Cómo deshumanizar el Parto Humanizado con dos palabras

Admin
Por Admin julio 27, 2020 18:07

Cómo deshumanizar el Parto Humanizado con dos palabras

Cómo deshumanizar el Parto Humanizado con dos palabras

Luego de años de lucha de colectivos por los derechos de las madres y sus hijes, se logró, en el año 2004 la ley 25.929, conocida como “de parto respetado” o “de parto humanizado”, que hablaba de “derechos de los padres”. En estas semanas, se trata en la Legislatura Bonaerense la adhesión a la misma y un proyecto de Ley para su implementación.

¿Por qué hoy, en lugar de plantear una necesaria reforma terminológica que incluya y visibilice a las mujeres y madres en lugar de hablar de “padres”, se las quiere suprimir?

Por Moira Goldenhörn*

Cómo deshumanizar el Parto Humanizado con dos palabras

Cómo deshumanizar el Parto Humanizado con dos palabras

Hablamos de partos, de embarazos, de nacimientos, de gestaciones… Recordamos fervientemente que somos mamíferas, hacemos referencia a las lobas, a las leonas, incluso en delirante referencia, a las perras “que no abortan”… Pero, para algunos sectores que se dicen feministas, las mujeres que queremos un parto respetado no podemos ser nombradas como mujeres ni como madres. Debemos hacernos invisibles, quedarnos calladas una vez más y hacernos a un lado, cambiarnos el nombre colectivo, incluso dejar de ser «mami» en boca del personal de salud, y ser “persona gestante”.

Nos preguntamos qué puede llevar a creer, para el pseudofeminismo progre, que allí radica la búsqueda de la humanización de los partos y nacimientos. Veamos un poco del recorrido histórico normativo en perspectiva de género, pero en serio, de la mano de la interseccionalidad:

Sabemos que, con la edad moderna, el androcentrismo médico desembarcó también en la partería. A partir de allí, una serie de torturas e incluso femicidios de mujeres pobres y racializadas se cometieron en nombre de la investigación científica gineco-obstétrica; se borró la historia de los partos acompañados por matronas, tan antigua como la humanidad misma, y se comenzó a imponer el paradigma de la medicaclización intervencionista como condición de parto “seguro” y embarazo “controlado”, y junto a ese “intervencionismo controlado”, se disociaba a las mujeres de las vivencias de su propio cuerpo, al permitirse sólo el sentir y saber mediado por la ciencia obstétrica.

Recién en los albores del Siglo XXI, y cuando las parteras ya habían sido relegadas por el mismo discurso legal a meras auxiliares de los médicos, nos fuimos dando cuenta que había otro paradigma posible y que incluso venía “legitimado por la ciencia médica”, ya que la propuesta de alcance global nos llega de la mano y de la voz de Michel Odent al mundo científico: nos mostraba que la medicina, en su largo devenir histórico, nos estaba convirtiendo en máquinas paridoras y torturando a nuestros hijos con nefastas consecuencias para toda la humanidad. Las maternidades se habían convertido en fábricas para la extracción estandarizada de bebés, en algunos lugares con inducciones programadas en forma digital para simular partos naturales, instrumental y maniobras; en otros, como aquí, con cesáreas programadas hasta en el 80% de los embarazos. Los bebés se acostumbraron a la fórmula láctea “que mejora la nutrición y da independencia a la mujer” y al desamparo materno, propio del paradigma autonomista «de la separación temprana con acostumbramiento al llanto»; y las mujeres, aisladas, puérperas y con múltiples tareas que atender gracias a esa «independencia de sus hijxs», se acostumbraron a soportar el dolor de sus hijes y a convivir con puerperios de enorme sufrimiento emocional, en muchos casos patologizados y erróneaemente tratados.

Pero no olvidemos que antes de Michel, mucho antes, y también paralelamente en el mundo que no se puede nombrar en el discurso médico (comunidades originarias o de vida comunitaria occidental) las parteras empíricas estaban acompañando y ayudando a la humanidad a llegar a este mundo desde no sabemos aún dónde; pero sólo cuando un hombre blanco, médico, en Europa, alzó la voz llamando a la humanidad a dejar de lado la mecanicidad para volver al origen, el reclamo fue escuchado.

Así comenzó una ardua disputa entre el interés corporativo de la industria médica por un lado -que nos sigue viendo como “productos” de su trabajo y negocio sanitario cuando hablan de “hacer partos” y “sacar bebés”-; y, por el otro, el interés de la díada: mujeres que luchan por ser consideradas humanas, sujetas de Derecho, personas en la completud del término y no sólo un útero y una vagina, con una emocionalidad y una psiquis que influyen mutuamente en la fisiología y buen desencadenamiento del parto/nacimiento, viviendo la maternidad como un rasgo identitario, social, comunitario y garantía de protección frente al Estado intervencionista de cuerpos; y ellas junto a sus hijas e hijos bebés, en un momento de trascendencia sublime que debe ser preservado de todo daño por la impronta que deja el maltrato y el desamparo experimentados durante el tiempo perinatal.

La disputa estaba en su punto cúlmine cuando en nuestro país aparecieron al fin leyes y reglamentaciones que buscaron proteger a las mujeres y sus hijes y parecía todo saldado: pese a hablarse de los derechos de «los padres” en el título, en todo el articulado de la Ley 25.929 de 2004 se expresa que los derechos se encuentran en cabeza de la mujer, y que esa mujer es la madre de ese bebé. Sin embargo, en nuestro país la Ley de Parto Respetado tardó 10 años en reglamentarse. Por otro lado, en 2009 se incorpora expresamente a la violencia obstétrica como una modalidad de violencia “hacia las mujeres”. Sin embargo, dicha ley aún no tiene previstas sanciones y se dificulta enormemente la pelea judicial por el reconocimiento de los daños y perjuicios ocasionados por la violencia obstétrica.

Así las cosas, pese a dos leyes que refieren a procesos fisiológicos femeninos, y que se refieren expresamente a mujeres al igual que todo el plexo normativo internacional, llegamos a encontrarnos en los últimos años con propuestas de reformas legislativas que proponen, “para superar criterios biologicistas discriminatorios” en pos de una supuesta inclusión de identidades de género, que dejemos de denominarnos “mujeres” y “madres” para ser reemplazadas con el eufemismo “cuerpos gestantes” y “personas gestantes” o “personas con capacidad de gestar”, “personas con vulva”, entre otros términos de orden anatómico y funcional típicamente femeninos.

Porque «lo femenino» sigue siendo prohibido, sigue siendo mala palabra, sigue ardiendo en la hoguera patriarcal que sólo nos quiere gestantes. Porque el sexo del derecho es también un modo de ordenar el mundo y el sexo femenino en el Derecho, como diría Frances Olsen, es un Derecho inferior. Por ende no podemos hablar ni ya de mujeres, sino ni siquiera de «cuerpos femeninos» sino de «cuerpos gestantes», porque es para lo único que son útiles al patriarcado más extramadamente misógino.

Por otro lado, no podemos menos que ver una contradicción absoluta al prohibirse la mención de las “mujeres” aduciendo que es una palabra «discriminatoria» porque refiere a la materialidad sexual y por tanto biológica que no todas las feminidades autopercibidas poseen, para reemplazarla por referencias anatómicas idealizadas, “limpias” de contenido político y que además niegan no sólo el vínculo entre la madre y el hije sino la identidad que, para ambos, surge de la gestación y parto.

Es que, eliminar a las mujeres es también eliminar la lucha política de cientos de años por nuestra visibilidad y equidad social, económica y cultural.

Mencionemos también otro punto preocupante que trae aparejado el uso de esta terminología: algunos argumentos que se esgrimen, no sólo buscan la inclusión de personas autopercibidas como varones trans, sino también el de incluir a niñas gestantes “que no son mujeres”, y a mujeres “que no quieren maternar”.

Nos manifestamos en contra de la invisibilización de tales realidades suplantando tanto de la cantidad de hombres trans que gestan y paren, como más enfáticamente de la terrible realidad que es la existencia de niñas gestantes y su condición femenina, como de las mujeres que deciden gestar y dar a sus hijxs en adopción. Ello así porque el universal «persona gestante» borra el vínculo entre madre e hije y el dato estadístico de sus realidades particulares y, con él, la posibilidad de intervenir a través de políticas públicas.

Así, entendemos que esta denominación busca nuevamente convertirnos a las mujeres -en toda nuestra diversidad-, en paridoras por cuenta de terceras/os; facilitando el alquiler de vientres mediante la normalización de ficciones lingüísticas que expresan que la gestación puede subrogarse, y nuestros procesos fisiológicos son “técnicas de reproducción humana” ya que no somos mujeres protegidas por el derecho internacional, sino “personas gestantes”. Es que lo único que importa es nuestra «capacidad de gestar», aunque también seamos personas maternantes, personas cantantes, personas escribientes, personas deseantes, personas reclamantes, personas deportistas, personas trabajadoras y cualquier otro rasgo identitario que nos individualice, esta nueva normalidad inclusiva nos reduce a “gestantes”; pero con derecho a ser respetadas y recibir un buen trato en esa gestación y parto, eso sí.

Derecho a que se respete nuestra corporalidad gestante, pero no nuestra realidad emocional, ni nuestra identidad personal, vincular, familiar, económica y social, como tampoco de nuestras hijas e hijos.

¿Es éste el respeto que buscamos las mujeres y nuestras hijas e hijos en los partos?

 

*Abogada Feminista Investigadora en Sociología Jurídica
PG en Gestión Cultural y Comunicación
Maestranda en Ciencias Sociales y Humanidades

 

Diario Digital Femenino

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Por Admin julio 27, 2020 18:07
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2 Comentarios

  1. Ingrid julio 28, 00:37

    Como que se le cruzo el cable.rojo con el azul, ve Ia bien con lamparte histórica pero después salto con que decir personas gestantes niega a las mujeres. Y dice que se habla.de.cuerpos gestantes y con vulva cuando no, se habla de personas en las leyes. Creo que no leyó la ley de identidad de género por qué resulta bastante violento que ubique a los varones trans gestantes comompersonas que no tendrían que considerarse por no ser mujeres. Y ni hablar que dice que ese termino incluye niña gestantes…whats? Primero que también puede haber niños gestantes, y que en cualquier caso menores gestantes son niñes posiblemente violadxs, como se va a legitimar esompor usar un término inclusivo. Parece ese discurso transodiantes que dice que la diversidsd de género abre la puerta a la orientación «pedofila». Y eso de que les hijes son de las madres… Que miedo, no señora, les hijes son personas de derechos, no tiene ni un ninotre progenitor derechos por ensima del niñez. Todo muy mezclado para decir que quiere solo reconocer derechos a unas y no a otras personas. Se comió como 100 tratados y convenciones internacionales…

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  2. Moira Goldenhörn agosto 4, 02:00

    Bloqueaste en Facebook, pero te respondo por aquí también.
    No tengo cables, soy humana. Tanpoco como tratados internacionales y mucho menos dejo de leer leyes.
    Yo no puedo hacerme cargo de tu misoginia que nos obliga a las mujeres a desaparecer de los textos legales que nos protegen. Estás siendo sumamente violenta hablando de trans odio, pedofilia y demás delirios que nada tienen que ver con lo que escribo.
    Por otro lado, la que no conoce los derechos y obligaciones hacia niños, niñas y adolescentes sos vos. Derecho a la identidad que borran al negar el carácter de madre a quien les gesta, derecho a ser amamantades que las propuestas queer del derecho de familias niegan, obligación de respetar el apego Primal diádico con la madre los primeros dos años, etc.hay que formarse para hablar.
    Toda la vuelta de violencia y tergiversación que estás haciendo para no entender que para incluir no hace falta excluir.
    Estamos hartas de la Misoginia de los hombres cis hetero, de los hombres cis gay que nos impedían hablar en femenino si había uno presente entre mil mujeres «porque era agresivo» ser tratado de mujer, ¿para ahora soportar la misoginia de varones trans (y sobre todo sus defensores, porque no he visto a ningún hombre trans venir a reclamar la supresión de las mujeres)?
    No, señore. Eso es la triste misoginia de siempre en versión queer y postqueer. El patriarcado también es diverso.
    #DeconstruiteHermane #DescolonializáTuFeminismo

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