Cuando la Justicia discrimina a una mujer pobre con discapacidad intelectual

Admin
Por Admin febrero 20, 2015 15:43

Por Verónica González[1]
La fiscalía de género trabajó arduamente no para esclarecer el asesinato de Lulú sino para confirmar la teoría de que su madre, Yanina González, en condiciones de vulnerabilidad, la abandonó. El asesino, su ex pareja, sigue libre. Qué pasa con los derechos de las personas con discapacidad cuando la justicia es la que discrimina.

Libertad para Yani

Libertad para Yani


Conocí a Yanina Gonzalez por la prensa, por aquellas compañeras feministas que se hicieron eco del caso de ella por la violencia sufrida, violencia extrema que derivó en un femicidio, no la asesinaron a ella sino a su hija. ¿No es acaso eso peor que que la mataran a ella? ¿Cómo se supera el asesinato de una hijita de 2 años, indefensa, inocente? Ella sintió culpa por eso. ¿Cómo no sentir culpa si la acusan de mala madre?
La fui a ver a la cárcel, hablé con su abogada para aportarle elementos que contemplen su discapacidad. Ella tiene discapacidad intelectual y lamentablemente muchas veces ambos movimientos, el de discapacidad y el de mujeres, corren por carriles separados. En la cárcel ella estaba junto con su beba, Tiziana, preocupadísima porque la nena pudiese salir a la calle, “ella no tiene por qué estar acá”, me dijo. “Vos tampoco”, le respondí.
Yanina es una joven agradable, con buen trato y buen nivel de comprensión. No sabe leer ni escribir porque no tuvo oportunidad de formarse. Su madre la abandonó y su padre y su hermano la golpeaban sistemáticamente. En ese contexto, el déficit aumenta considerablemente y la autoestima queda prácticamente trunca. Así creció Yanina, en un contexto de violencia total y así siguió su vida, con parejas igualmente violentas.
Para quienes no entienden el concepto de discapacidad bajo el modelo social, la historia de Yanina es un claro ejemplo. Si Yanina hubiese vivido desde chica, con una familia continente, que la ame, estimule y valore, seguramente la historia hubiese sido otra, seguramente no hubiese sufrido tanta violencia y hubiese tenido herramientas para evitar que su pequeña hija sea una víctima más.
Cuando los derechos se transforman en letra muerta
Yanina supuestamente tenía derecho a una educación inclusiva, a una vivienda digna, a que se la proteja de malos tratos, a ser autónoma y vivir de forma independiente en la comunidad, al acceso a la justicia. Todos estos derechos se transforman en letra muerta porque nadie preservó a Yanina de niña y porque la fiscal Calatayud parece desconocer la convención sobre los Derechos de las personas con Discapacidad. Este tratado, ratificado por nuestro país a través de la ley 26.378, reconoce la especial vulnerabilidad de las mujeres y niñas con discapacidad frente al abuso y los malos tratos dentro y fuera del hogar y prevé que los Estados parte implementen medidas de apoyo para el acceso a la justicia de personas con discapacidad, así como ajustes razonables al estar en prisión. ¿Qué son los ajustes razonables? Las modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas que no impongan una carga desproporcionada o indebida, cuando se requieran en un caso particular, para garantizar a las personas con discapacidad el goce o ejercicio, en igualdad de condiciones con las demás, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales.
Llegamos a la casa de Carina, una madraza de 11 hijos que no llega a los 40 y que decidió alojar a Yanina, cuando le otorgaron la prisión domiciliaria luego de un año y medio presa en Los Hornos, conmovida por la profunda injusticia cometida por la fiscal especialista en género, Carolina Carballido Calatayud. ¿Por qué hablo de injusticia? Porque mientras Yanina permaneció un año y medio entre rejas, habiendo parido en ese contexto tan hostil, el asesino, Alejandro Fernández disfruta de la libertad y se da el lujo de con la cobardía característica que lo hizo asesinar a golpes a una chiquita de 2 años, amenazar a Yanina a través de otras mujeres privadas de su libertad. Sí, hay una causa en su contra, pero a él no lo detienen. ¿Será porque no es tan peligroso como Yanina? ¿O porque para la Sra. Fiscal es más sencillo detener a una mujer pobre con discapacidad?
Personas con discapacidad y contexto de cárcel
Para todas las personas estar en la cárcel resulta sumamente hostil, pero para quienes tienen discapacidad intelectual se torna aún más difícil de procesar. Lamentablemente en las cárceles no se brindan apoyos de ningún tipo y quienes tienen discapacidad intelectual deben enfrentar peleas, malos tratos y abusos de todo tipo, como puedan, además de que en algunos casos ni siquiera comprenden de qué se las acusa. Las cárceles están llenas de personas con distintas discapacidades, aproximadamente un 10% de la población. Muchas veces las personas, como en el caso de Yanina, no tienen certificado de discapacidad, por lo que no acceden a ninguno de los beneficios que se otorgan a través de ese documento.
Yanina nos abraza contenta, se la ve más animada y nos cuenta como de a poco, va acostumbrándose a la vida en la casa de Carina, donde son muchos y todos tienen que colaborar en algo. Es la primera vez que Yanina vive en el seno de una familia. Titi corre y nos muestra como solita, se sube a la silla. Está grande, feliz y amorosa con su madre. “Se parece un poco a Lulú”, me dice Yanina angustiada, “en Navidad estuve muy triste, lloré mucho”. Me cuenta que sueña mucho con su hija y cree que es porque no pudo despedirse de ella. Eso la mortifica profundamente, es tan inhumano no permitir a una madre despedirse de su hija, tener que sobrellevar el dolor de haber perdido una hija entre rejas, señalada, acusada, amenazada y sola. Sin apoyo familiar, ¿por qué iban a apoyarla ahora si siempre le soltaron la mano?
Y sí, sin dudas entre Fernández y la justicia marcaron a fuego la vida de Yanina. Sólo cabe desear que se reivindique, condene al asesino y el Estado repare de algún modo, la falta de oportunidades que viene sufriendo Yanina desde muy pequeña, víctima no de su retraso, sino de la violencia familiar e institucional.
 



[1] Periodista, diplomada en Periodismo de género por el Instituto José Martí; columnista sobre Discapacidad y Derechos Humanos en Visión 7; presidenta de la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
 
 
Fuente: Marcha.org.ar
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