la combinación de todos en las ciudades o en el asientito de la bici o paraditos en la moto para llegar al trabajo corriendo después de dejarles en la escuela; o de quienes nos consultan por sospechas o casos confirmados de abusos sexuales a niñes por parte de quienes se supone debían cuidarles mientras sus mamás trabajan. Todo eso genera un enorme desgaste psicológico y emocional, hay una romantización meritocrática del sacrificio materno que tenemos que atacar desde el universo simbólico. Porque además, la maternidad sigue siendo un factor de precarización social, lamentablemente; porque también están las mamás que no pueden estudiar ni trabajar por quedarse a cuidar. Y con las AUH no alcanza para dar el salto cualitativo, hay pocas respuestas concretas no desde el derecho porque tenemos legislación de avanzada; sino desde el sistema judicial, hay un desamparo muy difícil de aceptar como normal.

-Es interesante así planteado, me quedé pensando ¿a qué salto cualitativo te referías?

-Bueno, a que para las madres es difícil compatibilizar la posibilidad de pensar en un proyecto de vida autónomo, de desarrollarse y trascender de lo privado a una vida pública con la crianza de les hijes a cuestas, porque ha sido relegada a la esfera privada; y para colmo últimamente está teñida del matiz de la meritocracia que abona los ya conocidos estereotipos de género. Hoy estamos tapadas de consultas de mamás que alquilan y tienen terror que las desalojen a fin de mes, mamás dependientes de la cuota alimentaria que no se paga, en reclamos ante ANSES por el pago de AUH que no llega porque el progenitor es moroso o tiene un trabajo registroado o monotributista y sin embargo no paga la cuota alimentaria y tampoco pueden acceder a AUH. Hoy el sistema sigue sumando inequidades, tener una cuidadora particular en casa es imposible para quienes tienen salarios mínimos o comprometidos al pago del alquiler y se termina precarizando por presión del sistema con dos partes vulnerables al mismo.

-Pero entonces esa disvaloración hacia la maternidad es real…

-Jajaja, no, no quiero decir eso, a ver, cómo decirlo… Por un lado, que la maternidad no es el único destino o meta u objetivo de las mujeres que son madres; y por otro que es imposible lograr maternar placentera y satisfactoriamente sin apoyo en la corresponsabilidad y también con el apoyo social/comunitario/estatal, lo que suelo llamar responsabilidad social solidaria en el cuidado de las infancias. Digo entonces que, en un país donde según un estudio del CIPPEC en 2020, casi el 40% de los hogares son monomarentales y el 52% también del total de los hogares reconoce dificultades para conciliar cuidados y trabajos, tenemos que dejar una vez más en claro que no podemos avanzar en muchos planos de nuestro desarrollo personal por la simple razón de tener que abocarnos a los cuidados de hijos e hijas. Fijate que hay casi un 15% de hogares biparentales que de todos modos tiene problemas para compatibilizar trabajo y cuidados… y ni siquiera se releva el tema de estudios maternos ni qué porcentaje de las horas trabajadas está dedicado a los cuidados o crianza, porque muchísimas veces son tareas superpuestas. La crianza y los cuidados son per se ocupaciones fulltime a las que les sumamos trabajo remunerado, aunque algunas tareas concretas a veces es posible delegarlas.

-¿Dónde ves vos, en concreto, esa dificultad de compatibilizar o renuncia obligada?

-Y, lo vemos claro en cuanto no podemos compatibilizar trabajos de alta exigencia con la crianza, sobre todo cuando criamos solas ¿Cuántas madres que crían solas están en lugares de toma de decisión? ¿Cuántas madres de niños y niñas, siquiera? Pero tampoco las madres solas podemos acceder a educación porque no existen lugares de cuidado en escuelas, en terciarios y en universidades. Tampoco hay cupos en jardines maternales y de infantes; y si los hay, el horario escolar no siempre coincide con el laboral. La cosa se agrava cuanto más nos alejamos de CABA no por políticas públicas clasistas o de tipo necropolíticas, sino por simple sesgo de género: en el interior o bien no existen las escuelas de jornada doble, o no hay cupos masivos en las mismas ya que son sólo reservadas a niños y niñas que atraviesan algunas dificultades socioeconómicas y cumplen una función asistencial muy importante porque se ubican en zonas periféricas. En el interior (las provincias) es notorio cómo no se toma en cuenta la dimensión social de los cuidados al punto que se presume que hay alguien que o no trabaja o sólo trabaja durante las 4 horas que dura la jornada escolar y luego cuida a sus hijos e hijas o les lleva a las distintas actividades deportivas, artísticas o de idiomas que la escuela en una jornada simple lógicamente no cubre.

-Claro, es una realidad preocupante, hasta discriminatoria, ¿podría ser?

Bueno, no sé si diría que es discriminatoria adrede, sino que hay una estructura social que imposibilita la compatibilización. Hay una estructura social que obliga a las madres a cuidar y por ende a relegar otros aspectos de su vida. Y, para colmo, ese cuidado depende solamente de su propio mérito y posibilidades concretas. Da igual que se tenga o no pareja, que el progenitor pague o no cuota alimentaria, que haya adultas acompañando en la crianza para los cuidados, que la mujer haya podido o no estudiar, que tenga o no trabajo… Hoy por hoy no hay políticas públicas segmentadas según la realidad de las madres en cuanto a la generación de ingresos y la posibilidad o no de tercerizar cuidados.

-Y una estructura social que en cierta forma excluye, ¿no es discriminatoria?

Sí, claro que lo es. Las mujeres siempre hemos sufrido la discriminación laboral por nuestro sexo, hablo exclusivamente de mujeres cis porque es la realidad que conozco, que he padecido y que abordamos también desde Marea Primal. Las mujeres estamos sospechadas de ausentismo por el solo hecho de tener útero o hijes, por ende no accedemos a los mejores trabajos. Pero me refiero a algo más que eso, hay un tema estructural donde siempre el cuidado queda en el sector de la capacidad personal y pasa a ser meritorio el levantarse a las 4am a planchar un guardapolvo, o un rasgo de distinción social “tener quien te cuide a los chicos”. Pero sí, digamos que sí hay prácticas discriminatorias hacia las madres. Por caso, recuerdo en mi paso por la UBA a quien era mi jefa de trabajos prácticos la persecución que ejerció respecto de mi maternidad en soledad, presumiendo que sería un obstáculo para dictar clases…y el nulo acompañamiento de los sindicatos, son cosas que permanecen invisibles y se van perpetuando, porque es una lógica recurrente el penalizar a la madre o ponerla bajo sospecha de ausentismo o incapacidad de gestión, en lugar de generar salidas comunitarias para solidarizarse y compartir los cuidados.

-¿Vos creés que es posible esa solidaridad?

Hay lógicas de cuidado comunitario que en nuestro individualismo argento centrado en Buenos Aires no conocemos, en los barrios, en los pueblos profundos y también en comunidades indígenas. Además, en otros países hay una doble valoración como política de Estado: tanto de la decisión de ser madre en cuanto cumple la función social de engendrar a las nuevas generaciones y proveerles cuidados y educación, como de cuidar socialmente a los niños, niñas y adolescentes como ciudadanos y ciudadanas. Es lo que podríamos denominar “responsabilidad social solidaria en el cuidado de las infancias”, frente a la típica respuesta de “nadie te mandó a tener hijos”, o “si abriste las piernas hay que bancársela”. Y aquí podemos enlazarlo con tu pregunta sobre la discriminación, porque hay un sentido trascendente en el cuidado solidario y colectivo de las infancias: a través de la distribución social de los cuidados estamos también invitando a esas nuevas generaciones a ser y sentirse parte de una ciudadanía que les incluye y ampara desde siempre, en lugar de excluirles como “hijos de madre luchona”, “pibes chorros”, “los Brayan” y ese tipo de estigmas que pesan sobre nuestros niños y niñas.

-¿Y en qué consiste esa distribución social de los cuidados?

Bueno, hay lugares donde los y las jefas de familia que tienen responsabilidades parentales tienen de por sí jornada reducida para favorecer el intercambio familiar, hay lugares donde hay asignaciones familiares diferenciadas para los hogares monomarentales, hay países donde la educación de niños, niñas y adolescentes es considerada también en la integralidad aumentando las posibilidades educativas con una carga horaria en materias de desarrollo personal como artes y deportes, facilitando a las familias la logística que mencionaba antes en el interior con jornada simple se vuelve imposible o un privilegio de quienes pueden pagarla.

-Suena muy utópico, muy europeo…

-No, jaja, para nada. No pienso primero en los países nórdicos sino en las realidades que surgen en nuestros propios territorios donde hay generaciones que estuvieron imposibilitadas de acceder formalmente a la educación y el trabajo y, por ende, la crianza tiene matices que en Canadá, Finlandia, Islandia, Dinamarca o Suecia no existen. Pero, a su vez, la responsabilidad ciudadana de otras latitudes sí es un ejemplo a imitar. En otros países hay una conciencia de co-responsabilidad no sólo del cuidado de las infancias sino del cuidado de la cosa común, pagan impuestos jajaja, cuidan al Estado, la educación es pública y gratuita para todos y todas… y eso se transmite a su vez a los niños y niñas.

-¿Cómo sería esto entonces?

Bueno, lamentablemente tenemos que ser conscientes que en muchos territorios de nuestro país las generaciones son cortas; es decir que es normal y habitual que las adolescentes sean madres y haya una cadena de desfasaje en los cuidados donde las mujeres de segunda o tercera generación cuidan a sus nietos o bisnietos para que sus hijas o nietas puedan terminar estudios o trabajar. Hay, por ende, estructuras de cuidados dentro del esquema de familia “tradicional” si se quiere, pero no siempre existe tal estructura en los hechos porque a veces las abuelas o bisabuelas también son personas laboralmente activas y desaparece la posibilidad de tercerizar los cuidados delegando en la propia familia.

-Y si no hay posibilidad de cuidados gratuitos…

-Claro, allí es donde la sociedad en general hace la vista gorda y toman vigor los estereotipos meritocráticos, que se expresan en “para qué lo tuviste si no podés mantenerlo”, o que “te arruina la vida el nene”, etc., se pone el acento en la maternidad como causa de la imposibilidad para las madres cuando lo que falla es la sociedad como red de sostén de esa criatura y su madre. Y, por ende, también empieza a fallar el Estado como garante de derechos porque con una AUH no se puede mantener un crío, eso es un delirio que se repite sin ningún basamento real; y lo que diríamos “la gente” se queja que con “sus impuestos” se mantienen “pibes chorros hijos de madres luchonas”. En lugar de ver que un sistema solidario nos permitiría a todos y todas avanzar como país mediante la apuesta constante en el bienestar de las infancias, se les estigmatiza y también a sus madres.

-Me quedo pensando ¿por qué mencionás una jornada doble cuando en esos países de referencia internacional se tiende a reducir la jornada escolar?

-Uf, bueno, puede caer mal la respuesta en algunos sectores. Yo soy docente además de mis formaciones de grado y posgrado, soy docente de carrera, estudié para la docencia en nivel medio y superior. Y siempre planteé lo mismo, porque soy militante de las bases, soy madre que ha criado sola y soy abogada de mujeres madres: la jornada reducida está pensada en todo caso para países europeos con otra realidad social y donde no está centralizada en la escuela toda la actividad formativa de niños, niñas y adolescentes sino que hay un sistema comunitario de formación y este sistema es gratuito. La jornada de 4 horas en Argentina sólo genera una brecha infranqueable entre quienes pueden vivir con un solo salario o pagar cuidadoras particulares, e inglés, arte y deportes privados… y quienes no pueden hacerlo. La escuela sigue siendo hoy en día un factor de equidad, pero en el interior no alcanza porque con 4 horas no se forma integralmente a un ser humano ni se logra el ingreso para su manutención. En ese primerísimo mundo que reduce jornadas escolares también se reducen las jornadas laborales… y se aumentan las actividades artísticas y deportivas gratuitas y comunitarias. Aquí eso no pasa aún, por eso intento traer los conceptos de buen vivir, para invitar a que pase con toda la producción teórica indígena y de las epistemologías del sur que van hacia ese lugar: buen vivir, buen nacer, buen morir.

-Para ir finalizando ¿Cómo creés que la ley de los mil días impactará en algunas maternidades?

-Primero que nada, la celebro enormemente, es muy necesario el acompañamiento desde los primeros tiempos del embarazo y poner foco en los cuidados después. El tema es que las infancias no duran mil días… Y que a los 2 años no hay maternales con capacidad de atender la demanda para que las mamás podamos estudiar y trabajar. Es una medida excelente, que hay que compatibilizar con otras después de los 2 años.

-Y pensando en el buen vivir…

-Claro, porque tampoco es social ni personalmente saludable pensar en tener hijos para estar 12 horas al día separadas de ellos. Las crianzas son trabajo también, debería contemplarse una jornada de trabajo total que incluya estas tareas. El bienestar de niños, niños, adolescentes y sus madres y padres debería ser un bien social, el bienestar como bien común, como estándar mínimo de una espléndida existencia.

De luchona a desmadrada, la realidad de la maternidad que no lleva glitter

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[1]   “Los cuidados, la doble jornada laboral y la salud mental de las mujeres en el contexto del neoliberalismo tardío. Aportes desde el buen vivir”, 2019; en Mujeres, Políticas Públicas, Acceso a la Justicia, Ambiente y Salud Mental Manuela G. González y Marina L. Lanfranco (Compiladoras) Miradas desde la perspectiva de género (2020-ICJ-UNLP). Disponible en: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/105628/Documento_completo.pdf?sequence=1

[2] “Los derechos de las mujeres trabajadoras en el contexto del neoliberalismo tardío. Aportes para una filosofía humanista del derecho del trabajo”. Ab-REVISTA DE ABOGACÍA, (6), 83-93. Disponible en https://publicaciones.unpaz.edu.ar/OJS/index.php/ab/article/view/704

 

(*) Moira Goldenhörn es abogada-escribana (UCALP), posgraduada en gestión cultural y comunicación orientada a la conservación de patrimonios culturales para el desarrollo de pequeñas comunidades (FLACSO) docente especializada en Ciencias Sociales (ISFD 156-INFOD) y actualmente maestranda en Ciencias Sociales y Humanidades, mención Sociología (UNQ). Es autora, entre otros artículos, de “Los derechos de las mujeres trabajadoras en el contexto del neoliberalismo tardío. Aportes para una filosofía humanista del derecho del trabajo” (2019b) y  “Los cuidados, la doble jornada laboral y la salud mental de las mujeres en el contexto del neoliberalismo tardío. Aportes desde el buen vivir” (2019c).

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