Cruzadas por la clase social

Admin
Por Admin noviembre 18, 2012 15:10

 
 
 
 
Los sectores populares pierden los hilos de sus memorias porque, por decirlo en términos de Rodolfo Walsh, las clases dominantes, se adueñan de la historia operando silenciamientos, aislando, fragmentando, impidiéndoles que tengan de ella una visión más completa. Sobre este tema profundiza la investigadora, Alejandra Ciriza.

En América Latina primero desaparecieron los autóctonos, sus culturas, sus religiones, sus recuerdos, sus nombres y el mundo que habían nombrado. Luego fueron desapareciendo los proyectos de los humildes, sus palabras y sus esfuerzos.” Fragomeno, Roberto.
La investigadora Alejandra Ciriza es doctora en Filosofía, investigadora del Conicet, y docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. Su conocimiento en la historia de las ideas, la filosofía crítica latinoamericana y el  feminismo brindan un panorama para comprender las tensiones que cruzan las experiencias y memorias de los sujetos subalternos.
El grupo de 10 investigadores/as que Ciriza dirige estudia interdisciplinariamente las temporalidades de la experiencia, las memorias de los sectores subalternos y las mujeres consideradas como sujetos corpóreos. Lo hace a partir del cruce de tres puntos de vista teóricos: los estudios feministas, la teoría crítica marxista y una perspectiva crítica latinoamericana. Se ocupa tanto de la reflexión teórica y de la elaboración conceptual como de la realización de investigación empírica orientada a la recuperación de las memorias y miradas de esos sectores cuyas experiencias e historia están sujetas, de manera mucho más visible, a la incertidumbre, a los borramientos producidos por las derrotas políticas, a la compleja articulación entre los límites que las clases dominantes imponen y las presiones desde abajo para modificarlos.
 I. Las miradas hacia los excluidos desde el punto de vista feminista
Ciriza indicó que los feminismos son posiciones políticas y tradiciones teóricas que tienen que ver con la crítica de la explotación patriarcal del cuerpo, el trabajo y los afectos de las mujeres y de la posición subordinada que ellas ocupan merced el ejercicio sistemático de diversas formas de dominación tanto material como simbólica. Hay feminismos liberales, marxistas, anarquistas y socialistas.
Ya Simone de Beauvoir en su obra El segundo sexo (1949) señalaba que las mujeres están dispersas en la sociedad, ellas tienen con los varones de su propia clase social una intimidad que los proletarios y las proletarias no tienen con sus explotadores. Así pues las burguesas son más solidarias con los burgueses que con las proletarias, y las proletarias son más fraternas con los proletarios que con las burguesas, y lo mismo sucede con las negras, y las indias, con las árabes…
Las posiciones feministas se hallan cruzadas por la clase social, la etnia, la localización de los sujetos. De allí que no haya un feminismo, sino feminismos. Las feministas se posicionan políticamente de distintas maneras, incluso contradictorias entre sí,  tanto que hay feministas en las clases dominantes, ciegas a la clase, como también las hay que portan miradas colonialistas y eurocéntricas, que consideran a las mujeres del sur como eternas menores que debieran ser tuteladas, y las hay racistas, que repiten la letanía de la superioridad blanca.
Sostiene Ciriza que: “Nosotras como latinoamericanas no podemos ser ciegas a esa fragmentación, porque uno de nuestros problemas es que las mujeres migran del sur hacia el norte, para hacer las tareas que las europeas no desean realizar y son explotadas y discriminadas por su condición de migrantes. Otras mujeres son sometidas a situaciones de prostitución en un mundo en que la trata (esclavización) de seres humanos/as y la prostitución han devenido un negocio transnacional. Por esto para nosotras es importante una perspectiva teórica atenta al género, la clase y la etnia.
Como latinoamericanas es relevante la preocupación por nuestras genealogías locales, mucho más difíciles de recuperar. Hay que rescatar a pensadoras como Juana Manso, que fue directora de la primera revista feminista argentina, llamada Álbum de señoritas, y amiga de Sarmiento.
 
¿Qué pensamiento habilitaría a una sociedad la legitimación de la prostitución y la venta de órganos?
Desde el punto de vista filosófico la legitimación reposa en una vieja idea de (John) Locke, que consiste en considerar el cuerpo como una propiedad. De allí se podría inferir que el individuo es libre de vender su cuerpo en las situaciones de prostitución.
La lógica del capitalismo, que convierte todo en mercancía, ha llegado en los últimos años a un punto extremo, ha avanzado sobre aspectos de la vida que antes podían sustraerse a su lógica.
Desde nuestra perspectiva, el sujeto humano es siempre un sujeto encarnado, determinado no sólo en su pensamiento sino en su carne por las condiciones históricas y sociales en las que vive, por las experiencias que adquiere a lo largo de su vida, que van dejando en su cuerpo marcas que tienen que ver con su clase social, etnia, sexo, orientación sexual y edad. Por ende, el cuerpo no es una cosa que se pueda separar, sino que uno mismo, una misma, unx mismx, es su cuerpo. El cuerpo humano no puede ser,  por esto, tratado como  una propiedad,  porque es lo que somos. No es una cosa que se pueda comprar y vender.
II. La incidencia de la política en los cuerpos
Sobre los cuerpos y la política la investigadora nos explicó que los seres humanos vienen al mundo en cuerpos humanos sexuados, pero los feminismos consideran que la biología no es destino. Para abordar la cuestión de la corporalidad hay que pensar en la relación entre la política y los cuerpos, en los modos en que los cuerpos humanos han estado sujetos a la historia, a los avatares de cada sociedad.
¿Cómo se puede ejemplificar esa relación entre cuerpo y política?
Nacer en un cuerpo sexuado de mujer, nacer en un cuerpo sexuado inadecuado (abyecto, diría Butler) tiene consecuencias. Por ejemplo, en Argentina las mujeres no pudimos administrar nuestras propiedades hasta inicios de los años setenta del siglo XX, el derecho al voto se conquistó en 1947. El voto masculino (llamado universal) es de 1912. Es decir, hemos estado siempre atrás respecto a la conquista de derechos. Esta dificultad es mayor cuando se trata de la orientación sexual, o de las personas trans. Los códigos de faltas -hasta no hace mucho- consideraban una infracción el portar vestimenta diferente de la que,  se supone,  correspondería por el sexo biológico.
Las corporalidades de los/las/lxs sujetos tienen consecuencias políticas, y esto se evidencia en las diferencias y desigualdades respecto del ejercicio de sus derechos: a la educación, al voto, a la salud, a la autodeterminación.
Lo que sucede es que se ha pensado la política como algo reducido al ejercicio del voto y la representación. Pero sabemos que la política impregna todos los aspectos de nuestras vidas. Por eso las feministas decimos que lo personal es político. Durante mucho tiempo la violencia hacia las mujeres fue considerada como un asunto privado, una costumbre, un problema de pactos amorosos. La denuncia de las feministas ha hecho posible que se visibilice que sí hay mujeres golpeadas es porque existen relaciones de dominación patriarcal y de violencia que están legitimadas. Ha sido la politización feminista lo que ha hecho posible percibir y conceptualizar la violencia hacia las mujeres, que son la mayoría abrumadora de las víctimas, como un delito. 
 
¿Qué marcas nos ha dejado la última dictadura militar?
La dictadura operó en el terreno de las relaciones económicas y políticas y afectó nuestras subjetividades. Por una parte desguazó el aparato productivo del país, por la otra apostó a la individualización extrema, a quebrar las organizaciones políticas y sindicales de los sujetos subalternos, a romper las relaciones de solidaridad y fraternidad. Apostó al terror sistemático como forma de silenciamiento.
El miedo aísla y paraliza. Toda la sociedad conserva las marcas de la dictadura, la memoria traumática de acontecimientos muy difíciles de procesar, como el método de eliminación de los/las enemigos políticos/as,  la desaparición forzada, que despoja incluso del derecho al duelo; la existencia de centros clandestinos de detención, donde los/las sujetos se hallaban encapuchados, despersonalizados, aislados, solos, solas ante el /la verdugo; la tortura y las violaciones como parte de la experiencia en las cárceles y en los centros clandestinos; el secuestro de niños y niñas y su apropiación por parte de los militares y sus cómplices, que lanzaba a las familias a una búsqueda llena de incertidumbres; el exilio, externo e interno, que nos dejó la sensación de estar solos/as, sin palabras, sin posibilidad de relación con otras y otros en un mundo que se había vuelto brutalmente hostil. Afortunadamente hubo quienes pudieron resistir y lo hicieron. Sin embargo, también es verdad que lo sucedido pesa aún en nuestras vidas, en las prácticas de muchas instituciones, como las fuerzas de seguridad, en la dificultad para la construcción de espacios colectivos.
III. La memoria de los olvidados
Acerca de las posibilidades de reconstrucción de la historia y la memoria de los sectores populares y subalternos, nuestra entrevistada reflexionó sobre las dificultades teóricas y materiales, sobre la escasez de documentos a partir de los cuales recuperar sus vidas y pensamientos y sobre nuestros hábitos intelectuales.
Estamos habituados a pensar en los términos que denunciaba Brecht: nuestra historia refiere las vidas de los reyes de Tebas y no a las de los innumerables trabajadores y trabajadoras que fueron capaces de levantar sus muros. Hay, sin embargo, momentos específicos, lo que los griegos llamaban kairós, en que se produce una condensación del tiempo que permite recuperar los fragmentos dispersos de ese pasado olvidado. Por ejemplo, el Bicentenario se presenta como una oportunidad para rememorar las escenas acontecidas hace 200 años, permitiéndonos interpretar eso que sucedió en el pasado con mayor complejidad, a la luz de otros interrogantes capaces de iluminarlo atravesándolo con las preguntas que el presente es capaz de articular. 
 Proyecto de investigación                                                                                                                                 
Lecturas críticas sobre las categorías de experiencia política, memoria, género y sus articulaciones. Miradas desde la filosofía y las ciencias sociales; subsidiado por la Secretaría de Ciencia, Técnica y Posgrado de la UNCuyo.
Integrantes
Directora: CIRIZA, Alejandra. Co-Directora: FERNANDEZ HASAN, Valeria. ANZORENA, Claudia Cecilia; GRASSELLI, Fabiana Hebe; LLAVER, Nora; RODRIGUEZ, Rosana Paula; RODRIGUEZ AGÜERO, Eva Gabriela; RODRIGUEZ AGÜERO, Laura Mercedes; SALOMONE, Mariano Javier; YAÑEZ, Sabrina Soledad; GIL, Ana Soledad.

Bibliografía
– CIRIZA, Alejandra (compiladora). “Intervenciones sobre ciudadanía de mujeres, política y memoria. Perspectivas subalternas.” Buenos Aires. Ed Feminaria Editora. Año 2008.
– FRAGOMENO, Roberto. “Dialéctica desaparecedor/desaparecido.” En Pensamiento crítico Latinoamericano. Santiago de Chile. Ed Ediciones Universidad Católica Silvia Henríquez. Año 2005. Pág 184.
 
 
 
Fuente: Natalia Bulacio – Edición Cuyo

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