Cuando el límite del feminismo son las feminidades trans

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Por Admin febrero 22, 2017 11:34

Cuando el límite del feminismo son las feminidades trans

Una de las charlas que se vienen dando entre compañeras militantes/activistas del movimiento travesti-trans es la sorpresiva aparición de varios post de mujeres que se reivindican feministas pero con fuertes mensajes de odio hacia el colectivo trans.
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*Por Violeta Alegre para Agencia Presentes / Fotos: Emergente
No todo lo que vibra es sororidad, cuando de las identidades hablamos. Parecería hay un límite que no permite pensarnos frente a un mismo enemigo, frente a una misma opresión. Tristemente, ese límite se manifiesta con discursos biológicos, pareciendo ser mucho más fuerte el binarismo y el cis-sexismo, el cual da ciertos privilegios. O mínimamente masividad para invertir parte de un poder del cual tanto se reniega.
Un ejemplo de esto, y que ha generado mucho intercambio e indignación en las redes sociales, fue el posteo de una autodenominada “feminista radical”. Allí dice:
“Hace unos días, la página feminista radical Plataforma Antipatriarcado, subió un extenso artículo en que fundamentaba su crítica al feminismo trans, entre otras cosas, porque ser mujer no es una sensación, sino que implica rasgos biológicos que son socialmente interpretados como femeneidad.
Y porque tras la aparición de liderazgos de mujeres trans en el feminismo, avizoran una re-captura del feminismo por parte de los hombres (esta vez diciendo que “se sienten” mujeres).
La página, nunca manifestó una crítica hacia las trans, sino a su interpretación del género, como una suerte de esencia interna e individual que es “verdadera”. En fin, el tema es complejo, pero si es posible acceder de nuevo al artículo, veréis que no era un ataque bruto y transfóbico, sino más bien un llamado de atención de corte teórico y político.” (…)

La biología (otra vez) como destino

No me interesa tanto analizar este posteo – su autora tiene absoluta libertad para pensar y decir lo que quiera- pero sí utilizarlo como disparador para desandar algunas cuestiones.
En los últimos años, el fenómeno de visibilización de las temáticas de género y el feminismo ha nucleado a muchas personas dando aliviadoras respuestas a la opresión sentida, a las desigualdades todas, a las violencias. A partir de los encuentros de mujeres, paros, asambleas y más, se crearon espacios de sororidad. Esto lo abrazamos y festejamos todas las feminidades.
No obstante, parece ser que  a muchos sectores del feminismo la sororidad se les termina en la genitalidad que porte esa persona, aunque sea igualmente o mucho más violentada .
Y más aún cuando las personas trans pedimos aunar luchas, ya que somos víctimas de un mismo sistema. Lo que castiga el sistema patriarcal es, entre otras cosas, el cuerpo socialmente leído como femenino: devenir marica, androginx, ambigux.
Gran parte de la identidad la da la cultura, la misma que cuestionamos, ya que genera violencias y muertes día a día. Por eso pienso que no basta con que un sector se nombre “feminista”. Sin cultura, ese movimiento puede ser muy violento con el resto que también sufre las mismas opresiones.

Si nos vamos a las premisas de Simone de Beauvoir de “ser mujer no se nace, se hace” porque “la biología no es un destino” parece inconcebible que a las personas trans nos sigan aplicando cuestiones biológicas. Más aún cuando todas acordamos que el género es una construcción, una ficción política para el control de los cuerpos y de las formas de vida de cada sujeto.

Es el mismo pensamiento machista que lee “falo” y no puede salir de la idea de varón. Esa forma de pensar opera en muchísimas personas y feminidades.

Lohana, la brillante feminista

No quisiera entrar en el debate de lo cis y lo trans, aunque voy a hilar en algunos bordes. No siento que el problema sea lo cis sino el cis-sexismo y la utilización de los privilegios que da el mismo.
Concretamente y casi sutilmente lo vivo en los masivos encuentros de mujeres en donde no falta alguna que se acerque y me diga: “gracias por acompañarnos”. En lo concreto, no somos parte. ¿Por qué no lo seríamos? ¿Por qué algunas feminidades no queremos pagar con el cuerpo una identidad?
En ese caso, ¿no se estarían poniendo del mismo lado de las ciencias que nos intentan binarizar con cirugías, tratamientos hormonales para aproximarnos lo máximo posible a ser leídas mujeres? Cuando digo que el cuerpo travesti interpela, veo que no hablo solo de las masculinidades.
No creo que sea casual que este tipo de debates se den en este contexto, un contexto sin Lohana Berkins, quien fue una de las referentes que supo aprender y articular enormemente en los movimientos feministas. Muchas veces desde esos feminismos le aplicaban el biologicismo. Sin duda, estos sectores ofrecen una mirada que retrocede y tira abajo todo lo construido.
En realidad lo que falta no es una brillante travesti activista como fue Lohana, sino, y sobre todo, una brillante feminista que también era travesti.

Por eso, y por muchas cuestiones más, es que algunas de nosotras pedimos ser nombradas-convocadas con nuestras especificidades, con nuestras feminidades disidentes. Porque lo que no se nombra no existe. Porque sabemos el poder del lenguaje, porque sumamos en las masivas marchas pero aun nunca fuimos nombradas desde ahí.

Aún hay resistencia cuando pedimos que sea “encuentro nacional de feminidades”, “paro nacional de feminidades”.
Porque mientras nosotras somos pocas – y aprendemos a leernos- el enemigo es el mismo, y no escatima en matarnos.
 
 
 
 
Fuente: La tinta, periodismo hasta mancharse
 

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