Chicos/as con discapacidad: la odisea de las familias para encontrar una escuela

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Por Admin marzo 20, 2019 21:33

Chicos/as con discapacidad: la odisea de las familias para encontrar una escuela

Aunque el 93% de los niños y niñas de 6 a 14 años asisten a la escuela, solo el 27% de las personas entre 15 y 39 con discapacidad asiste a establecimientos de educación formal, según datos del Indec de 2018. Foto: Shutterstock

Que la vacante está ocupada, que ya tienen demasiados casos de integración, que el grupo es muy numeroso para un chico/a con necesidad de «atención personalizada» o que los recursos que tienen en la escuela no son suficientes para acompañarlo son algunas de las excusas que reciben las familias de chicos con discapacidad al querer inscribir a sus hijos en la escuela.

Chicos con discapacidad

 

Por Victoria Mortimer

Gabriela Santuccione, mamá de Juan Manuel, que tiene un trastorno del espectro autista, y coordinadora del Grupo Artículo 24 -una coalición de más de 150 organizaciones que luchan por una escuela abierta a la diversidad-, asegura que las dificultades comienzan desde el momento de elegir la escuela, que generalmente es la que uno logra encontrar y no la que desea. «Cuando mi hijo empezó primer grado, en su colegio me dijeron que él no podía ir al campo de deportes», cuenta.

Durante el período 2016-2017, más del 59% de las denuncias registradas por el Inadi en el ámbito educativo fueron por discriminación a personas con discapacidad intelectual. Al respecto, Gabriela considera que, de ser esta la principal causa de discriminación en el ámbito escolar, deberíamos replantearnos cómo estamos educando a nuestros chicos.

Son muchas las preguntas que los padres se hacen al momento de recibir encontrarse con estas trabas tanto al momento de buscar una escuela para sus hijos, como una vez que ya han ingresado.

La Nación consultó con especialistas sobre algunas de las barreras más comunes con las que se enfrentan las familias y qué hacer al respecto:

«No consigo vacante»

La Resolución 311/2016, emitida por el Consejo Federal de Educación en 2016, expresa la necesidad de promover la construcción de prácticas inclusivas en todas las escuelas y establece que las mismas tienen prohibido rechazar la inscripción de un estudiante por motivos de discapacidad.

Además, la resolución enuncia que no es necesaria la doble matriculación en la educación especial y común, ya que la familia tiene derecho a elegir el establecimiento.

«No le dan el título»

Aunque todas las provincias tienen la obligación de emitir certificados con validez nacional -de acuerdo a la Resolución 311/2016-, este obstáculo se presenta todavía en muchas escuelas.

Por ejemplo, en algunos casos, aun cuando los chicos hayan alcanzado todos los logros de su Proyecto Pedagógico para la Inclusión (PPI) -armado por los docentes sobre la base de lo que estos necesiten durante el año escolar-, se les exige (al momento de la acreditación) tener aprobados todos los contenidos mínimos del nivel común, y no los del PPI. A cambio, se les entrega una certificación de cursada que no tiene validez para estudiar una carrera o acceder a un trabajo que requiera título secundario.

«No lo dejan estar en la escuela y realizar actividades sin su acompañante»

Si bien el personal o docente de apoyo puede realizar valiosos aportes para la inclusión, el acompañante no debe ser «una sombra del chico». «Su incorporación se justifica en la necesidad del alumno y no en la búsqueda de una tranquilidad del colegio», explica Santuccione.

«Le reducen la jornada y lo eximen de materias y actividades»

Según Celeste Fernández, coordinadora del área de Discapacidad y Derechos Humanos de ACIJ, la imposición de reducciones del horario escolar implica excluir al chico de la escuela: «No solo se lo priva de adquirir contenidos necesarios, sino que también obstaculiza el desarrollo de su sentido de pertenencia en relación al grupo».

Las personas con discapacidad tienen derecho a cursar todas las materias y participar en todas las actividades que se realicen dentro y fuera de la escuela.

«La falta de un canal determinado para denunciar estas y otras situaciones que se dan en las instituciones impide que estas conductas sean revertidas y sancionadas», señala Fernández. Por eso, es importante que las familias se dirijan a las autoridades educativas de sus provincias, comuniquen la situación y soliciten que se adopten las medidas necesarias para que se respeten los derechos de sus hijos.

Buenas prácticas: a favor de la inclusión

  • Es importante la presencia de personal de apoyo (profesionales como psicopedagogas o psicólogos) dentro de las escuelas a los que los alumnos y docentes puedan acudir
  • «Los docentes deben ver al chico como un alumno y no como un diagnostico», señala Gabriela. Para eso, es fundamental actualizar y formar a los docentes con una perspectiva inclusiva, para poder pensar en todos al momento de planear la clase, a través de diferentes estrategias: desde los materiales y la infraestructura, hasta los métodos de enseñanza.
  • Trabajar en conjunto con el acompañante e involucrarlo en las decisiones del aula porque la educación inclusiva implica un trabajo articulado y colaborativo. «La escuela debería tener las puertas abiertas para que sea una parte más de la clase», destaca la coordinadora de Grupo Artículo 24.
  • Promover el vínculo del alumno con discapacidad con el resto de sus compañeros
  • Diseñar formas de organización escolar que flexibilicen los espacios y tiempos en el día a día para sirvan de apoyo a los alumnos con discapacidad
  • Evaluar al chico de acuerdo con los objetivos que se pensaron para él e implementar ajustes en ciertas situaciones (de examen, por ejemplo) para garantizar que pueda mostrar su máximo potencial

Una de las claves para que exista una sociedad más diversa e inclusiva es la necesidad de que las escuelas pasen de un modelo integrador a uno inclusivo. Según explica Santuccione, la integración es el intento de que el chico se adapte al resto, mientras que una escuela que hace foco en la inclusión se esfuerza por adaptarse a él y concibe la diversidad como un valor, no como un problema.

«La educación inclusiva da respuesta a todos y cada uno, con su singularidad. Se puede lograr con voluntad y formación. Lo más importante es romper con la representación que tengo del otro», reflexiona Silvana Corso, directora de la escuela Rumania, en Villa Real, cerca de Fuerte Apache, que desarrolla desde 2011 un proyecto de educación inclusiva que la llevó a ser finalista del Global Teacher Prize.

Lo más importante es que los padres conozcan los derechos de sus hijos y qué caminos seguir si se vulneran sus derechos. Para eso, si vos o alguien que conozcas están sufriendo una situación de discriminación, podes comunicarte a info@grupoart24.org o ingresar a www.grupoart24.org para conocer más.

En abril, el Grupo Artículo 24 y ACIJ lanzarán el sitio web porunaeducacióninclusiva.org con información y herramientas para lograr el respeto del derecho a la educación.

Además, podés realizar la denuncia en el Inadi ingresando awww.argentina.gob.ar/inadi/asistencia.

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